{"id":1324,"date":"2017-06-19T11:33:11","date_gmt":"2017-06-19T09:33:11","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1318"},"modified":"2017-06-19T11:33:11","modified_gmt":"2017-06-19T09:33:11","slug":"el-senor-iradier-supongo-o-apuntes-sobre-la-pobreza-del-imaginario-historico-hispanico-1868-2017","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2017\/06\/19\/el-senor-iradier-supongo-o-apuntes-sobre-la-pobreza-del-imaginario-historico-hispanico-1868-2017\/","title":{"rendered":"\u201cEl se\u00f1or Iradier, supongo\u201d o apuntes sobre la pobreza del imaginario hist\u00f3rico hisp\u00e1nico (1868-2017)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/06\/ManuelIradier.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1319\" title=\"Fotograf\u00eda del explorador vitoriano Manue lIradier y Bulfy. Creative Commons\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/06\/ManuelIradier-187x300.jpg\" alt=\"\" width=\"187\" height=\"300\" \/><\/a>Esta semana podr\u00eda haber hablado en este nuevo correo de la historia de, por ejemplo, aspectos desconocidos de la Batalla de Waterloo que celebr\u00f3 su 202 aniversario este domingo pasado, pero finalmente no he podido desechar la tentaci\u00f3n de escribir algo sobre el eminente victoriano (y vitoriano) Manuel de Iradier y, as\u00ed las cosas, he pensado que era inevitable dejar ese material para otra ocasi\u00f3n.<\/p>\n<p>La idea de hablar del explorador Manuel de Iradier hace tiempo que me daba vueltas. El detonante final para decidirme a dedicarle un espacio en un correo de la Historia, ha sido alguna reacci\u00f3n que ha seguido a la muerte, verdaderamente heroica, del abogado espa\u00f1ol Ignacio Echeverria que, como recordaremos, cay\u00f3 apu\u00f1alado por islamistas en el \u00faltimo atentado que, en nombre del DAESH, se perpetr\u00f3 en Londres.<\/p>\n<p>Su \u00fanica arma, como ya sabemos, era su patinete. Un deporte urbano del que Echeverria era un aut\u00e9ntico fan\u00e1tico y que ven\u00eda de practicar cuando, sin pens\u00e1rselo dos veces, se lanz\u00f3 sobre los islamistas para, seg\u00fan unas versiones, defender a una mujer que estos estaban acuchillando, o, seg\u00fan otras, para ayudar a un \u201cbobbie\u201d, a un polic\u00eda metropolitano de Londres, que estaba intentando atajar ese mismo ataque.<\/p>\n<p>Desde ese momento no dejaron de aparecer los reconocimientos en la prensa espa\u00f1ola y en la del resto de Europa. Tambi\u00e9n a nivel mundial.<\/p>\n<p>As\u00ed bien aparecieron en los peri\u00f3dicos unas cuantas vi\u00f1etas que ese d\u00eda no se dedicaron al humor, sino a rendir homenaje al valeroso acto del joven abogado madrile\u00f1o.<\/p>\n<p>Precisamente es una de ellas la que nos va a llevar hasta Manuel de Iradier y la cuesti\u00f3n de la pobreza del imaginario hist\u00f3rico hisp\u00e1nico. Esa vi\u00f1eta apareci\u00f3 en el \u201cABC\u201d de 8 de junio de 2017, firmada por Jos\u00e9 Manuel Puebla. En ella se ve a Ignacio Echeverria, con su patinete bajo el brazo, siendo recibido en el Cielo por Don Pelayo y Blas de Lezo, que le hacen un arco triunfal con sus espadas.<\/p>\n<p>Como no pod\u00eda ser menos en un pa\u00eds como Espa\u00f1a, las opiniones respecto a esa vi\u00f1eta han quedado divididas desde un principio. En ese espejo deformante de Espa\u00f1a que es el famoso Forocoches, hubo un usuario que calific\u00f3 la vi\u00f1eta de \u201ccu\u00f1ad\u00edstica\u201d.<\/p>\n<p>Yo me limitar\u00e9, en esta ocasi\u00f3n, a se\u00f1alar que la vi\u00f1eta de Puebla, con o sin intenci\u00f3n, mostraba un imaginario hist\u00f3rico realmente pobre. Por supuesto el artista tiene un tiempo y un espacio limitado y as\u00ed es muy libre de elegir sintetizar su intenci\u00f3n en tres figuras y no en un gran friso de, pongamos, 8, 10, \u00bf12? personajes.<\/p>\n<p>El problema aqu\u00ed no es ese. El problema es que en casi todos los medios se repite ese pobre esquema que, con intenci\u00f3n o sin ella, reflejaba la vi\u00f1eta de Puebla. Una y otra vez. En redes sociales, en novela hist\u00f3rica&#8230; Hoy por hoy parece que no hay m\u00e1s h\u00e9roes espa\u00f1oles que don Pelayo o Blas de Lezo. Sencillamente asombroso. La impresi\u00f3n de precariedad que eso da es tambi\u00e9n asombrosa. Dif\u00edcil de creer, de hecho, en un pa\u00eds que es la cuarta econom\u00eda de una de las \u00e1reas m\u00e1s desarrolladas del Mundo.<\/p>\n<p>En Francia, tan despreciada por ese nacionalismo espa\u00f1ol de charanga y pandereta, la base m\u00ednima del elenco de personajes hist\u00f3ricos que se considera han hecho algo heroico, memorable, digno de ser homenajeado, es, como m\u00ednimo, de en torno a unas diez figuras b\u00e1sicas a las que se reconoce su val\u00eda, sin distinci\u00f3n de sexo o sesgo pol\u00edtico (m\u00e1s af\u00edn a la Derecha o a la Izquierda). La serie empieza con Vercing\u00e9torix. Suele seguir con un equivalente franc\u00e9s al Pelayo espa\u00f1ol, el rey Clodoveo I. De ah\u00ed se pasa a San Luis rey de Francia (el equivalente al rey castellano-leon\u00e9s Fernando III el Santo). Luego viene Santa Juana de Arco. Luego Francisco I (no s\u00f3lo equivalente, sino rival del rey-emperador espa\u00f1ol Carlos I). Despu\u00e9s viene Enrique IV (fundador de la dinast\u00eda Borb\u00f3n hoy reinante en Espa\u00f1a). Tras el simp\u00e1tico rey conocido como el \u201cverde gal\u00e1n\u201d, en esa lista aparece, imprescindible, el equivalente al Conde-Duque de Olivares. Es decir, el cardenal Richelieu. Despu\u00e9s Luis XV. Un rey dieciochesco que, aliado a Espa\u00f1a, hizo unas cuantas guerras. Unas, por cierto, en las que las tropas de l\u00ednea espa\u00f1olas conquistaron para Francia la hoy famosa Costa Azul (ya saben, Cannes, Niza, etc&#8230;). De ah\u00ed se suele pasar a los h\u00e9roes de la \u00e9poca revolucionaria. Como La Tour d\u00b4Auvergne, oficial que, por cierto, puso sitio a San Sebasti\u00e1n en 1794. Aunque es m\u00e1s habitual pasar a Napole\u00f3n. Esta lista, como ven, tan transversal y tan variada, utilizada para ense\u00f1ar los fundamentos c\u00edvicos a los ni\u00f1os franceses durante generaciones, acaba con Napole\u00f3n III, a veces con De Gaulle&#8230;<\/p>\n<p>No suelen faltar en ella figuras de grandes exploradores. Por ejemplo Champlain (colonizador y explorador del actual Canad\u00e1 a principios del siglo XVII), el fundador de la ciudad de Detroit, en 1701, Antoine de la Mothe, que, con su segundo apellido, dio nombre a un hoy famoso coche (el \u201cCadillac\u201d), o bien Brazza, fundador de Brazzaville en \u00c1frica.<\/p>\n<p>En el imaginario hisp\u00e1nico est\u00e1 claro\u00a0 -como se deduce de la vi\u00f1eta de Puebla y de muchas otras fuentes- que tan rica y bien adornada lista, sencillamente, no existe. As\u00ed, por ejemplo, es f\u00e1cil leer comentarios en Internet de personas que, seg\u00fan todos los indicios, son curiosas, leen etc&#8230; y, sin embargo, descubren asombradas lo que llaman \u201cexploradores espa\u00f1oles de reglamento\u201d, con salacot y todo. Como es el caso del vitoriano Manuel de Iradier y Bulfy.<\/p>\n<p>El aludido naci\u00f3 en la capital alavesa en 6 de julio de 1854. Desde muy joven se interes\u00f3 por lo que otra gente de su generaci\u00f3n o de la anterior estaba haciendo, tratando de poner algo de luz sobre \u00c1frica. Llamada entonces el continente negro porque, a esas alturas del siglo XIX en las que Iradier act\u00faa, aparte de sus zonas costeras, apenas era conocido.<\/p>\n<p>De hecho, entre 1868 y 1869, cuando un tal Henry Morton Stanley, un periodista y aventurero estadounidense, recal\u00f3 por Vitoria para enviar cr\u00f3nicas sobre la previsible nueva guerra entre carlistas y liberales tras el triunfo de la revoluci\u00f3n Gloriosa, el joven Manuel contact\u00f3 con \u00e9l para saber c\u00f3mo seguir sus pasos de explorador en \u00c1frica. All\u00ed donde Stanley pronunciar\u00eda su famosa frase \u201cel dr. Livingstone, supongo\u201d, cuando se encontr\u00f3 con el tambi\u00e9n famoso explorador brit\u00e1nico en el lago Tanganika en 1871.<\/p>\n<p>Stanley, parece ser, recomend\u00f3 al joven vitoriano que explorase las posesiones espa\u00f1olas en Centro\u00e1frica. As\u00ed lo hizo Manuel Iradier, convirti\u00e9ndose en ese \u201cexplorador de reglamento\u201d al que algunos aluden. Para ello hizo frente a todas las dificultades y las condiciones extremas a las que hicieron frente personajes como Burton, Speke, el propio Henry Morton Stanley o Livingstone. S\u00ed, Manuel Iradier luch\u00f3 contra fuerzas muy superiores, se jug\u00f3 la vida ante ellas, como se la pudo jugar, en su d\u00eda, aquel noble visigodo que hoy llamamos don Pelayo o un general guipuzcoano como Blas de Lezo en el a\u00f1o 1742. O, por resumir la lista, los miles de soldados, misioneros, o exploradores que, desde el siglo XIV, estaban saliendo de la Pen\u00ednsula para descubrir el Mundo, llevar nuevas ideas a otras partes de \u00e9l o, sencillamente, levantar mapas de esas tierras desconocidas. Desde Juan de la Cosa en el siglo XV hasta el general Juan Prim a mediados del XIX.<\/p>\n<p>Todos ellos ten\u00edan una cara oscura. Como la ten\u00edan los h\u00e9roes franceses o brit\u00e1nicos. Por ejemplo, por no dejar de hablar de exploradores decimon\u00f3nicos de \u00c1frica, son notorias las barbaridades que Stanley perpetr\u00f3 en \u00c1frica mientras exploraba y, de hecho, colonizaba esas tierras para uno de los imperios europeos m\u00e1s crueles que se han conocido: el del rey belga Leopoldo II. Las exploraciones de Iradier, finalmente, sirvieron casi para lo mismo. Es decir, no s\u00f3lo para conocer mejor esa parte del Mundo, sino para colonizarla y explotarla econ\u00f3micamente hasta bien entrado el siglo XX.<\/p>\n<p>Naturalmente en pa\u00edses avanzados y maduros, como Francia o Gran Breta\u00f1a, ese pasado est\u00e1 difundido y perfectamente asimilado. Con esas luces y sombras.<\/p>\n<p>En el imaginario hisp\u00e1nico, eso, naturalmente, es hoy por hoy imposible. Es el \u00fanico resultado que se puede esperar en un pa\u00eds como la Espa\u00f1a actual, que ni siquiera conoce su pasado m\u00e1s all\u00e1 de, apenas, un par de figuras puntuales; un pa\u00eds en el que causa asombro pensar que los espa\u00f1oles han hecho <em>exactamente<\/em> lo mismo (lo bueno, lo malo y lo peor) que otros europeos; un pa\u00eds, en definitiva, en el que la Historia se trocea en funci\u00f3n de las vanidades locales o de las afinidades pol\u00edticas actuales (\u201ccuidado con Iradier, que era mas\u00f3n\u201d, por ejemplo), buscando hacer exclusivamente local lo que es general. O excluir al enemigo pol\u00edtico de cada cual de esa Historia que deber\u00eda ser com\u00fan. Como s\u00ed lo es en Francia o en Gran Breta\u00f1a.<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, es imposible hacer nada. Ni tan siquiera rendir decentemente homenajes tan merecidos como el de Ignacio Echeverria. Una vez m\u00e1s lo m\u00e1s asombroso del caso es que ese pa\u00eds, Espa\u00f1a, siga siendo, todav\u00eda, de momento, m\u00ednimamente funcional en semejantes condiciones, convirti\u00e9ndose as\u00ed en una verdadera curiosidad hist\u00f3rica digna de estudio. Como cualquier otra anomal\u00eda o singularidad (dicho sea todo esto no precisamente en t\u00e9rminos de elogio).<\/p>\n<p>.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Esta semana podr\u00eda haber hablado en este nuevo correo de la historia de, por ejemplo, aspectos desconocidos de la Batalla de Waterloo que celebr\u00f3 su 202 aniversario este domingo pasado, pero finalmente no he podido desechar la tentaci\u00f3n de escribir algo sobre el eminente victoriano (y vitoriano) Manuel de Iradier y, [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":56,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[393,2438,1088,2449,1261,2450,2451,2454,1530,2457,2466],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1324"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/56"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1324"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1324\/revisions"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1324"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1324"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1324"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}