{"id":1395,"date":"2017-10-16T11:39:47","date_gmt":"2017-10-16T09:39:47","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1395"},"modified":"2017-10-16T11:39:47","modified_gmt":"2017-10-16T09:39:47","slug":"la-reina-victoria-y-abdul-algunos-comentarios-sobre-cine-historico","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2017\/10\/16\/la-reina-victoria-y-abdul-algunos-comentarios-sobre-cine-historico\/","title":{"rendered":"\u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d. Algunos comentarios sobre \u201cCine hist\u00f3rico\u201d"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/10\/Publicada-en-The-pageant-of-the-century-Victoria-1934.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-1396 size-medium\" title=\"Retrato de la reina Victoria publicado en &quot;The pageant of the century&quot; (1934). La colecci\u00f3n Reding\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/10\/Publicada-en-The-pageant-of-the-century-Victoria-1934-215x300.jpg\" width=\"215\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/10\/Publicada-en-The-pageant-of-the-century-Victoria-1934-215x300.jpg 215w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/10\/Publicada-en-The-pageant-of-the-century-Victoria-1934-768x1074.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/10\/Publicada-en-The-pageant-of-the-century-Victoria-1934-732x1024.jpg 732w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2017\/10\/Publicada-en-The-pageant-of-the-century-Victoria-1934.jpg 1168w\" sizes=\"(max-width: 215px) 100vw, 215px\" \/><\/a>Ya ten\u00eda decidido desde unas semanas atr\u00e1s dedicar uno de estos correos de la Historia a la nueva pel\u00edcula hist\u00f3rica de Stephen Frears -\u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d- que vuelve, una vez m\u00e1s, al Cine llamado \u201chist\u00f3rico\u201d y esta vez con un toque menos teatral (al fin y al cabo esos son sus or\u00edgenes en el mundo de la escena) que en ocasiones anteriores. Como ocurri\u00f3 con \u201cLas amistades peligrosas\u201d o \u201cMary Reilly\u201d.<\/p>\n<p>Conozco -bastante bien, creo- la escabrosa historia que se relata en esta pel\u00edcula y que Frears, sin embargo, ha arrimado un tanto a una lectura m\u00e1s rom\u00e1ntica que realista, condensando en pocos meses, incluso semanas, algo que se desarroll\u00f3, en realidad, entre 1887 y 1901.<\/p>\n<p>Mi conocimiento, m\u00e1s o menos directo, del asunto ven\u00eda de mi tesis doctoral. Ventajas, supongo, de que el tema de la misma fuera un hombre tan minucioso como el \u00faltimo embajador espa\u00f1ol que vio viva a la reina-emperatriz Victoria entre 1900 y 1901.<\/p>\n<p>En efecto, Ferm\u00edn Lasala y Collado, duque de Mandas (de cuya muerte se cumplir\u00e1n, pronto, cien a\u00f1os), un eminente victoriano donostiarra, estuvo destinado como ministro plenipotenciario en la embajada espa\u00f1ola de Londres a partir del a\u00f1o 1900. Entre otras cosas para paliar las consecuencias del mal llamado \u201cDesastre del 98\u201d, solicitando a Gran Breta\u00f1a (arbitro del Mundo en esas fechas) una justa reparaci\u00f3n por los da\u00f1os infligidos a Espa\u00f1a, por Estados Unidos, en las Antillas y en Asia.<\/p>\n<p>El duque ten\u00eda la buena costumbre de apuntarlo todo. Y en el caso de su interesante embajada en el Londres de la reina Victoria, no hizo ninguna excepci\u00f3n.<\/p>\n<p>Entre las muchas cosas de las que tom\u00f3 nota -y transmiti\u00f3 pulcra y r\u00e1pidamente a Madrid- se contaba la rapidez con la que la reina Victoria lo hab\u00eda convidado a Windsor y el disgusto de la reina-emperatriz porque la reina Mar\u00eda Cristina no le hab\u00eda devuelto la visita que ella, Victoria, le hab\u00eda hecho a la corte de verano de San Sebasti\u00e1n&#8230;<\/p>\n<p>En esos trances, el duque descubri\u00f3 algo que, de alg\u00fan modo aunque no completamente, queda reflejado en la pel\u00edcula de Stepehen Frears.<\/p>\n<p>A saber: que la mesa de Palacio estaba servida por ex\u00f3ticos criados hind\u00faes&#8230;<\/p>\n<p>Comprobando este hecho (como es de rigor en toda tesis doctoral) fue como descubr\u00ed el caso de uno de esos sirvientes que alcanz\u00f3 un status privilegiado: el Munshi, que es de quien trata, precisamente, la pel\u00edcula de Frears.<\/p>\n<p>Sus avatares -los del Munshi- estaban bastante bien descritos en una completa biograf\u00eda firmada por Philippe Alexandre y B\u00e9atrix de L\u00b4Aulnoit y titulada \u201c<em>Victoria (1819-1901). Reina y emperatriz<\/em>\u201d. El libro fue traducido y publicado por la editorial Edhasa en el a\u00f1o 2001.<\/p>\n<p>Eso, ya de por s\u00ed, nos ofrece una referencia sobre el paseo hist\u00f3rico que nos da Frears en \u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d. Es decir: en esa pel\u00edcula, que goza de una magn\u00edfica reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica y de un ritmo \u00e1gil y divertido (es m\u00e1s una comedia que un drama), no se ha descubierto un hecho injustamente olvidado que, supuestamente, habr\u00eda permanecido oculto hasta el descubrimiento de los diarios personales del Munshi en 2010. Tan s\u00f3lo se ha divulgado. Y tal vez ni siquiera eso, porque el analista -casi oficial- de la \u00e9poca victoriana, el descarado y escandaloso Lytton Strachey, ya lo hab\u00eda insinuado con mucha claridad en su, por otra parte, denostada biograf\u00eda titulada \u201cLa reina Victoria\u201d, que databa de 1921&#8230;<\/p>\n<p>En efecto, como se ve -o se deja insinuado- en la pel\u00edcula, la reina Victoria, tras la muerte de su amado rey consorte, Alberto, en 1861, a la temprana edad de 42 a\u00f1os, no volvi\u00f3 a casarse oficialmente, pero mantuvo devaneos con hombres considerados muy por debajo de su condici\u00f3n.<\/p>\n<p>Es el caso de John Brown, uno de sus \u201cghillies\u201d. Es decir, un montero de las Highlands, de su hacienda de Balmoral, que es una parte importante de los escenarios de \u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d, donde Frears desarrolla, una vez m\u00e1s, su talento para la comedia y el drama hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Seg\u00fan Alexandre y De L\u00b4Aulnoit, parece que la reina que dio nombre a una de las \u00e9pocas m\u00e1s reprimidas y represoras en cuestiones de \u00edndole sexual, no se aplic\u00f3 a s\u00ed misma ese rasero. No se priv\u00f3, desde luego, de una larga aventura con John Brown que, dicen, termin\u00f3 en un matrimonio morgan\u00e1tico. Y secreto&#8230; Aunque fuera un secreto a voces.<\/p>\n<p>Frears da, desde luego, cumplida cuenta en \u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d de esa confesada debilidad de la reina Victoria por los \u201cghillies\u201d y sus faldas cortas, que dejaban ver m\u00e1s anatom\u00eda masculina de la que era permisible en aquella encorsetada sociedad y que llev\u00f3 a la reina a esa relaci\u00f3n, ya convertida en Cine en el a\u00f1o 1997 en la pel\u00edcula titulada \u201cSu Majestad Mrs. Brown\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed, en \u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d la ya declinante Victoria, magn\u00edficamente interpretada, otra vez, por Judi Dench, se deleita (para desdicha de su abrumada corte) con repetidos bailes de las Highlands; interpretados por un incansable gaitero y un bien dispuesto \u201cghillie\u201d f\u00edsicamente muy parecido al ya desaparecido John Brown&#8230;<\/p>\n<p>Donde la pel\u00edcula ya flaquea m\u00e1s, es en considerar que la relaci\u00f3n de Victoria con el Munshi pudo ser tan s\u00f3lo plat\u00f3nica (como se subraya abundantemente en \u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d) o que \u00e9ste fue violentamente despojado de sus cartas y recuerdos personales que, naturalmente, el futuro Eduardo VII (otra notable interpretaci\u00f3n de esta pel\u00edcula de Frears, a cargo en este caso de Eddie Izzard), consideraba altamente comprometedores para la Corona brit\u00e1nica.<\/p>\n<p>Seg\u00fan la biograf\u00eda de Alexandre y De L\u00b4Aulnoit, a lo m\u00e1s que lleg\u00f3 \u201cBertie\u201d -es decir, Eduardo VII- fue a chantajear a el Munshi dici\u00e9ndole que le permitir\u00eda ver por \u00faltima vez a la reina Victoria ya fallecida si le entregaba hasta el \u00faltimo de los papeles en los que se relataba la relaci\u00f3n que \u00e9ste, el Munshi, hab\u00eda tenido con la difunta reina-emperatriz.<\/p>\n<p>Estos detalles nos indican, pues, hasta d\u00f3nde llega, al parecer, esa mezcla entre ficci\u00f3n y hechos hist\u00f3ricos en \u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d.<\/p>\n<p>Una pel\u00edcula, en cualquier caso, muy recomendable para introducirse en el sinuoso mundo de una de las cortes europeas del siglo XIX m\u00e1s poderosas (y que m\u00e1s fascinan a\u00fan nuestro imaginario colectivo).<\/p>\n<p>Siempre, claro est\u00e1, que se tenga en cuenta que, a veces, la realidad hist\u00f3rica supera toda ficci\u00f3n cinematogr\u00e1fica. Como podemos aprender gracias a biograf\u00edas como la del duque de Mandas que, en compa\u00f1\u00eda de su mujer, tuvo que disfrutar (varios a\u00f1os) la amabilidad del extravagante \u201cBertie\u201d, que le dispens\u00f3 el mismo trato de favor -como embajador- que su difunta madre. O la que Philippe Alexandre y B\u00e9atrix de L\u00b4Aulnoit dedicaron hace 16 a\u00f1os a esa reina-emperatriz llevada ahora a la pantalla por Frears en una versi\u00f3n un tanto personal&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Ya ten\u00eda decidido desde unas semanas atr\u00e1s dedicar uno de estos correos de la Historia a la nueva pel\u00edcula hist\u00f3rica de Stephen Frears -\u201cLa reina Victoria y Abdul\u201d- que vuelve, una vez m\u00e1s, al Cine llamado \u201chist\u00f3rico\u201d y esta vez con un toque menos teatral (al fin y al cabo esos [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":56,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[2535,2534,913,1945,2533],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1395"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/56"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=1395"}],"version-history":[{"count":3,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1395\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":1402,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/1395\/revisions\/1402"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=1395"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=1395"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=1395"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}