{"id":1760,"date":"2018-12-03T12:30:30","date_gmt":"2018-12-03T10:30:30","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1760"},"modified":"2018-12-03T12:30:30","modified_gmt":"2018-12-03T10:30:30","slug":"las-chicas-de-nueva-york-historia-y-cantos-de-marinos-hacia-1840","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/12\/03\/las-chicas-de-nueva-york-historia-y-cantos-de-marinos-hacia-1840\/","title":{"rendered":"Las chicas de Nueva York. Historia y cantos de marinos (hacia 1840)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Marino seduciendo a una joven (hacia 1840), por Norman Rockwell\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1761\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/12\/Norman-Rockwell-marino-y-chica-copia-229x300.jpg\" alt=\"norman-rockwell-marino-y-chica-copia\" width=\"229\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/12\/Norman-Rockwell-marino-y-chica-copia-229x300.jpg 229w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/12\/Norman-Rockwell-marino-y-chica-copia.jpg 379w\" sizes=\"(max-width: 229px) 100vw, 229px\" \/>La primera vez que o\u00ed la vieja canci\u00f3n de la que hoy voy a hablar, yo era un quincea\u00f1ero. Fue en un disco de un grupo de M\u00fasica folk, los inefables Steeleye Span, que ya para entonces -la d\u00e9cada de los 80 del siglo pasado- estaban, como se dice en franc\u00e9s, <em>demod\u00e9s<\/em>.<\/p>\n<p>En efecto, no estaba por entonces claro todav\u00eda si el video hab\u00eda matado a la estrella de la radio, como cantaban The Buggles a finales de los setenta. Lo que s\u00ed estaba claro es que el Tecno-pop (y otras cosas) s\u00ed hab\u00edan acabado con la revoluci\u00f3n cultural de los setenta de la que Steeleye Span y sus discos formaban una parte indisoluble.<\/p>\n<p>Pero para m\u00ed Steeleye Span segu\u00eda siendo interesante. Por la M\u00fasica y por la informaci\u00f3n que transmit\u00eda esa M\u00fasica que, la verdad, me parec\u00eda m\u00e1s valiosa que los \u201cbailables\u201d de manifiestas estafas musicales -muy de moda en los 80- donde todo se resum\u00eda en un tecleteo de sintetizador y caja de ritmos bastante vacuo. Por esa raz\u00f3n -y si es posible- no ser\u00e1 \u00e9sta la \u00faltima vez que hablemos por aqu\u00ed de Steeleye Span y de su disco \u201cCommoners Crown\u201d, que es de donde sale la historia de la que hoy vamos a hablar.<\/p>\n<p>El disco -o \u00e1lbum, como gustan de decir los amantes de la Era del Vinilo- recog\u00eda canciones populares de eso que Winston Churchill llamaba \u201cpueblos de habla inglesa\u201d. De ah\u00ed ven\u00eda el t\u00edtulo del disco -\u201cCommoners Crown\u201d- que puede ser traducido como \u201cCorona de plebeyos\u201d. Aunque la palabra \u201ccommoners\u201d tiene muchas m\u00e1s aristas hist\u00f3ricas que, quiz\u00e1s s\u00ed, es mejor dejar para otros correos de la Historia.<\/p>\n<p>La \u00faltima canci\u00f3n del disco se titulaba como se titula este art\u00edculo. Es decir: \u201cLas chicas de Nueva York\u201d. O en su ingl\u00e9s original \u201cNew York Girls\u201d.<\/p>\n<p>Se trata de una canci\u00f3n realmente curiosa -no s\u00f3lo porque esta versi\u00f3n tuviese la notable contribuci\u00f3n del actor Peter Sellers tocando el ukelele- y que entra dentro de la categor\u00eda de los llamados \u201cSea Shanties\u201d. Un concepto de dif\u00edcil traducci\u00f3n a nuestra lengua com\u00fan, ya que literalmente ser\u00eda algo as\u00ed como \u201cC\u00e1nticos del mar\u201d, pero ser\u00eda m\u00e1s exacto decir que \u201cNew York Girls\u201d es una canci\u00f3n de marinos.<\/p>\n<p>La primera vez que la o\u00ed mi ingl\u00e9s todav\u00eda no se hab\u00eda perfeccionado mucho y de Historia sab\u00eda bastante menos que a\u00f1os despu\u00e9s, cuando ya era un treinta\u00f1ero y vi una magn\u00edfica -otra m\u00e1s- pel\u00edcula de Martin Scorsese: \u201cGangs of New York\u201d.<\/p>\n<p>En ella la canci\u00f3n \u201cNew York Girls\u201d cobraba todo su sentido. Yo les recomiendo, si quieren, o\u00edr la versi\u00f3n de Steeleye Span (Peter Sellers incluido), pero tambi\u00e9n ver las escenas en las que Scorsese volvi\u00f3 a la vida aquel viejo canto de marinos para el gran p\u00fablico de la gran pantalla en esa pel\u00edcula ambientada a mediados del siglo XIX.<\/p>\n<p>En la versi\u00f3n de Scorsese, un rufi\u00e1n -en el sentido m\u00e1s exacto del t\u00e9rmino seg\u00fan el Diccionario de la RAE- vestido elegantemente a la moda de 1860, canta esa canci\u00f3n mientras deambula por uno de los tugurios de aquel Nueva York siniestro, lleno de bandas de ladrones, asesinos y otros desesperados alojados en los bajos fondos de Five Points.<\/p>\n<p>El p\u00fablico que se alcoholiza en el tugurio, acompa\u00f1a al rufi\u00e1n -interpretado por Finbar Furey- haciendo los coros a las estrofas de \u201cNew York Girls\u201d. Y lo hace con cierta complicidad malvada. Especialmente por parte de las chicas que est\u00e1n en el tugurio ocupadas en menesteres diversos. La mayor parte de ellos de dudosa legalidad.<\/p>\n<p>Esa complicidad con el rufi\u00e1n que canta sonriente \u201cNew York Girls\u201d, deriva de ah\u00ed precisamente. Ese canto de marinos relata las aventuras de un incauto miembro de una tripulaci\u00f3n de uno de los muchos barcos que llegaban a diario a Nueva York y su mal encuentro con cierta chica de esa ciudad, con la que -iluso el pobre marino- cree poder entablar una s\u00f3lida relaci\u00f3n amorosa. No sabemos si en exclusiva o de acuerdo al viejo t\u00f3pico de que los marinos tienen una novia en cada puerto.<\/p>\n<p>El caso es que el incauto marino cree todo lo que la chica de Nueva York le dice y su ilusi\u00f3n aumenta al ser presentado a la madre y a la hermana de la supuestamente inocente muchacha.<\/p>\n<p>Varias estrofas despu\u00e9s, en las que el marino m\u00e1s o menos da a entender que ha intimado con la familia de su futura prometida, parece ser que incluso bailando polkas (como tambi\u00e9n repite el estribillo de la canci\u00f3n, con un sentido quiz\u00e1s equ\u00edvoco), descubre que, en realidad, ella, as\u00ed como su madre y su hermana, lo que han hecho ha sido engatusarlo, emborracharlo y posteriormente desplumarlo de todo cuanto de valor pose\u00eda\u2026<\/p>\n<p>En definitiva, de un modo bastante humor\u00edstico \u201cNew York Girls\u201d se convert\u00eda as\u00ed en un aviso para navegantes en el m\u00e1s estricto sentido de la expresi\u00f3n, advirti\u00e9ndoles, con una canci\u00f3n ligera y f\u00e1cil de recordar, de los peligros que acechaban a los marinos en las calles del Nueva York de la primera mitad del siglo XIX.<\/p>\n<p>Un lugar en el que una clase de vida casi salvaje y la civilizaci\u00f3n, todav\u00eda se daban la mano en esa \u00e9poca y que pod\u00eda resultar, para marinos poco avezados, m\u00e1s peligroso que una tormenta en Alta Mar o cruzar el Cabo de Hornos, que es donde finalmente acaba de vuelta el despojado marino de la canci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Cumpl\u00eda as\u00ed ese canto de marinos con una de las funciones por las que esas canciones pasaban de voz en voz, de a\u00f1o en a\u00f1o y de tripulaci\u00f3n en tripulaci\u00f3n como una forma no s\u00f3lo de acompa\u00f1ar y dar ritmo al trabajo realizado a diario por esa subcultura de la Cultura popular -tal y como la defini\u00f3 el historiador Peter Burke-, sino para servir de medio de comunicaci\u00f3n sobre peligros u oportunidades. Esas ocasiones que sal\u00edan, con frecuencia, al borde de las rutas que frecuentaban esos hombres del Mar durante vidas a veces no demasiado largas pero que, comparadas con nuestra experiencia vital actual, casi val\u00edan por una que hubiera durado cien a\u00f1os.<\/p>\n<p>Como lo demuestra el trasfondo de la letra de \u201cNew York Girls\u201d, por supuesto, glosando los avatares de aquel marino que en unas versiones conoce a su traicionera amada en Chatham Street y otras en Broadway, pero que siempre acababa -enga\u00f1ado y despojado- en el 44 de Bleecker Street. As\u00ed hasta que el marino era socorrido por Martin Churchill, que lo embarcaba para una nueva y peligrosa traves\u00eda.<\/p>\n<p>Aunque no tan peligrosa, seg\u00fan parece, como la inocente apariencia de algunas chicas de Nueva York&#8230;.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 La primera vez que o\u00ed la vieja canci\u00f3n de la que hoy voy a hablar, yo era un quincea\u00f1ero. 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