{"id":6820,"date":"2020-03-23T09:42:56","date_gmt":"2020-03-23T08:42:56","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/?p=6820"},"modified":"2020-03-22T23:10:27","modified_gmt":"2020-03-22T22:10:27","slug":"el-aplauso-de-las-ocho","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/2020\/03\/23\/el-aplauso-de-las-ocho\/","title":{"rendered":"El aplauso de las ocho"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/aplauso-nocturno.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-6822\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/aplauso-nocturno.jpg\" alt=\"\" width=\"792\" height=\"446\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/aplauso-nocturno.jpg 792w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/aplauso-nocturno-300x169.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/aplauso-nocturno-768x432.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 792px) 100vw, 792px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>Empecemos por el final. Desde los confines del mundo supe del emotivo aplauso que estremece al pa\u00eds todos los d\u00edas a las ocho de la noche. Lo vi en las redes y me enviaron muchos v\u00eddeos, pero hoy, domingo, me ha pillado en casa, reci\u00e9n llegada del periplo que he llevado a cabo para regresar desde Yucat\u00e1n.<\/strong><\/p>\n<p>Se me han saltado las l\u00e1grimas, lo confieso, y no me vale decir que ha sido por el cansancio. De repente tomo conciencia de la enormidad del trabajo y del esfuerzo que est\u00e1n haciendo los equipos sanitarios en su totalidad por cuidar y salvar vidas a\u00fan a riesgo de la suya propia. \u00a1C\u00f3mo se atrevi\u00f3 alguien a decir el otro d\u00eda ese pat\u00e9tico y c\u00ednico \u201cpara eso les pagan\u201d!<\/p>\n<p><strong>Me ha sobrecogido la erupci\u00f3n de la humanidad que estaba silenciosa y oculta tras sus ventanas hasta el momento preciso de la hora en punto; una ciudad que he reencontrado fantasmal en sus calles pero no as\u00ed en sus casas donde habitan seres con coraz\u00f3n que quieren agradecer de una manera sencilla, pero con profundidad. Llevaba unas horas en mi casa, en silencio total, mirando por el ventanal los grises de una tarde de domingo llena de murria y fatiga. Estamos vivos, muchos con gran dolor -y deseo que no menor esperanza- y he sentido que ese fragor que puede que sea la peque\u00f1a catarsis diaria tiene un gran valor emocional. Como el grito ancestral de la tribu unida ante el peligro.<\/strong><\/p>\n<p><strong>He pasado las \u00faltimas seis horas en un autob\u00fas atravesando la meseta y los p\u00e1ramos de Castilla-Le\u00f3n hasta alcanzar el verde de mi tierra. Por carreteras habitadas por grandes camiones transportando alimento o esperanza. Seis horas en silencio total en un autob\u00fas: seis pasajeros y el conductor. Los conductores, otros generosos solidarios. Parec\u00edamos una reata sobre ruedas. Tan inc\u00f3moda me he sentido que, ya por las curvas de Tolosa, he tenido un conato de mareo. Supongo que no me ha ayudado demasiado el hecho de llevar veinticuatro horas seguidas respirando malamente tras una mascarilla, sin dormir y a nueve mil pies de altura en un par de aviones.<\/strong><\/p>\n<p>Volver a casa, al ojo del hurac\u00e1n, al pa\u00eds que dispara cifras de contagiados y fallecidos por un virus desconocido hasta ahora. Volver a casa pudiendo haberme quedado en M\u00e9xico, con mi familia, protegida te\u00f3ricamente por una estad\u00edstica de contagio que a\u00fan es m\u00ednima en ese pa\u00eds. Volver a casa; es todo cuanto deseaba. A quien no lo entienda sin m\u00e1s no se lo puedo explicar.<\/p>\n<p><strong>Durante el largo vuelo transatl\u00e1ntico no he podido evitar imaginarme envuelta en el caos aeroportuario de la ciudad \u201casediada\u201d por el virus: Madrid. El triste epicentro de una enfermedad que es invisible pero que \u201cnos ve\u201d a todos como posibles y plausibles v\u00edctimas. Para no calentarme la cabeza, he visto \u201cJoker\u201d y la locura del protagonista me ha recordado a nuestra propia insania; todos llevamos en alg\u00fan lugar interno, oscuro y casi inaccesible, ese peque\u00f1o monstruo que, algunos, los menos, llevan por fuera.<\/strong><\/p>\n<p>Pensamientos negativos, catastrofistas, me asaltaban mientras el tren de aterrizaje sal\u00eda de su guarida con un estruendo de volc\u00e1n en erupci\u00f3n. Anticipando hip\u00f3tesis molestas, esperas nerviosas, revisiones obligadas, el compendio de tantas im\u00e1genes registradas en los telediarios voceando el caos de los controles sanitarios.<\/p>\n<p><strong>Aeropuerto Adolfo Su\u00e1rez (Madrid). Siete de la ma\u00f1ana. Los pasajeros del vuelo de Iberia IB6400 desembarcan como ni\u00f1os de orfanato: silenciosos, cariacontecidos, con la cabeza gacha. Nada queda de ese movimiento generalizado al aterrizar en que todo dios se levanta a la vez, busca sus cosas, bloquea los pasillos del avi\u00f3n con un ansia enfebrecida por salir. No. Todos temerosos, qu\u00e9 duda cabe.<\/strong><\/p>\n<p>Los pasajeros del vuelo IB6400, hemos recorrido cientos de metros de pasillos desiertos, subido y bajado escaleras mec\u00e1nicas hasta llegar a la sala del \u201cgran hermano\u201d de los pasaportes; en ordenad\u00edsimas filas hemos puesto a escanear \u2013una vez m\u00e1s- la documentaci\u00f3n y posado para el aparato ese de reconocimiento facial o similar esperando a las luces verdes y pitidos de paso franco. Todos en manada tambi\u00e9n, hemos accedido al tren que lleva a la T4 en cuatro minutos para recoger nuestros equipajes. La cinta los ha vomitado todos en menos de quince minutos, incre\u00edble prontitud y eficiencia. De ah\u00ed\u2026de ah\u00ed\u2026. \u00a1A la calle! \u00a1Todos libres al fr\u00edo matutino de Madrid! O a enlazar con otros vuelos por m\u00e1s pasillos tenebrosos.<\/p>\n<p><strong>\u00bfY los controles sanitarios? \u00bfY los funcionarios, polic\u00edas o a quienes competa, que vigilan \u2013que deber\u00edan estar vigilando- qui\u00e9n y en qu\u00e9 condiciones de salud entra en Madrid, zona cero de la debacle?<\/strong><\/p>\n<p><span style=\"text-decoration: underline;\"><strong><em>NADA de NADA. NADIE CONTROLANDO<\/em><\/strong><\/span>. Cero patatero. Lo juro. (Sr. S\u00e1nchez, usted, o nos enga\u00f1a o no se entera de nada.)<\/p>\n<p>Doce horas antes, en Ciudad de M\u00e9xico \u2013mal llamado por aqu\u00ed el DF- hemos salido del pa\u00eds rodeados de turistas rusos o italianos con sombreros charros atados al equipaje de mano. En el avi\u00f3n hab\u00eda viajeros de varias nacionalidades, pero sobre todo de la zona de los Balcanes. Y muchos espa\u00f1oles, por supuesto. Hemos \u201cconvivido\u201d en los nada amables asientos de la clase turista, unos con protecci\u00f3n \u2013cubrebocas y guantes- y otros \u201ca pelo\u201d. Con un par. La tripulaci\u00f3n iba pertrechada hasta las cejas, supongo que por directriz de la compa\u00f1\u00eda.<\/p>\n<p><strong>Contradicci\u00f3n total y absoluta con el vuelo de Interjet que me hab\u00eda llevado horas antes desde M\u00e9rida (Yucat\u00e1n) a CDMX, en el que las azafatas iban maquilladas, sonrientes y felices y poco les ha faltado para \u2013en su amabilidad- darnos dos besos a cada uno de los pasajeros. Con un par tambi\u00e9n. Por todos los dioses. Igual es que en M\u00e9xico piensan que lo que ocurre en Europa en general y en Espa\u00f1a en particular es un \u201ccastigo divino\u201d por haberles \u201cconquistado\u201d hace quinientos a\u00f1os. Inconsciencia, falta de previsi\u00f3n o simplemente ese car\u00e1cter mexicano de tomarse muchas cosas vitales (o mortales) con su particular \u201chueva\u201d. En fin.<\/strong><\/p>\n<p>A las seis de la ma\u00f1ana sal\u00ed el s\u00e1bado de la casa de mi hija rumbo al aeropuerto despu\u00e9s de una semana de confinamiento voluntario. VOLUNTARIO. Que all\u00ed el gobierno habla con la boca peque\u00f1a porque si lo hiciera con la grande no le iban a hacer ni caso.<\/p>\n<p><strong><a href=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/Mascarilla.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignright size-medium wp-image-6824\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/Mascarilla-225x300.jpg\" alt=\"\" width=\"225\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/Mascarilla-225x300.jpg 225w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/03\/Mascarilla.jpg 638w\" sizes=\"(max-width: 225px) 100vw, 225px\" \/><\/a>Retorno a la casilla de salida. Pero en vez de hacerlo con tristeza, miedo o decepci\u00f3n (por las vacaciones familiares frustradas) lo hago sobrecogida por el aplauso de las ocho de la noche. Y ya no he podido escribir con el mismo \u00e1nimo que tra\u00eda. Empiezo ahora mi verdadera cuarentena en soledad, no vaya a ser que con tanto aeropuerto y tanto caos virulento se me haya colado \u201cel bisho\u201d por la esquina de la mascarilla de papel y no me haya enterado.<\/strong><\/p>\n<p>Felices los felices. Mientras se pueda.<\/p>\n<p>LaAlquimista<\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/laalquimistaapartirdelos50\/\" rel=\"external nofollow\"><span style=\"font-size: 14.0pt; font-family: 'Verdana','sans-serif';\">https:\/\/www.facebook.com\/laalquimistaapartirdelos50\/<\/span><\/a><\/p>\n<p>Por si alguien desea contactar:<\/p>\n<p>apartirdeloscincuenta@gmail.com<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Empecemos por el final. 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