{"id":1018,"date":"2015-12-07T12:35:37","date_gmt":"2015-12-07T10:35:37","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1018"},"modified":"2015-12-07T12:35:37","modified_gmt":"2015-12-07T10:35:37","slug":"historia-e-historia-maritima-el-fin-del-bergantin-donostiarra-la-fiebre-amarilla-de-1823-y-la-restauracion-de-un-rey-absoluto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2015\/12\/07\/historia-e-historia-maritima-el-fin-del-bergantin-donostiarra-la-fiebre-amarilla-de-1823-y-la-restauracion-de-un-rey-absoluto\/","title":{"rendered":"Historia e Historia mar\u00edtima. El fin del bergant\u00edn Donostiarra, la fiebre amarilla de 1823 y la restauraci\u00f3n de un rey absoluto"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/12\/Entrada-de-barcos-al-Puerto-de-Pasajes.-J.-Jacottet-y-A.-Bayot-c.-1830.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1019\" title=\"Entrada de barcos al puerto de Pasajes. Grabado de J. Jacottet y A. Bayot (c. 1830). Pieza de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/12\/Entrada-de-barcos-al-Puerto-de-Pasajes.-J.-Jacottet-y-A.-Bayot-c.-1830-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/12\/Entrada-de-barcos-al-Puerto-de-Pasajes.-J.-Jacottet-y-A.-Bayot-c.-1830-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/12\/Entrada-de-barcos-al-Puerto-de-Pasajes.-J.-Jacottet-y-A.-Bayot-c.-1830.jpg 640w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Hoy, a todo trance, voy a tratar de reconducir este correo de la Historia a temas que no tengan nada que ver con la repercusi\u00f3n de la Historia en la actualidad. Para eso vamos a retroceder, una vez m\u00e1s, a la \u00e9poca rom\u00e1ntica, al a\u00f1o 1823 del que ya he hablado en varias ocasiones, aunque sea tangencialmente, en las \u00faltimas semanas. Di, por una de esas casualidades tan poco casuales en la investigaci\u00f3n hist\u00f3rica, con esta historia de la Historia del Mar que les voy a relatar. Estaba ojeando material sobre la guerra civil de 1823 cuando repar\u00e9 en un interesante folleto publicado en 1827 por el m\u00e9dico donostiarra Juan Montes.<\/p>\n<p>Pol\u00edticamente era un hombre bastante opaco. Por un lado no estaba en la lista de personas que, dentro o fuera de la Milicia Nacional Voluntaria (la guardia de corps del r\u00e9gimen constitucional), se quedaron a defender San Sebasti\u00e1n durante el asedio al que la somete el Ej\u00e9rcito \u201cultra\u201d al mando del duque de Angulema enviado por las potencias del Congreso de Verona a sofocar el r\u00e9gimen parlamentario espa\u00f1ol. Tampoco parece haber sido parte de los que abandonan la ciudad en abril de1823 y combaten a ese mismo Ej\u00e9rcito hasta llegar a La Coru\u00f1a y capitular all\u00ed honrosamente con Angulema. Lo que se sabe de \u00e9l, de momento, es lo que \u00e9l mismo cuenta en la portada de su trabajo sobre la fiebre amarilla en Pasajes de San Juan en 1823.<\/p>\n<p>Es decir, que era m\u00e9dico de la Escuela de San Carlos en Madrid, que ejerce como profesor de Medicina en San Sebasti\u00e1n, miembro de varias sociedades m\u00e9dicas de investigaci\u00f3n como la de C\u00e1diz, Bruselas y Burdeos y sujeto condecorado por el rey Fernando por sus servicios militares. El mismo que autoriza desde 1824 que se imprima su trabajo sobre la fiebre amarilla.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s interesante de esa obra, al menos para este art\u00edculo, viene a partir de la p\u00e1gina 327, donde empieza el capitulo segundo de ese breve relato que el doctor Montes titula de un modo algo rom\u00e1ntico -era lo que estaba de moda incluso entre cient\u00edficos- como \u201cHistoria del bergant\u00edn <em>Donostiarra<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Se trata de un relato muy revelador sobre la \u00e9poca -la de la reacci\u00f3n del Absolutismo en la Europa postnapole\u00f3nica- y el lugar, un puerto europeo de comienzos del siglo XIX. Lo es porque el an\u00e1lisis del doctor Montes es minucioso para determinar qu\u00e9 clase de barco era el bergant\u00edn <em>Donostiarra<\/em>. Si de los que tra\u00eda prosperidad, informaci\u00f3n y comercio, o de los otros, de los que, adem\u00e1s, portaban enfermedades contagiosas como la fiebre amarilla. Las opiniones del doctor en favor de que el <em>Donostiarra<\/em> era de la primera clase de barcos que pod\u00edan atracar en un puerto en aquella \u00e9poca, como veremos, tambi\u00e9n resultan de lo m\u00e1s reveladoras<\/p>\n<p>El doctor Montes mantendr\u00e1 con mucho esmero, aplicando el com\u00fan y habitual m\u00e9todo cient\u00edfico l\u00f3gico-deductivo, que el <em>Donostiarra<\/em> no trajo la fiebre amarilla.<\/p>\n<p>Para empezar el barco proced\u00eda de un puerto en el que no hab\u00eda epidemia, como era el caso en ese momento de La Habana, donde hab\u00eda cargado 730 cajas de az\u00facar, 22 sacos de caf\u00e9, tabaco en rama, cera amarilla, un barril de miel y, curiosamente, una, una sola, caja de dulces&#8230;<\/p>\n<p>Se hab\u00eda hecho a la vela con 21 tripulantes y cinco pasajeros en el mes de junio de 1823. Todo hab\u00eda transcurrido sin problemas que llamasen la atenci\u00f3n de la primera Junta de Sanidad -la de La Coru\u00f1a- en la que toca puerto tras su traves\u00eda transatl\u00e1ntica de 35 d\u00edas. La \u00fanica baja producida en ese lapso hab\u00eda sido un tripulante que muri\u00f3 de un modo un tanto truculento -echando espuma por la boca- a causa, dec\u00edan, de haber comido pi\u00f1a en abundancia mezclada con mucho aguardiente de ca\u00f1a. Tras diez d\u00edas de cuarentena en el puerto de La Coru\u00f1a, se dejar\u00e1 marchar al bergant\u00edn a Santander, donde tampoco se apreciaron s\u00edntomas de epidemia.<\/p>\n<p>Algo que, sin embargo, no bastar\u00e1 para calmar uno de esos tozudos rumores que sol\u00edan extenderse en la \u00e9poca -con m\u00e1s fuerza a\u00fan que hoy d\u00eda- cuando se sospechaba que hab\u00eda alguna epidemia de alguna clase.<\/p>\n<p>El temor ten\u00eda una base racional. El <em>Donostiarra <\/em>se hab\u00eda dedicado, como muchos otros barcos de esa procedencia, al tr\u00e1fico de esclavos. As\u00ed lo reconoce el doctor Montes. Sin embargo niega que eso facilitase la llegada entre sus cuadernas, tal y como se hab\u00eda dicho, de la enfermedad.<\/p>\n<p>Entre otras cosas porque despu\u00e9s de dejar ese infame tr\u00e1fico de seres humanos, hab\u00eda sido carenado en 1820 en Barcelona, se le hab\u00eda cambiado la mayor parte de la tabla del forro interior y hab\u00eda sido nuevamente carenado en La Habana en 1821 y en enero de 1823 en Burdeos. De ah\u00ed deduc\u00eda el doctor Montes que, las muertes de gente relacionada con el bergant\u00edn <em>Donostiarra<\/em>, proced\u00edan de otras causas que nada ten\u00edan que ver con la epidemia de fiebre amarilla declarada en Pasajes de San Juan.<\/p>\n<p>As\u00ed, los cuatro carpinteros muertos tras subir al barco para hacer varias reparaciones, hab\u00edan consumido previamente varias botellas de un liquido desconocido encontradas en el rancho de proa del bergant\u00edn y que ellos tomaron por alcohol de calidad, a pesar de que exhalaban un olor fuerte y dulz\u00f3n y asimismo echaban humo al ser destapadas. Todo eso, el calor bajo el que trabajaron y la humedad, fueron, en opini\u00f3n del doctor Montes, los que provocaron su muerte antes de que se declarase en los fallecidos ning\u00fan s\u00edntoma de fiebre amarilla.<\/p>\n<p>A pesar de eso y de que la epidemia no se comunic\u00f3 siquiera a Pasajes de San Pedro cuando el barco fue trasladado al otro lado del puerto, a su astillero, todas las autoridades m\u00e9dicas y civiles enteradas del caso, salvo el doctor Montes, quedaron de acuerdo en que hab\u00eda que quemar el barco y todos sus objetos. Incluso aquellos que se sab\u00eda desde tiempo inmemorial, como dice Montes, que no podr\u00edan contagiar nada.<\/p>\n<p>As\u00ed, el d\u00eda 20 de septiembre, el <em>Donostiarra<\/em> hizo su \u00faltimo viaje remolcado hasta fuera de la barra del puerto, donde se quem\u00f3 con toda su jarcia, velamen, ca\u00f1ones, lingotes de lastre y cable nuevo. S\u00f3lo se respet\u00f3 el rico cargamento ya almacenado en el puerto. Todo esto, en cualquier caso, fastidi\u00f3 mucho al doctor Montes, que se tom\u00f3 el asunto como algo casi personal, escribiendo un curioso informe acerca de la inconveniencia de quemar el barco, bastando, seg\u00fan \u00e9l, con haber limpiado sus velas o abrirle una v\u00eda de agua -\u00e9l la llama \u201crumbo\u201d- para lavar sus cubiertas y sollado.<\/p>\n<p>Cualquier cosa con tal de no destruir el bergant\u00edn, rebaj\u00e1ndose Pasajes de San Juan, seg\u00fan dice el airado doctor, a tiempos de inteligencia m\u00e1s oscura. Como el a\u00f1o 1630 en el que se crey\u00f3 que la peste era anunciada por campanas como la de Belilla en Arag\u00f3n o que el contagio se extend\u00eda en Mil\u00e1n por medio de polvos arrojados a la ropa. Unas deplorables supersticiones, seg\u00fan el doctor Montes, que hicieron posible el \u00fanico caso igual al del <em>Donostiarra<\/em> en toda la Historia de la Epidemiolog\u00eda espa\u00f1ola -que Montes remonta desde la \u00e9poca de Cristo hasta el a\u00f1o 1800- al quemarse otro barco en el puerto de Barcelona para atajar la epidemia&#8230;<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/12\/Victor-Hugo-Illustr\u00e9.-Albin-Michel-c.-1860.-Viaje-de-1843.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1020\" title=\"Grabado de V\u00edctor Hugo representando Pasajes de San Pedro en 1843. Publicado en \"Victor Hugo Illustr\u00e9\". Albin Michel (c. 1860). Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/12\/Victor-Hugo-Illustr\u00e9.-Albin-Michel-c.-1860.-Viaje-de-1843-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/12\/Victor-Hugo-Illustr\u00e9.-Albin-Michel-c.-1860.-Viaje-de-1843-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2015\/12\/Victor-Hugo-Illustr\u00e9.-Albin-Michel-c.-1860.-Viaje-de-1843.jpg 640w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>En conjunto, este folleto es un c\u00famulo de instructivas opiniones como esa. Con \u00e9l el doctor Montes, tal vez sin siquiera sospecharlo -o tal vez s\u00ed- nos informaba de varias cosas. Por ejemplo lo que pod\u00eda traer un barco a un puerto en el 1800, de las condiciones en las que se viv\u00eda en dicho puerto y de c\u00f3mo facilitaban la aparici\u00f3n de epidemias agravadas por una situaci\u00f3n de guerra y movimientos de tropas, o, finalmente, qu\u00e9 grado de libertad de opini\u00f3n toleraba una monarqu\u00eda absoluta como la de Fernando VII, quien, por cierto, permite que se publique tres a\u00f1os antes que la del doctor Montes la Memoria del doctor Arruti -titular en San Sebasti\u00e1n- sobre este tema, dejando as\u00ed para despu\u00e9s lo que afirmar\u00e1 Juan Montes que, como hemos visto, ten\u00eda una solitaria, proilustrada (\u00bftal vez tambi\u00e9n liberal y malavenida con un restaurado rey absoluto?) y sui generis opini\u00f3n sobre lo ocurrido en Pasajes de San Juan&#8230;\u00a0\u00a0 <em>\u00a0<\/em><\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hoy, a todo trance, voy a tratar de reconducir este correo de la Historia a temas que no tengan nada que ver con la repercusi\u00f3n de la Historia en la actualidad. 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