{"id":1630,"date":"2018-07-09T11:34:41","date_gmt":"2018-07-09T09:34:41","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1630"},"modified":"2018-07-09T11:34:41","modified_gmt":"2018-07-09T09:34:41","slug":"quien-vive-dentro-de-ese-cuadro-el-bosco-y-sus-extranas-pinturas-como-personajes-historicos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/07\/09\/quien-vive-dentro-de-ese-cuadro-el-bosco-y-sus-extranas-pinturas-como-personajes-historicos\/","title":{"rendered":"\u00bfQui\u00e9n vive dentro de ese cuadro? El Bosco y sus extra\u00f1as pinturas como personajes hist\u00f3ricos"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-1631 size-full\" title=\"Retrato de Hyeronimus Bosch, atribuido a Jacques Le Boucq. Licencia CC\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/07\/Retrato-de-Hieronymus-Bosch-hacia-1550-atribuido-a-Jacques-Le-Boucq.jpg\" alt=\"retrato-de-hieronymus-bosch-hacia-1550-atribuido-a-jacques-le-boucq\" width=\"250\" height=\"291\" \/>Las bibliotecas suelen ser lugares muy oportunos para inspirarse cuando se trata, como ocurre en una p\u00e1gina como \u00e9sta, de escribir -cada siete d\u00edas- sobre alg\u00fan tema relacionado con la Historia.<\/p>\n<p>En este caso, la inspiraci\u00f3n vino al descubrir entre las novedades de la Koldo Mitxelena de San Sebasti\u00e1n un libro ilustrado que public\u00f3 hace dos a\u00f1os el Museo del Prado.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo de la obra es, desde luego, llamativo: \u201cEl tr\u00edptico de los encantados\u201d. Las figuras que hay en la portada tambi\u00e9n llaman la atenci\u00f3n enseguida. Son interpretaciones de un artista actual -el ilustrador Max- sobre las extra\u00f1as im\u00e1genes que se prodigaban en los cuadros de Hyeronimus Bosch. Conocido como El Bosco a este lado de los Pirineos.<\/p>\n<p>Con esa mezcla de libro ilustrado y c\u00f3mic -o incluso novela gr\u00e1fica, como se cataloga a esas obras hoy d\u00eda- el Museo del Prado trataba de rendir un homenaje expl\u00edcito a este particular artista, que dej\u00f3 una buena parte de su obra en esa pinacoteca.<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed, podr\u00edamos decir, empieza lo interesante de este caso que va a ocupar este nuevo correo de la Historia.<\/p>\n<p>La primera pregunta interesante que suscita este libro dedicado por el Museo del Prado a Hyeronimus Bosch, es \u00bfc\u00f3mo llegaron hasta all\u00ed esas pinturas?<\/p>\n<p>La respuesta es tambi\u00e9n de lo m\u00e1s interesante: esas tablas sobre las que ese pintor flamenco despleg\u00f3 su desconcertante mundo imaginario, llegaron hasta este museo porque Fernando VII as\u00ed lo quiso. Puede parecer chocante que un rey espa\u00f1ol de principios del siglo XIX -tocado por una p\u00e9sima fama, adem\u00e1s- colocase all\u00ed, para ilustraci\u00f3n de la ciudadan\u00eda aplastada por su Absolutismo, estos llamativos trabajos de un extravagante artista del Flandes de la segunda mitad del siglo XV.<\/p>\n<p>Esa aparente paradoja, es producto, ante todo, de la decisi\u00f3n de uno de los nobles ancestros del primero deseado -y luego odiado- Fernando, de comprar para la Colecci\u00f3n Real -con la que se fundar\u00e1 en 1819 el Museo del Prado- esas obras.<\/p>\n<p>El noble antepasado en cuesti\u00f3n, era Felipe II. Un rey que, como su tatataranieto Fernando VII, tampoco ha tenido mucha suerte con la posteridad, zarandeado por el Franquismo que quiso ver en \u00e9l y su Escorial un precursor de esa amalgama ideol\u00f3gica y, por esa misma raz\u00f3n, considerado en el imaginario vulgar de las Izquierdas espa\u00f1olas como un ancestro -m\u00e1s o menos lejano- de esa dictadura.<\/p>\n<p>Evidentemente, en cualquier caso, parece dif\u00edcil que tal personaje -Felipe II- fuera un admirador -incluso secreto- de la dudosa obra de Hyeronimus Bosch. M\u00e1s conocido como El Bosco.<\/p>\n<p>Por supuesto la Historia, como ciencia social, tiene una explicaci\u00f3n bastante razonable para que esas pinturas llegasen a manos de Felipe II.<\/p>\n<p>Hay dos libros de Historia de muy diferentes calidades que explican esto. Uno est\u00e1 firmado por un historiador de amplia respetabilidad dentro de la profesi\u00f3n. Un ortodoxo, si queremos llamarlo as\u00ed: el profesor Henry Kamen que pasa, no sin raz\u00f3n, por ser uno de los m\u00e1s exactos bi\u00f3grafos de Felipe II. El otro libro sali\u00f3 hace tiempo de las manos de Juan G. Atienza que, pese a su larga trayectoria dentro de revistas de Historia, en las que se codeaba con figuras como la de Kamen y otros grandes nombres similares, siempre se ha situado al margen de esa ortodoxia hist\u00f3rica. Movi\u00e9ndose, por el contrario, con bastante soltura en los l\u00edmites de lo cient\u00edfico y lo que antes se conoc\u00eda como \u201cM\u00edstica\u201d y hoy es, simplemente, \u201cParanormal\u201d.<\/p>\n<p>Ambos autores, sin embargo, coinciden en sus respectivas obras -\u201cFelipe II\u201d y \u201cLa cara oculta de Felipe II\u201d- en que ese supuesto rey-monje, ese ejemplo perfecto de la ortodoxia cat\u00f3lica -tal y como lo quer\u00edan los intelectuales franquistas y hasta algunos historiadores del Arte como Walter S. Gibson- era, en realidad (y como no pod\u00eda ser de otro modo) un pr\u00edncipe renacentista.<\/p>\n<p>Como tal, era un hombre incapaz, todav\u00eda, de distinguir la racionalidad cient\u00edfica en la que se basa nuestro mundo, de lo que hoy llamamos \u201cMagia\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, tanto Kamen como Atienza aportan en sus respectivas obras sustanciales datos demostrando que Felipe II cre\u00eda, por ejemplo, en la posibilidad de transmutar el plomo en oro por medio de la Alquimia. As\u00ed, como buen alquimista, en su cabeza bull\u00edan f\u00f3rmulas semim\u00e1gicas y la idea de que la pr\u00e1ctica alqu\u00edmica le acercar\u00eda a Dios. La biblioteca de la Torre de la Botica, en El Escorial, y las heterodoxas compa\u00f1\u00edas de las que el monarca se rodeaba -como Juan de Herrera, su arquitecto- prueban que, en efecto, Magia, Brujer\u00eda y Ciencia eran una amalgama compacta en la mente de Felipe II (no muy distinta, por cierto, a la que subsist\u00eda un siglo despu\u00e9s en figuras tan veneradas por la Ciencia actual como <em>sir<\/em> Isaac Newton).<\/p>\n<p>Evidentemente, vistas las cosas desde esa perspectiva, no tiene nada de raro que Felipe II adquiriera para la Colecci\u00f3n Real una serie de pinturas -\u201cLa extracci\u00f3n de la piedra de la locura\u201d, \u201cEl Jard\u00edn de las Delicias\u201d\u2026- firmadas por un artista tan particular como El Bosco.<\/p>\n<p>Puede que a los simples mortales del siglo XXI, sin afanes m\u00edsticos, esas pinturas nos parezcan incomprensibles, extra\u00f1as, desconcertantes. Pero para un alquimista como Felipe II eran una fuente de inspiraci\u00f3n y un laberinto m\u00e1gico a trav\u00e9s del cual comprender lo que tanto necesitaba.<\/p>\n<p>Es decir: acercarse lo m\u00e1s posible a la mente del Creador del Universo, comprender, poseer Sabidur\u00eda. La bastante, al menos, como para transmutar metales viles en oro.<\/p>\n<p>Un oro que, como nos recuerda Kamen a trav\u00e9s de lo que el propio monarca iba dejando escrito, deb\u00eda ser utilizado para combatir en los campos de batalla a sus cada vez m\u00e1s numerosos enemigos. Unos que, cerrando una especie de c\u00edrculo perfecto, \u00e9l ve\u00eda precisamente como los enemigos de ese Dios a cuya mente trataba de acercarse del mismo modo en el que, casi un siglo despu\u00e9s, lo intentaban -tambi\u00e9n por medio de la Alquimia y la M\u00edstica- figuras cient\u00edficas tan relevantes como Newton\u2026<\/p>\n<p>Se puede especular mucho sobre el significado de los inquietantes cuadros de Hyeronimus van Aeken Bosch, pero no deber\u00eda haber duda alguna sobre el inter\u00e9s \u00faltimo de Felipe II en estas obras.<\/p>\n<p>Hay quienes como Jos\u00e9 Mar\u00eda de Azcarate desautorizaban a Brion y Fraenger y as\u00ed descartaban todo significado religioso oculto (y heterodoxo) en la obra del Bosco.<\/p>\n<p>Para Azcarate, la obra del Bosco s\u00f3lo trata de manifestar c\u00f3mo el Pecado -definido seg\u00fan la Ortodoxia cat\u00f3lica- anula la Raz\u00f3n y crea un mundo absurdo, irracional.<\/p>\n<p>Pero incluso esa conservadora interpretaci\u00f3n nos revela justo aquello que buscar\u00eda alguien como Felipe II, interesado en poseer un poder casi divino: el de transformar la materia vil en materia excelente para dedicarla a grandes fines. Para \u00e9l, esa obra del Bosco ser\u00eda una especie de gu\u00eda visual que le ayudar\u00eda a sortear todas las trampas que el mundo material, corruptible, que nos rodea, impone a los simples mortales. Distra\u00eddos con todo lo que la Religi\u00f3n cristiana ha considerado como ef\u00edmero, transitorio, condenable\u2026<\/p>\n<p>Esa, en definitiva, ser\u00eda la raz\u00f3n de ser de los extra\u00f1os personajes que pueblan las obras del Bosco. La de proyectar a las esferas de pensamiento m\u00e1s altas a los iniciados que -como Felipe II- aspiraban al conocimiento absoluto. A encontrar la manera de estar, plenamente, en la mente de Dios que ciertas tradiciones m\u00edsticas identifican como la Ciencia, la Sabidur\u00eda ilimitada\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Las bibliotecas suelen ser lugares muy oportunos para inspirarse cuando se trata, como ocurre en una p\u00e1gina como \u00e9sta, de escribir -cada siete d\u00edas- sobre alg\u00fan tema relacionado con la Historia. 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