{"id":2083,"date":"2019-08-05T11:30:31","date_gmt":"2019-08-05T09:30:31","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2083"},"modified":"2019-08-05T11:32:02","modified_gmt":"2019-08-05T09:32:02","slug":"guerras-galantes-y-guerras-de-salvajes-san-sebastian-el-5-de-agosto-de-1719","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2019\/08\/05\/guerras-galantes-y-guerras-de-salvajes-san-sebastian-el-5-de-agosto-de-1719\/","title":{"rendered":"Guerras galantes y guerras de salvajes: San Sebasti\u00e1n el 5 de agosto de 1719"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Tropas francesas asaltando una brecha a comienzos del siglo XVIII. Steve Noon\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2086\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/08\/Tropas-francesas-ante-una-brecha-223x300.jpg\" alt=\"tropas-francesas-ante-una-brecha\" width=\"223\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/08\/Tropas-francesas-ante-una-brecha-223x300.jpg 223w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/08\/Tropas-francesas-ante-una-brecha-467x628.jpg 467w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/08\/Tropas-francesas-ante-una-brecha.jpg 476w\" sizes=\"(max-width: 223px) 100vw, 223px\" \/>Desde que, all\u00e1 por 1992, vi por primera vez escenificada en el Cine la rendici\u00f3n de una plaza fuerte en pleno siglo XVIII, ese complejo ritual siempre me ha parecido una de las cosas m\u00e1s fascinantes que se pueden descubrir a trav\u00e9s de la Historia.<\/p>\n<p>Sobre todo, porque un hecho as\u00ed es toda una piedra de toque para un historiador profesional, ya saben: una de esas personas que apost\u00f3 por pasar a\u00f1os de su vida en una Facultad, aprendiendo ese oficio y se empe\u00f1\u00f3 en ejercerlo incluso en medios tan dif\u00edciles como la Espa\u00f1a actual, donde esa Ciencia se considera o irrelevante o un simple pasatiempo.<\/p>\n<p>En efecto, la rendici\u00f3n de una plaza fuerte en el siglo XVIII obedec\u00eda a un complejo ritual. Uno que, para comprender en todo su sentido hist\u00f3rico, es preciso abordar con un conocimiento sofisticado de la \u00e9poca y m\u00e9todo cient\u00edfico. Para analizar no s\u00f3lo el texto, o textos, de los que se dispone, sino el contexto en el que esos documentos fueron generados. As\u00ed es, para poder desentra\u00f1ar, y explicar, acontecimientos hist\u00f3ricos como esos en toda su complejidad y no como meras an\u00e9cdotas m\u00e1s o menos jocosas o efem\u00e9rides curiosas, es preciso recurrir a la Nueva Historia implantada en los a\u00f1os sesenta del siglo XX. Esa que exige a los historiadores recurrir a otras ciencias como la Psicolog\u00eda o la Antropolog\u00eda para comprender un mundo ajeno y extra\u00f1o, basado en otras consideraciones y valores distintos a los nuestros.<\/p>\n<p>En efecto, la rendici\u00f3n de una plaza fuerte en el siglo XVIII no era una extravagancia de la que re\u00edrse hoy por ser un ramillete de cortes\u00edas, reverencias y otra serie de gestos que nos podr\u00edan parecer una cursilada, por no decir algo peor\u2026<\/p>\n<p>Cuando dos comandantes en jefe de ej\u00e9rcitos rivales de esa \u00e9poca se entrevistaban con todo el protocolo y cortes\u00edas que se pueden ver, por ejemplo, en pel\u00edculas como \u201cEl \u00faltimo mohicano\u201d estrenada en su versi\u00f3n del a\u00f1o 1992, estaban escenificando los resultados pr\u00e1cticos del tremendo trauma colectivo que hab\u00eda sufrido Europa durante la Guerra de los Treinta A\u00f1o. Lo cual hab\u00eda llevado a esa sociedad a imponer, de nuevo, esas normas de buena guerra seg\u00fan las cuales se trataba de evitar toda matanza, saqueo y violencia innecesaria. Reduciendo, en definitiva, la operaci\u00f3n de asediar y rendir una plaza fuerte -sea el fuerte William Henry a mediados del siglo XVIII o San Sebasti\u00e1n a comienzos de esa centuria- a una actividad puramente racional\u2026<\/p>\n<p>Los c\u00e1lculos estaban rigurosamente establecidos: cuando las murallas o estacadas de la plaza fuerte asediada estuviesen lo bastante castigadas por la Artiller\u00eda del sitiador, el oficial al mando de la fortaleza sitiada ordenar\u00eda a sus tambores que subieran a la muralla o a la estacada y batiesen sus tambores \u201ca llamada\u201d (una traducci\u00f3n del original franc\u00e9s: \u201cchamade\u201d). Con eso el comandante en jefe asediador entender\u00eda que los sitiados quer\u00edan parlamentar con \u00e9l para llegar a alg\u00fan tipo de acuerdo para rendirse.<\/p>\n<p>Para ello, el sitiado y el sitiador enviaban heraldos bajo bandera blanca que deb\u00edan ser respetados como si fueran embajadores de naci\u00f3n a naci\u00f3n. Una vez considerados los t\u00e9rminos por los sitiados, estos pod\u00edan aceptarlos o devolverlos al comandante en jefe de las fuerzas sitiadoras, significando con esto que, ante la imposibilidad de aceptar condiciones inasumibles, prefer\u00edan continuar la lucha. Quiz\u00e1s incluso hasta el \u00faltimo extremo, en el que la plaza asediada caer\u00eda en manos de columnas de asalto muy diezmadas por el fuego defensivo pero, por esa misma raz\u00f3n, incontrolables, y que causar\u00edan todo tipo de da\u00f1o a la ciudad tomada al asalto y a sus defensores y habitantes, no ofreciendo ninguna clase de cuartel\u2026<\/p>\n<p>Lo cierto es que fueron raros los casos en los que, en el civilizado e ilustrado siglo XVIII, eso lleg\u00f3 a pasar, no registr\u00e1ndose, por lo general, nuevos horrores como los que se hab\u00edan sufrido en toda Europa entre 1618 y 1648, durante la llamada Guerra de los Treinta A\u00f1os. Fuente de ese trauma colectivo europeo, que condujo, a su vez, a esa racionalizaci\u00f3n de la guerra en la que se desarrollaban complejos rituales. Como el de rendir una plaza o una provincia por medio de sesudas conversaciones entre sitiados y sitiadores, dependiendo del da\u00f1o infligido por la Artiller\u00eda de sitio.<\/p>\n<p>Ante San Sebasti\u00e1n, hace ahora justo 300 a\u00f1os, se desarroll\u00f3 un caso de estos que podemos considerar verdaderamente mod\u00e9lico.<\/p>\n<p>Para el 2 de agosto de 1719, las bater\u00edas de asedio del Ej\u00e9rcito de Luis XV, bajo mando del mariscal duque de Berwick, hab\u00edan causado ya un da\u00f1o considerable en las defensas de la ciudad, evidente tanto para los sitiados como para los sitiadores. Culmina as\u00ed en ese momento un cruce de correspondencia cuyos originales se guardan en la primera carpeta del documento del Archivo general guipuzcoano conservado bajo la signatura JD IM 1\/1\/43. Esos documentos, m\u00e1s all\u00e1 de lo ya recogido en cr\u00f3nicas como la transcrita por J. I. Tellechea o lo ya publicado en estudios como los de Alfonso F. Gonz\u00e1lez, nos hablan, en efecto, de un complejo ritual, ajeno a nuestra \u00e9poca.<\/p>\n<p>El 2 de agosto de 1719, el mariscal duque se\u00f1alaba en su correspondencia que hab\u00eda esperado pacientemente a que toda la provincia se rindiera definitivamente a sus armas, asumiendo que ya estaban en sus manos varias poblaciones guipuzcoanas y, sobre todo, sus principales plazas fuertes: la de la ciudad de Fuenterrab\u00eda (hoy Hondarribia) y San Sebasti\u00e1n\u2026 salvo la ciudadela de Urgull. Todo esto, obviamente, implicaba que el organismo que dirig\u00eda esas corporaciones, incluida San Sebasti\u00e1n, constatase que toda la provincia se rend\u00eda oficialmente ante las armas de Luis XV, haciendo buenas todas las capitulaciones parciales obtenidas hasta ese momento.<\/p>\n<p>La correspondencia de esa carpeta nos permite averiguar tambi\u00e9n que a\u00fan se hizo esperar dos d\u00edas m\u00e1s al mariscal duque que, otra vez, se mostr\u00f3 galantemente paciente.<\/p>\n<p>Sin duda las autoridades provinciales, las que ten\u00edan la \u00faltima palabra y el poder de legalizar oficialmente la entrega de todo el territorio, esperaban instrucciones directas de su rey para rendirse bajo una capitulaci\u00f3n honrosa. Esas consultas fueron breves, pues la siguiente carta del mariscal duque, fechada en 5 de agosto de 1719, indicaba que el acuerdo de entregar la provincia -y todo lo que conten\u00eda- estaba tomado y acordadas las condiciones en las que el territorio y sus plazas quedaban legalmente en poder del mariscal duque y su amo: Luis XV.<\/p>\n<p>Tal y como era habitual ya desde la segunda mitad del siglo XVII, el duque de Berwick accedi\u00f3 a proteger a la poblaci\u00f3n, evitarle robos, saqueos y otras violencias e incluso accedi\u00f3 a favorecerles frente a los brit\u00e1nicos en asuntos econ\u00f3micos tales como las expediciones de Pesca a Ultramar\u2026 Si la provincia y sus plazas quedaban bajo su mando y los vecinos y habitantes no mostraban hostilidad alguna, el duque no ten\u00eda, desde luego, inconveniente alguno en favorecer a ese territorio y a esas plazas que, de hecho, pasaban, desde ese 5 de agosto de 1719, a ser parte de las fortalezas bajo dominio del joven Luis XV, todav\u00eda bajo la tutela del duque de Orleans, regente de Francia.<\/p>\n<p>De hecho, la cortes\u00eda y la paciencia del duque se mostraron verdaderamente s\u00f3lidas, pues San Sebasti\u00e1n, la \u00faltima gran plaza fuerte guipuzcoana, quedaba en sus manos legalmente por esos acuerdos de entre el 2 y 5 de agosto de 1719, pero no as\u00ed su guarnici\u00f3n militar, que decidi\u00f3 retirarse al castillo de Urgull para continuar resistiendo all\u00ed. Algo que tambi\u00e9n sol\u00eda ser habitual en las guerras dieciochescas, donde mantener esos \u00faltimos reductos pod\u00eda resultar esencial para no perder completamente una plaza en posteriores negociaciones diplom\u00e1ticas o recuperar desde ella la ciudad ya entregada, si es que los sitiadores ten\u00edan que retirarse.<\/p>\n<p>Y as\u00ed fue como se llev\u00f3 a cabo ante San Sebasti\u00e1n, justo hace ahora 300 a\u00f1os, esa operaci\u00f3n tan mod\u00e9lica, tan propia de la civilizada guerra a la ilustrada. M\u00e1s adelante, bien lo sabemos, cuando el Siglo de las Luces acaba desencadenando no la Ilustraci\u00f3n general esperada sino un violento proceso revolucionario, volver\u00edamos, all\u00ed mismo, a los tiempos de las guerras propias de salvajes que entre 1618 y 1648 hab\u00edan devastado Europa. Pero esa, claro est\u00e1, es otra historia que ya poco o nada tiene que ver con lo ocurrido ahora hace 300 a\u00f1os ante las murallas de San Sebasti\u00e1n\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Desde que, all\u00e1 por 1992, vi por primera vez escenificada en el Cine la rendici\u00f3n de una plaza fuerte en pleno siglo XVIII, ese complejo ritual siempre me ha parecido una de las cosas m\u00e1s fascinantes que se pueden descubrir a trav\u00e9s de la Historia. 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