{"id":3583,"date":"2016-08-12T07:19:50","date_gmt":"2016-08-12T06:19:50","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/?p=3583"},"modified":"2016-08-12T07:19:50","modified_gmt":"2016-08-12T06:19:50","slug":"helados-de-semana-grande","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/2016\/08\/12\/helados-de-semana-grande\/","title":{"rendered":"Helados de Semana Grande"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter\" src=\"\/\/www.looknovias.com\/i\/Carrito-de-helado.jpg\" alt=\"\" width=\"450\" height=\"450\" \/><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Yo tendr\u00eda m\u00e1s o menos ocho a\u00f1os y del mundo ya sab\u00eda m\u00e1s de lo necesario para esa edad, a saber, que la vida pod\u00eda ser terriblemente injusta y deliciosamente agradable a la vez. Y en ese tema los helados forman parte importante de mi recuerdo. De las horribles sesiones de dentista\/torturador de la \u00e9poca, me he quedado con el helado \u201cde corte\u201d con el que despu\u00e9s me aliviaba mi madre el sufrimiento. Era un premio de consolaci\u00f3n (y vaya que si consolaba). <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Pasar largas temporadas en casa de mis abuelos, alejada de mis padres y hermanas peque\u00f1as, hallaba el peque\u00f1o espacio de equilibrio emocional cuando llegaba el domingo y con \u00e9l el postre suculento en forma de helado, otro \u201cpremio de consolaci\u00f3n\u201d con aspecto lujoso que tapaba otras penas a la vez que las endulzaba. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Al no existir frigor\u00edficos con congelador los helados eran artesanales (qui\u00e9n los pillara ahora entre las capas de grasa, colorantes autorizados y potenciadores de sabor al uso) y para degustar tal exquisitez no quedaba m\u00e1s remedio que recurrir a la inmediatez de la compra. En San Sebasti\u00e1n, en el barrio de Gros, exist\u00eda un establecimiento que me fascinaba; una horchater\u00eda\/helader\u00eda que abr\u00eda \u00fanicamente de primavera a oto\u00f1o y cuyos productos me atra\u00edan tanto como un abrazo cari\u00f1oso. \u201c<em>Helader\u00eda Espa\u00f1ola<\/em>\u201d era su nombre, venerado por la chavaler\u00eda y por quienes pod\u00edan permitirse el peque\u00f1o dispendio de una horchata, un helado de chocolate, caf\u00e9, chantilly, fresa, lim\u00f3n, vainilla o tutti fruti. No hab\u00eda m\u00e1s paleta de sabores\u2026 ni falta que hac\u00eda. El negocio sucumbi\u00f3 al cansancio y al asalto de los helados industriales hace ya algunos a\u00f1os.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">El domingo, en casa de mis abuelos, si los vientos soplaban favorables, de postre hab\u00eda helado. Un helado que tra\u00edan a la puerta en un termo de corcho \u2013que luego fue poliesp\u00e1n- \u00a0de color verde, de la mano de un repartidor con bicicleta. Yo ve\u00eda a aquellos chavales que dedicaban la sobremesa del domingo a repartir helados por el barrio a cambio de la simple propina que les d\u00e1bamos y me parec\u00eda muy triste, pensaba que ellos eran \u201cpobres\u201d y nosotros \u201cricos\u201d, que era algo as\u00ed como creer que unos \u00e9ramos m\u00e1s felices que otros y que la vara de medir ten\u00eda forma de helado de cucurucho.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Aunque tambi\u00e9n estaban \u201c<em>Los Italianos<\/em>\u201d y la helader\u00eda \u201c<em>Vesubio<\/em>\u201d. Establecimientos ubicados en el Centro y en la Parte Vieja habiendo resistido uno de ellos \u2013casi en su formato original- hasta el d\u00eda de hoy. Algunas panader\u00edas\/pasteler\u00edas tambi\u00e9n dedicaron una parte de su negocio a fabricar helados, pero primaba la cantidad sobre la calidad, buscaban el precio barato y popularizar la <em>delicatessen<\/em> que ya iba convirti\u00e9ndose en algo m\u00e1s popular. Fabricaban sobre todo \u201cpolos\u201d, aquellas porquer\u00edas de hielo de colores que eran un mal sustitutivo del helado \u201cde verdad\u201d. Inventaron el bomb\u00f3n helado, el pl\u00e1tano helado y el helado \u201cal corte\u201d, y no hab\u00eda evento, celebraci\u00f3n, boda, bautizo o cumplea\u00f1os que se preciara que no incluyera helado en el men\u00fa del postre, aunque no fuera m\u00e1s que una bola de vainilla al lado de la tarta preceptiva.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Pero a lo que iba. Que tus abuelos te invitaran a un helado cuando sal\u00edas a pasear con ellos ya era motivo suficiente para justificar toda una tarde dando vueltas y saludando a gente (ellos, no yo). Tomar un helado era un lujo; un lujo al alcance de casi todos pero un lujo en una \u00e9poca en la que no se acostumbraba a tomar fuera de casa pr\u00e1cticamente nada. A ninguna madre se le hubiera ocurrido dar a su hijo una merienda que no fuera el consabido bocadillo preparado en casa; para eso estaban los abuelos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">As\u00ed que el hecho de tomar un helado estaba relacionado con algo especial; como la Semana Grande o que te hubieran llevado al dentista. Esos d\u00edas de Agosto se sal\u00eda de casa despu\u00e9s de cenar y de postre te invitaban a un helado: eso era un lujo. Como el pollo de los domingos. \u00a0Ahora, que todos somos igual de pobres y ya no estamos para lujos, se ha transmitido de abuelos a nietos el recuerdo de un placer que hoy en d\u00eda ya no lo es m\u00e1s que en un rec\u00f3ndito lugar de la memoria nost\u00e1lgica. Aunque todav\u00eda haya quien se enga\u00f1e creyendo que es una tradici\u00f3n. Como el pollo de los domingos.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Comienza la Semana Grande y una turbamulta ilusionada consumir\u00e1 helados sin parar, antes, durante y despu\u00e9s de\u2026lo que sea. <\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Es el momento en el que instalo mi \u201cfrontera port\u00e1til\u201d y me quedo lejos del ruido, del fragor de la fiesta\u2026y de los helados. Vacaciones en el barrio desierto, les llamo yo.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Me retiro a mis aposentos, pero dejo el Blog ABIERTO a aportaciones, comentarios y apuntes diversos. Que no decaiga\u2026<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">En fin.<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">LaAlquimista<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">Por si alguien desea contactar:<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">apartirdeloscincuenta@gmail.com<\/span><\/p>\n<p><span style=\"font-size: large;\">\u00a0<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 Yo tendr\u00eda m\u00e1s o menos ocho a\u00f1os y del mundo ya sab\u00eda m\u00e1s de lo necesario para esa edad, a saber, que la vida pod\u00eda ser terriblemente injusta y deliciosamente agradable a la vez. Y en ese tema los helados forman parte importante de mi recuerdo. 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