{"id":7406,"date":"2020-10-21T08:02:43","date_gmt":"2020-10-21T07:02:43","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/?p=7406"},"modified":"2020-10-21T08:03:31","modified_gmt":"2020-10-21T07:03:31","slug":"melancolia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/apartirdelos50\/2020\/10\/21\/melancolia\/","title":{"rendered":"Melancol\u00eda"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/Cristina-Enea-arboles2-x.jpeg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-full wp-image-7408\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/Cristina-Enea-arboles2-x.jpeg\" alt=\"\" width=\"847\" height=\"636\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/Cristina-Enea-arboles2-x.jpeg 847w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/Cristina-Enea-arboles2-x-300x225.jpeg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/Cristina-Enea-arboles2-x-768x577.jpeg 768w\" sizes=\"(max-width: 847px) 100vw, 847px\" \/><\/a><\/p>\n<p><strong>El sol de media tarde se cuela sin pedir permiso sobre las faldas de la cama; tambi\u00e9n sin llamar a la puerta un atisbo de melancol\u00eda viene a saludarle. Se juntan entre los visillos la luz dorada y la grisura de \u00e1nimo; mala pareja en este baile que se empe\u00f1a en ser incluso cuando la m\u00fasica ya no est\u00e1.<\/strong><\/p>\n<p>Hija de estos padres extra\u00f1os la galbana se tropieza con el segundero del reloj reclamando su ser perezoso. Despacio, muy despacio, cada minuto es un racimo de suspiros sin rumbo, como esas cartas que ya nadie env\u00eda porque no tienen quien las lea.<\/p>\n<p><strong>La puerta de tu cuarto se cierra de golpe, sobresaltando la calma. Te gusta mantener una rendija para que entre aire fresco \u2013dices- o quiz\u00e1s sea una grieta por la que se pueda escapar la tristeza. No puedo saberlo y ya no est\u00e1s para cont\u00e1rmelo, has vuelto a irte en pos de tu camino. T\u00fa eres la vida.<\/strong><\/p>\n<p>El silencio rompe con fuerza ese latido que me palpita en la sien, pelea por recuperar su reino de calma diluyendo en un peque\u00f1o eco en sordina aquello que le incomoda. Cuando todo se aleje, el silencio gritar\u00e1 por todos los rincones de la casa y, como un aria loca o muda, llenar\u00e1 cada rinc\u00f3n su majestad la melancol\u00eda.<\/p>\n<p><strong>He dejado de lado, cansada, el libro de un poeta empe\u00f1ado en glosar la presencia de la ausencia sintiendo que no sabe nada de lo que escribe, quiz\u00e1s quiso llenar p\u00e1ginas que le hab\u00edan comprado de antemano y se perdi\u00f3 en ripios y florituras prefiriendo escribir en vez de sentir. Porque cuanto se siente es absurdo, inane y hasta un poco est\u00fapido intentar expresarlo con palabras escritas, como hago ahora mismo acariciando con malicia mi esp\u00edritu contradictorio.<\/strong><\/p>\n<p>El poeta est\u00e1 abocado a transmitir vacuidad o a enga\u00f1ar a otros por sentimientos interpuestos; el poeta quiere ta\u00f1er esa cuerda desafinada que es la tristeza individual y convertirla en algo hermoso; un canto, quiz\u00e1s, una eleg\u00eda, porque siempre se glosa lo que ya no est\u00e1, a quien se ha ido\u2026<\/p>\n<p><strong>Fuera, la vida ya no sigue, camina a trompicones y con miedo de que la sancionen. Alg\u00fan perro pasea a su amo con paso distra\u00eddo. Un ni\u00f1o tira de su madre con aburrimiento. Un coche con luces azules en el techo hiere la perfecci\u00f3n de una carretera vac\u00eda. Los vecinos callan o a\u00fallan, seg\u00fan la hora del d\u00eda o rumian \u2013sospecho- su propia melancol\u00eda.<\/strong><\/p>\n<p>Ahora que la vida se ha ralentizado, despu\u00e9s de la vor\u00e1gine de ir y venir y no querer parar para no pensar o para no sentir, asoma por una de mis esquinas el trabajo que hab\u00eda dejado pendiente: el duelo.<\/p>\n<p><strong>En vez de l\u00e1grimas, me aflora una melancol\u00eda amiga que me arropa, calienta y protege como aquellos abrazos de los fr\u00edos d\u00edas del invierno y en la que me encuentro a gusto, tranquila y sosegada.<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/A-partir-de-los-50-2.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-7349\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/A-partir-de-los-50-2-300x300.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/A-partir-de-los-50-2-300x300.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/A-partir-de-los-50-2-150x150.jpg 150w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/19\/2020\/10\/A-partir-de-los-50-2.jpg 524w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>La melancol\u00eda tambi\u00e9n puede ser la felicidad de estar triste. Qui\u00e9n sabe nada.<\/p>\n<p>Felices los felices.<\/p>\n<p>LaAlquimista<\/p>\n<p><em><strong>Sigue el blog a trav\u00e9s de la p\u00e1gina de Facebook:<\/strong><\/em><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/www.facebook.com\/laalquimistaapartirdelos50\/\" rel=\"external nofollow\">https:\/\/www.facebook.com\/laalquimistaapartirdelos50\/<\/a><\/p>\n<p>Por si alguien desea contactar:<\/p>\n<p>apartirdeloscincuenta@gmail.com<\/p>\n<p>Fotograf\u00eda: Cecilia Casado. Parque de Cristina Enea. Donostia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El sol de media tarde se cuela sin pedir permiso sobre las faldas de la cama; tambi\u00e9n sin llamar a la puerta un atisbo de melancol\u00eda viene a saludarle. 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