{"id":1260,"date":"2017-01-16T12:30:13","date_gmt":"2017-01-16T10:30:13","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1260"},"modified":"2022-04-11T12:13:47","modified_gmt":"2022-04-11T10:13:47","slug":"de-historia-mito-y-leyenda-san-sebastian-y-el-segundo-imperio-frances-a-d-1864","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2017\/01\/16\/de-historia-mito-y-leyenda-san-sebastian-y-el-segundo-imperio-frances-a-d-1864\/","title":{"rendered":"De Historia, mito y leyenda. San Sebasti\u00e1n y el Segundo Imperio franc\u00e9s (A. D. 1864)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><strong><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/01\/Grenadier.Imperial-Guard-second-empire.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1261\" title=\"Granadero de la Guardia Imperial de Napole\u00f3n III. Fabricante Mokarex. Pieza de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/01\/Grenadier.Imperial-Guard-second-empire-300x225.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"225\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/01\/Grenadier.Imperial-Guard-second-empire-300x225.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/01\/Grenadier.Imperial-Guard-second-empire.jpg 640w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/strong><\/p>\n<p>Como ya saben quienes leen asiduamente este correo de la Historia la Asociaci\u00f3n de historiadores &#8220;Miguel de Aramburu&#8221; tiene una deuda pendiente con algunos de ellos. Se trata de la nueva \u201cHistoria de Gipuzkoa\u201d para la cual, desde estas mismas p\u00e1ginas, se pidi\u00f3 un mecenazgo que, es necesario decirlo, fue generosamente otorgado.<\/p>\n<p>Estaba yo, pues, esta semana cumpliendo con la parte que me toca de esa deuda, la relativa al revuelto, rom\u00e1ntico y, por eso mismo, interesante, siglo XIX guipuzcoano, cuando di con unos hechos que no s\u00e9 bien c\u00f3mo calificar (\u00bfretazo?, \u00bfan\u00e9cdota?), que no encajaban en el marco de ese cap\u00edtulo, pero a los que no quer\u00eda dejar olvidados otros sesenta a\u00f1os, en el mismo sitio en el que yo me los encontr\u00e9.<\/p>\n<p>Estaban en una revista titulada \u201cSan Sebasti\u00e1n\u201d, en el n\u00ba 21, publicado en el a\u00f1o 1955, que apareci\u00f3, como todos sus n\u00fameros, el 20 de enero, que es, justo, aparte del d\u00eda en el que juran los presidentes de Estados Unidos su cargo (como lo van a comprobar esta misma semana), aquel en el que se celebra el santo de la ciudad.<\/p>\n<p>Bien, pues justo debajo del art\u00edculo que Jos\u00e9 Berruezo dedicaba a la cuesti\u00f3n -tan tra\u00edda y llevada- de c\u00f3mo San Sebasti\u00e1n logr\u00f3 ser capital de Gipuzkoa en 1854 (desplazando a Tolosa, que lo era desde 1844) estaba ese otro ins\u00f3lito art\u00edculo, firmado por Fausto Arocena, autor de obras de Historia que a\u00fan hoy conservan su vigencia.<\/p>\n<p>Lo que contaba parec\u00eda sacado de uno de esos \u201cWestern\u201d crepusculares de los a\u00f1os setenta del siglo pasado. De hecho, podr\u00eda haber sido un guion firmado por Sergio Leone o un episodio m\u00e1s del momento culminante de la serie de aventuras del teniente Blueberry. Esa que empieza con \u201cChihuahua Pearl\u201d y tiene su apoteosis en \u201cLa \u00faltima carta\u201d, pasando por \u201cBalada por un ata\u00fad\u201d, \u201cFuera de la ley\u201d o \u201cAngel Face\u201d.<\/p>\n<p>Los hechos son los siguientes: en 1864 durante la guerra entre los patriotas mejicanos y el Ej\u00e9rcito expedicionario enviado por el emperador franc\u00e9s Napole\u00f3n III para imponer en ese pa\u00eds otro emperador -de nombre Maximiliano y cuyo principal objetivo era convertir M\u00e9xico en un sat\u00e9lite del ambicioso imperio franc\u00e9s- se hicieron prisioneros. Una parte de ellos -al parecer sumamente peligrosos y recalcitrantes- fueron deportados nada menos que a la propia Francia para evitar que siguieran liderando a los ej\u00e9rcitos patriotas en contra del invasor franc\u00e9s, del emperador Maximiliano y de esa alta burgues\u00eda mexicana que, bajo diferentes reg\u00edmenes y desde la Independencia de Espa\u00f1a hasta hace poco menos de cien a\u00f1os, desangr\u00f3 el pa\u00eds en guerras civiles como aquella y en otras posteriores en las que (como ya contamos en alg\u00fan que otro correo de la Historia) empujaron al campo de batalla a enormes masas de desesperados, que para nada necesitaban un emperador lleno de entorchados, ni empresas \u201ccient\u00edficas\u201d que los trataban de manera bestial.<\/p>\n<p>El caso es que, siempre seg\u00fan el relato de Arocena, en Francia se ofreci\u00f3 a esos soldados patriotas volver a M\u00e9xico. Siempre y cuando rindieran pleites\u00eda y acatamiento a los planes de Napole\u00f3n III. Como se negaron, acabaron deportados en Francia y de all\u00ed, seg\u00fan Arocena, para evitarse el ambiente hostil en el que se encontraban, pasaron a Espa\u00f1a. No sabe nuestro autor si por Behobia, junto a Ir\u00fan, o por Dantxarinea, en la cabeza de Navarra.<\/p>\n<p>De all\u00ed llegaron hasta San Sebasti\u00e1n y quedaron en un dif\u00edcil limbo. No pod\u00edan regresar a M\u00e9xico y no ten\u00edan recursos para vivir. As\u00ed (e insisto: siempre seg\u00fan el relato de Fausto Arocena) su situaci\u00f3n lleg\u00f3 a ser tan desesperada que, para poder seguir pag\u00e1ndose el alojamiento y la manutenci\u00f3n, se ofrecieron a trabajar como alba\u00f1iles en las obras de fortificaci\u00f3n del Castillo de Urgull.<\/p>\n<p>As\u00ed lo hicieron hasta que los patriotas se hicieron con el poder en M\u00e9xico y, naturalmente, tambi\u00e9n se hicieron cargo de ellos. Antes de irse, los deportados dejaron un par de recuerdos -siempre al decir de Fausto Arocena- en aquel San Sebasti\u00e1n de la \u00e9poca de la Guerra de Secesi\u00f3n erizado de chisteras, palet\u00f3s, crinolinas y otras novedades de Par\u00eds (v\u00edctimas mejicanas de la pol\u00edtica imperialista de Napole\u00f3n III incluidas).<\/p>\n<p>Una fue una marca en el arranque de uno de los arcos de la galer\u00eda Norte del Castillo de Urgull, en la cumbre del monte, que dec\u00eda \u201c1864 M\u00c9XICO\u201d. La otra fue la promesa formal a su casera, Micaela Zugasti, de abonar todos los gastos en que hab\u00edan incurrido y que sus escasos recursos dejaban impagados. Una promesa que, a\u00f1os despu\u00e9s, habr\u00eda sido cumplida, pag\u00e1ndose religiosamente lo debido por las arcas del nuevo estado mejicano salido de la victoria sobre Napole\u00f3n III&#8230;<\/p>\n<p>Hasta ah\u00ed los retazos de lo que podr\u00edamos considerar una especie de relato m\u00edtico, de leyenda urbana que Fausto Arocena dec\u00eda haber sacado de una revista y de un libro de la Colecci\u00f3n Austral de los que, desgraciadamente, no daba ning\u00fan t\u00edtulo ni referencia.<\/p>\n<p>La realidad que se puede documentar -a fecha de hoy, a falta de concluir la campa\u00f1a de investigaciones para este a\u00f1o entrante de 2017- parece ser bastante diferente: en 1864 San Sebasti\u00e1n y otras partes de Espa\u00f1a y Francia reten\u00edan a fuertes contingentes de prisioneros mexicanos. Al parecer eran los defensores de Puebla. Una localidad mexicana que en 1863 hab\u00eda resistido ferozmente al Ej\u00e9rcito expedicionario franc\u00e9s que ven\u00eda a imponer el llamado \u201cImperio Mexicano\u201d.<\/p>\n<p>Eso es lo que nos cuenta documentaci\u00f3n recientemente publicada (en el a\u00f1o 2013) bajo los auspicios de las autoridades de ese estado mexicano (el de Puebla) en un libro titulado \u201c<em>Apuntes para servir a la historia de los defensores de Puebla que fueron deportados a Francia<\/em>\u201d. En ese volumen se re\u00fanen escritos diversos manejados por un testigo y protagonista de los hechos: el general Epitacio Huerta, encargado, precisamente, de las cuestiones administrativas de ese Ej\u00e9rcito patriota y que se movi\u00f3 entre Par\u00eds, Tours, Nueva York, Madrid y San Sebasti\u00e1n para hacerse cargo de estos deportados, sus deudas, su regreso a M\u00e9xico&#8230;<\/p>\n<p>Para ser m\u00e1s exactos, el general Epitacio Huerta s\u00f3lo se hizo cargo de aquellos de entre los 532 deportados que se negaron a aceptar la sumisi\u00f3n al imperio franc\u00e9s y fueron dispersados, a su suerte, recalando algunos de ellos en San Sebasti\u00e1n. Ciudad en la que, en efecto, contrajeron fuertes deudas que el general Huerta -recurriendo incluso al general Prim en Madrid- trat\u00f3 de saldar. Por el momento es todo lo que se puede contar de esa interesante aventura de la Historia que ocurri\u00f3, por incre\u00edble que parezca, no en una pantalla de cine o en las vi\u00f1etas de un c\u00f3mic, sino en una ciudad vasca, donde pasaron horas amargas muchos oficiales patriotas mexicanos que se negaron a aceptar los designios de Napole\u00f3n III. Algunos de ellos descendientes de vascos, por cierto, con apellidos como Ort\u00edz de Zarate, Echenique, Renter\u00eda, Guevara, Letechipia&#8230;<\/p>\n<p>Este viernes 20 de enero, cuando se celebren las tamborradas en honor de San Sebasti\u00e1n, ser\u00e1 un buen momento para recordar que el Segundo Imperio franc\u00e9s -como el primero- dej\u00f3 en la capital guipuzcoana algo m\u00e1s que inspiraci\u00f3n para los uniformes de algunos de esos tamborreros.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Como ya saben quienes leen asiduamente este correo de la Historia la Asociaci\u00f3n de historiadores &#8220;Miguel de Aramburu&#8221; tiene una deuda pendiente con algunos de ellos. 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