{"id":1100,"date":"2016-04-04T11:30:36","date_gmt":"2016-04-04T09:30:36","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1100"},"modified":"2016-04-04T11:30:36","modified_gmt":"2016-04-04T09:30:36","slug":"amor-en-tiempos-de-colera-las-cartas-de-enrique-viii-a-ana-bolena-mayo-de-1527-octubre-de-1528","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2016\/04\/04\/amor-en-tiempos-de-colera-las-cartas-de-enrique-viii-a-ana-bolena-mayo-de-1527-octubre-de-1528\/","title":{"rendered":"Amor en tiempos de c\u00f3lera. Las cartas de Enrique VIII a Ana Bolena. (Mayo de 1527-Octubre de 1528)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1101\" title=\"Detalle de la portada de \"Cartas de amor de Enrique VIII a Ana Bolena\" (2016)\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/Portada-Cartas-de-amor-H-VIII.jpg\" alt=\"\" width=\"128\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/Portada-Cartas-de-amor-H-VIII.jpg 506w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/Portada-Cartas-de-amor-H-VIII-128x300.jpg 128w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/Portada-Cartas-de-amor-H-VIII-438x1024.jpg 438w\" sizes=\"(max-width: 128px) 100vw, 128px\" \/><\/p>\n<p>Para escribir este nuevo correo de la Historia, lo reconozco, no me he esforzado demasiado. Me ha bastado estar, para variar, en una biblioteca y descubrir en el expositor de novedades una portada de lo m\u00e1s llamativa acompa\u00f1ada de un t\u00edtulo igual de llamativo.<\/p>\n<p>El libro en cuesti\u00f3n, peque\u00f1o, una verdadera joya de orfebrer\u00eda editorial -debida a la casa Confluencias-, se titula \u201cCartas de amor de Enrique VIII a Ana Bolena\u201d&#8230;<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, era dif\u00edcil no leer el libro -no pasa de 100 p\u00e1ginas- y despu\u00e9s contarlo.<\/p>\n<p>Es un documento curioso y del que no ten\u00eda noticia, a pesar de saber unas cuantas cosas sobre el reinado de Enrique VIII que, debo reconocerlo, es un personaje hist\u00f3rico de los que m\u00e1s me ha interesado siempre.<\/p>\n<p>Del fanfarr\u00f3n rey Harry he visto, y le\u00eddo, en efecto, unas cuantas cosas antes y despu\u00e9s de pasar por la Facultad de Historia.<\/p>\n<p>Por ejemplo que los brit\u00e1nicos, desde los a\u00f1os 30 del siglo pasado, lo convirtieron en uno de sus \u00edconos nacionales, que mand\u00f3 ejecutar a su Lord Canciller, <em>sir<\/em> Thomas Moore -para nosotros Tom\u00e1s Moro- convirti\u00e9ndolo as\u00ed en santo de la Iglesia cat\u00f3lica. Tambi\u00e9n ten\u00eda yo buena constancia de que Enrique impuso, por la misma causa por la que ejecut\u00f3 a <em>sir <\/em>Tom\u00e1s Moro, un verdadero reinado de terror paranoico en Inglaterra, que estuvo casado con una princesa espa\u00f1ola, hija de los Reyes Cat\u00f3licos, que fue en 1512 un fiel aliado de su suegro, Fernando el Cat\u00f3lico, cuando se produjo la invasi\u00f3n y anexi\u00f3n de Navarra y que tuvo seis esposas que cayeron, en su mayor\u00eda, v\u00edctimas de ese terror paranoico que, en realidad, ten\u00eda una l\u00f3gica, un fin m\u00ednimamente racional.<\/p>\n<p>No otro que el de fortalecer a la dinast\u00eda de Enrique, los Tydder. Una familia galesa que en el tumulto de las guerras bajomedievales en Inglaterra supo maniobrar h\u00e1bilmente, liquidando a Ricardo III, \u00faltimo rey de la Casa de York -y v\u00edctima favorita de ese \u201cthinking tank\u201d al servicio del poder pol\u00edtico en la Inglaterra isabelina conocido como \u201cWilliam Shakespeare\u201d- para instituirse, con el nombre de \u201cTudor\u201d -que les sonar\u00e1 de una exitosa serie de televisi\u00f3n-, como dinast\u00eda reinante en Inglaterra, en buena parte de Irlanda, por supuesto en su Gales natal, y en un pedazo de Francia.<\/p>\n<p>De ah\u00ed, de esa necesidad de fortalecer esa brev\u00edsima dinast\u00eda, vino mucho de la violencia desatada por el rey Enrique. Necesitaba un heredero que su primera esposa, su cu\u00f1ada Catalina de Arag\u00f3n, no le pudo dar, al igual que la segunda, Ana Bolena -la destinataria de las cartas que se han reunido en ese libro del que hoy hablamos-, que s\u00f3lo dio a luz a la futura reina Isabel, con la que se extinguir\u00edan los reyes Tudor, que ceden el trono a los escoceses Estuardo.<\/p>\n<p>El cada vez m\u00e1s obeso rey Harry no tuvo mucho sosiego hasta que no naci\u00f3 el futuro Eduardo VI, el ansiado heredero var\u00f3n. Algo l\u00f3gico en un soberano reci\u00e9n instaurado, el segundo Tudor tras la muerte de su padre Enrique VII y la del primog\u00e9nito Arturo, rodeado de poderosos enemigos como Espa\u00f1a o Francia, con los que se debe aliar o poner en marcha una poderosa flota de guerra que cuesta no poco al rey y al reino. Como lo atestigua el pecio de la <em>Mary Rose<\/em>. Una de las naves insignia de la incipiente flota inglesa que hoy ha dado lugar a un interesante museo mar\u00edtimo en la localidad inglesa de Portsmouth.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed, con esas descarnadas luchas de poder, como Enrique VIII se ha convertido en el imaginario colectivo en una figura m\u00e1s bien negativa. Incluso entre los anglosajones, que conceden que fue uno de los ejes fundadores de la actual Inglaterra, pero que no han escatimado p\u00e1ginas y metros de pel\u00edcula a la hora de contar las sombras de la vida de este rey.<\/p>\n<p>Es lo que se ve, por ejemplo, en \u201cUn hombre para la eternidad\u201d, donde el rey Harry hace el papel de villano veredugo de un estoico <em>sir<\/em> Tom\u00e1s Moro, que prefiere dejarse ejecutar antes que ceder en sus convicciones religiosas cat\u00f3licas, o en otras pel\u00edculas menos comprometidas con esos temas como \u201cLas seis esposas de Enrique VIII\u201d. Incluso en la serie de novelas polic\u00edacas ambientadas en su reinado protagonizadas por el pesquisidor -ya que la palabra detective a\u00fan no se ha inventado- Roger Shallot, firmadas por el profesor Paul Doherty con el pseud\u00f3nimo de Michael Clynes.<\/p>\n<p>Por eso, quiz\u00e1s, me ha sorprendido, tanto, descubrir que un personaje tan sombr\u00edo, a veces, dejar\u00e1 tras \u00e9l un testimonio que atestiguaba que ten\u00eda sentimientos, que sab\u00eda lo que era el amor.<\/p>\n<p>Eso es lo que vendr\u00edan a demostrar las cartas reunidas en este volumen editado ahora por Confluencias, utilizadas -seg\u00fan parece- como prueba en el proceso de separaci\u00f3n matrimonial que el fanfarr\u00f3n rey Harry quer\u00eda arrancar al Vaticano y que, finalmente, le fue denegado, dando lugar al llamado cisma de Inglaterra por el cual esa naci\u00f3n se separaba de la ortodoxia cat\u00f3lica, nombrando como jefe de su Iglesia al rey de Inglaterra, que no reconoc\u00eda la superioridad del Papa de Roma.<\/p>\n<p>Les animo a que lean este libro donde se re\u00fanen estas cartas ya conocidas en espa\u00f1ol, pero dispersas -desde 2009- en la blog\u00f3sfera. No van a encontrar mucha materia morbosa, eso lo advierto ya desde aqu\u00ed. Tan s\u00f3lo a un hombre bastante tosco para expresar sus sentimientos, que suenan estereotipados para nuestro gusto, y profundamente \u201ccolgado\u201d de una joven a la que le llevaba unos cuantos a\u00f1os, (Enrique ten\u00eda 34 en ese momento y ella, Ana Bolena, pod\u00eda andar entre los 27 y los 24, pues no se sabe con certeza la fecha exacta de su nacimiento).<\/p>\n<p>La manera en la que Enrique expresa ese amor por ella es, en efecto, chocante para nuestra idea de ese asunto, que est\u00e1 pasada por el tamiz del Romanticismo. La cosa se complica a\u00fan m\u00e1s cuando resulta que los dos amantes intercambian en las cartas mensajes en clave como el que se puede ver en la firma de la carta II. O bien cuando, como ocurre en la carta III, el rey transmite un mensaje que hoy parecer\u00eda sanguinario cuando dice a Ana Bolena que le env\u00eda un cervatillo \u201cmuerto la noche pasada de mi propia mano\u201d, esperando que, cuando se lo coma, ella piense en su mano, la mano del rey, que mat\u00f3 a dicho cervatillo&#8230;<\/p>\n<p>Pero, en conjunto, podr\u00e1n ver que el amor no ha cambiado tanto entre lo que piensa hoy d\u00eda cualquiera al respecto y lo que pensaba un rey del Renacimiento de personalidad expansiva, col\u00e9rica y algo peligrosa para quienes le rodeaban o eran sus s\u00fabditos.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1102\" title=\"Panel para explicar uno de los posibles motivos del hundimiento de la Mary Rose en el museo mar\u00edtimo de Portsmouth. Foto del autor\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/MaryRose.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"235\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/MaryRose.jpg 1357w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/MaryRose-300x236.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/MaryRose-768x604.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/04\/MaryRose-1024x805.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/p>\n<p>As\u00ed Enrique reitera, una y otra vez, sus deseos de estar con Ana Bolena, de besarla, de que sus manos se junten, de ofrecerle su mano y coraz\u00f3n para servirla, preocup\u00e1ndose por su salud, cuando llegan noticias, en junio de 1528, de una epidemia de fiebres que postran a esa mujer que se niega a ofrecerse al rey -a diferencia de su hermana- hasta que se separe legalmente de su mujer y la haga a ella esposa y reina consorte de Inglaterra.<\/p>\n<p>Todo muy hermoso, incluso podr\u00edamos decir que rom\u00e1ntico, en la medida de lo posible, hasta que la raz\u00f3n de estado hace a Enrique olvidar esas palabras que el viento del Tiempo no pod\u00eda llevarse, porque estaban escritas, y se convence de que ya no quiere a Ana Bolena, que la aborrece tanto como antes la ha deseado. Tanto que, incluso, no dudar\u00e1 en hacerla ejecutar bajo toda clase falsas acusaciones para poder casarse con Jane Seymour, con la que ya se encamaba incluso antes de dar por descartada a aquella tierna amiga a la que tanto dec\u00eda amar en el verano de 1528&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Para escribir este nuevo correo de la Historia, lo reconozco, no me he esforzado demasiado. Me ha bastado estar, para variar, en una biblioteca y descubrir en el expositor de novedades una portada de lo m\u00e1s llamativa acompa\u00f1ada de un t\u00edtulo igual de llamativo. 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