{"id":1160,"date":"2016-07-11T11:44:40","date_gmt":"2016-07-11T09:44:40","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1160"},"modified":"2016-07-11T11:44:40","modified_gmt":"2016-07-11T09:44:40","slug":"corsarios-vascos-generales-diplomaticos-reyes-y-reinas-una-historia-de-la-historia-de-la-guerra-de-sucesion-austriaca-1740-1748","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2016\/07\/11\/corsarios-vascos-generales-diplomaticos-reyes-y-reinas-una-historia-de-la-historia-de-la-guerra-de-sucesion-austriaca-1740-1748\/","title":{"rendered":"Corsarios vascos, generales, diplom\u00e1ticos, reyes y reinas. Una historia de la Historia de la Guerra de Sucesi\u00f3n austriaca (1740-1748)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/07\/Portada-de-Le-voyage-du-Prudent-Guy-Thomas-1947-Colecci\u00f3n-Reding.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1161\" title=\"Aventuras mar\u00edtimas en el siglo XVIII. Ilustraci\u00f3n para la portada de \"Le voyage du Prudent\", de Guy Thomas (1947). Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/07\/Portada-de-Le-voyage-du-Prudent-Guy-Thomas-1947-Colecci\u00f3n-Reding.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"290\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/07\/Portada-de-Le-voyage-du-Prudent-Guy-Thomas-1947-Colecci\u00f3n-Reding.jpg 378w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/07\/Portada-de-Le-voyage-du-Prudent-Guy-Thomas-1947-Colecci\u00f3n-Reding-300x290.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Como dec\u00eda aquella canci\u00f3n de los inefables Undertones, ya est\u00e1 aqu\u00ed el verano. Y con \u00e9l vienen los viajes a la costa, a puertos pintorescos, a playas masificadas pero aun as\u00ed sugestivas. Al menos a ciertas horas del d\u00eda.<\/p>\n<p>Y todo eso, tal vez, despierta nuestra ansia de saber qu\u00e9 pas\u00f3 en algunos de esos lugares hace muchos a\u00f1os, cuando vemos, aunque sea de soslayo, casi oculta por la masa de veraneantes de la que formamos parte y los anuncios de helados y refrescos, una pared de piedras que no parecen puestas all\u00ed antes de ayer sino hace mucho, mucho tiempo, o ca\u00f1ones clavados en los muelles que, indudablemente, debieron ser parte de la Artiller\u00eda de un barco de vela tambi\u00e9n hace muchos, muchos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s por todo eso sea un buen momento para traer a este correo de la Historia alg\u00fan retazo de esa Historia del Mar que parece esconderse detr\u00e1s de esos rincones ahora convertidos en destinos tur\u00edsticos.<\/p>\n<p>El retazo del que hablar\u00e9, lleg\u00f3 a m\u00ed mientras recog\u00eda informaci\u00f3n para completar un trabajo sobre la Guerra de Sucesi\u00f3n austriaca que publicar\u00e9 -espero- en unos meses.<\/p>\n<p>La informaci\u00f3n que obtuve de aquel documento fechado en el a\u00f1o 1748 -es decir, en el \u00faltimo de aquella guerra- era realmente impactante.<\/p>\n<p>En principio, la historia de Antonio Solis, un espa\u00f1ol americano nacido en Yucat\u00e1n, podr\u00eda parecer una mera an\u00e9cdota irrelevante. De hecho, el juez ante el que fue llevado a finales de la primavera del a\u00f1o de 1748, despach\u00f3 su caso con verdadera rapidez, en apenas unos pocos folios y junto a otros tantos conducidos por la misma causa -ser sospechoso de vagabundaje- ante los estrados de su tribunal.<\/p>\n<p>Sin embargo, esa es una impresi\u00f3n falsa. Los avatares de Antonio Solis, descritos para el juez que lo hab\u00eda detenido como sospechoso de ser un vagabundo, son una parte imprescindible de la Historia de la Guerra de Sucesi\u00f3n austriaca. Al menos si queremos comprender mejor aquel episodio hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>En efecto, ya el revolucionario -en todos los sentidos- poeta Bertolt Brecht se hab\u00eda preguntado si la Historia deb\u00eda ser un mero recitado de reyes, reinas, grandes dignatarios, generales&#8230; olvidando a los hombres y mujeres de menor rango que ellos que, sin embargo, obviamente, hab\u00eda contribuido a que los designios de esos grandes personajes hist\u00f3ricos se hicieran realidad, construyendo, por ejemplo, como dec\u00eda el poema de Brecht, Tebas la de las Siete Puertas o las Pir\u00e1mides&#8230;<\/p>\n<p>Es ese un camino hist\u00f3rico arduo, denostado incluso por muchos historiadores de viejas escuelas -algo fosilizadas- que, como he podido experimentar incluso en primera persona, son capaces de imponer silencio con m\u00e9todos muy autoritarios -y un poco est\u00fapidos, la verdad- a aquellos de sus colegas que creemos que la Historia es global en todos los sentidos y debe reconstruirse con todos los materiales a nuestro alcance y no s\u00f3lo con columnas de cifras o libros de Leyes como el \u201cDigesto\u201d del emperador Justiniano.<\/p>\n<p>Antonio Solis no estuvo en su vida en la Corte de San Ildefonso, ni en la de Saint James, ni en la de Versalles, ni conoci\u00f3 -salvo por la efigie de las monedas- a Fernando VI rey de Espa\u00f1a y de las Indias, ni a Luis XV rey de Francia y de Navarra, ni a Jorge II.<\/p>\n<p>Tampoco conoci\u00f3 jam\u00e1s, salvo por noticias indirectas, a ministros como el marqu\u00e9s de la Ensenada, Walpole o Fleury.<\/p>\n<p>Sin embargo, Antonio Solis y otros muchos miles de espa\u00f1oles de ambos hemisferios, hicieron posible otra de esas t\u00edpicas guerras de supremac\u00eda propias del siglo XVIII, urdida en los salones y gabinetes que frecuentaban todos esos graves personajes que as\u00ed decid\u00edan -o lo intentaban al menos- cu\u00e1l ser\u00eda el destino del Mundo.<\/p>\n<p>En efecto, a causa del conflicto abierto en 1739 entre Gran Breta\u00f1a y Espa\u00f1a, con la hoy famosa -gracias al recuperado almirante Blas de Lezo- Guerra de la Oreja de Jenkins, Antonio Solis se vio metido en una larga aventura que dur\u00f3 siete a\u00f1os.<\/p>\n<p>En 1741, mientras navegaba en una chalupa con varios compa\u00f1eros por las disputadas aguas caribe\u00f1as, fue capturado por dos barcos corsarios fletados por ingleses. Como era habitual en la \u00e9poca, Solis y sus compa\u00f1eros se convirtieron en parte del bot\u00edn y fueron subastados como esclavos blancos (el t\u00e9rmino legal ingl\u00e9s era \u201cindentured servants\u201d) para el tambi\u00e9n habitual -en estos casos- per\u00edodo de servicio en las colonias americanas inglesas durante siete a\u00f1os.<\/p>\n<p>Solis se las apa\u00f1\u00f3 para sobrevivir, durante cerca de tres a\u00f1os, a una condici\u00f3n laboral m\u00e1s dura que la que se aplicaba a los esclavos negros tra\u00eddos de \u00c1frica a esas mismas colonias. Consigui\u00f3 que su amo lo pusiera a trabajar en uno de sus barcos, alegando que el trabajo en la mina subterr\u00e1nea de cobre a la que lo hab\u00eda destinado estaba erosionando gravemente su salud. Una rara concesi\u00f3n, pues los esclavos blancos -espa\u00f1oles, irlandeses, escoceses, ingleses&#8230;- eran peor tratados que los esclavos negros, ya que estos deb\u00edan durar toda una vida y eran caros y los blancos, como ocurr\u00eda en el caso de Solis, serv\u00edan durante un per\u00edodo de tiempo limitado tras el cual ya no resultaban rentables para sus antiguos amos e incluso pod\u00edan convertirse en competencia para ellos. Como se ve en la obra de Daniel Defoe \u201cCoronel Jack\u201d, publicada en 1722, y que describe, de primera mano, hechos muy parecidos a los que yo he encontrado sacando informaci\u00f3n, una vez m\u00e1s, del rico archivo del Corregimiento guipuzcoano.<\/p>\n<p>Antonio Solis, gracias a su trabajo como marinero en dicho barco, consigui\u00f3 bajar a tierra cuando el nav\u00edo acab\u00f3 viaje en la que \u00e9l llama \u201cr\u00eda de Londres\u201d. All\u00ed protest\u00f3 ante el comisario ingl\u00e9s encargado de regular estas cuestiones, diciendo que \u00e9l no pod\u00eda ser considerado esclavo porque no lo era en su propio pa\u00eds. Su protesta fue aceptada, se le puso en prisi\u00f3n con otros espa\u00f1oles y sali\u00f3 de ella con rumbo a la Costa Vasca en cuanto hubo un canje de prisioneros.<\/p>\n<p>De all\u00ed, dec\u00eda Solis, pas\u00f3 a Bayona -uno de los principales puertos corsarios de la \u00e9poca- y se enrol\u00f3 a bordo de un cache de Bayona armado como barco corsario. Si buscaba venganza por lo que le hab\u00eda ocurrido, o Fortuna, no tuvo ninguna de las dos cosas. Otra vez fue capturado por corsarios ingleses que, sin embargo, se conformaron con quedarse como bot\u00edn el barco y no a su tripulaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Sin embargo, Solis insisti\u00f3. Del puerto de Luanco, en Asturias, donde le hab\u00edan dejado los corsarios ingleses volvi\u00f3 una vez m\u00e1s a San Sebasti\u00e1n y pidi\u00f3 nuevamente pasaporte para poder enrolarse en un barco corsario de Bayona. En esta ocasi\u00f3n fue el afortunado -seg\u00fan lo que nos dec\u00eda el \u201cMercurio de Francia\u201d del a\u00f1o 1746- <em>Le L\u00e9opard<\/em>, que, sin embargo, en esta nueva campa\u00f1a, ya pr\u00f3ximo el fin de la Guerra de Sucesi\u00f3n austriaca, fue convertido, a su vez, en presa por corsarios ingleses.<\/p>\n<p>La \u00fanica suerte de Solis en esta ocasi\u00f3n, fue, otra vez, que sus captores se conformaron con el barco y dejaron libre a la tripulaci\u00f3n, que desembarc\u00f3 en el puerto bret\u00f3n de Saint-Malo, desde donde \u00e9l y sus compa\u00f1eros se dirigieron a Bayona para un tercer intento a bordo de otro barco&#8230;<\/p>\n<p>All\u00ed, sin embargo, descubrieron que la guerra hab\u00eda terminado, que volv\u00edan a ser prescindibles. Incluso molestos, como se hizo patente para Solis cuando cruz\u00f3 la frontera del Bidasoa para dirigirse al puerto gallego de La Gra\u00f1a y tratar de encontrar un barco que lo devolviera a Yucat\u00e1n tras siete a\u00f1os de dar tumbos por el Mundo.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/07\/Ilustraci\u00f3n-para-Le-voyage-du-Prudent-Guy-Thomas-1947-Colecci\u00f3n-Reding.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1162\" title=\"Aventuras mar\u00edtimas en el siglo XVIII. Ilustraci\u00f3n para  \"Le voyage du Prudent\", de Guy Thomas (1947). Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/07\/Ilustraci\u00f3n-para-Le-voyage-du-Prudent-Guy-Thomas-1947-Colecci\u00f3n-Reding.jpg\" alt=\"\" width=\"194\" height=\"300\" \/><\/a>Autom\u00e1ticamente se sospecho que era un vagabundo (lo que dice mucho del aspecto de un veterano corsario de aquella \u00e9poca), se le encarcel\u00f3, se le interrog\u00f3 y se le juzg\u00f3.<\/p>\n<p>Como la guerra hab\u00eda terminado, el corregidor guipuzcoano decidi\u00f3 dejarlo en libertad, pero advirti\u00e9ndole que deb\u00eda salir de su jurisdicci\u00f3n r\u00e1pidamente&#8230;<\/p>\n<p>As\u00ed acababa esa peque\u00f1a historia -parte de la Gran Historia de las guerras de supremac\u00eda del siglo XVIII- que tuvo como tel\u00f3n de fondo puertos como San Sebasti\u00e1n, Luanco, Londres, Bayona&#8230; que quiz\u00e1s -qui\u00e9n sabe- muchos visiten en estas fechas. Ser\u00e1 un buen momento para recordar qui\u00e9nes iban a bordo de esos grandes veleros cuyo recuerdo a\u00fan parece impregnar esos lugares y qu\u00e9 fue lo que -como dec\u00eda el historiador Leopold Von Ranke- realmente les ocurri\u00f3 cuando se vieron atrapados por los designios emanados de grandes palacios que ellos jam\u00e1s visitaron.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Como dec\u00eda aquella canci\u00f3n de los inefables Undertones, ya est\u00e1 aqu\u00ed el verano. Y con \u00e9l vienen los viajes a la costa, a puertos pintorescos, a playas masificadas pero aun as\u00ed sugestivas. Al menos a ciertas horas del d\u00eda. 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