{"id":1286,"date":"2017-03-06T11:30:55","date_gmt":"2017-03-06T09:30:55","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1280"},"modified":"2021-12-06T13:35:41","modified_gmt":"2021-12-06T11:35:41","slug":"los-nombres-de-las-calles-y-su-olvidada-historia-el-general-prim-en-san-sebastian-1814-1870","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2017\/03\/06\/los-nombres-de-las-calles-y-su-olvidada-historia-el-general-prim-en-san-sebastian-1814-1870\/","title":{"rendered":"Los nombres de las calles y su (olvidada) Historia. El general Prim en San Sebasti\u00e1n (1814-1870)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/03\/Portada-de-la-biograf\u00eda-del-general-Prim-por-Pere-Anguera-1.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1281\" title=\"Portada de la biograf\u00eda del general Prim realizada por Pere Anguera\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/03\/Portada-de-la-biograf\u00eda-del-general-Prim-por-Pere-Anguera-1.jpg\" alt=\"\" width=\"196\" height=\"300\" \/><\/a>Hoy no me ir\u00e9 muy lejos de San Sebasti\u00e1n. Hace tiempo que estoy a vueltas con el general Juan Prim, la memoria hist\u00f3rica, los cambios de nombre a las calles&#8230;\u00a0 y, la verdad, es bastante dif\u00edcil resistirse a dedicar este nuevo correo de la Historia a hablar de \u00e9l y del porqu\u00e9 tiene dedicada una calle en San Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>Empezaremos por hablar de qui\u00e9n era Juan Prim. Si se ha le\u00eddo una de las mejores biograf\u00edas que se han escrito de su vida (que, como vamos a ver, da para mucho) la del profesor Pere Anguera, enseguida se capta que hay un par de buenas razones para darle su nombre a una calle. Aunque claro, como ocurre con estas cosas, que no dejan dormir tranquila a la opini\u00f3n p\u00fablica espa\u00f1ola de esa larga posguerra que dura desde 1939, todo es relativo.<\/p>\n<p>Juan Prim y Prats naci\u00f3 en 1814, en la localidad catalana de Reus, poco despu\u00e9s de que su padre tuviese unos instantes de paz tras contribuir, con el grado de capit\u00e1n, a la derrota del emperador Napole\u00f3n. Juan sigui\u00f3 los pasos de su padre y, de hecho, los supero, ascendiendo muy joven, con apenas 25 a\u00f1os, al grado de coronel.<\/p>\n<p>La \u00e9poca y el lugar eran propicios. Era la Espa\u00f1a rom\u00e1ntica, la de la Primera Guerra Carlista y un hombre audaz como \u00e9l, y con suerte ante el fuego enemigo, pod\u00eda subir r\u00e1pidamente por la escala. As\u00ed lo hizo. Y pronto, a partir de 1840, se fue labrando una leyenda. Sobre todo porque se meti\u00f3 en Pol\u00edtica. Una man\u00eda tambi\u00e9n muy de la \u00e9poca entre los militares espa\u00f1oles, ya entonces divididos entre amigos de un r\u00e9gimen lo m\u00e1s antiguo posible y los que quer\u00edan fomentar otro contrario, revolucionario, de libertades p\u00fablicas&#8230; Como era el caso de Juan Prim y Prats, partidario del Liberalismo progresista, casi lindando con lo que hoy ser\u00eda la Socialdemocracia y tan comprometido con esas ideas como para ingresar en una logia mas\u00f3nica. Cosa tambi\u00e9n bastante habitual entre los militares decimon\u00f3nicos en general y entre los espa\u00f1oles en particular.<\/p>\n<p>Con ese curr\u00edculum pronto se vio metido, entre 1840 y 1868, en toda clase de conspiraciones, exilios y aventuras varias. La monarqu\u00eda de Isabel II que tantos tumbos pol\u00edticos dio entre reaccionarios, moderados y progresistas, unas veces estaba a bien con el general, d\u00e1ndole el mando de tropas, y otras, directamente, lo enviaba al exilio aunque, aun as\u00ed, le conced\u00eda jugosos favores.<\/p>\n<p>Ese fue el caso durante la Guerra de Crimea, en 1853. Oficialmente estaba autoexiliado en Par\u00eds cansado de equ\u00edvocos y disensiones en el Madrid parlamentario de la \u00e9poca, pero solicit\u00f3 que se le hiciese jefe de la misi\u00f3n espa\u00f1ola enviada como observadora a esa guerra entre Rusia de un lado y, del otro, Turqu\u00eda apoyada por Francia (y el reino de Piamonte) y Gran Breta\u00f1a. All\u00ed\u00a0 Juan Prim empez\u00f3 a demostrar que era un general culto, con dotes de mando y don de gentes. Se hizo respetar r\u00e1pidamente por sus iguales franceses y brit\u00e1nicos (s\u00ed, los mismos mitificados en poemas como el de Tennyson sobre la carga de Caballer\u00eda brit\u00e1nica contra los ca\u00f1ones rusos en Balaklava) y no se content\u00f3 con mirar. Al contrario, pidi\u00f3 mando efectivo y dirigi\u00f3 operaciones de guerra que se saldaron con resonantes \u00e9xitos. Tanto que el Sult\u00e1n lo condecor\u00f3 y le regal\u00f3 una espada de gala.<\/p>\n<p>La fama de Prim no hizo sino crecer dentro y fuera de Espa\u00f1a. Tanto que hasta las tropas del incipiente Imperio Brit\u00e1nico llegaron a acatar sus decisiones sin\u00a0 rebatirselas. Como ocurri\u00f3 en M\u00e9jico en 1862 (algo hablamos de esto en otro correo de la Historia de hace unas semanas) donde decidi\u00f3 retirar el mayor contingente de tropas expedicionarias, haciendo que los brit\u00e1nicos se retirasen a su vez. Con todo esto no es extra\u00f1o que su nombre aparezca en las p\u00e1ginas de grandes obras de la Literatura Universal como \u201cEl retrato de Dorian Gray\u201d de Oscar Wilde, por ejemplo.<\/p>\n<p>En 1868, al fin, lleg\u00f3 su gran oportunidad. La equ\u00edvoca monarqu\u00eda constitucional de Isabel II hab\u00eda alcanzado un punto en el que nadie estaba contento con ella. As\u00ed, en ese a\u00f1o 1868, lleg\u00f3 la revoluci\u00f3n democr\u00e1tica llamada \u201cGloriosa\u201d, que pretendi\u00f3 aplicar en Espa\u00f1a uno de los sistemas pol\u00edticos m\u00e1s avanzados de Europa y del Mundo. Pronto el general Prim se alz\u00f3 como el principal l\u00edder de esa revoluci\u00f3n democr\u00e1tica. Intent\u00f3 llevarla a buen t\u00e9rmino. Sin embargo, aquella manzana de la discordia que era Espa\u00f1a en la \u00e9poca, dividida entre reaccionarios, republicanos, mon\u00e1rquicos irreductibles y un movimiento obrero cada vez m\u00e1s organizado y reivindicativo, incluso por medio de la violencia, acab\u00f3 con un Prim que trataba de crear un r\u00e9gimen templado que superar\u00e1, sin estridencias, todos esos problemas, gradualmente. Fue en la Calle del Turco, cerca del Congreso. All\u00ed le dispararon el 27 de diciembre de 1870. Pudo llegar hasta el Palacio de la Presidencia del Gobierno, entonces en Buenavista, en la actual Plaza de C\u00edbeles, apenas sobrevivi\u00f3 un par de d\u00edas m\u00e1s.<\/p>\n<p>Todo esto lleva a\u00f1os dando lugar a numerosas especulaciones y ha dejado entre la opini\u00f3n culta espa\u00f1ola la sensaci\u00f3n de que Prim fue la gran oportunidad perdida que, de haber tenido \u00e9xito, de no haber muerto a causa de ese atentado en la Calle del Turco, hubiera evitado la deriva que llev\u00f3 a Espa\u00f1a, desde su muerte, a dos guerras civiles (de 1873 a 1876 y de 1936 a 1939) y a dos dictaduras militares en el siglo XX. Una de ellas, la de 1939 a 1975, particularmente penosa y destructiva.<\/p>\n<p>Todo esto, que apenas es un resumen de lo que ha dado para llenar p\u00e1ginas y m\u00e1s p\u00e1ginas de varios libros, har\u00e1 que algunos piensen que Prim se tiene bien merecida esa calle en San Sebasti\u00e1n y en muchas otras ciudades. Otros habr\u00e1, sin embargo, que, vistas las cosas desde esta perspectiva, pensar\u00e1n que mejor no. Acaso que se deber\u00eda quitar su nombre y dar a esa calle el que le quisieron dar de 1936 en adelante, cuando las tropas sublevadas entraron en la ciudad y comenzaron a borrar y moldear la Historia a su gusto. Empezando por ah\u00ed, por los nombres de las calles. Algo que a punto estuvo de llevarse por delante al de esta calle dedicada a Prim desde 1890 por, como contaba Serapio M\u00fagica en su libro sobre las calles de San Sebasti\u00e1n, haber contribuido en 1863-1864 al arrasamiento de las murallas donostiarras para proceder al ensanche del que forma parte esa misma calle.<\/p>\n<p>Para el historiador lo cierto es que Prim merece seguir teniendo esa calle. Porque cuenta una parte fundamental de la Historia de la ciudad, de la provincia, del Pa\u00eds Vasco, de Espa\u00f1a y de Europa (recordemos, otra vez, su participaci\u00f3n en la Guerra de Crimea, por ejemplo), pero, la verdad, dada la pol\u00edtica con la que se aborda eso de la nomenclatura de las calles en este pa\u00eds, casi tanto da que esa calle se llame \u201cPrim\u201d que (por poner un ejemplo absurdo) \u201cde los Pok\u00e9mon\u201d. A diferencia de lo que ocurre en Par\u00eds, en esa ciudad, San Sebasti\u00e1n, que tanto tiende a imitar a la capital francesa en muchas otras cosas y ha sido capital cultural de Europa en el a\u00f1o 2016, las calles son placas huecas, como en la mayor parte de las ciudades espa\u00f1olas. Es decir, sin la menor explicaci\u00f3n de qu\u00e9 o qui\u00e9n da nombre a \u00e9sta o a esta otra calle.<\/p>\n<p>Una verdadera pena ese derroche de desconocimiento hist\u00f3rico que, como siempre s\u00f3lo puede empobrecernos. Un poco m\u00e1s. Esperemos que no hagan falta m\u00e1s h\u00e9roes supuestamente fallidos, como Juan Prim y Prats, para superar, por fin, esa pesada e ineficaz manera de hacer las cosas que, en el caso de ese general catal\u00e1n, nos lleva (s\u00f3lo para empezar) a perdernos una biograf\u00eda de esas que, en manos de Hollywood, har\u00edan que, como poco, nos gast\u00e1semos cinco euros y un par de horas en ir al Cine.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hoy no me ir\u00e9 muy lejos de San Sebasti\u00e1n. 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