{"id":2445,"date":"2020-06-01T11:30:37","date_gmt":"2020-06-01T09:30:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2445"},"modified":"2020-06-01T11:30:58","modified_gmt":"2020-06-01T09:30:58","slug":"ingenuos-oportunistas-afrancesados-un-homenaje-al-profesor-miguel-artola-1923-2020","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2020\/06\/01\/ingenuos-oportunistas-afrancesados-un-homenaje-al-profesor-miguel-artola-1923-2020\/","title":{"rendered":"\u00bfIngenuos?, \u00bfoportunistas?, \u00bfafrancesados? Un homenaje al profesor Miguel Artola (1923-2020)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 <\/strong><\/p>\n<p class=\"alignleft\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2446\" title=\"Portada de &quot;Los afrancesados&quot; de Miguel Artola (2008)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/06\/Portada-del-libro-Los-afrancesados-2008-213x300.jpg\" alt=\"\" width=\"263\" height=\"370\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/06\/Portada-del-libro-Los-afrancesados-2008-213x300.jpg 213w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/06\/Portada-del-libro-Los-afrancesados-2008-768x1083.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/06\/Portada-del-libro-Los-afrancesados-2008-445x628.jpg 445w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/06\/Portada-del-libro-Los-afrancesados-2008.jpg 1000w\" sizes=\"(max-width: 263px) 100vw, 263px\" \/>El correo de la Historia de esta semana estaba pensado desde hac\u00eda tiempo. M\u00e1s o menos un mes. Se plante\u00f3 cuando, a finales de abril, publiqu\u00e9 en esta misma p\u00e1gina otro art\u00edculo sobre el 2 de mayo de 1808.<\/p>\n<p>En \u00e9l hablaba de los afrancesados que, en esa fecha, se vieron desbordados por los acontecimientos y quedaron catalogados como lo que, casi inevitablemente, iba a hacer de ellos el curso de los acontecimientos hist\u00f3ricos que se desarrollar\u00edan a partir de ese 2 de mayo en Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>Es decir, as\u00ed las cosas, los afrancesados quedaban como colaboradores de una potencia extranjera que ven\u00eda a invadir y sojuzgar al pa\u00eds. Colaboradores que, por otra parte, s\u00f3lo podr\u00edan haber ca\u00eddo en esa trampa pol\u00edtica por, apenas, dos \u00fanicas razones. Bien por ingenuidad, bien por mero oportunismo.<\/p>\n<p>Cuando el art\u00edculo se public\u00f3 y difundi\u00f3, surgi\u00f3 alguna discrepancia con \u00e9l por parte de Daniel Aquillue, un colega historiador que cuenta ya con una trayectoria considerable en los estudios hist\u00f3ricos de esta \u00e9poca.<\/p>\n<p>En su opini\u00f3n mi catalogaci\u00f3n de los afrancesados como simples ingenuos o bien descarados oportunistas, era excesivamente incisiva.<\/p>\n<p>A ra\u00edz del debate que surgi\u00f3 entre nuestras respectivas cuentas de Twitter, promet\u00ed que en un futuro correo de la Historia dar\u00eda cumplidos ejemplos de ingenuidad afrancesada y, s\u00ed, tambi\u00e9n de oportunismo afrancesado.<\/p>\n<p>Como dec\u00eda, no hab\u00eda d\u00eda fijado para publicar ese nuevo correo de la Historia. Sin embargo el fallecimiento esta semana pasada del profesor Miguel Artola Gallego, le puso fecha definitiva. Obviamente ese art\u00edculo sobre los afrancesados ten\u00eda que publicarse este lunes para rendir homenaje a ese gran historiador que nos ha dejado\u2026<\/p>\n<p>Quienes no conozcan la extensa obra del profesor Artola quiz\u00e1s se preguntan por qu\u00e9 deber\u00edan ser los afrancesados el tema de homenaje a ese historiador nacido en San Sebasti\u00e1n en el a\u00f1o 1923. Para los especialistas y para el p\u00fablico que lee Historia habitualmente, la respuesta ser\u00eda, en cambio, obvia: Miguel Artola Gallego escribi\u00f3 en su d\u00eda \u201cLos afrancesados\u201d. Uno de los mejores ensayos hist\u00f3ricos que se han dedicado a aquellos famosos traidores que convulsionaron la Historia de Espa\u00f1a durante el primer tercio del siglo XIX y que, por tanto, merec\u00edan toda la atenci\u00f3n posible por parte de los historiadores espa\u00f1oles. Y, claro est\u00e1, tambi\u00e9n de los hispanistas.<\/p>\n<p>En efecto, el profesor Artola public\u00f3 en 1973 la primera edici\u00f3n de esa obra capital, \u201cLos afrancesados\u201d, cuando ya era catedr\u00e1tico y estaba creando en la Universidad Aut\u00f3noma de Madrid el Departamento de Historia Moderna y Contempor\u00e1nea en el que se licenci\u00f3 el que estas l\u00edneas escribe.<\/p>\n<p>En \u201cLos afrancesados\u201d, tal y como indica todav\u00eda hoy su editor -Alianza-, el profesor Artola abordaba -con la objetividad propia de todo buen historiador- un problema hist\u00f3rico que se hab\u00eda exacerbado, creando una serie de t\u00f3picos -negativos en su mayor\u00eda, aunque tambi\u00e9n los ha habido positivos- en torno a la figura de esos llamados afrancesados. Grupo a quien apenas se hab\u00eda prestado verdadera atenci\u00f3n hist\u00f3rica antes de esta obra de Artola. Salvo por poco m\u00e1s que la tambi\u00e9n magn\u00edfica monograf\u00eda del hispanista Hans Juretschke: \u201cLos afrancesados y la Guerra de Independencia espa\u00f1ola\u201d, publicada en 1962. Once a\u00f1os antes que la de Miguel Artola.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, hablar hoy de afrancesados es, en efecto, rendir un homenaje al profesor Artola. Y de ellos voy a hablar. Por esa raz\u00f3n y porque se lo promet\u00ed a Daniel Aquillue.<\/p>\n<p>La obra de Artola -como la de Juretschke, o la m\u00e1s reciente \u201cLos famosos traidores\u201d de Juan L\u00f3pez Tabar- insist\u00eda, sobre todo, en que el afrancesamiento era un fen\u00f3meno complejo que, como toda materia hist\u00f3rica, no se pod\u00eda despachar con juicios de valor y menos si eran apresurados y basados en simpat\u00edas pol\u00edticas actuales.<\/p>\n<p>Una lecci\u00f3n fundamental para cualquiera que se dedique profesionalmente a la Historia. Sin duda. Una m\u00e1s de las muchas que el profesor Artola dio a lo largo de una vida larga y fruct\u00edfera.<\/p>\n<p>En efecto, el partido afrancesado, llam\u00e9moslo as\u00ed, incluy\u00f3 a figuras muy diversas. Por ejemplo, ni siquiera hasta el m\u00e1s castizo patriota espa\u00f1ol de la actualidad podr\u00eda juzgar con dureza la figura de Jos\u00e9 de Mazarredo. Nacido en Bilbao en el a\u00f1o 1745 y muerto, en servicio de Jos\u00e9 I, en Madrid, en 1812.<\/p>\n<p>Mazarredo, de quien ya se habl\u00f3 en otro correo de la Historia, era parte de esa generaci\u00f3n prodigiosa de marinos y exploradores espa\u00f1oles que dio el siglo XVIII. Una todav\u00eda hoy no bien apreciada como tantas otras cosas de la Historia de este pa\u00eds. S\u00f3lo lo que hizo por el desarrollo de la Astronom\u00eda espa\u00f1ola desde C\u00e1diz, ya seria bastante para considerar con total serenidad -como conviene a la Historia digna de tal nombre- sus servicios a Jos\u00e9 I. Incluso hasta el a\u00f1o 1812, en el que la ocupaci\u00f3n francesa convirti\u00f3 a Madrid en una especie de ghetto de Varsovia <em>avant la lettre<\/em>, en el que la gente mor\u00eda de hambre por las calles a causa de la invasi\u00f3n.<\/p>\n<p>Algo de lo que \u00e9l, Mazarredo, fue, obviamente testigo. Y seguramente no le extra\u00f1\u00f3, pues conoc\u00eda de primera mano las ambiciones despiadadas de Napole\u00f3n, al que se enfrent\u00f3 y con el que tuvo m\u00e1s de un problema.<\/p>\n<p>Mazarredo, as\u00ed pues, representa un tipo de afrancesado de los que el profesor Artola supo sacar a la luz y ponderar en su justa medida hist\u00f3rica. Es decir, el de aquellos que, en contra del criterio de personajes de la altura de un Jovellanos -que se neg\u00f3 en rotundo a colaborar, pues ya sab\u00eda lo que ven\u00eda en 1808 de Francia- decidi\u00f3 que era mejor luchar desde el interior del sistema napole\u00f3nico. Para que los males de Espa\u00f1a fueran menores y amparar as\u00ed a los espa\u00f1oles que podr\u00edan aceptar el cambio de dinast\u00eda para mejorar el pa\u00eds -como en 1700- pero no para convertirse en una colonia francesa.<\/p>\n<p>Sin embargo, Mazarredo no ser\u00eda, por supuesto, el \u00fanico prototipo que podr\u00edamos incluir en la categor\u00eda \u201cafrancesado\u201d. Hubo en ese n\u00famero, como bien se\u00f1alaba el profesor Artola, muchos otros modelos de ese fen\u00f3meno. De lo m\u00e1s diverso de hecho.<\/p>\n<p>Tomemos otro caso al que yo prest\u00e9 atenci\u00f3n en su d\u00eda en un art\u00edculo publicado en la revista Hispania Nova, en el a\u00f1o 2003. N\u00famero en el que, por cierto, se inclu\u00eda otro art\u00edculo firmado por E. L. Lara y enteramente dedicado al tema de los afrancesados.<\/p>\n<p>Aquellos de los que yo hablaba en ese n\u00famero de Hispania Nova, los hab\u00eda encontrado en Par\u00eds durante una investigaci\u00f3n en los archivos militares franceses de Vincennes, en el documento 1 M 1341. Se llamaban Jos\u00e9 de Astigarraga y Luis de Astigarraga y eran, respectivamente, t\u00edo y sobrino. Una carta suya conservada en ese documento militar franc\u00e9s, los retrataba con bastante perfecci\u00f3n. Ambos eran altos cargos de Marina en Guip\u00fazcoa, Navarra y \u00c1lava, representantes de varios municipios de esa zona bajo f\u00e9rrea y directa ocupaci\u00f3n militar napole\u00f3nica y se dirig\u00edan -en t\u00e9rminos bastante untuosos- nada menos que a la mano derecha de Napole\u00f3n. El mariscal Berthier, ministro de la Guerra franc\u00e9s en aquel entonces.<\/p>\n<p>En esa carta le propon\u00edan construir un gran canal que uniera la costa del Cant\u00e1brico con la del Mediterr\u00e1neo, para abastecer all\u00ed a la flota francesa. Y, de paso, dec\u00edan t\u00edo y sobrino, dar trabajo a muchos que, de otro modo, se dedicaban a lo que ellos consideraban bandolerismo y, en realidad, hoy catalogar\u00edamos como resistencia a la invasi\u00f3n integrados en las divisiones de los Ej\u00e9rcitos patriotas. Como la de Mina, que actuaba en Navarra en esos momentos\u2026<\/p>\n<p>\u00bfPodr\u00edamos considerar a los ditir\u00e1mbicos Astigarraga, que no se cansaban de elogiar al que llamaban \u201cNapole\u00f3n el grande\u201d, como simples afrancesados ingenuos? Podr\u00eda ser, de momento, hasta ulteriores investigaciones. Pero cerca de ellos hay otros personajes hist\u00f3ricos que dif\u00edcilmente, a la luz de la documentaci\u00f3n, cabr\u00eda considerar como afrancesados ingenuos de ninguna especie. De hecho, su trayectoria personal es la de verdaderos oportunistas. Muy en la l\u00ednea del astuto ministro de Napole\u00f3n Charles-Maurice de Talleyrand-P\u00e9rigord. El superviviente por excelencia de esa convulsa \u00e9poca.<\/p>\n<p>Jos\u00e9 Mar\u00eda Soroa y Soroa era el nombre de ese afrancesado en absoluto ingenuo, que, al igual que Mazarredo, disfruta del homenaje de una calle en una ciudad capital en su vida. En este caso San Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>Soroa, tal y como he ido recogiendo en varios trabajos -en especial en \u201cEl Waterloo de los Pirineos\u201d, libro publicado en 2015 merced a la Asociaci\u00f3n de Amigos del Museo San Telmo- no tuvo duda alguna a la hora de ponerse al servicio del invasor. Actu\u00f3, ya bajo directa ocupaci\u00f3n militar, como jefe administrativo de la provincia de Guip\u00fazcoa. La correspondencia que cruz\u00f3 con algunas villas de ese distrito, lo reflejan como un hombre de car\u00e1cter duro y despiadado. Un verdadero mat\u00f3n que amenaza con las bayonetas francesas a quien no se plegase a las requisas napole\u00f3nicas\u2026<\/p>\n<p>Pese a eso, la imagen que \u00e9l ten\u00eda de s\u00ed mismo era tan buena que en 1813, cuando los ej\u00e9rcitos aliados acaban con la ocupaci\u00f3n, se atrevi\u00f3 a presentarse ante las autoridades forales restauradas para elevarles un memorial en el que dec\u00eda que si hab\u00eda colaborado con los franceses, era por esa misma raz\u00f3n que ve\u00edamos en Mazarredo: porque as\u00ed hab\u00eda mitigado las iras francesas\u2026<\/p>\n<p>Semejante alarde de cinismo, desmentido por su propia correspondencia durante la ocupaci\u00f3n, fue despreciado por dichas autoridades, que lo despacharon sin querer o\u00edr ni leer nada suyo. Curiosamente no se tomaron m\u00e1s represalias contra \u00e9l. Y a fe que Soroa supo aprovechar esto: en 1815, durante la reacci\u00f3n absolutista fernandina ha conseguido escalar nuevamente puestos en la Administraci\u00f3n. Ser\u00e1, por ejemplo, el encargado de transmitir al general \u00c1lava el deseo del monarca de que parta hacia el que ser\u00e1 luego escenario de la Batalla de Waterloo, en la que tanto se distinguir\u00e1 ese militar espa\u00f1ol\u2026<\/p>\n<p>\u00bfCu\u00e1ndo llega el Trienio Liberal, tal vez Soroa pag\u00f3 las consecuencias de tan curioso <em>cursus honorum<\/em>? Pues la verdad es que si as\u00ed fue, el castigo que le administraron los liberales no fue excesivo: en 1823, cuando las tropas de Angulema avanzan imparables para acabar con el r\u00e9gimen liberal, Soroa reaparece, sale de la muy liberal plaza fuerte de San Sebasti\u00e1n y cerca de lo que entonces son sus afueras, en Ategorrieta, forma un nuevo gobierno municipal absolutista\u2026 Al amparo de las bayonetas francesas -esta vez legitimistas y no bonapartistas- que asedian la ciudad.<\/p>\n<p>Pero no acaba ah\u00ed tan curiosa vida. Tal y como nos dice el breve art\u00edculo que la Enciclopedia Au\u00f1amendi le dedica, Soroa sobrevivir\u00eda tambi\u00e9n a la ca\u00edda del Absolutismo, pues aparece como uno de los electos para las Juntas forales de 1834\u2026<\/p>\n<p>Llegados a este punto, evidentemente, poco m\u00e1s se puede decir sobre ese fen\u00f3meno del afrancesamiento. Salvo lo que el profesor Miguel Artola ya nos advert\u00eda en \u201cLos afrancesados\u201d: fue algo realmente complejo y variado, un espacio en el que se situaron gentes tan dispares como Mazarredo, los Astigarraga y el sinuoso Jos\u00e9 Mar\u00eda Soroa que, de eso no hay duda, fueron una parte importante de la Historia de la Espa\u00f1a actual y un espejo en el que debemos mirarnos para comprendernos mejor.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 El correo de la Historia de esta semana estaba pensado desde hac\u00eda tiempo. M\u00e1s o menos un mes. Se plante\u00f3 cuando, a finales de abril, publiqu\u00e9 en esta misma p\u00e1gina otro art\u00edculo sobre el 2 de mayo de 1808. 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