{"id":2144,"date":"2019-09-16T11:30:02","date_gmt":"2019-09-16T09:30:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2144"},"modified":"2019-09-16T11:30:02","modified_gmt":"2019-09-16T09:30:02","slug":"historia-y-vida-de-dick-turpin-1705-1739","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2019\/09\/16\/historia-y-vida-de-dick-turpin-1705-1739\/","title":{"rendered":"Historia y vida de Dick Turpin (1705-1739)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por \u00a0Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Portada original inglesa del serial &quot;Dick Turpin&quot; publicado por Ram\u00f3n Sopena en espa\u00f1ol (c.1932)\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2145\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/09\/Portada-original-de-las-aventuras-de-Dick-Turpin-publicadas-por-Ram\u00f3n-Sopena-199x300.jpg\" alt=\"portada-original-de-las-aventuras-de-dick-turpin-publicadas-por-ramon-sopena\" width=\"199\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/09\/Portada-original-de-las-aventuras-de-Dick-Turpin-publicadas-por-Ram\u00f3n-Sopena-199x300.jpg 199w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/09\/Portada-original-de-las-aventuras-de-Dick-Turpin-publicadas-por-Ram\u00f3n-Sopena-417x628.jpg 417w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/09\/Portada-original-de-las-aventuras-de-Dick-Turpin-publicadas-por-Ram\u00f3n-Sopena.jpg 518w\" sizes=\"(max-width: 199px) 100vw, 199px\" \/>El paso por este mundo de Richard Turpin, m\u00e1s conocido como Dick Turpin, fue m\u00e1s bien breve. Apenas rebas\u00f3 esa l\u00ednea de sombra de la que hablaba el gran Joseph Conrad, la que marca la llegada a los treinta a\u00f1os de edad.<\/p>\n<p>S\u00ed, Dick Turpin no vivi\u00f3 mucho m\u00e1s all\u00e1 de los treinta a\u00f1os. Esa vida acab\u00f3 como sol\u00eda acabar la de los delincuentes en la Europa del Antiguo R\u00e9gimen y, especialmente, en la Inglaterra de esa \u00e9poca. Es decir, colgado del que el historiador Douglas Hay llam\u00f3 \u201c\u00c1rbol fatal de Albi\u00f3n\u201d. Es decir, la horca\u2026 Sin embargo, una vida tan breve dio para crear una leyenda que ha perdurado hasta la actualidad y que, por eso mismo, quiz\u00e1s tanto impresiona al historiador.<\/p>\n<p>Desde el Romanticismo -y Espronceda es testigo de ello- las figuras marginales pero dotadas de cierto halo de audacia -como pod\u00eda ser el caso de corsarios, piratas, bandoleros\u2026- se hicieron un hueco en el imaginario de una burgues\u00eda lectora que demandaba esa clase de emociones, de personajes audaces y hechos a s\u00ed mismos pero que, desviados del camino recto y el amor a las leyes que rigen una sociedad civilizada (la que sustentaba a esa burgues\u00eda lectora, por cierto) acababan en un tr\u00e1gico destino.<\/p>\n<p>Es ah\u00ed cuando el bandido generoso comienza a incrustarse en el imaginario colectivo, a hacerse un hueco en la Historia, pasando a la Literatura de entretenimiento m\u00e1s o menos respetable desde de la prensa sensacionalista del siglo XVIII. Es decir, a los libros desde los pliegos de cordel, tan estudiados por Julio Caro Baroja, o los folletos impresos para vender el d\u00eda de la ejecuci\u00f3n del interesado -bajo el mismo pat\u00edbulo- de los que rebosa hoy la Biblioteca Brit\u00e1nica.<\/p>\n<p>As\u00ed se forj\u00f3 la memoria de personajes como Dick Turpin, o la de Diego Corriente Mateo (m\u00e1s conocido como Diego Corrientes), el \u201cPatakon\u201d vasco rescatado por Joseba Agirrezkuenaga, o perdur\u00f3 la de otros que databa de la Edad Media como Robin Hood.<\/p>\n<p>Estas figuras, en cualquier caso, tuvieron que esperar hasta los a\u00f1os sesenta y setenta del siglo XX, para ganar un espacio respetable en los libros de Historia.<\/p>\n<p>Eric J. Hobsbawn fue uno de los historiadores que m\u00e1s se preocup\u00f3 de esa tarea. Su obra \u201cRebeldes primitivos\u201d daba un buen repaso a figuras como esas -y otras- considerando desde su filosof\u00eda marxista de la Historia que esos bandidos generosos eran menos generosos de lo que se sol\u00eda decir y, caso de serlo, se trataba de personas que no hab\u00edan adquirido a\u00fan el nivel de conciencia pol\u00edtica necesario para convertirse en revolucionarios con pretensiones de cambiar el orden pol\u00edtico, en lugar de limitarse a hostigarlo en su periferia pero sin atreverse a cuestionarlo en su totalidad.<\/p>\n<p>Dick Turpin era un verdadero prototipo de esa descripci\u00f3n. Lo que podemos leer en Internet sobre \u00e9l -preferentemente en ingl\u00e9s, pues las versiones castellanas de su vida reducen considerablemente el contenido- es (como no pod\u00eda ser de otro modo) m\u00e1s o menos lo mismo que nos cuentan estudios monogr\u00e1ficos -fruto de arduas investigaciones- como el firmado por James Sharpe, profesor de la Universidad de York (ciudad inglesa que, por cierto, fue escenario principal de las andanzas de Dick Turpin).<\/p>\n<p>El libro en cuesti\u00f3n tiene un t\u00edtulo revelador \u201c<em>Dick Turpin. The myth of the english highwayman<\/em>\u201d. Es decir, el profesor Sharpe da por descontado que Dick Turpin, tal y como hoy lo conocemos, era m\u00e1s un mito que una realidad. O, en otras palabras, era m\u00e1s bandido que generoso y no se dedic\u00f3 precisamente a los asuntos de salteamiento en camino para favorecer a los muchos desfavorecidos que exist\u00edan, en pleno Siglo de las Luces, incluso en prosperas naciones europeas como Inglaterra.<\/p>\n<p>Ciertamente la vida real de Dick Turpin fue bastante diferente a la imaginada en folletines como los que Ram\u00f3n Sopena publicaba en la Espa\u00f1a de los a\u00f1os 20 y 30 -traducidos directamente de su versi\u00f3n inglesa- en pel\u00edculas, en c\u00f3mics como los que se editaron en los a\u00f1os setenta del siglo pasado o en series de Televisi\u00f3n de esas mismas fechas.<\/p>\n<p>El Dick Turpin real inici\u00f3 su vida laboral, por as\u00ed decir, como aprendiz de carnicero. Segu\u00eda pues los pasos de su padre -carnicero y tabernero- hacia un futuro, relativamente pr\u00f3spero y apacible, en el que formar\u00eda parte de la peque\u00f1a burgues\u00eda comerciante de aquella Inglaterra dieciochesca.<\/p>\n<p>Sin embargo, pronto se apart\u00f3 de ese camino y no parece que fuera tanto por necesidad o af\u00e1n de hacer justicia social, como por aumentar la ganancia que obten\u00eda de su negocio como carnicero. Es decir, consta por los registros que Dick se dedic\u00f3 a robar ganado\u2026 M\u00e1s concretamente por medio de la caza furtiva de ciervos. Fue en esas fechas, hacia 1733, cuando Dick se involucr\u00f3 con la llamada Banda de Essex o de Gregory (a causa de Samuel Gregory, principal integrante de la misma). Dick Turpin ya estaba casado para entonces y se hab\u00eda establecido como carnicero y, parece ser, que tambi\u00e9n como tabernero.<\/p>\n<p>Pero muchos indicios apuntan a que entre 1733 y 1735, durante casi tres a\u00f1os, particip\u00f3 en toda clase de delitos con la Banda de Essex. Tanto caza furtiva como, sobre todo, robos en casas de campo entre Essex y lo que entonces eran los alrededores de la ciudad de Londres. Los registros de esas actividades indican que Turpin y sus asociados s\u00f3lo levemente se parec\u00edan a las figuras heroicas que se hicieron famosas gracias a \u201cRookwood\u201d, la novela rom\u00e1ntica de William Harrison Ainsworth, publicada en 1834, que fue la fuente de la que luego surgieron todos los dem\u00e1s relatos que convirtieron a Dick Turpin en ese \u201ccaballero del Camino Real\u201d que, en realidad, nunca fue.<\/p>\n<p>As\u00ed consta que \u00e9l y sus secuaces protagonizaron audaces cabalgadas y escapadas de tabernas aisladas en las que fueron reconocidos y se les trat\u00f3 de detener. Pero las v\u00edctimas de Dick y sus muchachos no fueron precisamente odiosos sayones y corruptos magistrados y caballeros. Por lo general fueron viudas indefensas como la se\u00f1ora Shelley de Essex, a la que consiguieron sacar el escondite de su dinero amenazando con matar a su hijo, a punta de pistola. O bien el anciano granjero Joseph Lawrence, establecido en el norte de Londres, a quien torturaron salvajemente para obtener la misma informaci\u00f3n y una de cuyas criadas fue gratuitamente violada por Samuel Gregory en un acto que, desde luego, recuerda muy poco a los asociados con los \u201cbandidos generosos\u201d.<\/p>\n<p>Lo que s\u00ed es cierto seg\u00fan registros oficiales y extraoficiales, es que Dick Turpin, una vez descubierto, arrestado, juzgado y sentenciado, muri\u00f3 con una entereza verdaderamente caballeresca, recibiendo visitas en la c\u00e1rcel mientras esperaba la ejecuci\u00f3n, invitando a beber generosamente a esos invitados, pagando a varias pla\u00f1ideras para que lo acompa\u00f1asen al cadalso y compr\u00e1ndose zapatos y una casaca nueva. Aunque no una de color rojo precisamente, a la que err\u00f3neamente se le asocia desde su conversi\u00f3n en h\u00e9roe rom\u00e1ntico. Parece ser que \u00e9l mismo se arroj\u00f3 desde la escalera del pat\u00edbulo sin que el verdugo de ocasi\u00f3n -otro salteador de caminos como \u00e9l- lo tuviera que empujar. Todo ello tras hacer en el camino m\u00faltiples reverencias al p\u00fablico.<\/p>\n<p>Igualmente parece ser cierto que desde el momento de su entierro su fama heroica comenz\u00f3 a crecer, pues una masa enfurecida se neg\u00f3 a que su cad\u00e1ver fuera robado de la tumba por los llamados \u201cresucitadores\u201d (es decir, ladrones de cad\u00e1veres como esos a los que R. L. Stevenson dedic\u00f3 un magn\u00edfico relato).<\/p>\n<p>Esa, en resumen, fue la vida que dio lugar a un h\u00e9roe rom\u00e1ntico que ha persistido hasta la actualidad. Naturalmente descargado de la ruindad que le acompa\u00f1\u00f3, como una sombra, durante una vida de cr\u00edmenes que poco o nada tuvieron de generosos o caballerescos\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por \u00a0Carlos Rilova Jeric\u00f3 El paso por este mundo de Richard Turpin, m\u00e1s conocido como Dick Turpin, fue m\u00e1s bien breve. Apenas rebas\u00f3 esa l\u00ednea de sombra de la que hablaba el gran Joseph Conrad, la que marca la llegada a los treinta a\u00f1os de edad. 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