{"id":1732,"date":"2018-10-29T11:38:24","date_gmt":"2018-10-29T09:38:24","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1732"},"modified":"2018-10-29T11:38:24","modified_gmt":"2018-10-29T09:38:24","slug":"el-peso-de-un-nombre-pedro-saenz-yzquierdo-y-la-guerra-de-los-treinta-anos","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/10\/29\/el-peso-de-un-nombre-pedro-saenz-yzquierdo-y-la-guerra-de-los-treinta-anos\/","title":{"rendered":"El peso de un nombre. Pedro S\u00e1enz Yzquierdo y la Guerra de los Treinta A\u00f1os"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"El general Wallenstein. Autor desconocido, hacia 1628\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1733\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/10\/800px-Wallenstein_Reiterbild-215x300.jpg\" alt=\"800px-wallenstein_reiterbild\" width=\"215\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/10\/800px-Wallenstein_Reiterbild-215x300.jpg 215w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/10\/800px-Wallenstein_Reiterbild-768x1071.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/10\/800px-Wallenstein_Reiterbild-450x628.jpg 450w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/10\/800px-Wallenstein_Reiterbild.jpg 800w\" sizes=\"(max-width: 215px) 100vw, 215px\" \/>Llegamos esta semana a la \u00faltima conferencia sobre el Gran Asedio de 1638 que ha ofrecido, cada mi\u00e9rcoles de octubre, el Ayuntamiento de Hondarribia en su Casa de Cultura con la colaboraci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n de historiadores de Bortziriak\/Cinco Villas. Por tanto, este ser\u00e1 el \u00faltimo correo de la Historia dedicado a este tema.<\/p>\n<p>Este pr\u00f3ximo mi\u00e9rcoles 31 de octubre se hablar\u00e1 all\u00ed de nombres. De esos que resuenan dentro de las p\u00e1ginas de los libros de Historia.<\/p>\n<p>Si s\u00f3lo pensamos en los de la Guerra de los Treinta A\u00f1os quiz\u00e1s enseguida recordamos los de Wallenstein, Gustavo Adolfo de Suecia, Felipe IV, el conde-duque de Olivares, su antagonista m\u00e1ximo, el cardenal Richelieu y, para quienes conocen mejor la \u00e9poca y el suceso, tal vez el del Cardenal-Infante\u2026 Praga, la Monta\u00f1a Blanca, Westfalia, son nombres de lugares que tambi\u00e9n resuenan enseguida en esas p\u00e1ginas de Historia relacionadas con ese hecho hist\u00f3rico que llamamos \u201cGuerra de los Treinta A\u00f1os\u201d.<\/p>\n<p>Pero en un acontecimiento que ocup\u00f3 tanto espacio y tanto tiempo, naturalmente hubo muchos m\u00e1s nombres.<\/p>\n<p>El de Pedro S\u00e1enz Yzquierdo es uno m\u00e1s, Su fama, si es que alg\u00fan d\u00eda tuvo algo parecido a eso, no ha ido hasta ahora m\u00e1s all\u00e1 de lo que se ha llamado \u201cHistoria local\u201d. Descripci\u00f3n hecha con estilo peyorativo y una idea muy roma de lo que es la Historia. Un subproducto intelectual ese apelativo (uno m\u00e1s) de la Espa\u00f1a de la Transici\u00f3n, que pas\u00f3 del unitarismo forzado impuesto -como tantas otras cosas- por la dictadura franquista, a considerar que s\u00f3lo exist\u00edan diecisiete historias diferentes (una por cada comunidad aut\u00f3noma) y sin ninguna relaci\u00f3n entre ellas.<\/p>\n<p>Es as\u00ed como Pedro S\u00e1enz Yzquierdo (junto con muchos otros, de muchas \u00e9pocas diferentes) ha sido relegado a ese olvido selectivo en el que s\u00f3lo se le recuerda -si acaso- como uno de los defensores de la actual ciudad de Hondarribia cuando fue sitiada por las tropas del cardenal Richelieu ahora hace 380 a\u00f1os.<\/p>\n<p>No falta as\u00ed espacio para \u00e9l en las cr\u00f3nicas del suceso que hoy ya s\u00f3lo conocen los especialistas en el tema (y no todos). Ni tampoco en los caracter\u00edsticos art\u00edculos eruditos propios de las revistas culturales decimon\u00f3nicas. Es el caso, por ejemplo, del que public\u00f3 en 1881 Miguel Mart\u00ednez Ballesteros en la inevitable \u201cEuskal-Erria\u201d.<\/p>\n<p>Si seguimos lo que nos dice ese art\u00edculo, pronto comprendemos que la falta de fama de Pedro S\u00e1enz Yzquierdo es bastante inmerecida. Su larga vida de m\u00e1s de setenta a\u00f1os dio para mucho. Y estuvo llena de hechos \u00e9picos, de esos con los que, en Francia, novelistas como Alejandro Dumas o, m\u00e1s recientemente, Jean d\u00b4Aillon, han escrito magn\u00edficas novelas ambientadas en la \u00e9poca en la que realmente vivi\u00f3 Pedro S\u00e1enz Yzquierdo.<\/p>\n<p>Con apenas los veinte a\u00f1os cumplidos, entr\u00f3 bajo las banderas de los famosos tercios y sigui\u00f3 durante muchos a\u00f1os implicado en esos servicios militares. Los mismos que le llevaron hasta la que en 1638 era la plaza fuerte de Fuenterrab\u00eda, donde encontr\u00f3 a su primera esposa. Precisamente la hija de uno de los ingenieros militares, Tiburcio Spanoqui, que hab\u00edan creado fortificaciones tan letales como aquella que \u00e9l, Pedro S\u00e1enz Yzquierdo, deber\u00eda defender durante dos meses del verano de 1638.<\/p>\n<p>Pero su vida militar no acab\u00f3 ah\u00ed. Particip\u00f3 en actividades de guerra naval bajo patente de corso y, como recompensa por sus considerables esfuerzos durante el asedio de 1638, recibi\u00f3 un destino en las colonias americanas donde, por supuesto, continuaron las expediciones, los combates, el acumular una fortuna considerable\u2026<\/p>\n<p>Todo eso, sin duda, nos puede parecer hoy m\u00e1s o menos novelesco. O, sintonizando la baja frecuencia hist\u00f3rica con la que nos vemos obligados a trabajar al Sur de los Pirineos, es posible que nos parezca \u00fanicamente, eso, una gloria \u201clocal\u201d (s\u00f3lo quedar\u00eda saber si de la actual ciudad de Hondarribia, de su \u00c1lava natal o del M\u00e9xico en el que desarroll\u00f3 gran parte de su brillante hoja de servicios)&#8230;<\/p>\n<p>La realidad hist\u00f3rica, por supuesto, es muy diferente. Pedro S\u00e1enz Yzquierdo fue un acabado producto de un superestado con extensas posesiones en Europa, Asia, Am\u00e9rica\u2026 Un hombre t\u00edpico de la nobleza europea del Barroco. Por eso no tiene nada de raro (con respecto a la Europa de esa \u00e9poca), ni de \u201clocal\u201d, cualquier cosa que se cuente sobre \u00e9l, antes, durante o despu\u00e9s del Gran Asedio de 1638.<\/p>\n<p>Independientemente de la prosa enf\u00e1tica que utilizaban autores decimon\u00f3nicos como Miguel Mart\u00ednez Ballesteros, los hechos de armas de Pedro S\u00e1enz Yzquierdo son b\u00e1sicamente ciertos. Porque eso es lo que se esperaba de alguien como \u00e9l.<\/p>\n<p>De una persona que hab\u00eda nacido, en territorio alav\u00e9s, bajo el signo de un blas\u00f3n nobiliario que, por supuesto, le obligaba a desafiar al fuego enemigo en los lugares donde el peligro era mayor y las tropas bajo su mando m\u00e1s necesitaban de cohesi\u00f3n, disciplina y \u00f3rdenes precisas.<\/p>\n<p>Esa clase de comportamiento hoy nos puede parecer, como se suele decir coloquialmente, una solemne fantasmada. En la Europa de la Guerra de los Treinta A\u00f1os, con otro sistema de valores que, en realidad, hoy consideramos anti-valores, lo normal para alguien con unos apellidos como S\u00e1enz Yzquierdo -y otros muchos similares, desde Borghese hasta Graham pasando por Wallenstein o Vasa- era comportarse de ese modo. Es decir, buscando la Muerte si era preciso. O matando, sin ninguna vacilaci\u00f3n, a otros seres humanos que luc\u00edan una divisa enemiga\u2026<\/p>\n<p>En pocas palabras, el peso de los nombres, de los apellidos, era grande y tangible en aquella Europa de la Guerra de los Treinta A\u00f1os. Como el de los escudos nobiliarios que anunciaban a esos mismos nombres y apellidos.<\/p>\n<p>Venerar y dar brillo a semejantes s\u00edmbolos era algo obligado, la vida no merec\u00eda la pena para quien, educado en ese sistema de valores, no demostraba coraje en el campo de batalla.<\/p>\n<p>Eso -en el estrato m\u00e1s alto de la sociedad de la Europa barroca- y el dinero y el bot\u00edn en los estratos m\u00e1s bajos, es lo que permiti\u00f3 sostener durante tres d\u00e9cadas una guerra devastadora y traum\u00e1tica.<\/p>\n<p>La actual ciudad de Hondarribia fue uno de sus escenarios y sobre \u00e9l se represent\u00f3, una vez m\u00e1s, esa tragedia del honor contenido en unos apellidos que exig\u00edan, a personas como las que llevaban los apellidos S\u00e1enz Yzquierdo, vivir muriendo y matando.<\/p>\n<p>Este mi\u00e9rcoles que viene, I\u00f1aki Garrido Yerobi, un historiador correspondiente de la Real Academia de la Historia y especialista en estos temas, nos ilustrar\u00e1 con m\u00e1s detalle sobre estas cuestiones que, naturalmente, nos ayudar\u00e1n a comprender mejor qu\u00e9 fue realmente aquella Guerra de los Treinta A\u00f1os. En este caso tomando como punto de partida una de sus principales batallas, por m\u00e1s que hoy est\u00e9 casi olvidada.<\/p>\n<p>Es decir, la que tuvo lugar ahora hace 380 a\u00f1os en torno a las murallas y bastiones de una plaza fuerte conocida entonces como Fuenterrab\u00eda y hoy, gracias a sucesos como estos, como muy noble, muy Leal, muy Valerosa y muy siempre fiel ciudad de Hondarribia.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Llegamos esta semana a la \u00faltima conferencia sobre el Gran Asedio de 1638 que ha ofrecido, cada mi\u00e9rcoles de octubre, el Ayuntamiento de Hondarribia en su Casa de Cultura con la colaboraci\u00f3n de la Asociaci\u00f3n de historiadores de Bortziriak\/Cinco Villas. 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