{"id":1972,"date":"2019-05-13T11:30:07","date_gmt":"2019-05-13T09:30:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=1972"},"modified":"2019-05-13T11:30:07","modified_gmt":"2019-05-13T09:30:07","slug":"luces-et-bellona-la-mujer-en-la-guerra-de-la-cuadruple-alianza-a-d-1719","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2019\/05\/13\/luces-et-bellona-la-mujer-en-la-guerra-de-la-cuadruple-alianza-a-d-1719\/","title":{"rendered":"Luces et Bellona. La mujer en la Guerra de la Cu\u00e1druple Alianza (A. D. 1719)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"La musa de la Historia, Cl\u00edo. Por Johannes Vermeer (segunda mitad del siglo XVII)\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-1973\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/05\/Clio-musa-de-la-Historia-por-Johannes-Vermeer-239x300.jpg\" alt=\"clio-musa-de-la-historia-por-johannes-vermeer\" width=\"239\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/05\/Clio-musa-de-la-Historia-por-Johannes-Vermeer-239x300.jpg 239w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/05\/Clio-musa-de-la-Historia-por-Johannes-Vermeer-768x962.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/05\/Clio-musa-de-la-Historia-por-Johannes-Vermeer-501x628.jpg 501w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/05\/Clio-musa-de-la-Historia-por-Johannes-Vermeer.jpg 1509w\" sizes=\"(max-width: 239px) 100vw, 239px\" \/>Este lunes toca a este nuevo correo de la Historia hablar de las mujeres atrapadas, hace ahora trescientos a\u00f1os, en una nueva guerra de las muchas que han forjado la confederaci\u00f3n europea en la que hoy vivimos. La raz\u00f3n para elegir este tema es que esta semana sigue adelante un ciclo de conferencias, emplazado en la Biblioteca Koldo Mitxelena de San Sebasti\u00e1n, dedicado a esclarecer, precisamente, lo ocurrido hace tres siglos en esas latitudes.<\/p>\n<p>En la conferencia que la historiadora Ana Gald\u00f3s Monfort leer\u00e1 este viernes 17 de mayo, a las siete de la tarde, en esa biblioteca, se debe hablar de ese que es uno m\u00e1s de los muchos aspectos que rodearon y dieron forma, como hecho hist\u00f3rico, a esa guerra.<\/p>\n<p>Es posible que muchos no vean la relaci\u00f3n entre el relato de combates, asedios y batallas navales y el hablar de la llamada \u201cHistoria de g\u00e9nero\u201d. Esto es, una vez m\u00e1s, producto del d\u00e9ficit intelectual que se arrastra a este lado de los Pirineos desde hace unos ochenta a\u00f1os. Algo que, afortunadamente, se va mitigando poco a poco, aunque gracias, muchas veces, a engorrosos esfuerzos que acaban cayendo sobre espaldas ya bastante hastiadas. Como es el caso de las del que estas l\u00edneas escribe.<\/p>\n<p>En efecto, no puede haber un ciclo de conferencias, o una publicaci\u00f3n, que se precie, hoy, de ser seria y cient\u00edfica, que no contemple la Historia de g\u00e9nero. M\u00e1s all\u00e1 de toda militancia pol\u00edtica en el tema del Feminismo -que no ha lugar en casos como \u00e9ste- intentar comprender cualquier acontecimiento hist\u00f3rico eliminando la perspectiva de las mujeres, es un tosco y grave error que vuelve opaco el tejido de la Historia. Cuya musa, Cl\u00edo, por cierto, era una divinidad femenina.<\/p>\n<p>La Guerra de la Cu\u00e1druple Alianza en el frente vasco -uno de los principales de ese acontecimiento- no es, naturalmente, ninguna excepci\u00f3n. Las mujeres que viv\u00edan en esas latitudes del mapa de Europa en el a\u00f1o 1719, fueron, como los hombres, protagonistas de los hechos.<\/p>\n<p>Para empezar su presencia en ese frente de batalla -con dos ciudades asediadas durante semanas, combates constantes desde abril de 1719\u2026- es fundamental para comprender c\u00f3mo hab\u00eda cambiado la guerra en Europa en el siglo XVIII.<\/p>\n<p>En efecto, apenas noventa a\u00f1os atr\u00e1s, en 1638, las abuelas de las mujeres que en 1719 vieron aparecer un ej\u00e9rcito formidable en las riberas del Bidasoa, hab\u00edan experimentado una guerra muy distinta a la que ellas iban a vivir a partir del momento en el que los ingenieros al servicio del mariscal duque de Berwick, empezaron a facilitar el paso de la Caballer\u00eda, la Infanter\u00eda y los trenes de asedio por los vados del Bidasoa.<\/p>\n<p>Las guipuzcoanas del a\u00f1o 1638, cuando esos mismos vados fueron traspasados por las vanguardias del cardenal Richelieu, pod\u00edan temer -con toda certeza- que sus vidas corr\u00edan un grave peligro. Es m\u00e1s, si la resistencia de los baluartes de Fuenterrab\u00eda (hoy Hondarribia) no resist\u00edan a la bien entrenada Artiller\u00eda del cardenal, pod\u00edan temer -o algo m\u00e1s que temer- ser violadas en masa por una soldadesca sin control. Y, tras esa experiencia a todas luces espantosa y traum\u00e1tica, ser asesinadas sobre el mismo lugar en el que hubieran sido profanadas por, quiz\u00e1s, cinco, diez, quince\u2026 o m\u00e1s hombres de las tropas francesas, que -eso era la vida de soldado en la \u00e9poca- llevaban a\u00f1os siendo embrutecidos, sistem\u00e1ticamente, por el alcohol y la violencia extrema de la que hab\u00edan hecho su medio de vida.<\/p>\n<p>La resistencia a ultranza de esa plaza fuerte en 1638, en la que -nos consta por diversa documentaci\u00f3n- las mujeres participan activamente (como era habitual en las plazas y puestos fronterizos del siglo XVII) fue un elocuente reflejo de ese l\u00f3gico pavor a sufrir semejante trato si las brechas abiertas en los baluartes eran rebasadas por las columnas de asalto francesas.<\/p>\n<p>La l\u00f3gica elemental humana -basada en instintos tambi\u00e9n elementales, como el de supervivencia- no ha variado mucho desde 1638 hasta hoy. Una mujer de esa \u00e9poca, atrapada en un asedio como el que sufre Fuenterrab\u00eda en ese a\u00f1o, sin duda ten\u00eda dos opciones, que son las que se manifestaron en aquel lugar y fecha: o bien refugiarse con los ancianos y ni\u00f1os m\u00e1s peque\u00f1os bajo las b\u00f3vedas preparadas en plazas fuertes como esa para resistir el fuego artillero, o bien colaborar con los hombres que formaban la primera l\u00ednea de defensa. Por ejemplo, aumentando la cadencia de disparo de las bater\u00edas y los mosqueteros, ayudando a recargar las armas. Pues cada bala de mosquete o cada pedazo de metralla o palanqueta enterrada en carne francesa, significaba una reducci\u00f3n significativa de las posibilidades de ser violadas masivamente y asesinadas.<\/p>\n<p>Tal era la Ley de Guerra admitida en una Europa en la que Vel\u00e1zquez o Frans Hals -o incluso pintoras como Sofonisba Anguissola- desarrollaban su actividad, pero en la que, al mismo tiempo, la lucha en campos de batalla y ciudades asediadas, era a sangre y fuego. Sin contemplaciones, buscando aterrorizar y aniquilar al enemigo por los medios m\u00e1s crueles que se tuvieran al alcance.<\/p>\n<p>Todo esto, precisamente, esos excesos perpetrados durante la Guerra de los Treinta A\u00f1os por todos los ej\u00e9rcitos en liza, es lo que lleva, desde 1648 en adelante, a mitigar la Guerra, a disciplinar a los soldados -amen de uniformarlos- para evitar da\u00f1os a la poblaci\u00f3n civil. A la que se procura dejar al margen del enfrentamiento, reduci\u00e9ndolo todo a una cuesti\u00f3n casi as\u00e9pticamente t\u00e9cnica.<\/p>\n<p>Esa notable reducci\u00f3n del riesgo de violaci\u00f3n y asesinato, es algo que se trasluce de inmediato en lo que la documentaci\u00f3n de archivo nos dice sobre c\u00f3mo viven las mujeres guipuzcoanas -las m\u00e1s expuestas- esa nueva guerra que llega a las puertas de plazas fuertes como Fuenterrab\u00eda y San Sebasti\u00e1n hace ahora trescientos a\u00f1os.<\/p>\n<p>No hay registro de que actuasen como en 1638, situ\u00e1ndose, como poco, en segunda l\u00ednea para reforzar a la primera y su capacidad ofensiva. Las mujeres hondarribiarras y donostiarras principalmente esperan, ahora, en 1719, a que todo acabe. En general lejos de la primera l\u00ednea de fuego. Lo cual no significa que hayan renunciado al protagonismo. Por el contrario, la documentaci\u00f3n nos dice que muchas de ellas asumen el papel que asumir\u00e1n muchas otras mujeres en la Europa del Siglo de las Luces. Es decir, el de manejar los hilos econ\u00f3micos de la situaci\u00f3n que, como sabemos desde el tiempo de los romanos, son el nervio que mueve la guerra.<\/p>\n<p>En efecto, si las mujeres presentes en el frente vasco de 1719 aparecen en los documentos, es, sobre todo, para vigilar y fiscalizar las haciendas que han quedado a su cargo por la ausencia o la falta de los hombres. Se trata, desde luego, de mujeres, hasta hoy, m\u00e1s an\u00f3nimas que Mar\u00eda Margarita de Visscher. La esposa del creador del Real Cuerpo de Ingenieros militares espa\u00f1ol (Jorge -o Joris- van Verboom) que tendr\u00e1 un papel notable en ese aspecto, al haber quedado aislado su marido en el Sur de Italia tras la destrucci\u00f3n de la flota espa\u00f1ola en la Batalla de cabo Passaro.<\/p>\n<p>Sin embargo, las guipuzcoanas contempor\u00e1neas de la mujer de Van Verboom -tan maltratado por presuntas novelas hist\u00f3ricas- siguen el mismo esquema que ella. Bien descrito por V\u00edctor Garc\u00eda Gonz\u00e1lez en \u201cMujeres en la Guerra y en los Ej\u00e9rcitos\u201d. Un interesante volumen publicado por la Asociaci\u00f3n Espa\u00f1ola de Historia Militar no hace mucho. Es decir, las guipuzcoanas de 1719 llevar\u00e1n, como la mujer de Joris van Verboom, un cuidadoso control de las p\u00e9rdidas sufridas por la hacienda familiar a causa de los entusiasmos b\u00e9licos y las reclamar\u00e1n, activamente, dirigi\u00e9ndose no s\u00f3lo a oficiales subalternos, sino incluso al mism\u00edsimo mariscal duque de Berwick\u2026<\/p>\n<p>De todas estas cuestiones, y m\u00e1s detalles (que son una parte indisoluble de la Historia militar), se hablar\u00e1 este pr\u00f3ximo viernes en la Biblioteca Koldo Mitxelena de San Sebasti\u00e1n, para recordar -que no es lo mismo que celebrar- el desarrollo de la Guerra de la Cu\u00e1druple Alianza en la frontera vasca, que tambi\u00e9n dio lugar a una rara tradici\u00f3n -que no tradicionalismo- en nuestra Historia militar: la presencia en esa plaza durante cerca de tres siglos del mismo regimiento.<\/p>\n<p>En este caso el \u00c1frica, hoy conocido como Tercio Viejo de Sicilia 67. Una cosa de esas que, como bien sabemos -al menos hasta la fecha de hoy- s\u00f3lo han valorado los anglosajones, demostrando, una vez m\u00e1s, un buen criterio que, por estas latitudes, nos ha faltado m\u00e1s de lo necesario para un buen funcionamiento social y pol\u00edtico\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Este lunes toca a este nuevo correo de la Historia hablar de las mujeres atrapadas, hace ahora trescientos a\u00f1os, en una nueva guerra de las muchas que han forjado la confederaci\u00f3n europea en la que hoy vivimos. 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