{"id":1698,"date":"2018-09-17T11:30:06","date_gmt":"2018-09-17T09:30:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1698"},"modified":"2018-09-17T11:30:06","modified_gmt":"2018-09-17T09:30:06","slug":"algo-de-historia-de-la-television-y-algo-de-historia-a-traves-de-la-television","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/09\/17\/algo-de-historia-de-la-television-y-algo-de-historia-a-traves-de-la-television\/","title":{"rendered":"Algo de Historia de la Televisi\u00f3n y algo de Historia a trav\u00e9s de la Televisi\u00f3n"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Portada de uno de los c\u00f3mics basados en la serie &quot;Daniel Boone&quot;. Laida, 1968. La colecci\u00f3n Reding\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1699\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/09\/Portada-de-uno-de-los-c\u00f3mics-basados-en-la-serie-Daniel-Boone-1968.-La-colecci\u00f3n-Reding-265x300.jpg\" alt=\"portada-de-uno-de-los-comics-basados-en-la-serie-daniel-boone-1968-la-coleccion-reding\" width=\"265\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/09\/Portada-de-uno-de-los-c\u00f3mics-basados-en-la-serie-Daniel-Boone-1968.-La-colecci\u00f3n-Reding-265x300.jpg 265w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/09\/Portada-de-uno-de-los-c\u00f3mics-basados-en-la-serie-Daniel-Boone-1968.-La-colecci\u00f3n-Reding-768x871.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/09\/Portada-de-uno-de-los-c\u00f3mics-basados-en-la-serie-Daniel-Boone-1968.-La-colecci\u00f3n-Reding-554x628.jpg 554w\" sizes=\"(max-width: 265px) 100vw, 265px\" \/>La causa primera de este nuevo correo de la Historia ha sido que ya casi no veo la Televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Para m\u00ed, ha sido una decisi\u00f3n gradual en los \u00faltimos dos a\u00f1os. Puede que en otros pa\u00edses occidentales haya todav\u00eda alguna programaci\u00f3n de calidad, que haga que merezca la pena conectar el monitor para ver lo que se proyecta en pantalla, pero en nuestro entorno m\u00e1s inmediato, salvo muy escasas y honrosas excepciones -algunos magazines, informativos locales\u2026- no encuentro nada de eso.<\/p>\n<p>Por el contrario, hay canales que repiten, casi a todas horas, unos formatos muy agresivos, deprimentes. Con esas famosas tertulias en las que las mismas personas -o casi- saben de todo, opinan de todo y, sobre todo, lo expresan a un volumen de voz insoportablemente estridente y que, la verdad, hace que se pierda el poco inter\u00e9s que se pod\u00eda tener en ver programas de los que no se saca nada en claro, no resuelven ning\u00fan problema colectivo grave (al contrario, s\u00f3lo se habla, una y otra vez, de ellos) y se extrae una visi\u00f3n del Mundo m\u00e1s que levemente neur\u00f3tica.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hoy por hoy, s\u00f3lo uso los monitores de Televisi\u00f3n de que dispongo para ver pel\u00edculas y, sobre todo, series. De ellas voy a hablar hoy (sin \u00e1nimo, por supuesto, de invadir el terreno de Lorenzo Mejino\u2026).<\/p>\n<p>Concretamente hablar\u00e9 de dos de ellas -\u201cDaniel Boone\u201d y \u201cLa dimensi\u00f3n desconocida\u201d- que conoc\u00ed en mi cada vez m\u00e1s lejana infancia y que, gracias al excelente servicio de bibliotecas que disfrutamos en San Sebasti\u00e1n, he podido recuperar y sacar de la nebulosa de los recuerdos.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n para hablar de ellas, de esas dos series, es, claro est\u00e1, y como no pod\u00eda ser menos, el manejo que hacen de determinadas cuestiones hist\u00f3ricas en una \u00e9poca -la de los conservadores Estados Unidos previos a la conmoci\u00f3n de 1968- en la que se podr\u00eda haber esperado un uso m\u00e1s rampl\u00f3n de esas tem\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Confieso que me sorprendi\u00f3 -gratamente- descubrir en uno de los episodios de la primera temporada de \u201cDaniel Boone\u201d -en 1964- la cruda informaci\u00f3n hist\u00f3rica que se ofrec\u00eda a los telespectadores norteamericanos en el episodio titulado \u201cPompey\u201d.<\/p>\n<p>Ese cap\u00edtulo de la serie, visto en perspectiva, era todo un desaf\u00edo para una sociedad norteamericana donde la supremac\u00eda blanca en muchos de sus 50 estados segu\u00eda -y sigui\u00f3- siendo una cuesti\u00f3n cuando menos controvertida.<\/p>\n<p>En efecto, el t\u00edtulo de \u201cPompey\u201d hac\u00eda alusi\u00f3n a un esclavo de raza negra que se fugaba y era ayudado en su fuga por el h\u00e9roe que daba nombre a la serie que -vagamente- se basaba en el Daniel Boone hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>A\u00f1os antes de que Alex Haley impusiera con \u201cRa\u00edces\u201d otra clase de visi\u00f3n sobre cuestiones que hoy nos parecen -salvo casos extremos- totalmente aceptables, el esclavo de la serie \u201cDaniel Boone\u201d rechazaba el nombre -Pompeyo, \u201cPompey\u201d- impuesto por su amo blanco, se negaba tambi\u00e9n a dejarse aculturar por los blancos y, de hecho, acababa integr\u00e1ndose entre los nativos americanos que, curiosamente, en esta serie tambi\u00e9n escapan a los t\u00edpicos t\u00f3picos habituales en los medios audiovisuales norteamericanos de aquella \u00e9poca. Esa en la que la segregaci\u00f3n racial (en favor de la supremac\u00eda blanca) ten\u00eda carta de naturaleza tanto legal como cultural.<\/p>\n<p>De hecho, uno de los protagonistas de la serie, Mingo, era un mestizo medio cherokee medio brit\u00e1nico, que hablaba en un perfecto ingl\u00e9s de Oxford. Universidad en la que, seg\u00fan el gui\u00f3n de la serie, hab\u00eda estudiado. Obviamente por deseo de su acaudalado progenitor que, sin embargo, no hab\u00eda podido evitar que el v\u00e1stago retornase al mundo \u201csalvaje\u201d tras esos estudios\u2026<\/p>\n<p>Sin embargo, los desaf\u00edos hist\u00f3ricos de \u201cDaniel Boone\u201d no paraban ah\u00ed, en esas vueltas de tuerca a la Historia predominantemente blanca, anglosajona y protestante que fue uno de los ejes principales de la Am\u00e9rica anterior a la revoluci\u00f3n de 1968.<\/p>\n<p>En efecto, en el episodio de \u201cPompey\u201d no s\u00f3lo se convert\u00eda en h\u00e9roe a un cimarr\u00f3n negro que se negaba a aceptar la supuestamente superior civilizaci\u00f3n blanca. Los guionistas ten\u00edan adem\u00e1s la osad\u00eda de introducir una figura a\u00fan m\u00e1s inquietante para un p\u00fablico televisivo al que, en principio, siempre se le ha supuesto poca audacia intelectual y mucho conformismo y adocenamiento.<\/p>\n<p>Esa figura en concreto, era algo com\u00fan en las colonias brit\u00e1nicas de Norteam\u00e9rica: los esclavos blancos. Su status legal sol\u00eda ser s\u00f3lo levemente superior al de los esclavos negros capturados en \u00c1frica y comercializados en las Antillas espa\u00f1olas o en la Costa Este de los actuales Estados Unidos.<\/p>\n<p>Eran, tal y como se relata en ese episodio de \u201cDaniel Boone\u201d, blancos pobres que se pagaban el pasaje a la supuesta tierra de promisi\u00f3n que era Am\u00e9rica, ofreci\u00e9ndose como trabajadores sin sueldo a los terratenientes ya asentados en Am\u00e9rica\u2026<\/p>\n<p>Sin duda es algo sorprendente que una serie como \u201cDaniel Boone\u201d, que, en principio, no parec\u00eda tener m\u00e1s aspiraciones que entretener a las familias medias norteamericanas de aquellos a\u00f1os todav\u00eda muy conservadores, ofreciera sin mayores problemas esos contenidos hist\u00f3ricos tan inquietantes. De hecho, desafiantes para una sociedad donde el matrimonio interracial era ilegal en 16 estados o la segregaci\u00f3n contra los negros se contemplaba -en buena parte de esa gran naci\u00f3n- como algo natural. Imprescindible para el buen funcionamiento de una sociedad supuestamente civilizada.<\/p>\n<p>Pero esa inesperada -e inesperable- actitud tan rebelde como did\u00e1ctica en un medio -la Televisi\u00f3n- acusado, siempre, de ser adocenado, rampl\u00f3n y a retaguardia de todo avance social, no era un caso aislado en aquel lugar y \u00e9poca.<\/p>\n<p>En efecto, otra magn\u00e9tica serie televisiva de aquellos Estados Unidos, \u201cThe Twilight Zone\u201d (conocida en Espa\u00f1a como \u201cLa dimensi\u00f3n desconocida\u201d), tambi\u00e9n perpetraba alardes similares entre 1959 y 1963.<\/p>\n<p>El cuarto episodio de la cuarta temporada de la serie, titulado \u201cEst\u00e1 vivo\u201d, por s\u00f3lo poner un ejemplo, resultaba verdaderamente provocador. En \u00e9l, un joven Dennis Hoper -a\u00f1os despu\u00e9s \u00edcono de la Am\u00e9rica hippie por su papel en \u201cEasy Rider\u201d- interpretaba a un neonazi norteamericano que trataba de revivir -incluyendo correaje y camisas pardas- la pesadilla del Tercer Reich en Estados Unidos.<\/p>\n<p>Rod Serling, el creador y principal guionista de la serie, luchador incansable contra la censura en Televisi\u00f3n, utilizaba una trama apenas fant\u00e1stica para confrontar a los espectadores medios norteamericanos -que ve\u00edan esa serie los s\u00e1bados por la noche- con una inquietante realidad. La de la presencia de las semillas del Fascismo en particular -y el Totalitarismo en general- en sociedades supuestamente vacunadas contra esos horrores.<\/p>\n<p>Y Serling apostaba fuerte en ese episodio. No se quedaba en la relativamente tranquilizadora idea de que cosas as\u00ed, eran s\u00f3lo propias de fantoches vestidos con gorras, correaje y camisas pardas.<\/p>\n<p>Por el contrario, los \u00faltimos compases del episodio advert\u00edan que el fantasma de Adolf Hitler que se manifestaba a lo largo de todo el episodio como una presencia real, pod\u00eda reaparecer en cualquier sitio. Por ejemplo, all\u00ed donde se atacase a una raza o a un individuo previamente aislado sin ninguna raz\u00f3n aparente. All\u00ed donde pobres diablos -como el Peter Vollmer interpretado por Dennis Hoper- trataban de justificar sus d\u00e9ficits de car\u00e1cter y frustraciones personales buscando un enemigo exterior, una v\u00edctima propiciatoria, para acaparar poder entre masas idiotizadas, fanatizadas o previamente atemorizadas por la amenaza de sufrir un tratamiento parecido al aplicado sobre esas v\u00edctimas\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, documentos televisivos como estos demostrar\u00edan que el problema con la Televisi\u00f3n no ser\u00eda tanto el medio en s\u00ed, sino las manos en las que ha acabado cayendo. Degrad\u00e1ndose paulatinamente desde esa \u00e9poca dorada de la Televisi\u00f3n -como algunos la han llamado- hasta la -bastante- triste situaci\u00f3n actual, que convierte series como las aqu\u00ed mencionadas en un verdadero oasis intelectual y en una grata invitaci\u00f3n a no ver pr\u00e1cticamente nada m\u00e1s en un monitor de Televisi\u00f3n.<\/p>\n<p>Siquiera sea por una mera cuesti\u00f3n de higiene mental y de eso que ahora llaman \u201ccrecimiento personal\u201d&#8230;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 La causa primera de este nuevo correo de la Historia ha sido que ya casi no veo la Televisi\u00f3n. Para m\u00ed, ha sido una decisi\u00f3n gradual en los \u00faltimos dos a\u00f1os. 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