{"id":2217,"date":"2019-11-11T16:55:21","date_gmt":"2019-11-11T14:55:21","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2217"},"modified":"2019-11-11T16:55:21","modified_gmt":"2019-11-11T14:55:21","slug":"enrique-iv-de-francia-la-letra-de-un-himno-y-el-culto-a-la-personalidad-1610-2019","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2019\/11\/11\/enrique-iv-de-francia-la-letra-de-un-himno-y-el-culto-a-la-personalidad-1610-2019\/","title":{"rendered":"Enrique IV de Francia, la letra de un himno y el culto a la personalidad (1610-2019)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por \u00a0Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\" title=\"Reconstrucci\u00f3n forense del verdadero rostro de Enrique IV de Francia \"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft size-medium wp-image-2218\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/11\/Reconstrucci\u00f3n-del-verdadeero-rostrro-de-Enrique-IV-300x162.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"162\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/11\/Reconstrucci\u00f3n-del-verdadeero-rostrro-de-Enrique-IV-300x162.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2019\/11\/Reconstrucci\u00f3n-del-verdadeero-rostrro-de-Enrique-IV.jpg 305w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/>Esta semana anterior se cumpl\u00eda, como seguro no han podido evitar leer, el 30 aniversario de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn. No quiero extenderme sobre este asunto que, para m\u00ed, es m\u00e1s un recuerdo personal que Historia propiamente dicha.<\/p>\n<p>Sin embargo, s\u00ed hablar\u00e9 de algo que ten\u00eda mucho que ver con el r\u00e9gimen que colaps\u00f3 en esos momentos. Me refiero al llamado culto a la personalidad.<\/p>\n<p>No es que ese mecanismo de control social haya sido exclusivo de aquel \u201csocialismo real\u201d que se desmoron\u00f3, en gran parte, por falta de eso precisamente, de algo que se pudiera llamar socialismo real en lugar de estados polic\u00edacos controlados por una partidocracia que, por lo general, s\u00f3lo admite un \u00fanico partido. El comunista para m\u00e1s se\u00f1as.<\/p>\n<p>En efecto, culto a la personalidad lo ha habido desde que las sociedades humanas se vuelven complejas y sedentarias y aparece una clase dominante que refleja su poder por medio del Arte. De grandes obras arquitect\u00f3nicas como las pir\u00e1mides, pero tambi\u00e9n a trav\u00e9s de murales, pinturas, frescos, etc\u2026 que describen e imponen el modo de pensar de esa clase dominante. Los emperadores romanos, sin ir m\u00e1s lejos, eran divinizados y su efigie aparec\u00eda en la materia m\u00e1s apreciada por todo ser humano con un m\u00ednimo instinto de supervivencia. Es decir, en el dinero que permit\u00eda acceder a todo lo necesario para asegurar esa supervivencia.<\/p>\n<p>Sin embargo, hay que reconocer que el Totalitarismo comunista llev\u00f3 a grandes cotas ese medio de control social. El camarada Stalin as\u00ed, aparte de aparecer reflejado en toda clase de pinturas heroicas -la llamada escuela del Realismo socialista es un perfecto ejemplo- invad\u00eda las calles en grandes carteles desde los que, como los emperadores romanos, parec\u00eda alguien no precisamente humano.<\/p>\n<p>Cierta Historiograf\u00eda pervertida al servicio de aquel sistema que barren\u00f3, desde dentro -y sin demasiada ayuda de los agentes capitalistas infiltrados en su seno- toda forma de socialismo real, se basaba en identificar a Stalin con cualquier invento, logro cient\u00edfico, social, econ\u00f3mico\u2026 que, supuestamente, se hubiera producido en la flamante URSS.<\/p>\n<p>Pero Stalin, lo crean o no sus entusiastas o detractores, no invent\u00f3 nada a este respecto. Si acaso lo perfeccion\u00f3. Como alguno de los admiradores vergonzantes de su labor. Caso de los nazis alemanes o los fascistas italianos.<\/p>\n<p>En efecto, no s\u00f3lo los emperadores romanos o los monarcas medievales hab\u00edan precedido a Stalin. Tambi\u00e9n algunos soberanos, muy pr\u00f3ximos a nosotros, que vivieron a caballo entre el Renacimiento y el Barroco.<\/p>\n<p>El caso de Enrique IV, rey de Francia y de Navarra, es uno de los m\u00e1s llamativos. \u00bfY por qu\u00e9? Pues por una sencilla raz\u00f3n, porque el culto a la personalidad desarrollado en torno a \u00e9l fue un tanto especial. Tanto que se podr\u00eda decir, como en ese anuncio de cierto banco que ahora corre por la Televisi\u00f3n, que fue un \u201cculto a la personalidad-no culto a la personalidad\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed es, normalmente los cultos a la personalidad han querido hacer del que los ha instrumentalizado una especie de ser semidivino, descargado de las naturales debilidades propias de todo ser humano y adornado, por el contrario, de las virtudes propias de alguien que no se mide ya en la escala humana, sino en la de los dioses.<\/p>\n<p>Por otra parte, el culto a la personalidad normalmente est\u00e1 asociado a sistemas de dominaci\u00f3n social. Es decir, se rinde culto a una personalidad que re\u00fane en torno a ella todos los poderes y piensa y decide por todos sus adoradores, a los que, generalmente, acaba sacrificando en alguna aventura espeluznante. Como extender el espacio vital de la raza aria, recuperar las fronteras del antiguo imperio romano o, en el ya aludido caso de Stalin o el de su hom\u00f3logo chino, Mao Tse-Tung, construir el llamado \u201csocialismo real\u201d sin mirar a cu\u00e1ntos miles habr\u00eda que eliminar para llevar a cabo tal empresa.<\/p>\n<p>Lo que rode\u00f3 a Enrique IV, por el contrario, fue at\u00edpico dentro de esos cultos a la personalidad. En efecto, el rey Enrique, por lo general, no era presentado por sus propagandistas como un semidi\u00f3s, sino como un hombre bastante normal. O m\u00e1s exactamente como una especie de franc\u00e9s medio com\u00fan y corriente de finales del siglo XVI, pero capaz de llevar al extremo todo aquello que gustaba o admiraban esos franceses medios.<\/p>\n<p>La letra del himno de la monarqu\u00eda francesa -que existe y tiene distintas variantes- se cre\u00f3 para \u00e9l y se refer\u00eda a \u00e9l. Sus versos, que traduzco de manera m\u00e1s o menos libre, eran una simple estrofa de no m\u00e1s de cuatro l\u00edneas y dec\u00edan as\u00ed: \u201cViva Enrique IV, viva ese rey valiente. Ese demonio de hombre tiene el triple talento de beber, batirse y ser un verde gal\u00e1n\u201d\u2026<\/p>\n<p>Ya lo ven, Enrique IV aparec\u00eda en ese himno, datado hacia 1600, como un tipo simp\u00e1tico, un audaz aventurero en cuya cuadrilla de compinches hubieran querido estar muchos para eso, para divertirse bebiendo, meti\u00e9ndose en escaramuzas y galanteando damas\u2026 Nada que ver, por tanto, con ning\u00fan semidi\u00f3s.<\/p>\n<p>De hecho, el ritmo del himno es el de un \u201ctourdion\u201d, una modalidad de canci\u00f3n corta, y festiva, muy popular en la Francia del siglo XVI.<\/p>\n<p>Otras versiones de la canci\u00f3n nos dan tambi\u00e9n la medida de las razones para exaltar, para hacer popular, a Enrique IV en la Francia de aquella \u00e9poca de finales del XVI y principios del XVII. As\u00ed una de ellas manda al diablo \u201ca los rencores, a las guerras y a los partidos\u201d invitando a olvidar todo eso entrechocando los vasos y bebiendo.<\/p>\n<p>En efecto, la aureola que se despleg\u00f3 en torno a Enrique IV lo presentaba como el rey que hab\u00eda puesto fin a la larga, y cruenta, guerra entre cat\u00f3licos y protestantes que debilit\u00f3 y ensangrent\u00f3 a Francia, dej\u00e1ndola a merced de feroces enemigos como Felipe II y su hijo Felipe III. No menos sibilino y agresivo, aunque bajo formas m\u00e1s diplom\u00e1ticas.<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de canciones como esas, tambi\u00e9n se le describi\u00f3, porque as\u00ed se dijo desde el fin de las guerras de religi\u00f3n en Francia, como el rey que hab\u00eda conseguido que al menos cualquier franc\u00e9s pudiera comer una vez a la semana carne de pollo\u2026 en lugar de pasar hambre y fr\u00edo. Como hab\u00eda ocurrido a menudo durante esas guerras de religi\u00f3n que \u00e9l acab\u00f3 con su oportuna conversi\u00f3n al Catolicismo y su matrimonio con la llamada reina Margot.<\/p>\n<p>Como ven en este caso, al filo del a\u00f1o 1600, el culto a la personalidad, al menos por una vez en la larga Historia de la Humanidad, sirvi\u00f3 no para encumbrar a un tirano con aficiones sanguinarias o destructivas, sino a un rey que casi parec\u00eda un plebeyo y, despu\u00e9s de todo, resultaba -y en realidad era- humano, tremendamente humano y por tanto nada especial ped\u00eda a sus s\u00fabditos. Salvo, acaso, que disfrutasen de la vida todo lo posible. Justo como \u00e9l supo hacer hasta que alguien que hab\u00eda sufrido demasiado por esas guerras de religi\u00f3n, Fran\u00e7ois Ravaillac, y estaba ya m\u00e1s all\u00e1 de poder superar todo aquel trauma bebiendo, galanteando mujeres o comiendo un pollo a la semana, lo apu\u00f1al\u00f3, en la cumbre de su enajenaci\u00f3n mental, un d\u00eda de primavera del a\u00f1o 1610\u2026<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por \u00a0Carlos Rilova Jeric\u00f3 Esta semana anterior se cumpl\u00eda, como seguro no han podido evitar leer, el 30 aniversario de la ca\u00edda del Muro de Berl\u00edn. No quiero extenderme sobre este asunto que, para m\u00ed, es m\u00e1s un recuerdo personal que Historia propiamente dicha. 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