{"id":4378,"date":"2017-12-04T08:54:11","date_gmt":"2017-12-04T07:54:11","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/?p=4378"},"modified":"2017-12-04T08:54:15","modified_gmt":"2017-12-04T07:54:15","slug":"reflexion-del-lunes-luchar-aceptar-huir","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/2017\/12\/04\/reflexion-del-lunes-luchar-aceptar-huir\/","title":{"rendered":"Reflexi\u00f3n del lunes. &#8220;Luchar, aceptar, huir&#8221;"},"content":{"rendered":"<div>\u00a0<img loading=\"lazy\" class=\"alignnone size-medium\" src=\"https:\/\/arte.laguia2000.com\/wp-content\/uploads\/2017\/02\/BorrelldelCasoPere-Escapandodelacrt.jpg\" alt=\"\" width=\"424\" height=\"530\" \/><\/div>\n<div><\/div>\n<div>La conjugaci\u00f3n de estos tres verbos ha marcado mi vida. Son una especie de \u201cregla de oro\u201d que eleg\u00ed alguna vez como flotador para vadear el siempre turbulento r\u00edo de las relaciones humanas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Doce a\u00f1os ten\u00eda cuando me metieron mis padres interna en un colegio de monjas, entre las monta\u00f1as de mi tierra y lejos del mar, como intento para domesticar mi temperamento natural m\u00e1s que proclive a la rebeld\u00eda, la confrontaci\u00f3n y la poca sumisi\u00f3n. Entre aquellas g\u00e9lidas paredes de piedra aprend\u00ed que ten\u00eda tres opciones para sobrevivir: luchar contra la situaci\u00f3n intentando cambiarla a mi favor, aceptarla con mayor o menor resignaci\u00f3n o huir de ella.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>As\u00ed que aprovech\u00e9 un flem\u00f3n provocado por una caries para exagerar hasta lo indecible mi malestar: gritando por las noches en el dormitorio com\u00fan, mostrando incapacidad para asistir a clases y rutinas religiosas y llorando muchas horas al d\u00eda pidiendo que viniera mi madre a rescatarme. Luch\u00e9 y lo consegu\u00ed. Las monjas no pudieron ni quisieron soportarme y exigieron que la familia se hiciera cargo de su responsabilidad.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ya en el autob\u00fas de vuelta a casa con mi madre\u2013mi padre se neg\u00f3 a venir a buscarme en coche-, mare\u00e1ndonos en las curvas del camino, mi madre me dijo: \u201ca m\u00ed no me enga\u00f1as, mentirosa\u201d. Y bueno, pues s\u00ed, pues eso, ment\u00ed para sobrevivir, qu\u00e9 delito. Comprend\u00ed que hab\u00eda que luchar para librarse de una situaci\u00f3n que me oprim\u00eda o reduc\u00eda mi libertad natural. Luch\u00e9 porque la situaci\u00f3n era susceptible de ser cambiada, porque hab\u00eda una posibilidad de liberarse, porque aceptar el abandono resignado era inadmisible, porque huir con doce a\u00f1os no conduce a ninguna parte (buena).<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Sin embargo, a lo largo de los lustros, han sido innumerables las circunstancias negativas, penosas o inc\u00f3modas ante las que he tenido que mostrar una aceptaci\u00f3n poco menos que inevitable. L\u00e9ase el \u00e1mbito laboral con su correspondiente desigualdad de salarios y oportunidades para la mujer; aceptaci\u00f3n por necesitar mantener una familia monoparental que depend\u00eda fundamentalmente de mi trabajo. L\u00e9ase el \u00e1mbito social de una ciudad de provincias con sus prejuicios a machamartillo, la estrechez de mente y de miras educacionales y, sobre todo, unos convencionalismos sociales y religiosos contra los que cualquier pelea estaba perdida de antemano. Acept\u00e9 porque no pod\u00eda cambiar mi entorno, y no hu\u00ed, ni escap\u00e9 porque la necesidad de preservar la idea de cari\u00f1o que cre\u00eda \u2013err\u00f3neamente- me proporcionar\u00eda el entorno familiar fue m\u00e1s grande que el arrojo para ponerlo todo patas arriba y escapar con mis hijas a cuestas.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Pero ahora, con tanta vida en la mochila, ya he aprendido que nada puede ser cambiado como no sea desde el n\u00facleo m\u00e1s profundo de la intenci\u00f3n individual, de la esencia del individuo. Los dem\u00e1s no cambian, la familia no cambia, la sociedad no cambia, los pol\u00edticos no cambian. Tan s\u00f3lo yo, como granito de arena en el desierto puedo cambiar mi actitud y mi forma de encarar aquello que me desasosiega o me desequilibra.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ese cambio personal se decide por la fuerza de la propia voluntad, es un querer hacer, un trabajo \u00edntimo que a nadie m\u00e1s que a uno mismo ata\u00f1e y que no se comenta con nadie. Ese cambio puede llevar a la aceptaci\u00f3n de una realidad que es inamovible y dolorosa. Aceptar que las cosas son como son y que no vale la pena malgastar fuerzas \u2013las que vayan quedando a partir de cierta edad- en romper piedras a cabezazos o achicar el agua que inunda la barca con las manos.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ahora me queda la hu\u00edda. La \u201cespant\u00e1\u201d de supervivencia ante personas t\u00f3xicas que ni las vamos a cambiar ni debemos aceptarlas. El alejamiento \u2013aunque sea doloroso- de ciertas personas que cre\u00edamos formaban parte de nuestro grupo protector o amistoso.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Como el cavern\u00edcola que hu\u00eda espantado cuando escuchaba la tierra temblar por las pisadas amenazantes del mamut. Sin armas, sin cobijo, quer\u00eda salvar su vida. Y eso es v\u00e1lido. Y justo. Hasta encomiable en los tiempos que corren, cuando parece que hay que aguantar carros y carretas en aras de la paz personal, cuando se vende la moto del crecimiento interior a costa de vomitar sobre los dem\u00e1s el veneno interno que, como no puede ser de otra manera, imposibilita de manera definitiva la pretendida evoluci\u00f3n.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Ahora estoy aprendiendo a huir de aquello que me hace da\u00f1o; de aquello que no he podido cambiar ni he sido capaz de aceptar. No s\u00e9 si hago bien o mal, pero esa no es la cuesti\u00f3n. A fin de cuentas, lo que importa \u2013lo que me importa- es tener la conciencia tranquila siguiendo mi camino sin hacer da\u00f1o a nadie\u2026y sin que nadie me lo haga a m\u00ed.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Felices los felices.<\/div>\n<div><\/div>\n<div>LaAlquimista<\/div>\n<div><\/div>\n<div>Por si alguien desea contactar:<\/div>\n<div>apartirdeloscincuenta@gmail.com<\/div>\n<div><\/div>\n<div>** &#8220;Huyendo de la cr\u00edtica&#8221; Pere Borrel del Caso. 1874<\/div>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\u00a0 La conjugaci\u00f3n de estos tres verbos ha marcado mi vida. Son una especie de \u201cregla de oro\u201d que eleg\u00ed alguna vez como flotador para vadear el siempre turbulento r\u00edo de las relaciones humanas. 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