{"id":1465,"date":"2018-01-08T12:30:21","date_gmt":"2018-01-08T10:30:21","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1465"},"modified":"2018-01-08T12:30:21","modified_gmt":"2018-01-08T10:30:21","slug":"palabras-con-historia-lo-dije-para-mi-coleto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/01\/08\/palabras-con-historia-lo-dije-para-mi-coleto\/","title":{"rendered":"Palabras con Historia: \u201clo dije para mi coleto\u201d"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/01\/Pedro-Sa\u00e9nz-de-Izquierdo.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-1466 \" title=\"Oficial espa\u00f1ol vistiendo un coleto durante el asedio de Fuenterrab\u00eda en 1638. Reconstrucci\u00f3n del autor\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/01\/Pedro-Sa\u00e9nz-de-Izquierdo-197x300.jpg\" alt=\"pedro-saenz-de-izquierdo\" width=\"249\" height=\"379\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/01\/Pedro-Sa\u00e9nz-de-Izquierdo-197x300.jpg 197w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/01\/Pedro-Sa\u00e9nz-de-Izquierdo-768x1170.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/01\/Pedro-Sa\u00e9nz-de-Izquierdo-672x1024.jpg 672w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/01\/Pedro-Sa\u00e9nz-de-Izquierdo.jpg 1344w\" sizes=\"(max-width: 249px) 100vw, 249px\" \/><\/a>Esta semana aprovechar\u00e9 este nuevo correo de la Historia para tratar de un tema que ya ha ocupado este espacio en diversas ediciones. Es decir: el de explicar, en la medida de lo posible, el significado de expresiones que se siguen utilizando despu\u00e9s de haber perdido su sentido original. Como, por ejemplo, \u201ca palo seco\u201d. O la que nos ocupa en este caso.<\/p>\n<p>Esta expresi\u00f3n, mucho m\u00e1s olvidada que otras como la citada de \u201ca palo seco\u201d, est\u00e1 relegada casi a la esfera de los cultismos. Por otra parte, tiene al menos dos formas de conjugarse. Una es la que he puesto en el t\u00edtulo, \u201clo dije para mi coleto\u201d. Otra, m\u00e1s usual, ser\u00eda \u201cech\u00e1rselo al coleto\u201d.<\/p>\n<p>Tanto en un caso como en otro, la clave, hist\u00f3rica, de esa expresi\u00f3n estar\u00eda en la palabra \u201ccoleto\u201d.<\/p>\n<p>El coleto no tiene nada que ver con el nombre popular de alguna parte del est\u00f3mago humano. Como podr\u00eda pensarse al o\u00edr la expresi\u00f3n \u201cech\u00e1rselo al coleto\u201d.<\/p>\n<p>Habr\u00e1, pues, que explicarlo. Al menos para quienes no son seguidores de las aventuras literarias de cierto ap\u00f3crifo capit\u00e1n espa\u00f1ol de comienzos de la \u00e9poca de Felipe IV, que ya saben que el coleto, era, en realidad, una prenda de vestir sumamente popular durante el siglo XVII y cuyo uso persisti\u00f3, en algunos casos, hasta entrado el XIX.<\/p>\n<p>Se trataba, en su origen diecisetesco, de lo que hoy considerar\u00edamos un chaleco antitrauma y antibalas. Todo en uno.<\/p>\n<p>En distintas variantes, el coleto era utilizado por soldados y oficiales a lo largo del siglo XVII para proteger el torso y las piernas hasta, m\u00e1s o menos, las rodillas seg\u00fan algunos modelos. Por lo general era una prenda sin mangas, aunque en la zona de los hombros pod\u00eda llevar un par de refuerzos que cubr\u00edan parte de esa zona de los brazos.<\/p>\n<p>Se elaboraba en piel de distintas calidades, endurecida por diferentes procedimientos, aunque permiti\u00e9ndole mantener cierta flexibilidad que el cuero cocido -convertido as\u00ed en coraza- ya no ten\u00eda.<\/p>\n<p>Lo que se ped\u00eda a esa prenda militar era precisamente eso: flexibilidad y resistencia.<\/p>\n<p>El objetivo final del coleto exig\u00eda que as\u00ed fuera.<\/p>\n<p>Por un lado, ten\u00eda que permitir al que lo llevaba, libertad de movimientos. Toda la necesaria, al menos, para un campo de batalla donde la lucha cuerpo a cuerpo, con arma blanca, era m\u00e1s habitual que en las guerras actuales.<\/p>\n<p>Por otro lado, el coleto deb\u00eda ser resistente porque su objetivo era proteger las partes m\u00e1s vitales de quien lo llevaba puesto. Esa protecci\u00f3n deb\u00eda ser contra estocadas y pu\u00f1aladas. Pero tambi\u00e9n contra lo que la documentaci\u00f3n de la \u00e9poca llamaba \u201cbalas cansadas\u201d.<\/p>\n<p>Este es un interesante problema de Bal\u00edstica. La \u201cbala cansada\u201d era un proyectil que hab\u00eda perdido la mayor parte del impulso que le hab\u00eda comunicado la p\u00f3lvora prensada en el ca\u00f1\u00f3n de un mosquete o de una pistola. Normalmente la bala se \u201ccansaba\u201d -en el caso de un mosquete- a unos 80 metros, pues el m\u00e1ximo alcance efectivo de esas armas no sol\u00eda superar los 100.<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, la bala perd\u00eda empuje y entraba en juego el coleto. Actuando como una especie de guante de b\u00e9isbol, recog\u00eda el impacto suavizado de la bala impidiendo que hiriera, aunque fuera superficialmente, al hombre que lo vest\u00eda.<\/p>\n<p>Esta era, pues, la funci\u00f3n de los coletos. El hecho de que haya sobrevivido esta palabra en el habla com\u00fan hasta hoy d\u00eda, donde tejidos artificiales como el k\u00e9vlar han dejado obsoleto ese viejo chaleco de piel endurecida, significa que era una prenda popular y bien querida.<\/p>\n<p>Nada de que extra\u00f1arse, teniendo en cuenta que pod\u00eda librar a su due\u00f1o de la muerte. O de heridas m\u00e1s o menos graves que, en muchas ocasiones, acababan tambi\u00e9n llevando a la tumba al que las recib\u00eda, dada la precariedad de los medios de curaci\u00f3n de la \u00e9poca.<\/p>\n<p>Echarse algo al coleto o hablar s\u00f3lo para que te escuche tu propio coleto, revelan, evidentemente, que esa prenda era algo que transmit\u00eda seguridad y confort a quien la llevaba y que, de hecho, era algo tan fiable como para confiarle incluso los propios secretos.<\/p>\n<p>Con el tiempo el coleto cay\u00f3 en desuso a lo largo del siglo XVIII. Y eso a pesar de que las t\u00e1cticas de combate no variaron demasiado durante esos a\u00f1os con respecto a la centuria anterior. Parece evidente que la vanidad, la Est\u00e9tica y la Moda tuvieron algo que ver en esto, porque el llamado \u201cSiglo de las Luces\u201d fue, en su primera mitad, uno de los que cont\u00f3 con m\u00e1s retratos de personajes importantes vestidos con armadura met\u00e1lica. Un artefacto que pod\u00eda considerarse a\u00fan m\u00e1s obsoleto e in\u00fatil, en el campo de batalla, que el coleto.<\/p>\n<p>Que se sepa el uso de prendas iguales o parecidas al coleto diecisetesco, s\u00f3lo persisti\u00f3 en unidades militares muy concretas. Por ejemplo, durante la segunda mitad del siglo XVIII entre los dragones espa\u00f1oles que combat\u00edan en la frontera\u00a0americana m\u00e1s septentrional del Imperio, donde la Corte de Madrid entraba en conflicto con las naciones apache y comanche. Un uniforme, el de esos \u201cdragones de cuera\u201d espa\u00f1oles, que la Rep\u00fablica mexicana mantuvo hasta la primera mitad del siglo XIX sin apenas cambios.<\/p>\n<p>Si han visto alguna de las pel\u00edculas del Zorro, en sus m\u00faltiples versiones, ya han visto la mayor parte de ese uniforme de los dragones de cuera: es el que llevan los soldados mexicanos que se baten -tan denodada como in\u00fatilmente- con el siempre triunfante Zorro.<\/p>\n<p>En el Ej\u00e9rcito brit\u00e1nico, persisti\u00f3 hasta 1961 un regimiento, el Royal East Kent (hoy refundido con otros en el Princess of Wales\u00b4s Royal regiment), cuyo sobrenombre (los \u201cBuffs\u201d) -y parte del uniforme- recordaba el uso de esa prenda entre sus hombres durante el siglo XVII.<\/p>\n<p>Posteriormente, en la versi\u00f3n para el Cine del magn\u00edfico relato de Kipling \u201cEl hombre que pudo reinar\u201d, los dos aventureros protagonistas de esta f\u00e1bula moral sobre el Imperialismo, rend\u00edan un homenaje a esta prenda. Visti\u00e9ndola sobre sus uniformes brit\u00e1nicos de \u00e9poca victoriana desde el momento en el que se los pon\u00edan para hacer m\u00e1s oficial la conquista del casi m\u00edtico Kafirist\u00e1n y lo que estuviera m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Es en ese punto donde, de momento, se detiene la Historia de esa prenda que se gan\u00f3 la confianza de muchos. Tanto como para guardar dentro de ella pertenencias muy apreciadas y as\u00ed convertirse en protagonista de expresiones que indicaban que un coleto era un lugar seguro para guardar algo de valor. Como, por ejemplo, un secreto\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Esta semana aprovechar\u00e9 este nuevo correo de la Historia para tratar de un tema que ya ha ocupado este espacio en diversas ediciones. 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