{"id":1783,"date":"2018-12-17T12:31:03","date_gmt":"2018-12-17T10:31:03","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1783"},"modified":"2018-12-17T12:31:03","modified_gmt":"2018-12-17T10:31:03","slug":"un-hombre-llamado-mcgillivray-historias-de-indios-hispanos-y-vascos-hacia-1790","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2018\/12\/17\/un-hombre-llamado-mcgillivray-historias-de-indios-hispanos-y-vascos-hacia-1790\/","title":{"rendered":"Un hombre llamado McGillivray. Historias de \u201cindios\u201d, hispanos y vascos (hacia 1790)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Supuesto retrato de Lachlan McGillivray, padre de Alexander McGillivray\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1784\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/12\/Lachlan-McGillivray-248x300.jpg\" alt=\"lachlan-mcgillivray\" width=\"248\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/12\/Lachlan-McGillivray-248x300.jpg 248w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2018\/12\/Lachlan-McGillivray.jpg 518w\" sizes=\"(max-width: 248px) 100vw, 248px\" \/>Esta historia de la que hoy vamos a hablar me lleg\u00f3 a las manos mientras redactaba un libro que pronto ver\u00e1 la luz y con el que espero saldar, al menos en parte, una especie de deuda que ten\u00eda contra\u00edda con cierto astr\u00f3nomo vasco. Asunto del que ya habl\u00e9 en otro correo de la Historia<\/p>\n<p>Me llam\u00f3 enseguida la atenci\u00f3n, porque esa historia la conoc\u00eda desde hac\u00eda tiempo. Aunque no con ese nombre y apellidos: Alexander McGillivray.<\/p>\n<p>En realidad, mientras consultaba -para escribir mi propio libro- parte del libro del se\u00f1or Hardie, publicado en 1827 con el t\u00edtulo de \u201cThe description of the city of New-York\u201d, me dije que hab\u00eda dado, por una de esas casualidades que a uno lo encuentran -siempre- trabajando con uno de los hechos reales con los que Hollywood gusta de adornar sus guiones.<\/p>\n<p>En efecto, la historia de Alexander McGillivray ven\u00eda a ser, m\u00e1s o menos, la historia de uno de los \u00e9xitos de los a\u00f1os setenta para la gran pantalla. Concretamente de la pel\u00edcula protagonizada por Richard Harris, titulada \u201cUn hombre llamado Caballo\u201d y que, a nivel mundial, cautiv\u00f3 a un p\u00fablico lo suficientemente importante como para que se rodasen al menos dos secuelas del primer film: \u201cLa venganza de un hombre llamado Caballo\u201d y \u201cEl triunfo de un hombre llamado Caballo\u201d.<\/p>\n<p>La primera pel\u00edcula narraba los turbios avatares de un noble ingl\u00e9s de principios del siglo XIX que era capturado por una partida de sioux y esclavizado por estos hasta que terminaba por integrarse totalmente en su sociedad. Hasta el punto de convertirse en uno de sus jefes de guerra y guiarlos a una resonante victoria sobre sus rivales al utilizar t\u00e1cticas de combate y estrategias propias de un ej\u00e9rcito europeo.<\/p>\n<p>El guion de la pel\u00edcula se basaba en un cuento de una de las m\u00e1s prol\u00edficas escritoras americanas de novelas \u201cdel Oeste\u201d: Dorothy M. Johnson, que escribi\u00f3 tambi\u00e9n los relatos que luego se convertir\u00edan en pel\u00edculas tan famosas como \u201cEl \u00e1rbol del ahorcado\u201d y \u201cEl hombre que mat\u00f3 a Liberty Valance\u201d. Lo que tambi\u00e9n parece evidente es que Dorothy M. Johnson bas\u00f3 su relato \u201cUn hombre llamado Caballo\u201d en, como tanto gusta de decir Hollywood, \u201chechos reales\u201d.<\/p>\n<p>Y ah\u00ed es donde entrar\u00eda en juego la historia de Alexander McGillivray. El se\u00f1or Hardie dice en esa magn\u00edfica \u201cHistoria de la ciudad de Nueva York\u201d que public\u00f3 en 1827, que Alexander McGillivray, como su nombre indica, era hijo de un noble escoc\u00e9s que hab\u00eda mantenido relaciones con una mestiza creek, reconociendo -cosa rara y m\u00e1s en un hombre de rango- a esta descendencia. D\u00e1ndole nombre y, m\u00e1s importante a\u00fan, el apellido que por nacimiento le correspond\u00eda.<\/p>\n<p>No s\u00f3lo eso, el se\u00f1or McGillivray, como nos recuerda Hardie, hab\u00eda dado a Alexander la mejor educaci\u00f3n que pod\u00edan proporcionar las instituciones acad\u00e9micas que los colonos europeos hab\u00edan instalado en el Sur de los actuales Estados Unidos.<\/p>\n<p>Eso hab\u00eda convertido a Alexander McGillivray en un hombre influyente entre la tribu de su madre. Tanto que, cuando los Creek acudieron a Nueva York a negociar con el invasor blanco los t\u00e9rminos de uso del territorio que ahora deb\u00edan compartir con los colonos, se nombr\u00f3 a Alexander jefe de la delegaci\u00f3n.<\/p>\n<p>Caus\u00f3 una buena impresi\u00f3n, dice Hardie. Tanto \u00e9l como sus compa\u00f1eros, alojados en una de las tabernas de la naciente Nueva York llamada, curiosamente, \u201cEl Rey Indio\u201d. Seg\u00fan Hardie, la educaci\u00f3n a la europea recibida por Alexander McGillivray se notaba\u2026 salvo en algunas costumbres \u201csalvajes\u201d que exhibieron \u00e9l y sus acompa\u00f1antes mientras estuvieron alojados en Nueva York para tratar aquel acuerdo con los colonos. Uno que, como Hardie reconoce muy sinceramente, fue quebrantado pronto -y con la fuerza de las armas- por los blancos.<\/p>\n<p>El padre de Alexander McGillivray -y \u00e9l mismo- evidentemente eran un material excelente para novelistas como Dorothy M. Johnson o guionistas como los que escribieron \u201cM\u00e1s all\u00e1 del Missouri\u201d o perfilaron la figura de Mingo. Uno de los compa\u00f1eros de aventuras del Daniel Boone televisivo, del que ya habl\u00e9 este verano pasado en otro correo de la Historia.<\/p>\n<p>La vida de Alexander McGillivray, sus andanzas en el Nueva York de finales del siglo XVIII, son, sin duda, casi tan interesantes -o m\u00e1s- que las que luego se dramatizaron en el relato de Dorothy M. Johnson o en la pel\u00edcula \u201cUn hombre llamado Caballo\u201d.<\/p>\n<p>Pero no es la \u00fanica biograf\u00eda, desde luego, de las muchas personas que hicieron la Historia, verdadera, real, de los actuales Estados Unidos y que no siempre han sido correctamente reflejados, para la posteridad, en formatos tan influyentes como el Cine. A pesar de que sus vidas, como dec\u00eda, a veces superan la m\u00e1s interesante de las ficciones.<\/p>\n<p>Ese es el caso de cierto \u201chispano\u201d, de origen mallorqu\u00edn y vasco que recal\u00f3 en Nueva York nueve a\u00f1os despu\u00e9s de que pasase por all\u00ed un hombre llamado McGillivray. Su nombre era Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer y Cafranga y el pasado mes de mayo, el d\u00eda 18, se cumplieron doscientos a\u00f1os exactos de su muerte.<\/p>\n<p>No era un emigrante cualquiera, de los muchos que a lo largo de todo el siglo XIX se convirtieron, como dec\u00eda la canci\u00f3n de U2, en las manos que construyeron Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>Por el contrario, Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer, nacido en 1763 en el que entonces llamaban \u201cPuerto de los Pasajes\u201d, en la costa guipuzcoana, llegaba a Nueva York como un hombre de cierta fortuna, para seguir trabajando -gracias a su perfecto dominio del ingl\u00e9s- como agente comercial en esa emergente plaza financiera mundial. Nada que ver, por tanto, con aquellos que deb\u00edan abrirse camino en la vida, a tiros, entre \u201csalvajes\u201d, como aquellos de los que descend\u00eda Alexander McGillivray que, por cierto, tambi\u00e9n fue un exitoso agente comercial.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer se dedic\u00f3 a muchas otras cosas m\u00e1s en el Nueva York de 1799 a 1811. Por ejemplo, a continuar con sus aficiones cient\u00edficas que, en realidad, para \u00e9l eran casi una profesi\u00f3n tan importante como la de historiador o comerciante (ambas practicadas por Ferrer). As\u00ed realiz\u00f3 valiosas observaciones astron\u00f3micas, capitales para la navegaci\u00f3n mundial hasta hoy d\u00eda y para la Cartograf\u00eda de los actuales Estados Unidos.<\/p>\n<p>Su influencia fue pronto reconocida y eso llev\u00f3 a Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer a relacionarse con personajes tan relevantes como el tercer presidente de los Estados Unidos, Thomas Jefferson. El escenario de tales encuentros intelectuales fue la Sociedad Filos\u00f3fica Americana de Filadelfia, considerada la primera Academia de Ciencias estadounidense. La confianza de la que disfrutaba Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer en ella, fue tal que incluso se carte\u00f3 con algunos de sus responsables en espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Por lo dem\u00e1s la instituci\u00f3n tambi\u00e9n mostr\u00f3 siempre una gran confianza en \u00e9l, promocionando y publicitando sus trabajos. As\u00ed, hasta hacer de Ferrer un referente para la Astronom\u00eda mundial del momento. Hasta el punto de que personajes tan atravesados y sinuosos como Pierre Simon Laplace -padre de la Astronom\u00eda cient\u00edfica actual- no tuvieron reparo en reconocer esos m\u00e9ritos e incorporarlos a obras del renombre de la \u201cMec\u00e1nica Celeste\u201d.<\/p>\n<p>Ese fue, pues, Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer y Cafranga. Alguien que como un hombre llamado Alexander McGillivray -medio creek, medio escoc\u00e9s, comerciante avezado, naturalista\u2026- camin\u00f3 durante a\u00f1os por las calles de Nueva York, haci\u00e9ndose notar. Para bien. Aunque luego haya sufrido un injusto olvido que, a partir de esta semana entrante, por suerte, ser\u00e1 menor gracias a una nueva biograf\u00eda del personaje antes de que acabe este a\u00f1o en el que se cumple el bicentenario de su muerte.<\/p>\n<p>Una obra con la que considero se empieza a saldar la deuda que se hab\u00eda contra\u00eddo con \u00e9l y estaba pendiente -desde el a\u00f1o 1858 hasta este de 2018- a causa de diversas miserias intelectuales, muy propias del pa\u00eds que engendr\u00f3 en su d\u00eda a Jos\u00e9 Joaqu\u00edn de Ferrer (y a muchos otros como \u00e9l). Unas mezquindades que, por supuesto, no tienen cabida en un art\u00edculo como \u00e9ste. Dedicado a hablar s\u00f3lo de asuntos verdaderamente serios.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Esta historia de la que hoy vamos a hablar me lleg\u00f3 a las manos mientras redactaba un libro que pronto ver\u00e1 la luz y con el que espero saldar, al menos en parte, una especie de deuda que ten\u00eda contra\u00edda con cierto astr\u00f3nomo vasco. 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