{"id":1191,"date":"2016-08-29T11:30:06","date_gmt":"2016-08-29T09:30:06","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1191"},"modified":"2016-08-29T11:30:06","modified_gmt":"2016-08-29T09:30:06","slug":"mito-leyenda-historia-los-espectros-del-somme-el-san-sebastian-de-la-belle-epoque-y-la-caida-de-mata-hari-verano-de-1916-invierno-de-1917","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2016\/08\/29\/mito-leyenda-historia-los-espectros-del-somme-el-san-sebastian-de-la-belle-epoque-y-la-caida-de-mata-hari-verano-de-1916-invierno-de-1917\/","title":{"rendered":"Mito, leyenda, Historia&#8230; Los espectros del Somme, el San Sebasti\u00e1n de la \u201cBelle \u00c9poque\u201d y la ca\u00edda de Mata Hari (verano de 1916-invierno de 1917)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/Jai-vu-1-mayo-1918-Bolo-y-Mata-Hari.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1192\" title=\"Dos famosos esp\u00edas del San Sebasti\u00e1n de la \"Gran Guerra\": Mata Hari y Bolo Pacha. Fotiograf\u00eda publicada en el \"J\u00b4ai vu\" de 1 de mayo de 1918 . Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/Jai-vu-1-mayo-1918-Bolo-y-Mata-Hari.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"192\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/Jai-vu-1-mayo-1918-Bolo-y-Mata-Hari.jpg 1701w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/Jai-vu-1-mayo-1918-Bolo-y-Mata-Hari-300x192.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/Jai-vu-1-mayo-1918-Bolo-y-Mata-Hari-768x493.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/Jai-vu-1-mayo-1918-Bolo-y-Mata-Hari-1024x657.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Como ya saben quienes siguen este correo de la Historia todas, o casi todas, las semanas, uno de los numerosos frentes hist\u00f3ricos en los que ando combatiendo mis \u201ccombates por la Historia\u201d, como los llam\u00f3 Lucien Febvre, es el de la Primera Guerra Mundial.<\/p>\n<p>Movi\u00e9ndome por esas trincheras, esas tierras de nadie hist\u00f3ricas, esos pozos envenenados con restos de gas mostaza sobre alambradas que recuerdan al esqueleto de una civilizaci\u00f3n muerta (la europea de la autocomplaciente \u201cBelle \u00c9poque\u201d), he ido a dar, voluntariamente, al frente menos conocido de esa guerra. Es decir, al de los casinos y hoteles de lujo, en las ciudades neutrales donde se hab\u00eda refugiado todo el dinero y el lujo de aquella Europa en guerra.<\/p>\n<p>Uno de esos escenarios de esa versi\u00f3n secreta de la \u201cGran Guerra\u201d fue San Sebasti\u00e1n y, hasta cierto punto, puede decirse que fue un escenario privilegiado. Un Austerlitz, un Wagram, un Waterloo de la guerra de esp\u00edas que se desarroll\u00f3 paralela a la otra guerra. La de los tanques, la de las cargas suicidas de Caballer\u00eda o Infanter\u00eda frente a secciones de ametralladoras, la del gas venenoso que llegaba vertiendo una muerte m\u00e1s silenciosa pero no menos eficaz&#8230;<\/p>\n<p>S\u00ed, San Sebasti\u00e1n, como pueden comprobar todos los turistas de todas partes del Mundo que la llenan en estas fechas, cuadriplicando su poblaci\u00f3n, convirti\u00e9ndola en otra Venecia, en otra Barcelona, estaba -hace 100 a\u00f1os- perfectamente equipada ya para servir de escenario a esa guerra secreta. La que se luchaba de general y mariscal para arriba en salones que pod\u00edan ahogar con su carga de elegancia y buen gusto -en hoteles como el Londres, el Mar\u00eda Cristina y otros hoy desaparecidos- frente a ministros venidos a liberarse -al menos por un tiempo- del peso constante de dirigir potencias que estaban sacrificando miles de hombres al d\u00eda en ofensivas y combates de dudoso resultado y finalidad.<\/p>\n<p>Como en toda gran batalla, por debajo de esas grandes figuras, estaban alfiles, torres, caballos, peones&#8230; que se mov\u00edan en un complejo tablero. No por m\u00e1s c\u00f3modo -comparado con trincheras infestadas de mugre, muerte, ratas y piojos- menos peligroso. Iban desde cortesanas de lujo y aventureras como podr\u00eda serlo Mata Hari, hasta simples criados, ch\u00f3feres, camareros, periodistas&#8230;<\/p>\n<p>Esas figuras de ese ajedrez humano jugaban su partida en elegantes veladas en salones que miraban al famoso marco incomparable donostiarra, o desde el Parque de atracciones de Igueldo, desde donde se pod\u00eda ver a\u00fan mejor ese paisaje tras subir en un funicular que data de esas fechas.<\/p>\n<p>Era una partida jugada de manera implacable. Con el mismo furor con el que algunas de esas figuras, las m\u00e1s encumbradas como las cortesanas de lujo, las aventureras, los ministros, los reyes, los pr\u00edncipes exiliados con su corte igualmente exiliada, los embajadores&#8230; jugaban sobre los tapetes de grandes casinos como el de M\u00f3naco o el de San Sebasti\u00e1n (hoy reconvertido en Ayuntamiento, Archivo y Biblioteca de la ciudad) interminables partidas de caballitos, de faro, de ruleta&#8230;<\/p>\n<p>Y a causa de esa partida de guerra secreta, de esos juegos de azar pol\u00edticos jugados sobre ese escenario rutilante y lujoso, ca\u00edan muchas v\u00edctimas. Normalmente a millares, casi a diario. En los frentes de Verd\u00fan y el Somme, abiertos en aquel verano de 1916 -sofocante en m\u00e1s de un sentido-, en el que las grandes potencias contendientes agotaban material de guerra, raciones, munici\u00f3n y, sobre todo, vidas que llenaban de desasosiego a unas naciones que cre\u00edan, en 1914, ir a ganar una guerra que, tres a\u00f1os despu\u00e9s, se eternizaba, produciendo miles de v\u00edctimas a un ritmo vertiginoso&#8230;<\/p>\n<p>Un desasosiego que hab\u00eda que explicar de alg\u00fan modo. Un desasosiego al que hab\u00eda que poner un rostro al que odiar, que justificase aquel gran fracaso colectivo que se viv\u00eda en frentes como el del Somme, en el que no cab\u00edan, a esas alturas de la guerra y de la ofensiva, ya ni siquiera los espectros de los miles de muertos en combate.<\/p>\n<p>Ese papel, el de explicaci\u00f3n de todos esos desastres, al menos los del bando aliado, recay\u00f3 en una de las aventureras que pasaba y repasaba por un San Sebasti\u00e1n demasiado importante en esas fechas como para dejarlo de lado. En tanto que corte de verano de una potencia neutral a la que muchos en el bando de la Entente quer\u00edan ver tomar las armas en su favor. No tan s\u00f3lo enriquecerse -y de qu\u00e9 modo- suministr\u00e1ndoles toda clase de munici\u00f3n y equipos, engullidos por el tit\u00e1n de la guerra en Verd\u00fan, en el Somme&#8230;<\/p>\n<p>El cronista de San Sebasti\u00e1n Javier Sada nos asegura en su libro sobre la situaci\u00f3n de la ciudad en esa \u00e9poca, que Mata Hari no era realmente aquella agente tan importante que luego se dijo que era.<\/p>\n<p>Es muy posible. Altamente probable de hecho. Pero, por alguna raz\u00f3n realmente interesante y a\u00fan no bien conocida -es lo que me dice mi investigaci\u00f3n sobre este tema ahora en curso- Mata Hari entr\u00f3 en la leyenda -m\u00e1s que en la Historia- del espionaje en el invierno de 1917, cuando el Gobierno franc\u00e9s decidi\u00f3 que ella, agente a sueldo ofrecida primero a Francia y despu\u00e9s, seg\u00fan todos los indicios, a la red alemana de Von Hintze que actuaba precisamente en San Sebasti\u00e1n, iba\u00a0 a ser la explicaci\u00f3n de tanto rev\u00e9s militar.<\/p>\n<p>Enrique G\u00f3mez Carrillo, un literato guatemalteco, es qui\u00e9n -quiz\u00e1s y de momento- mejor ha relatado ese proceso cuando se vio obligado a escribir en 1923 un libro sobre Mata Hari para explicar que \u00e9l no hab\u00eda tenido la culpa de que la detuvieran.<\/p>\n<p>El libro es, literariamente hablando, de lo m\u00e1s serio. G\u00f3mez Carrillo, usando todos los recursos que hab\u00eda cultivado en el Par\u00eds modernista en compa\u00f1\u00eda de sus amigos Rub\u00e9n Dar\u00edo y Amado Nervo, aseguraba que \u00e9l jam\u00e1s hab\u00eda conocido a Mata Hari y, por tanto, dif\u00edcilmente pod\u00eda haberla entregado a dos gendarmes y cinco polic\u00edas -venidos de Par\u00eds a Hendaya para ese fin- despu\u00e9s de haberla enga\u00f1ado con una amigable comida y un viaje en autom\u00f3vil que hab\u00eda terminado en inesperada carrera por el Puente Internacional para entregar a la esp\u00eda antes de que se diera cuenta de que estaba en jurisdicci\u00f3n francesa.<\/p>\n<p>Pese a esas protestas de G\u00f3mez Carrillo, que se vio despreciado en la Espa\u00f1a de entreguerras por esta raz\u00f3n, su libro \u201c<em>El misterio de la vida y de la muerte de Mata Hari<\/em>\u201d dec\u00eda que en San Sebasti\u00e1n, en Sevilla, en Madrid, en Francia incluso, todos contaban esa rocambolesca historia sobre c\u00f3mo hab\u00eda seducido a la seductora y la hab\u00eda entregado en un rapto digno de las novelas de Arsenio Lupin o, por lo menos, de la saga de Ad\u00e8le Blanc-Sec&#8230;<\/p>\n<p>Todo un interesante testimonio de c\u00f3mo el mito, a veces, se convierte en Historia y se tardan a\u00f1os en desmentirlo por medio de concienzudas investigaciones como \u201cEl caso Mata-Hari\u201d de Lionel Dumarcet, que demuestran que Mata Hari fue detenida a plena luz del d\u00eda en un lujoso hotel de Par\u00eds a la hora del t\u00e9 y que eso, precisamente, fue utilizado por su abogado defensor para demostrar su inocencia, alegando que nadie que fuera culpable, se atrever\u00eda a volver al pa\u00eds donde su cabeza estaba puesta a precio por esp\u00eda con la franqueza y falta de precauci\u00f3n de su defendida.<\/p>\n<p>No deja de ser curiosa toda esa tramoya fant\u00e1stica en torno a ella. Personalmente, a medida que avanz\u00f3 con mi investigaci\u00f3n, me da la impresi\u00f3n de que toda la aureola en torno a Mata Hari ven\u00eda, a partes iguales, de su propia bien probada mitoman\u00eda con la que se fabric\u00f3 varias biograf\u00edas -a cu\u00e1l m\u00e1s melodram\u00e1tica- para su imparable ascenso social, del inter\u00e9s de sus captores en dotarla de poderes misteriosos o casi misteriosos para poder explicar sus reveses militares y tambi\u00e9n porque ese tremendismo en torno a su figura les resultaba de verdadera utilidad a los que podr\u00edamos llamar \u201cagentes X\u201d, con los que Mata Hari ciertamente se code\u00f3 en San Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/MMar\u00eda-Cristina-y-Victria-Eugenia-en-1914.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft  wp-image-1193\" title=\"El hotel Mar\u00eda Cristina en el San Sebasti\u00e1n de 1914, uno de los escenarios de las correr\u00edas de Mata Hari. La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/MMar\u00eda-Cristina-y-Victria-Eugenia-en-1914.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"188\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/MMar\u00eda-Cristina-y-Victria-Eugenia-en-1914.jpg 1051w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/MMar\u00eda-Cristina-y-Victria-Eugenia-en-1914-300x189.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/MMar\u00eda-Cristina-y-Victria-Eugenia-en-1914-768x484.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2016\/08\/MMar\u00eda-Cristina-y-Victria-Eugenia-en-1914-1024x645.jpg 1024w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a>Principalmente periodistas de diarios german\u00f3filos y ultraderechistas como \u201cLa Constancia\u201d que, gracias a cortinas de humo como las de las aventuras reales o imaginadas de Mata Hari, pod\u00edan ejercer con algo m\u00e1s de comodidad su labor de informar a los agentes de los Imperios Centrales por el discreto expediente de publicar en sus p\u00e1ginas noticias tan interesantes como la carga de los barcos neutrales que entraban y sal\u00edan de puerto, la llegada de personajes importantes\u00a0 -como Alfonso XIII- a determinados destinos, el n\u00famero de especialistas en torpedos que quer\u00eda reclutar la Marina espa\u00f1ola y otras aparentes nader\u00edas que, finalmente, el gobierno tuvo que prohibirles publicar. Aunque no pudiera demostrar fehacientemente que muchos miles de muertos en Verd\u00fan o en el Somme eran responsabilidad m\u00e1s que de Mata Hari, de vitri\u00f3licos redactores de peri\u00f3dicos como \u201cLa Constancia\u201d y otras interesantes fuentes de informaci\u00f3n sobre la Historia (no el mito o la leyenda) de aquella \u201cGran Guerra\u201d a\u00fan no bien conocidas&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Como ya saben quienes siguen este correo de la Historia todas, o casi todas, las semanas, uno de los numerosos frentes hist\u00f3ricos en los que ando combatiendo mis \u201ccombates por la Historia\u201d, como los llam\u00f3 Lucien Febvre, es el de la Primera Guerra Mundial. Movi\u00e9ndome por esas trincheras, esas tierras de [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":56,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[402,455,498,995,1017,1018,1278,1279,1384,1528,1621,1869,2003,2028,2101,2231],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1191"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/56"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1191"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1191\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1191"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1191"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1191"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}