{"id":2372,"date":"2020-03-23T12:30:04","date_gmt":"2020-03-23T10:30:04","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2372"},"modified":"2020-03-23T12:30:04","modified_gmt":"2020-03-23T10:30:04","slug":"la-brigada-judia-de-su-majestad-catolica-felipe-iv-ano-de-nuestro-senor-de-1643","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2020\/03\/23\/la-brigada-judia-de-su-majestad-catolica-felipe-iv-ano-de-nuestro-senor-de-1643\/","title":{"rendered":"La Brigada Jud\u00eda\u2026 de Su Majestad Cat\u00f3lica Felipe IV (A\u00f1o de Nuestro Se\u00f1or de 1643)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 <\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2373\" title=\"Tropas espa\u00f1olas de la \u00e9poca de Felipe IV. Fragmento del &quot;Socorro de Brisach&quot;, por Jusepe Leonardo. Museo del Prado (c. 1634)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/03\/Socorro-de-Brisach.-Por-Jusepe-Leonardo.-Museo-del-Pardo-c.-1634-300x226.jpg\" alt=\"\" width=\"372\" height=\"280\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/03\/Socorro-de-Brisach.-Por-Jusepe-Leonardo.-Museo-del-Pardo-c.-1634-300x226.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/03\/Socorro-de-Brisach.-Por-Jusepe-Leonardo.-Museo-del-Pardo-c.-1634.jpg 320w\" sizes=\"(max-width: 372px) 100vw, 372px\" \/>Lo cierto, he de decir, es que la Brigada Jud\u00eda del t\u00edtulo de este nuevo correo de la Historia nunca existi\u00f3 como tal. Es un peque\u00f1o gui\u00f1o a una escena de la pel\u00edcula \u201c\u00c9xodo\u201d protagonizada por Paul Newman y Eva Marie Saint, donde el personaje de Newman revela que form\u00f3 parte, durante la Segunda Guerra Mundial, de una unidad jud\u00eda, una brigada, al servicio de Gran Breta\u00f1a y su Graciosa Majestad.<\/p>\n<p>De hecho, estos otros jud\u00edos de los que hoy voy a hablar aqu\u00ed eran m\u00e1s bien un Tercio, como muchos otros de extranjeros que combatieron bajo las banderas de la Cat\u00f3lica Majestad de Espa\u00f1a en el siglo XVII. Suizos, alemanes, valones, escoceses, ingleses, irlandeses\u2026 Lo t\u00edpico -como ya se ha dicho en obras cl\u00e1sicas sobre el tema como las de Elliott- del Ej\u00e9rcito de los Austrias espa\u00f1oles -y tambi\u00e9n del de los Borbones- que era, m\u00e1s que s\u00f3lo espa\u00f1ol, multinacional. Como correspond\u00eda a una monarqu\u00eda con voluntad y actividad de potencia global.<\/p>\n<p>Lo m\u00e1s chocante de este hallazgo -hecho en el Archivo General de Simancas- fue que -como la Inquisici\u00f3n espa\u00f1ola de los Monty Python- casi nadie -y menos yo, que estaba all\u00ed a otra cosa- espera encontrarse con una unidad de combate de \u201cnaci\u00f3n hebrea\u201d (como dec\u00edan los documentos donde aparecieron) al servicio de un rey en cuyos dominios -eso s\u00ed se ha repetido hasta la saciedad- ser jud\u00edo o descendiente de jud\u00edos no es que estuviera muy bien visto.<\/p>\n<p>F\u00edjense en mi segundo apellido. Es totalmente revelador. En contra de lo que muchos creen, carece de esos or\u00edgenes. Por una sencilla raz\u00f3n. Nadie con dos dedos de frente en el siglo XVII, si descend\u00eda de jud\u00edos, se pon\u00eda un apellido tan aparentemente delator. Los avatares de ese mi segundo nombre de familia son de lo m\u00e1s entretenido, pero nada tienen que ver con conversos. De hecho, es un apellido noble -originario de Huesca- y con blas\u00f3n que, como muchos otros escudos familiares, tuvo a bien reconstruir un rey de armas espa\u00f1ol de peculiar trayectoria pol\u00edtica al respecto: Vicente de Cadenas y Vicent, falangista de primera hora que acab\u00f3 huyendo de la Espa\u00f1a franquista -a pesar de haber sido un alumno aventajado del Nazismo bajo la tutela de Goebbels- y que puede que alg\u00fan d\u00eda d\u00e9 para otro correo de la Historia.<\/p>\n<p>En definitiva, un apellido como Gerico, Jerico o Jeric\u00f3 (que tiene todas esas variantes y alguna m\u00e1s lejana, y dudosa, seg\u00fan el especialista Juan J. Guill\u00e9n Cuervo) pese a su falsa resonancia b\u00edblica, no era del tipo del que elegir\u00edan en la Espa\u00f1a de los Reyes Cat\u00f3licos quienes realmente <em>s\u00ed <\/em>tuvieran or\u00edgenes jud\u00edos porque, desde luego, as\u00ed sus posibilidades de supervivencia hubieran sido m\u00e1s bien nulas. Por el contrario, los apellidos elegidos por los jud\u00edos convertidos en 1492 -espero que nadie se lleve un sofoco al saber esto- suelen ser nombres de lo m\u00e1s cat\u00f3lico o inocuo. Alusivos a santos -como Sant\u00e1ngel, el banquero de los Reyes Cat\u00f3licos\u2026- o bien a lugares, a tipos de \u00e1rboles o colores\u2026 Lo normal en una \u00e9poca en la que se deb\u00eda demostrar no ser descendiente de judeoconversos a cada paso administrativo que se daba. De lo que dan fe mis cansados ojos, que llevan d\u00edas revisando un Nobiliario de las Cinco Villas de Navarra que, en compa\u00f1\u00eda del DEA -y acad\u00e9mico de n\u00famero de la Real Academia Matritense de Her\u00e1ldica y Genealog\u00eda- I\u00f1aki Garrido Yerobi, estoy a punto de publicar.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, comprender\u00e1n que me result\u00f3 bastante sorprendente dar -una ma\u00f1ana de principios de marzo de 2020- con documentos en los que varios jud\u00edos se dirig\u00edan a la Cat\u00f3lica Majestad de Felipe IV para exhibir sus m\u00e9ritos militares y pedirle mercedes a cambio. Sin embargo, ah\u00ed estaban los datos, de los que dar\u00e9 hoy un peque\u00f1o adelanto.<\/p>\n<p>Un caso llamativo es el de David Maque. Seg\u00fan el documento del Archivo General de Simancas GYM (Guerra y Marina) libro 188, folio 30 recto, era hombre de naci\u00f3n \u201cebrea\u201d y hab\u00eda sido cabo de escuadra de Su Majestad Cat\u00f3lica durante siete a\u00f1os en la plaza norteafricana de Or\u00e1n. Ahora, en 3 de noviembre de 1643, en reconocimiento de esos servicios, ped\u00eda al rey Planeta que le otorgase la correspondiente recompensa. Cosa a la que Felipe IV acced\u00eda mandando a su pariente y gobernador de la plaza de Or\u00e1n, el marqu\u00e9s del Viso, que se hiciera cargo del asunto eximiendo a Maque -tal y como solicitaba- del pago de impuestos del pecho y alcabala. Algo de lo que, por cierto, s\u00f3lo estaban exentos en la Europa del Barroco quienes pertenec\u00edan a alg\u00fan rango de la nobleza. Justo el extremo opuesto de jud\u00edos, judeoconversos\u2026<\/p>\n<p>Adem\u00e1s, en contra de lo que podamos creer hoy d\u00eda, el rango de cabo -de escuadra en este caso- era de los m\u00e1s honor\u00edficos por lo que se refiere a servicios militares a un rey o un pa\u00eds en aquella \u00e9poca. Eso es lo que quer\u00eda hacer valer David Maque que, como vemos, dista mucho de la imagen del pusil\u00e1nime tendero jud\u00edo de espalda encorvada, manos untuosas, nariz ganchuda y caft\u00e1n grasiento con el que vulgarmente tendemos a identificar a los hebreos de aquella \u00e9poca anterior a la fundaci\u00f3n del estado de Israel.<\/p>\n<p>M\u00e1s claro quedaba eso en el caso de Cide \u00c7aportas que, a continuaci\u00f3n de David Maque, en el folio 31 recto de ese mismo documento, solicitaba 20 escudos mensuales como recompensa por haber servido con armas y caballo -a su costa- en la compa\u00f1\u00eda de jud\u00edos de Or\u00e1n que contribu\u00edan militarmente a la defensa de esa plaza fuerte espa\u00f1ola en \u00c1frica. Donde \u00e9l ten\u00eda, como el personaje de Paul Newman en \u201c\u00c9xodo\u201d, rango de oficial. En este caso de alf\u00e9rez\u2026<\/p>\n<p>Ya sab\u00edamos por algunos de los numerosos estudios sobre ese reinado, que la Espa\u00f1a de Felipe IV, en contra de la mala prensa que hoy tiene como atizador de hogueras por cuestiones religiosas, hab\u00eda flexibilizado mucho su pol\u00edtica a ese respecto. Para los protestantes a partir de 1648 con la firma del Tratado de Westfalia, que zanjaba la cuesti\u00f3n holandesa. Pero tambi\u00e9n para los jud\u00edos de esa nacionalidad, a los que el rey Planeta conced\u00eda libertad de movimientos en sus dominios. Como recuerda el libro \u201cLa pol\u00edtica internacional de Felipe IV\u201d de Francisco Mart\u00edn Sanz, publicado en 1998.<\/p>\n<p>No faltan otros t\u00edtulos que han abundado sobre la cuesti\u00f3n en manos de grandes especialistas como Joseph P\u00e9rez, que le dedic\u00f3 un buen n\u00famero de p\u00e1ginas al asunto en \u201cLos jud\u00edos en Espa\u00f1a\u201d, pero que, pese a hacerse eco de las maniobras del rey Planeta y su valido para contemporizar buenos negocios con la intolerancia religiosa de la Inquisici\u00f3n, se ce\u00f1\u00eda ah\u00ed exclusivamente a las relaciones comerciales de ese monarca con jud\u00edos y criptojud\u00edos holandeses, espa\u00f1oles y portugueses en torno a 1629-1641.<\/p>\n<p>El resto de lo que se ha escrito sobre los jud\u00edos en la Espa\u00f1a barroca, no habla precisamente en favor de la existencia de \u201cBrigada\u201d jud\u00eda alguna puesta en l\u00ednea de combate para defender los vastos intereses de su Cat\u00f3lica Majestad. Lo demuestran fehacientemente el caso de la obra cl\u00e1sica de Adolfo de Castro \u201cHistoria de los jud\u00edos en Espa\u00f1a\u201d o las de Benzion Netanyahu (padre \u00e9l mismo de un h\u00e9roe militar del estado de Israel, abatido en la c\u00e9lebre \u201cOperaci\u00f3n Entebbe\u201d, en 1976).<\/p>\n<p>Julio Caro Baroja en su monumental &#8220;Los jud\u00edos en la Espa\u00f1a moderna y contempor\u00e1nea\u201d no ocultaba su asombro por algunas excepciones como, precisamente, la comunidad jud\u00eda en Or\u00e1n -a la que pertenec\u00edan David Maque y Cide \u00c7aportas- en \u00e9poca de Felipe IV. Hasta el punto de producir personajes del relieve del int\u00e9rprete del conde-duque de Olivares, Jacob Cansino. Algo similar al caso de Jacob Rosales, agente al servicio, tambi\u00e9n, de Felipe IV, investigado por Luis Tercero Casado o al de otros -aparte de los ya citados aqu\u00ed- de la comunidad de Or\u00e1n, recogidos en el volumen dirigido por Mercedes Garc\u00eda-Arenal \u201cEntre el Islam y Occidente\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, como acabamos de ver, aquellos jud\u00edos hab\u00edan llegado a\u00fan m\u00e1s lejos en la cerrada estructura social de la Espa\u00f1a barroca. Eran hombres de armas, con exenci\u00f3n de impuestos. Algo que, como se describ\u00eda en la magn\u00edfica obra de Jos\u00e9 Antonio Maravall sobre esos temas, \u201cPoder, honor y \u00e9lites en el siglo XVII\u201d, era privativo, en aquella Espa\u00f1a, y en aquella Europa, de la nobleza m\u00e1s pura y no de gentes calificadas oficialmente como \u201cde mala raza\u201d\u2026<\/p>\n<p>Cierro este art\u00edculo con una peque\u00f1a reflexi\u00f3n que no vendr\u00e1 mal en una Espa\u00f1a que est\u00e1 redescubriendo ahora que tiene una Historia de la que sentirse orgullosa cayendo as\u00ed, a veces, en unos extremos de rid\u00edculo que podr\u00edan salir muy caros.<\/p>\n<p>La Historia de los militares jud\u00edos en la \u00e9poca de Felipe IV no demuestra que esa Espa\u00f1a, tan vapuleada hace unos a\u00f1os y hoy tan exaltada, fuera una adelantada de la tolerancia religiosa. Si as\u00ed la consideramos, debe ser en el mismo nivel que la Inglaterra del Lord Protector ingl\u00e9s Oliver Cromwell. Muy amigo, en esas mismas fechas, de la llamada \u201craza deicida\u201d (\u201cjud\u00edo\u201d era en aquel entonces igual a \u201casesino de Cristo\u201d) y muy tolerante con ella\u2026 pero no con los cat\u00f3licos\u2026<\/p>\n<p>En efecto, esos episodios parciales de tolerancia religiosa en la Espa\u00f1a de Felipe IV con jud\u00edos como los de Or\u00e1n o en la Inglaterra cromwelliana, son s\u00f3lo indicios de una mentalidad muy compleja -tanto como la sociedad europea barroca de la que emanaba- que requieren de especialistas en la materia y no de amateurs desorientados que esperan encontrar en casos as\u00ed munici\u00f3n arrojadiza contra otros pa\u00edses. O contra personas de sus propios pa\u00edses que no parecen mostrar igual entusiasmo que ellos -o ellas- a la hora de cantar las alabanzas de una \u00e9poca -el siglo XVII- que, cr\u00e9anme -pues llevo m\u00e1s de dos d\u00e9cadas sumergido en su estudio- no les hubiera gustado nada.<\/p>\n<p>Por su suciedad, por el modo en el que habr\u00edan sido tratados por una minor\u00eda de nobles que se abr\u00edan paso en las calles a empujones y golpes propinados por escoltas de viejos soldados de estocada y gatillo f\u00e1cil y siempre por encima de la ley (a menos que se fuera conde, duque\u2026), por la brevedad y penuria (para nuestro nivel de confort) de la vida cotidiana y por muchas otras razones que las malas novelas hist\u00f3ricas ni siquiera alcanzan a reflejar. Deformando, por exceso o por defecto, una \u00e9poca que, eso s\u00ed es cierto, resulta apasionante cuando vuelve a la vida en el gabinete del historiador.<\/p>\n<p>Con todas sus sombras, pero tambi\u00e9n con todas sus luces\u2026 como la historia de los soldados jud\u00edos al servicio de Felipe IV que, sin embargo, acab\u00f3 mal. Para ellos -como nos contaba Julio Caro Baroja en su aludida obra \u201cLos jud\u00edos en la Espa\u00f1a moderna y contempor\u00e1nea\u201d &#8211; con un nuevo \u00e9xodo cuando el rey Planeta ya hab\u00eda muerto y los descendientes de los \u00c7aportas ya no hallaron tan buena acogida en Madrid como la que ten\u00edan a\u00fan en 1643\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Lo cierto, he de decir, es que la Brigada Jud\u00eda del t\u00edtulo de este nuevo correo de la Historia nunca existi\u00f3 como tal. 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