{"id":3211,"date":"2015-11-02T09:09:15","date_gmt":"2015-11-02T08:09:15","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/?p=3211"},"modified":"2015-11-02T09:09:15","modified_gmt":"2015-11-02T08:09:15","slug":"la-maldicion-del-domingo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/2015\/11\/02\/la-maldicion-del-domingo\/","title":{"rendered":"La maldici\u00f3n del domingo"},"content":{"rendered":"<p><span style=\"font-size: large;\"><strong><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter\" src=\"https:\/\/c2.staticflickr.com\/4\/3376\/3222171393_5809b19382.jpg\" alt=\"\" width=\"500\" height=\"303\" \/>\u00a0<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>Desde siempre se me ha presentado el domingo como un d\u00eda solitario y triste al que he tenido que te\u00f1ir sus horas con discretas alegr\u00edas o planes sacados del fondo del armario. Cuando mis hijas eran peque\u00f1as las llevaba al monte, al campo, a pasear la ciudad, pero cuando crecieron y se paseaban ellas solas empec\u00e9 a desarrollar un s\u00edndrome que me persigue y que no s\u00e9 c\u00f3mo quitarme de encima. El origen est\u00e1 en mi infancia y los efectos sigo padeci\u00e9ndolos a pesar de haber dejado atr\u00e1s con creces los cincuenta a\u00f1os.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>Los domingos de mi ni\u00f1ez eran familiares y aburridos; era el d\u00eda en que no pod\u00edamos eludirnos padres e hijas con la excusa del colegio o el trabajo y hab\u00eda una algarab\u00eda desconocida en la casa. A las doce ya hab\u00edamos pasado revista toda la tropa y nos encamin\u00e1bamos hacia la iglesia del barrio a cumplir con el precepto dominical; a la salida, un aperitivo comedido y a casa a comer y a pelearse por los muslos del pollo. Por la tarde pod\u00eda salir con las amigas a partir de determinada edad y hasta determinada hora. Poco m\u00e1s. Esta rutina se afianz\u00f3 en m\u00ed de forma angustiosa durante much\u00edsimos a\u00f1os; era todo tan aburrido y sin gracia que recuerdo el ansia por que llegara de nuevo el lunes para poder ir al colegio e interactuar con la vida en vez de dejar que \u00e9sta pasara sobre m\u00ed.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>Los domingos de mi juventud estuvieron repletos de imaginaci\u00f3n e ilusi\u00f3n. Ten\u00eda cuadrilla de amigos, luego tuve novio, siempre amigas y nos divert\u00edamos apurando el reloj como entend\u00edamos era nuestra obligaci\u00f3n. Un buen d\u00eda empezamos a casarnos y los domingos se demoraban entre las s\u00e1banas y los cruasanes y la resaca del s\u00e1bado noche. Y un buen d\u00eda llegaron los hijos y hubo que tomar conciencia de que no pod\u00edamos hacer de los domingos el d\u00eda aburrido hasta la n\u00e1usea que nos hab\u00edan ofrecido nuestros padres. Entonces llev\u00e1bamos a los ni\u00f1os al campo a buscar pitufos o a cazar grillos, a la playa si era verano a hacer croquetas de arena y al bosque en oto\u00f1o a juntar casta\u00f1as. Apur\u00e1bamos el d\u00eda a conciencia para regresar a casa a la anochecida, cansados y felices, llenos de polvo y de sonrisas.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>Los domingos de mi madurez empezaron a ser solitarios. El divorcio deja muchas horas en blanco que es dif\u00edcil llenar y cuando no se ha cultivado la relaci\u00f3n con la familia de origen empiezan a aparecer en hombres y mujeres en la cuarentena los primeros atisbos desagradables de lo que podr\u00eda convertirse en un aut\u00e9ntico malestar emocional \u2013eso si no se convierte en depresi\u00f3n pura y dura.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>Porque nosotros podemos cambiar, pero el domingo no cambia. Sigue siendo el d\u00eda dedicado a planes familiares por antonomasia, el d\u00eda en el que no hay clase, ni conferencias, ni pintxo pote, ni paseos con los amigos que est\u00e1n dedicados a sus respectivas familias. Para poder hacer un plan de domingo \u2013ahora que mis hijas est\u00e1n lejos y no tengo pareja- tengo que buscar y rebuscar entre mis amistades a alguien que est\u00e9 en mi misma situaci\u00f3n: ir al monte, de excursi\u00f3n o simplemente salir por ah\u00ed a dar una vuelta, hacer el verm\u00fa y quemar unas horas tontas antes de que todo vuelva a la normalidad del lunes. Algunas veces \u2013las menos- tengo suerte, pero casi invariablemente me tropiezo con la misma situaci\u00f3n: que todo el mundo est\u00e1 con su familia y en ese terreno no entra nadie que no tenga el mismo ADN. Como lo entiendo, he dejado de llamar, de proponer o de pedir \u2013harta ya de recibir calabazas- y me he resignado mal que bien a pasar los domingos en soledad con mi perrillo que me quiere igual todos los d\u00edas del calendario. <\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>Pero los domingos siguen siendo malditos para m\u00ed. Salgo a dar una vuelta por el bosquecillo y me cruzo con parejas que pasean al perro. Si me voy un poco m\u00e1s lejos, cualquier merendero est\u00e1 lleno de familias bulliciosas. Si me quedo en la ciudad, varias generaciones pasean del brazo al sol o toman el aperitivo en comandita. El cine no me gusta si no es de a dos y no soy de las que agarra el coche y se va por ah\u00ed a hacer kil\u00f3metros porque s\u00ed.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>As\u00ed que los domingos son mi aut\u00e9ntica maldici\u00f3n, maldici\u00f3n que voy poco a poco exorcizando a base de paz y paciencia, todas mis neuronas puestas en fila para estar atenta a lo que hago y una fuerza de voluntad inmensa para aguantar la soledad. Pero es lo que hay. Y es lo que yo me he buscado al tomar ciertas decisiones. Sin embargo, me gustar\u00eda saber que no estoy sola en este desierto dominical, que hay tambi\u00e9n otras personas a las que les ocurre lo mismo, que se quedan solas porque el calendario no tiene sitio para ellas\u2026 \u00bfPodr\u00eda formar el club de \u201cLos solitarios dominicales\u201d?<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>Menos mal que me queda el desahogo de este blog\u2026<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>En fin.<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>LaAlquimista<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>Por si alguien desea contactar:<\/strong><\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\"><strong>\u00a0<a href=\"mailto:apartirdeloscincuenta@gmail.com\">apartirdeloscincuenta@gmail.com<\/a><\/strong><\/span><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Desde siempre se me ha presentado el domingo como un d\u00eda solitario y triste al que he tenido que te\u00f1ir sus horas con discretas alegr\u00edas o planes sacados del fondo del armario. 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