{"id":1645,"date":"2018-07-30T11:30:03","date_gmt":"2018-07-30T09:30:03","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1645"},"modified":"2018-07-30T11:30:03","modified_gmt":"2018-07-30T09:30:03","slug":"de-charlatanes-antiguos-y-modernos-observaciones-sobre-un-cuadro-dieciochesco","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/07\/30\/de-charlatanes-antiguos-y-modernos-observaciones-sobre-un-cuadro-dieciochesco\/","title":{"rendered":"De charlatanes antiguos y modernos. Observaciones sobre un cuadro dieciochesco"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Detalle de &quot;El charlat\u00e1n de aldea&quot;, de Francesco Sasso (mediados del siglo XVIII). Museo del Prado\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1650\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/07\/951px-Sasso-charlat\u00e1n-prado-copia-reducida-2-2-237x300.jpg\" alt=\"951px-sasso-charlatan-prado-copia-reducida-2-2\" width=\"237\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/07\/951px-Sasso-charlat\u00e1n-prado-copia-reducida-2-2-237x300.jpg 237w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/07\/951px-Sasso-charlat\u00e1n-prado-copia-reducida-2-2.jpg 312w\" sizes=\"(max-width: 237px) 100vw, 237px\" \/>Nunca antes hab\u00eda visto ese cuadro tan curioso. Pese a haberme pasado a\u00f1os y m\u00e1s a\u00f1os leyendo a Peter Burke y su \u201cLa cultura popular en la Europa Moderna\u201d (algo que empez\u00f3 a\u00f1os ha, por una recomendaci\u00f3n de un compa\u00f1ero de clase). O siguiendo las huellas del bajo pueblo europeo y americano de la Edad Moderna a trav\u00e9s de muchos documentos y archivos.<\/p>\n<p>El cuadro en cuesti\u00f3n, estaba en una exposici\u00f3n organizada por el Museo de Bellas Artes de Bilbao, dedicada a Goya y su \u00e9poca.<\/p>\n<p>El t\u00edtulo, concretamente, era \u201cEl charlat\u00e1n de aldea\u201d y lo hab\u00eda pintado Francesco Sasso a mediados del siglo XVIII. El Museo del Prado, que es el due\u00f1o de esta tela, no da, desde luego, una fecha m\u00e1s precisa.<\/p>\n<p>Sobre la escena y su significado, existe m\u00e1s bien poco contenido y poco an\u00e1lisis hist\u00f3rico. S\u00ed. Por incre\u00edble que parezca en una sociedad que se llama a s\u00ed misma \u201cde la Informaci\u00f3n\u201d y que cree tener al alcance de un golpe de tecla eso mismo. Es decir, toda la informaci\u00f3n necesaria sobre cualquier cosa.<\/p>\n<p>El Museo de Bellas Artes dej\u00f3 alg\u00fan retazo en un tuit para promocionar la exposici\u00f3n. Se\u00f1alaba en \u00e9l un dato muy interesante, y revelador, sobre el significado de este cuadro: que este g\u00e9nero de pintura que, supuestamente, mostraba la vida cotidiana de los estratos m\u00e1s bajos de la brillante sociedad del siglo XVIII europeo, era muy cotizado entre la \u00e9lite que pod\u00eda pagar tales obras.<\/p>\n<p>Ese es un buen punto de partida para analizar el significado de ese cuadro que aparece en la ilustraci\u00f3n que acompa\u00f1a a este nuevo correo de la Historia, pero claro, Twitter, a pesar de haber aumentado el n\u00famero de caracteres que permite en cada uno de sus trinos, no deja espacio, aun as\u00ed, para contar m\u00e1s cosas sobre cuadros como \u00e9ste.<\/p>\n<p>Por ejemplo, que la nobleza dieciochesca ten\u00eda buenas razones para tener delante im\u00e1genes as\u00ed. Entre otras porque eso les recordaba lo ef\u00edmero de las glorias y riquezas de este mundo, que los pobres eran los verdaderos bienaventurados y que ellos estaban m\u00e1s cerca del Cielo que los ricos y poderosos. Tal y como lo predicaba la Iglesia cat\u00f3lica en aquellas fechas.<\/p>\n<p>El pintor espa\u00f1ol Murillo, de hecho, hizo girar la mayor parte de su obra en torno a esta tem\u00e1tica, llenando metros y m\u00e1s metros de lienzo con figuras de ni\u00f1os mendigos y otros menesterosos que ten\u00edan ese mismo fin: recordar lo ef\u00edmero y evanescente de las glorias de este mundo a quien pose\u00eda lo bastante de todas ellas como para permitirse incluso el capricho de pagar un caro cuadro -o varios- que se lo recordasen.<\/p>\n<p>Pero la obra de Sasso tiene m\u00e1s contenido. Mucho m\u00e1s. Es un cuadro que, en efecto, hunde sus ra\u00edces en ese subg\u00e9nero de la pobreza como tema edificante para los ricos que pod\u00edan pagarse esa clase lecciones morales al \u00f3leo. Sin embargo, a diferencia de las obras de Murillo y otros pintores del pleno Barroco, Sasso es un autor del Siglo de las Luces. Es decir, alguien que, de un modo u otro, con mayor o menor intensidad, est\u00e1 recibiendo otra clase de ideas. Unas en las que el Progreso, el avance de la Humanidad por medio de la Ciencia\u2026 ganan terreno a la resignaci\u00f3n, a la esperanza de que todo mejorar\u00e1, pero s\u00f3lo en la otra vida, para los que padecen a este lado de la Muerte.<\/p>\n<p>El tratamiento que Sasso hace de la escena del charlat\u00e1n, m\u00e1s bien jocoso, humor\u00edstico, casi caricaturesco a la manera de uno de sus colegas contempor\u00e1neos -el ingl\u00e9s William Hogarth- es una buena prueba de lo mucho que ha variado ya la percepci\u00f3n del pobre, que antes es considerado como una imagen a venerar. Casi como un reflejo del propio Cristo. Tal y como se recoge en los Evangelios.<\/p>\n<p>Hay tambi\u00e9n en la escena algo que parece casi un inter\u00e9s antropol\u00f3gico en el tema. Muy similar, salvando las distancias temporales y t\u00e9cnicas, a las fotos de revistas como \u201cNational Geographic\u201d, puestas en sus p\u00e1ginas para ilustrar reportajes destinados a dar a conocer \u00e9tnias ex\u00f3ticas y otras curiosidades.<\/p>\n<p>El cuadro de Sasso parece de esa clase de reportaje con fines antropol\u00f3gicos, porque la \u00e9poca en la que est\u00e1 pintado\u00a0 siente curiosidad por estas cosas (es, de hecho, caracter\u00edstico de ella) y porque, adem\u00e1s, Sasso es muy preciso en la descripci\u00f3n de los personajes y de lo que est\u00e1n haciendo. Una precisi\u00f3n que tiene poco que ver, por ejemplo, con el car\u00e1cter -casi de alegor\u00eda- que se puede ver en los \u00f3leos de Murillo de este mismo g\u00e9nero.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed entra otro de los aspectos interesantes de este cuadro. Es decir, el detalle con el que nos muestra una pr\u00e1ctica cultural del siglo XVIII italiano -la de los charlatanes p\u00fablicos- que, seg\u00fan todos los indicios, no era s\u00f3lo una diversi\u00f3n para pobres como los que protagonizan esta obra de Sasso.<\/p>\n<p>En efecto, otro de los cuadros que cedi\u00f3 el Museo del Prado para esa exposici\u00f3n en el Museo de Bellas Artes de Bilbao, era un peque\u00f1o \u00f3leo de Giandomenico Ti\u00e9polo (hijo del m\u00e1s celebre Giovanni Battista) titulado \u201cEl charlat\u00e1n veneciano\u201d y en el que se pod\u00eda ver una escena muy similar a la pintada por Sasso. Con una peque\u00f1a gran diferencia: que en este caso, el charlat\u00e1n est\u00e1 rodeado por un conjunto de personas que hoy definir\u00edamos como de clases media y alta. No de menesterosos.<\/p>\n<p>En ambas escenas, la de Sasso y la de Giandomenico Ti\u00e9polo, el <em>ciarlatano<\/em> (charlat\u00e1n es una palabra de origen italiano. Un detalle que conviene no perder de vista en este caso) habla a alguien al o\u00eddo por medio de un tubo de cart\u00f3n. Obviamente el espect\u00e1culo y el negocio de estos charlatanes primigenios, era atraer a un p\u00fablico al que se encandilaba revelando supuestas cuestiones interesantes o maravillosas por medio de ese tubo de cart\u00f3n que iba a parar a o\u00eddos seleccionados para tal efecto. Creando una expectaci\u00f3n que, como saben quienes est\u00e1n en el negocio del espect\u00e1culo, es la primera clave del \u00e9xito.<\/p>\n<p>Esta era, pues, una de las diversiones del rutilante siglo XVIII italiano (el de grandes artistas como los ya mencionados Ti\u00e9polo, Carlo Goldoni o el m\u00e1s celebre Domenico Scarlatti). Es decir, reunirse en plazas p\u00fablicas y ferias para o\u00edr lo que ten\u00eda que decir un hombre vagante y cuyo nombre gen\u00e9rico -charlat\u00e1n- ha quedado asociado a alguien que habla demasiado y, generalmente, para decir cosas de muy poco fundamento\u2026<\/p>\n<p>En definitiva, como espero que hayan visto, el cuadro de Sasso, nos abre la puerta a una cultura muy pr\u00f3xima a nosotros, pero desconocida en aspectos muy profundos. Como lo era \u00e9ste de considerar una diversi\u00f3n p\u00fablica el o\u00edr rumores a trav\u00e9s de un tubo de cart\u00f3n. Una costumbre que hoy d\u00eda se ha mantenido, evidentemente. S\u00f3lo que amplificada y multiplicada gracias al avance tecnol\u00f3gico que supone extender el rumor no a trav\u00e9s de un tubo de cart\u00f3n, sino por medio de sat\u00e9lites en \u00f3rbita terrestre y fibra \u00f3ptica que recoge millares de mensajes a trav\u00e9s de Instagram, Facebook, Twitter\u2026<\/p>\n<p>Algo que, tal vez, no llegaron a suponer los ilustrados que trabajaban en el siglo XVIII para que la Ciencia -la misma que ha permitido la creaci\u00f3n de sat\u00e9lites y fibra \u00f3ptica- mejorase la suerte material e intelectual de la Humanidad.<\/p>\n<p>Aunque, la verdad, viendo, otra vez, el cuadro de \u201cEl charlat\u00e1n veneciano\u201d con damas y caballeros de alcurnia rodeando a un charlat\u00e1n y su tubo de rumores, yo tengo algunas dudas a ese respecto\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Nunca antes hab\u00eda visto ese cuadro tan curioso. 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