{"id":1741,"date":"2018-11-12T12:30:10","date_gmt":"2018-11-12T10:30:10","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1741"},"modified":"2018-11-12T12:30:10","modified_gmt":"2018-11-12T10:30:10","slug":"un-inmenso-campo-de-cadaveres-europa-entre-1618-y-1918","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/11\/12\/un-inmenso-campo-de-cadaveres-europa-entre-1618-y-1918\/","title":{"rendered":"Un inmenso campo de cad\u00e1veres. Europa entre 1618 y 1918"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Firma de los acuerdos de Westfalia en 1648 (detalle). Por G\u00e9rard ter Borch\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1743\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/11\/800px-Westfaelischer_Friede_in_Muenster_Gerard_Terborch_1648-258x300.jpg\" alt=\"800px-westfaelischer_friede_in_muenster_gerard_terborch_1648\" width=\"258\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/11\/800px-Westfaelischer_Friede_in_Muenster_Gerard_Terborch_1648-258x300.jpg 258w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/11\/800px-Westfaelischer_Friede_in_Muenster_Gerard_Terborch_1648.jpg 378w\" sizes=\"(max-width: 258px) 100vw, 258px\" \/>Ayer 11 de noviembre, m\u00e1s o menos a las cinco de la ma\u00f1ana (cosas del cambio de horario de invierno) se cumpl\u00edan cien a\u00f1os del fin de la que ahora conocemos como \u201cPrimera Guerra Mundial\u201d y entonces s\u00f3lo era la \u201cGran Guerra\u201d.<\/p>\n<p>L\u00f3gicamente ese es un muy buen tema para esta p\u00e1gina. Pero, \u00bfqu\u00e9 es lo que se podr\u00eda decir aqu\u00ed que no se haya dicho ya, repercutido mil y una veces a trav\u00e9s de Internet, redes sociales, etc\u2026?<\/p>\n<p>Personalmente, como historiador, lo que m\u00e1s me impresiona de los sucesos de 1918, es la perseverancia con la que los europeos han tratado de autodestruirse durante siglos.<\/p>\n<p>En efecto, este a\u00f1o no s\u00f3lo se cumple el centenario del fin de la Primera Guerra Mundial. Es tambi\u00e9n, o ha sido, el cuarto centenario del inicio de la Guerra de los Treinta A\u00f1os o el 370 aniversario del fin de ese largo, y mort\u00edfero, conflicto en el a\u00f1o de 1648.<\/p>\n<p>Eso, con varios par\u00e9ntesis, nos da casi tres siglos de guerras casi constantes en los que varias potencias europeas (Espa\u00f1a, Gran Breta\u00f1a, Francia\u2026) han desangrado el continente europeo para, finalmente, tratar de hacerse con el control del Mundo. Ni m\u00e1s ni menos.<\/p>\n<p>Ese sue\u00f1o de Gobierno Mundial, ya hab\u00eda acabado para Espa\u00f1a en 1914 que, tras la victoria -cien a\u00f1os atr\u00e1s- sobre Napole\u00f3n, cae en una especie de desconcierto y proceso de autodestrucci\u00f3n que, pr\u00e1cticamente, ha llegado hasta la actualidad. No era ese el caso de Gran Breta\u00f1a y Francia, que necesitar\u00e1n esa \u201cGran Guerra\u201d y su segunda parte para, en 1945, constatar que su tiempo de grandes potencias ha pasado y empezar a plantearse esa curiosa y problem\u00e1tica confederaci\u00f3n que es la Uni\u00f3n Europea, no ya para materializar esos proyectos de dominio mundial, sino meramente para sobrevivir frente a superpotencias como Rusia, Estados Unidos\u2026<\/p>\n<p>El balance que se puede hacer, en este centenario del fin de la \u201cGran Guerra\u201d, es bastante inquietante. A decir verdad. El 11 de noviembre de 1918, Europa es, otra vez, como en 1648, un inmenso campo de cad\u00e1veres. Aunque m\u00e1s siniestro a\u00fan, pues la capacidad de destrucci\u00f3n conseguida por la industrializaci\u00f3n del armamento, hab\u00eda concentrado, en cuatro a\u00f1os, lo que en el siglo XVII llev\u00f3 treinta, entre 1618 y 1648.<\/p>\n<p>El resultado no era muy diferente, de todos modos. Lo que quedaba en Europa despu\u00e9s de 1648 o despu\u00e9s de 1918, era m\u00e1s o menos lo mismo: hect\u00e1reas y m\u00e1s hect\u00e1reas de tierra devastada, dramas personales y familiares que iban desde haber sufrido violaciones y mutilaciones diversas, hasta la muerte de la mayor parte de cada unidad familiar en combates o en ataques contra la poblaci\u00f3n civil.<\/p>\n<p>En suma, quedaban supervivientes que deb\u00edan reconstruir todo lo destruido en esos a\u00f1os de guerra sin cuartel, en los que poco importaba cualquier cosa que no fuera aniquilar al que hab\u00eda sido declarado enemigo mortal de alguno de los bandos contendientes.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay una lecci\u00f3n hist\u00f3rica todav\u00eda m\u00e1s preocupante en este centenario de 1918.<\/p>\n<p>Cuando se firmaron los acuerdos de Westfalia en 1648, la sociedad europea en su conjunto, que empieza a reconocerse como un todo entonces -podr\u00eda decirse incluso que es el m\u00e1s primitivo embri\u00f3n de la Uni\u00f3n Europea- est\u00e1 sencillamente horrorizada por lo que ha ocurrido desde 1618. Cualquiera que conozca algo esa guerra llamada de los Treinta A\u00f1os, sabe que se perpetraron en ella actos de aut\u00e9ntica barbarie, en el coraz\u00f3n de esa Europa que ya se ve\u00eda como superior frente a otras culturas. Caso de la musulmana, configurada como una grave amenaza merced al Imperio Turco.<\/p>\n<p>Uno de los acuerdos de Westfalia fue el abandono de las cuestiones religiosas como motivo de esa guerra sin cuartel, sin piedad, sin humanidad. A partir de entonces -y especialmente desde que, en 1659, Espa\u00f1a y Francia ponen fin a sus desacuerdos no resueltos en 1648- habr\u00e1 muchas m\u00e1s guerras, pero todas ellas observar\u00e1n, en conjunto, una normas muy estrictas en las que, por ejemplo, se permite a las tropas la rendici\u00f3n sin represalias e incluso ir a combatir en otro frente. Todo ello despu\u00e9s de, a su vez, rendirles honores por parte de sus enemigos, ante los que desfilar\u00e1n con sus banderas desplegadas y tambores batientes, en homenaje a su valent\u00eda durante los combates.<\/p>\n<p>Los libros de Historia est\u00e1n llenos de ejemplos as\u00ed entre, digamos, 1673 y 1793.<\/p>\n<p>Los ataques contra la poblaci\u00f3n civil son tambi\u00e9n minimizados y castigados severamente por la oficialidad de esas tropas combatientes.<\/p>\n<p>En suma, desde 1648 se llega a una forma de guerra m\u00e1s civilizada. Si es que es posible esa especie de aparente contradicci\u00f3n en t\u00e9rminos.<\/p>\n<p>Si nos dejamos guiar por la ilusi\u00f3n de que los seres humanos evolucionamos en inteligencia de menos a m\u00e1s a lo largo del tiempo, deber\u00edamos creer que, en 1918, el acuerdo, tras el horror vivido -y corregido y aumentado con respecto al a\u00f1o 1648- fue mucho m\u00e1s estricto para impedir la repetici\u00f3n de atrocidades como los bombardeos a\u00e9reos contra Londres o el lanzamiento de grandes obuses sobre el mismo centro de Par\u00eds, buscando causar deliberadamente v\u00edctimas civiles. Por no hablar de campos enteros contaminados por nubes de gas t\u00f3xico o tan llenos de cad\u00e1veres que ya era imposible encontrar, en el frente, un lugar en el que enterrar a las v\u00edctimas segadas en ataques suicidas contra los nidos de ametralladoras.<\/p>\n<p>Pues no, no es eso lo que trajo el armisticio de 1918. Por el contrario, los vencedores -en especial Francia- actuaron guiados por una tal vez justificada, pero injusta, sed de venganza contra los alemanes que -de eso no hay duda- hab\u00edan provocado ese sufrimiento.<\/p>\n<p>Para estos, para los alemanes, los acuerdos de Versalles que siguieron al armisticio fueron un \u201cDiktat\u201d. Es decir, una sentencia. El resultado de las leoninas condiciones de paz impuestas en 1918, fue una Alemania empobrecida, apenas capaz de recuperarse de la devastaci\u00f3n b\u00e9lica y, por tanto, terreno abonado para una pobreza estructural que puso las cosas muy dif\u00edciles a la Rep\u00fablica de Weimar -aupada tras una guerra civil de bolsillo, pero extraordinariamente cruenta- y, m\u00e1s a\u00fan, tras ser rematada por una grave crisis econ\u00f3mica mundial entre 1929 y 1933.<\/p>\n<p>Los tratados de Versalles, en suma, cavaron la fosa de la paz en Europa pr\u00e1cticamente tras ser firmados entre 1918 y 1919. Sentaron las bases para un nacionalismo pol\u00edtico y econ\u00f3mico exacerbado. Un verdadero polvor\u00edn que s\u00f3lo necesit\u00f3 la llama del \u201cCrack\u201d de 1929 para explotar en una segunda guerra mundial a\u00fan m\u00e1s brutal y devastadora. Cargada adem\u00e1s de un veneno ideol\u00f3gico que recordaba, y mucho, al escenario de horror y barbarie desatado en la misma Europa durante la Guerra de los Treinta A\u00f1os por cuestiones religiosas.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hoy, 12 de noviembre de 2018, quiz\u00e1s deber\u00edamos conmemorar m\u00e1s bien los tratados de Westfalia que el armisticio de 1918, que, las cosas como son, s\u00f3lo fue la antesala de un horror a\u00fan mayor que el vivido entre 1914 y 1918\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Ayer 11 de noviembre, m\u00e1s o menos a las cinco de la ma\u00f1ana (cosas del cambio de horario de invierno) se cumpl\u00edan cien a\u00f1os del fin de la que ahora conocemos como \u201cPrimera Guerra Mundial\u201d y entonces s\u00f3lo era la \u201cGran Guerra\u201d. 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