{"id":2093,"date":"2019-08-12T11:30:25","date_gmt":"2019-08-12T09:30:25","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2093"},"modified":"2019-08-12T11:30:25","modified_gmt":"2019-08-12T09:30:25","slug":"el-allure-de-napoleon-o-algo-de-historia-sobre-las-fundas-de-leopardo","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2019\/08\/12\/el-allure-de-napoleon-o-algo-de-historia-sobre-las-fundas-de-leopardo\/","title":{"rendered":"El allure de Napole\u00f3n o algo de Historia sobre las fundas de leopardo"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Oficial de cazadores de la Guardia Imperial a la carga. Th\u00e9dore G\u00e9ricault (c. 1812). Museo del Louvre\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2094\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/08\/Oficial-de-cazadorss-de-la-Guardia-Imperial-a-caballo.-Th\u00e9dore-G\u00e9ricault.-Museo-del-Louvre.-Circa-1812-230x300.jpg\" alt=\"oficial-de-cazadorss-de-la-guardia-imperial-a-caballo-thedore-gericault-museo-del-louvre-circa-1812\" width=\"230\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/08\/Oficial-de-cazadorss-de-la-Guardia-Imperial-a-caballo.-Th\u00e9dore-G\u00e9ricault.-Museo-del-Louvre.-Circa-1812-230x300.jpg 230w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/08\/Oficial-de-cazadorss-de-la-Guardia-Imperial-a-caballo.-Th\u00e9dore-G\u00e9ricault.-Museo-del-Louvre.-Circa-1812.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 230px) 100vw, 230px\" \/>Hoy, por fin, el correo de la Historia de esta semana ha podido eludir todo otro tipo de centenario, compromiso o similar que le obligase, como tan a menudo, a meterse en terrenos hist\u00f3ricos algo controvertidos y pantanosos.<\/p>\n<p>En efecto, hoy nos vamos a ir a una peque\u00f1a parte de la Historia que, sin embargo, y por dif\u00edcil de creer que parezca, permanece muy poco transitada a pesar de que m\u00e1s de dos generaciones de motoristas y automovilistas la han convertido en un \u00edcono algo jocoso. En principio, puede parecer una historia de la Historia de cuarta categor\u00eda, una an\u00e9cdota para endulzar el comienzo de la segunda semana de agosto para aquellos que a\u00fan no se han ido de vacaciones. O para divertir a los que ya se han ido.<\/p>\n<p>Sin embargo, dando vueltas al tema me ha parecido, adem\u00e1s de oportuno para llenar este espacio una vez m\u00e1s, tambi\u00e9n interesante para reflexionar, con media sonrisa de lado, sobre c\u00f3mo se escribe la Historia y la deuda que el Presente tiene con un pasado m\u00e1s o menos remoto\u2026<\/p>\n<p>El tema en concreto, es la raz\u00f3n hist\u00f3rica por la que alguien decidi\u00f3 en un momento dado, all\u00e1 por los a\u00f1os 60 del siglo XX, que poner fundas de piel -sint\u00e9tica- de leopardo en los asientos de serie de motos o coches, era -o deb\u00eda ser- algo rematadamente chic.<\/p>\n<p>Puede parecer dif\u00edcil creer que hubo alguna raz\u00f3n hist\u00f3rica para que alguien decidiera fabricar, en serie y en serio, esa tapicer\u00eda sint\u00e9tica que hoy d\u00eda se ha convertido en toda una broma, en un canto a la horterada m\u00e1s irremediable y que, de hecho, creo que nadie se atreve a usar ya. Salvo como gui\u00f1o intencionado al arte decorativo kitsch.<\/p>\n<p>Sin embargo, por dif\u00edcil de creer que parezca, s\u00ed hubo m\u00e1s de una raz\u00f3n hist\u00f3rica para que alguien pensase, en serio, que hacer fundas sint\u00e9ticas de leopardo para asientos de motos y coches pod\u00eda ser una gran idea.<\/p>\n<p>Vayamos, pues, al principio de la cuesti\u00f3n. Seg\u00fan algunos blogs de moda como \u201cMy dear Claude\u201d <a href=\"https:\/\/mydearclaude.com\/2018\/11\/09\/limprime-leopard-petite-histoire-du-plus-felin-des-motifs\/\" rel=\"external nofollow\">https:\/\/mydearclaude.com\/2018\/11\/09\/limprime-leopard-petite-histoire-du-plus-felin-des-motifs\/<\/a>, el uso decorativo-simb\u00f3lico de la piel de leopardo, puede remontarse hasta la Antig\u00fcedad, a las primeras culturas donde la apropiaci\u00f3n de la piel del animal implicaba la apropiaci\u00f3n de sus virtudes: fuerza, agilidad, independencia\u2026<\/p>\n<p>Seg\u00fan ese blog, prueba de ello es su uso como prenda distintiva de los altos rangos sociales en determinadas culturas africanas o bien su presencia en im\u00e1genes de la diosa de la Sabidur\u00eda egipcia, Seshat, portando la piel de un leopardo.<\/p>\n<p>Desde entonces, como tambi\u00e9n reconoce \u201cMy dear Claude\u201d, el uso de las pieles de leopardo, naturales o sint\u00e9ticas, ha tenido muchos altibajos, desde lo m\u00e1s chic hasta lo vulgar. Es decir, desde los abrigos de leopardo de actrices como Marian Nixo, que se pase\u00f3 con uno de ellos -y un leopardo vivo- por Hollywood Boulevard en 1925 y el de Jackie Kennedy, hasta los pantalones pitillo imitando esa piel usados por los punkies de comienzos de los 80.<\/p>\n<p>Pero especialistas en moda como \u201cMy dear Claude\u201d ayudan poco a comprender c\u00f3mo es que la sagrada -para africanos y egipcios- piel de leopardo acab\u00f3, all\u00e1 por los a\u00f1os sesenta del siglo pasado, convertida en tapicer\u00eda sint\u00e9tica para motos y coches.<\/p>\n<p>La l\u00f3gica deductiva, tan necesaria a los historiadores, como bien se\u00f1alaba Carlo Ginzburg, apunta a que la \u00faltima raz\u00f3n para eso habr\u00eda que buscarla, una vez m\u00e1s, en el <em>allure<\/em> del mundo napole\u00f3nico, en la constante campa\u00f1a de propaganda de la que Bonaparte supo rodearse desde que comenz\u00f3 su imparable ascenso a partir del a\u00f1o 1800.<\/p>\n<p>Entre los muchos autores que han tratado esta figura, no son pocos los que han subrayado que el futuro emperador sab\u00eda manejar con bastante habilidad la cuesti\u00f3n de la imagen. Luigi Roma, por ejemplo, en el volumen dedicado a Napole\u00f3n en una serie de grandes biograf\u00edas, indicaba como tras acceder al puesto de primer c\u00f3nsul a partir de esa fecha, el Corso sabr\u00e1 abandonar oportunamente el uniforme por ropajes burgueses m\u00e1s tranquilizadores. E igualmente sabr\u00e1 rodearse de pompa y esplendor cuando le parezca oportuno. Por ejemplo, el d\u00eda de su coronaci\u00f3n como emperador.<\/p>\n<p>En esta cuesti\u00f3n lo que val\u00eda para \u00e9l, val\u00eda para esa que el mismo Luigi Roma define como su \u201cm\u00e1quina de Guerra\u201d. Es decir, el Ej\u00e9rcito napole\u00f3nico que, seg\u00fan algunos autores, ha sido el mejor que ha tenido nunca Francia. Al menos hasta 1813\u2026<\/p>\n<p>En efecto, el Ej\u00e9rcito napole\u00f3nico, que marca la pauta a los dem\u00e1s ej\u00e9rcitos europeos en uniformidad, tanto aliados como enemigos, busca deslumbrar, apabullar con todo un despliegue de grandes sombreros de dos picos, chac\u00f3s, colbacs de piel de oso, penachos hiperb\u00f3licos, plumeros igual de visibles en desfiles y campos de batalla, botonaduras hiperdesarrolladas, pieles, entorchados\u2026<\/p>\n<p>Si en los cuerpos regulares napole\u00f3nicos ese despliegue era m\u00e1s o menos discreto, aunque notable, en los cuerpos de \u00e9lite parece que no hab\u00eda l\u00edmite a ese esplendor visual destinado, obviamente, a apabullar tanto a las masas enfervorizadas que asisten a los desfiles, como a los enemigos en el campo de batalla.<\/p>\n<p>Eso era verdaderamente notable en las unidades de \u00e9lite de la Caballer\u00eda napole\u00f3nica. Los h\u00fasares, por ejemplo. no pod\u00edan conformarse con simples mantas de lana para proteger a sus monturas de los roces de la silla. Si era posible ten\u00edan que utilizar caras pieles para demostrar, tanto a la entusiasta plebe que les aplaud\u00eda en las calles de Par\u00eds como a sus rivales en campos de batalla como Austerlitz, Wagram, Tilsit\u2026, que se encontraban ante una fuerza avasalladora, que no reparaba en gastos para poner en pie de guerra a verdaderos gallos de pelea con el plumaje m\u00e1s reluciente y amenazador que se pudiera encontrar.<\/p>\n<p>Una pintura de \u00e9poca, de Th\u00e9dore G\u00e9ricault, lo refleja perfectamente. La obra, realizada hacia 1812, y que est\u00e1 hoy en su versi\u00f3n original en el Museo del Louvre de Par\u00eds, muestra a un oficial de los cazadores de la Guardia Imperial en el campo de batalla. Se le ha solido confundir con un h\u00fasar, por la similitud de sus uniformes, pero, en realidad, este cuadro de G\u00e9ricault representaba, sin lugar a dudas, a la \u00e9lite de las \u00e9lites napole\u00f3nicas. Es decir, a un oficial del cuerpo encargado de velar por la seguridad personal del emperador, pues a Napole\u00f3n en sus desplazamientos p\u00fablicos lo rodeaban siempre cuatro hombres de esa unidad. Destinados, obviamente, a parar una bala o a dispararla sobre quien intentase atentar contra su emperador.<\/p>\n<p>Como se puede apreciar en el cuadro de G\u00e9ricault, el oficial luce todos los arreos propios del Ej\u00e9rcito napole\u00f3nico y, m\u00e1s a\u00fan, de su \u00e9lite: el colbac de piel de oso con el largo plumero con la divisa roja y verde propia de las tropas ligeras de la Guardia, el dolm\u00e1n cubierto de alamares y botonadura, la pelliza terciada al hombro -aunque, en realidad, al estar a punto de entrar en carga, deber\u00eda llevarla puesta sobre el cuerpo como defensa-, el sable curvado, las botas h\u00fangaras y, por supuesto, una silla lujosa con una manta para el caballo que, efectivamente, era una piel de leopardo\u2026<\/p>\n<p>Evidentemente alguna relaci\u00f3n tuvo que haber entre esa magnificencia napole\u00f3nica y la oferta de fundas para motos y coches fabricadas en serie con ese mismo dise\u00f1o. Una sugerencia al consumidor del siglo XX para que, comprando esa mercanc\u00eda ya adocenada, se sintiera como todo un guardia imperial de Napole\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>El c\u00e1lculo comercial sali\u00f3 bastante errado, al convertirse esas fundas -m\u00e1s all\u00e1 del gui\u00f1o a lo kitsch- justo en lo contrario a aquello que representaban bajo las sillas de montar de la Guardia Imperial a caballo. Sin embargo, el intento, aunque m\u00e1s o menos fallido, es otra interesante muestra del prestigio que consigui\u00f3 Napole\u00f3n con un imperio que, en realidad, no dur\u00f3 m\u00e1s de diez a\u00f1os y acab\u00f3 en una estrepitosa derrota. Sin duda toda una lecci\u00f3n para pa\u00edses como la Espa\u00f1a actual, en la que todav\u00eda es m\u00e1s bien poco lo que se ha conseguido hacer para que -propios y extra\u00f1os- se persuadan de la magnificencia de su imperio de tres siglos, a\u00fan hoy muy poco valorado y menos conocido en su verdadera medida\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hoy, por fin, el correo de la Historia de esta semana ha podido eludir todo otro tipo de centenario, compromiso o similar que le obligase, como tan a menudo, a meterse en terrenos hist\u00f3ricos algo controvertidos y pantanosos. 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