{"id":1556,"date":"2018-04-16T11:30:07","date_gmt":"2018-04-16T09:30:07","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1556"},"modified":"2018-04-16T11:30:07","modified_gmt":"2018-04-16T09:30:07","slug":"un-baile-del-primer-imperio-y-la-historia-de-un-conspirador-tenebroso","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/04\/16\/un-baile-del-primer-imperio-y-la-historia-de-un-conspirador-tenebroso\/","title":{"rendered":"Un baile del Primer Imperio y la Historia de un conspirador tenebroso"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-1557 \" title=\"Baile de estilo Primer Imperio, Burdeos 14-04-2018. Foto del autor\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/04\/Fiesta-primer-imperio-Busquet-2018-263x300.jpg\" width=\"330\" height=\"376\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/04\/Fiesta-primer-imperio-Busquet-2018-263x300.jpg 263w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/04\/Fiesta-primer-imperio-Busquet-2018.jpg 387w\" sizes=\"(max-width: 330px) 100vw, 330px\" \/>Este s\u00e1bado tuve ocasi\u00f3n de asistir en Burdeos a la reconstrucci\u00f3n de un baile del Primer Imperio napole\u00f3nico.<\/p>\n<p>Como siempre, estas ocasiones proporcionan un curioso espacio para reflexionar sobre lo que podr\u00edamos considerar como Historia experimental. La m\u00fasica, la concurrencia vestida de \u00e9poca -que no es lo mismo que disfrazada-, el lugar -en el caso que nos ocupa, un palacete bordel\u00e9s dieciochesco- permiten recrear (esa es la idea de esta clase de celebraciones), una \u00e9poca o alg\u00fan aspecto de la misma.<\/p>\n<p>Un baile en esas fechas (pongamos entre 1800 y 1815) era un lugar similar a los actuales \u201cc\u00f3cteles\u201d, recepciones pol\u00edticas o presentaciones de libros. Es decir, un espacio donde unos iban a divertirse, a comer y a beber, otros a hablar de temas serios y sesudos y otros, finalmente, a tratar de graves asuntos pol\u00edticos y\/o econ\u00f3micos.<\/p>\n<p>Con mayor o menor elegancia, con mayor o menor refinamiento en el vestido y en las maneras, no hay demasiados cambios en el fondo de lo que pod\u00eda ser un baile en la \u00e9poca del Primer Imperio franc\u00e9s (o en la inmediata Restauraci\u00f3n borb\u00f3nica) y lo que hoy d\u00eda son sus equivalentes m\u00e1s pr\u00f3ximos.<\/p>\n<p>Evolucionar, saber moverse en espesos ambientes como esos, no era f\u00e1cil. Menos cuando la moda de la \u00e9poca actuaba (de manera deliberada y muy meditada) como una barrera m\u00e1s en una sociedad mucho m\u00e1s encorsetada -al menos en algunos aspectos- que la nuestra.<\/p>\n<p>La sutileza en las maneras, pese a que la revoluci\u00f3n de 1789 hab\u00eda desbastado un tanto el protocolo social y lo hab\u00eda rebajado mucho, tambi\u00e9n dificultaba el simple saber estar en lugares como el que tuve la oportunidad de ver recreado este s\u00e1bado pasado en Burdeos.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s curioso de eventos como estos, es el choque que se puede producir entre el intento de reconstruir una \u00e9poca o alg\u00fan aspecto de la misma (tanto da si es un sacrificio a la Magna Mater romana, como un baile estilo 1815) y lo que sabemos a trav\u00e9s de documentos hist\u00f3ricos. Escritos o de otro tipo.<\/p>\n<p>Ni que decir tiene que bailes como el reconstruido este pasado fin de semana, eran territorio vetado para m\u00e1s de un 70% de la poblaci\u00f3n. Y eso por s\u00f3lo dar una cifra aproximada. Los menos favorecidos por la Fortuna, por las espesas redes de poder de una sociedad dividida en clases (pese a la revoluci\u00f3n), s\u00f3lo pod\u00edan aspirar a ver algo de ese gran mundo en calidad de sirvientes, m\u00fasicos o cocheros de los afortunados que estaban en el centro de esos convites.<\/p>\n<p>Pero no es s\u00f3lo ese aspecto -tan obvio- en el que choca lo que sabemos documentalmente de una \u00e9poca con lo que podemos ver reconstruido.<\/p>\n<p>As\u00ed es. Las decenas de libros de memorias sobre el per\u00edodo napole\u00f3nico, abren curiosas puertas a un pasado que, por supuesto, jam\u00e1s podr\u00e1 recrear una reconstrucci\u00f3n hist\u00f3rica de una batalla famosa. O de un baile an\u00f3nimo de los cientos que se celebraron en Europa, mientras la alargada sombra de Napole\u00f3n se extend\u00eda sobre el Mundo para, despu\u00e9s, menguar irremediablemente desde el verano del a\u00f1o 1815&#8230;<\/p>\n<p>En efecto, quienes tengan la suerte de haber podido acceder a alguna buena edici\u00f3n de las \u201cMemorias\u201d del duque de Otranto, pueden percibir -enseguida- ese ligero desfase entre el esfuerzo reconstructor y la realidad tal y como la percib\u00edan personajes de alto rango, como el citado duque.<\/p>\n<p>Este caballero (si as\u00ed se le puede llamar, en contra del criterio de muchos) hab\u00eda nacido -como la mayor\u00eda de los que destacaron en el mundo napole\u00f3nico- a mediados del siglo XVIII, en el a\u00f1o 1759. Lo hizo en Breta\u00f1a, cerca de Nantes, y en ese momento distaba mucho de tener un t\u00edtulo tan rimbombante como el que le otorg\u00f3 Napole\u00f3n. Simplemente fue bautizado como Joseph Fouch\u00e9. Era a lo m\u00e1s que pod\u00eda aspirar el v\u00e1stago de una familia de marinos y comerciantes. Una m\u00e1s de las muchas que sobreviv\u00edan en la Francia del Antiguo R\u00e9gimen. Donde, por supuesto, los bailes en palacetes y con orquesta de c\u00e1mara, les estaban vedados. Al menos hasta que sus negocios daban bastante dinero, y a\u00fan as\u00ed&#8230;<\/p>\n<p>El futuro duque de Otranto, adem\u00e1s, sigui\u00f3 la indefectible estela de muchos hijos segundones en aquella \u00e9poca o, como era su caso, el de aquellos que no val\u00edan para el trabajo duro -en este caso el del Mar- ni para el a\u00fan m\u00e1s duro de la carrera militar. Es decir, por su car\u00e1cter m\u00e1s bien enfermizo fue destinado a los estudios. Lo cual en ese caso, para una familia m\u00e1s bien modesta, equival\u00eda a ingresar en alguna orden religiosa, en un seminario&#8230;<\/p>\n<p>La revoluci\u00f3n de 1789 cambi\u00f3 todo eso en la vida de Joseph Fouch\u00e9, como lo cambi\u00f3 en la de muchas otras personas que vivieron esos tiempos turbulentos pero, quiz\u00e1s por eso mismo, apasionantes.<\/p>\n<p>Su intelecto, su genio personal, que alguno de sus bi\u00f3grafos describi\u00f3 como \u201ctenebroso\u201d, encontr\u00f3 mejores ocupaciones que la de ser profesor de una orden clerical.<\/p>\n<p>Joseph supo abrirse paso en el mar de sangre que se abati\u00f3 sobre Francia a partir de 1790. Adquiri\u00f3 puestos de responsabilidad en los sucesivos gobiernos revolucionarios. Fue enviado en misi\u00f3n -uno de los cargos m\u00e1s implacables y sanguinarios designados por la joven Rep\u00fablica- y, finalmente, encontr\u00f3 su espacio vital (por as\u00ed decir) en el ramo de la Polic\u00eda y, sobre todo, del espionaje pol\u00edtico.<\/p>\n<p>En esos campos demostr\u00f3 ser sumamente eficaz. Fouch\u00e9 todo lo espiaba y todo lo sab\u00eda. Era uno de los hombres mejor informados de Europa. No hab\u00eda complot o conspiraci\u00f3n que se le escapase. A menos que lo considerar\u00e1 conveniente&#8230;<\/p>\n<p>Todos los entresijos del poder (y la Francia napole\u00f3nica era el verdadero centro del poder mundial en sus a\u00f1os de plenitud) estaban bajo su incisiva mirada y \u00e9l los manejaba como quien maneja una partida de ajedrez. Lleg\u00f3, de hecho, a atreverse a dar un golpe de estado contra el mism\u00edsimo Napole\u00f3n.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s notable del caso es que fracas\u00f3 en \u00e9l y, a\u00fan as\u00ed, consigui\u00f3 sobrevivir sin demasiado descalabro. Hasta que cay\u00f3 el imperio que lo hab\u00eda elevado a la categor\u00eda de duque desde casi la nada m\u00e1s absoluta.<\/p>\n<p>Si eso parece asombroso, a\u00fan lo es m\u00e1s el hecho de que Fouch\u00e9, en sus magn\u00edficas \u201cMemorias\u201d (en las que se descarga de todo aquello de que se le acusa por sus numerosos enemigos) apenas menciona fiesta o baile alguno como el que yo vi reconstruir este pasado s\u00e1bado.<\/p>\n<p>No deja de ser notable, pues, el hecho de que Joseph Fouch\u00e9, aquel genio tenebroso (como lo defini\u00f3 Stefan Zweig), no pareciera tener ninguna necesidad de ocasiones como \u00e9stas para mantener metidos en un pu\u00f1o de hierro todos los secretos de Francia. Los mismos que despu\u00e9s utiliz\u00f3 a su antojo. Hasta que le dejaron. Pues como \u00e9l mismo se lamenta en esas \u201cMemorias\u201d, sab\u00eda que morir\u00eda lejos de Francia, exiliado y repudiado. Algo que \u00e9l ya deber\u00eda haber previsto, pues m\u00e1s tarde o temprano ese suele ser -casi siempre- el destino de la mayor\u00eda de conspiradores, que cometen un error fundamental en esos sutiles juegos que juegan toda su vida: no saber en qu\u00e9 momento han dejado de ser reyes o alfiles para convertirse en simples peones prescindibles.<\/p>\n<p>Algo que quiz\u00e1s el astuto Joseph Fouch\u00e9 hubiera podido entrever de haber asistido a m\u00e1s bailes elegantes. Esos a los que la revoluci\u00f3n hab\u00eda abierto las puertas para muchos que\u00a0de otro modo, por su bajo origen, los hubieran tenido vedados&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Este s\u00e1bado tuve ocasi\u00f3n de asistir en Burdeos a la reconstrucci\u00f3n de un baile del Primer Imperio napole\u00f3nico. Como siempre, estas ocasiones proporcionan un curioso espacio para reflexionar sobre lo que podr\u00edamos considerar como Historia experimental. 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