{"id":2529,"date":"2020-08-03T11:30:03","date_gmt":"2020-08-03T09:30:03","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2529"},"modified":"2020-08-03T11:30:03","modified_gmt":"2020-08-03T09:30:03","slug":"la-historia-el-bien-y-el-mal-de-joseph-fouche-y-otros-pasajes-tenebrosos-1820-1942","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2020\/08\/03\/la-historia-el-bien-y-el-mal-de-joseph-fouche-y-otros-pasajes-tenebrosos-1820-1942\/","title":{"rendered":"La Historia, el Bien y el Mal. De Joseph Fouch\u00e9 y otros pasajes tenebrosos (1820-1942)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2530 size-medium\" title=\"Joseph Fouch\u00e9 como ministro de Polic\u00eda. Por Claude-Marie Dubufe (c. 1810) \" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Joseph-Fouch\u00e9-258x300.jpeg\" alt=\"\" width=\"258\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Joseph-Fouch\u00e9-258x300.jpeg 258w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Joseph-Fouch\u00e9.jpeg 411w\" sizes=\"(max-width: 258px) 100vw, 258px\" \/>Aprovechar\u00e9 hoy este nuevo correo de la Historia, como en otras ocasiones, para hablar de trabajos m\u00edos o de otros colegas historiadores. En este caso el trabajo es m\u00edo. Aunque ciertamente prometo hablar poco de esa cuesti\u00f3n. Se trata de una exposici\u00f3n que ahora mismo -y hasta mediados del mes de octubre de este a\u00f1o- podr\u00e1 verse en la biblioteca Koldo Mitxelena de la Diputaci\u00f3n guipuzcoana en el centro de San Sebasti\u00e1n.<\/p>\n<p>La tem\u00e1tica de esa exposici\u00f3n -de la que soy comisario bajo los auspicios del Departamento de Cultura de dicha Diputaci\u00f3n- es recordar que la precursora de la actual ONU, la llamada Liga o Sociedad de Naciones, estuvo reunida en sesi\u00f3n, del 30 de julio al 5 de agosto de 1920, en esa ciudad. Para deliberar sobre cuestiones fundamentales acerca de qu\u00e9 deb\u00eda ser y hacer esa Sociedad de Naciones.<\/p>\n<p>Esa investigaci\u00f3n me ha llevado a recaer en una interesante cuesti\u00f3n hist\u00f3rica: la de los juicios de valor. \u00bfFue aquel un hecho hist\u00f3rico que haya que describir como \u201cbueno\u201d? Parece ser que s\u00ed, que ese ser\u00eda el juicio de la mayor\u00eda al leer sobre esa cuesti\u00f3n. Pero, claro, eso es un verdadero problema para los historiadores.<\/p>\n<p>Lucien Febvre, uno de los fundadores de la actual Historia como ciencia social, era categ\u00f3rico acerca de que la Historia no debe emitir -o incluso sugerir- juicios de valor sobre \u201cmalo\u201d o \u201cbueno\u201d. Tan s\u00f3lo describir de manera objetiva los hechos.<\/p>\n<p>Lo cual no quiere decir que el historiador, o la historiadora, no hagan esos juicios a nivel personal. La tr\u00e1gica muerte de uno de los m\u00e1s pr\u00f3ximos colaboradores y amigos de Febvre, Marc Bloch, lo demuestra: ante la invasi\u00f3n nazi de Francia, Bloch se unir\u00e1 a la Resistencia y ser\u00e1 ejecutado -con nocturnidad y en descampado- por dichos nazis.<\/p>\n<p>Evidentemente los historiadores occidentales tenemos un criterio personal claro sobre \u201cbueno\u201d o \u201cmalo\u201d que procede de una moral que lleva actuando -siquiera sea en teor\u00eda- cerca de dos milenios en nuestras sociedades. Es la moral evang\u00e9lica basada sobre el principio de \u201cno hagas a los dem\u00e1s lo que no quieras que te hagan a ti\u201d. Un principio claro y rotundo que ayuda a separar \u201cmalo\u201d y \u201cbueno\u201d en nuestra cultura. Evidentemente \u201cmalo\u201d ser\u00eda todo aquel o aquello que pretende infligir da\u00f1o a otros. Un da\u00f1o que ese aquel o aquello no querr\u00eda sufrir en carne propia, sabiendo que es un sufrimiento atroz, inhumano.<\/p>\n<p>Lo cierto es que esa es una idea con bastante predicamento, pues m\u00e1s all\u00e1 de la esfera de pensamiento cristiana, el Budismo preconiza algo bastante similar. Incluso en la cultura n\u00f3rdica -que m\u00e1s adelante inspirar\u00eda la bestialidad nazi- la agresi\u00f3n a otros estaba pensada no tanto para exterminar a seres indefensos -como ocurr\u00eda durante el Nazismo- sino como culto guerrero destinado a defender a la propia comunidad. Eso por no hablar de la existencia de dioses en el pante\u00f3n escandinavo como Balder. Figura totalmente compatible con los valores morales cristianos.<\/p>\n<p>Ese trasfondo cultural hace as\u00ed dif\u00edcil evitar, aunque sea subliminalmente, que entre quienes leen un relato hist\u00f3rico, por muy as\u00e9ptico y cient\u00edfico que sea (como debe de ser) no se dividan los hechos reconstruidos y relatados en \u201cmalos\u201d y \u201cbuenos\u201d. Como, por ejemplo, la creaci\u00f3n de la dicha Sociedad de Naciones.<\/p>\n<p>Otra cosa distinta es ya que los hechos, tal y como finalmente fueron, satisfagan esos deseos de que el Mal sea derrotado y el Bien triunfe (de acuerdo a lo que es malo y bueno para nuestra moral dominante). Esto me lleva ahora a un personaje fascinante y su no menos fascinante bi\u00f3grafo. El personaje en cuesti\u00f3n es el ministro de Polic\u00eda, sucesivamente, del emperador Napole\u00f3n y de su opuesto, el rey Luis XVIII. No otro que Joseph Fouch\u00e9, duque de Otranto y descrito por su bi\u00f3grafo -Stefan Zweig- como un genio tenebroso.<\/p>\n<p>Se dice que esa obra de Zweig es mitad novela, mitad libro de Historia. Es posible. Lo que es absolutamente cierto es que en ella Fouch\u00e9 pasa a la Historia como un aut\u00e9ntico malvado. Desde el punto de vista cristiano, desde el budista, desde el del dios n\u00f3rdico Balder\u2026 En definitiva, Joseph Fouch\u00e9, elevado al poder por la marea revolucionaria francesa, seg\u00fan lo que nos cuenta el libro de Zweig actu\u00f3 de manera malvada: enga\u00f1\u00f3 y traicion\u00f3 sin justificaci\u00f3n s\u00f3lida alguna a quien se le puso por delante en aquellos agitados a\u00f1os que fueron de 1789 a 1815. Aparte de eso, como muchos otros agentes revolucionarios, ejecut\u00f3 en masa a los oponentes a la revoluci\u00f3n. Los mon\u00e1rquicos lo recordar\u00e1n as\u00ed, como un aut\u00e9ntico carnicero que no dud\u00f3 en disparar sobre ellos ca\u00f1ones cargados a metralla cuando se opon\u00edan a los excesos del r\u00e9gimen terrorista de Robespierre.<\/p>\n<p>Stefan Zweig ten\u00eda estas cuestiones morales claras. De hecho, su olfato para reconocer a los malvados -a los que destruir\u00edan todo con tal de hacer a otros aquello que no querr\u00edan padecer en carne propia- le llev\u00f3 a suicidarse, en el a\u00f1o 1942, junto con su segunda esposa.<\/p>\n<p>En esa fecha, hab\u00eda fracasado estrepitosamente el proyecto de Paz y Concordia universal que la Sociedad de Naciones quer\u00eda imponer tras las atrocidades de la Primera Guerra Mundial.<\/p>\n<p>De ah\u00ed Zweig dedujo que el Mundo entero iba a caer en manos de gente sin escr\u00fapulos, como Fouch\u00e9, para los que la vida de los dem\u00e1s no era m\u00e1s que un apunte contable a eliminar, sin la m\u00e1s m\u00ednima vacilaci\u00f3n, en nombre de una idea tan perversa y arrogante como la de que esa gente sobraba. Empezando por Zweig\u2026<\/p>\n<p>Quiz\u00e1s si Zweig hubiera tenido m\u00e1s temple y paciencia -cosa muy dif\u00edcil en 1942- habr\u00eda podido asistir a un final distinto de las cosas, en el que quienes perd\u00edan eran los malvados y ganaban quienes quer\u00edan imponer valores morales en los que primaban reglas de oro como la de \u201cno hacer a los dem\u00e1s lo que no quieres que te hagan a ti\u201d\u2026<\/p>\n<p>Pero, claro, \u00bfc\u00f3mo resistirse al v\u00e9rtigo en el a\u00f1o 1942, cuando todo parec\u00eda perdido para personas de buena voluntad como Zweig o los fundadores de la ya fracasada Sociedad de Naciones?<\/p>\n<p>Por otra parte, Zweig era lo bastante inteligente como para darse cuenta de que los relatos hist\u00f3ricos perfectos -desde el punto de vista de la moral sustentada por reglas como la de no hacer da\u00f1o deliberado a los dem\u00e1s- rara vez triunfan de manera categ\u00f3rica. El caso de Fouch\u00e9 es bien claro, si leemos sus fascinantes \u201cMemorias\u201d, \u00e9l jam\u00e1s hizo nada malo.<\/p>\n<p>Repaso la lujosa edici\u00f3n de coleccionista que tengo, publicada en 1967, y en ella, en ese documento hist\u00f3rico, leo que Fouch\u00e9, en su propia opini\u00f3n, nunca hizo nada que pudiera considerarse un genocidio con los realistas franceses, que incluso augur\u00f3 a Robespierre que su ca\u00edda estaba pr\u00f3xima -ante 20 testigos que as\u00ed lo podr\u00edan asegurar- o que en 1815, a pesar de sus consejos de moderaci\u00f3n, Napole\u00f3n llev\u00f3 a Francia a la cat\u00e1strofe. Una de la que el propio Fouch\u00e9 la salv\u00f3, ayudando a Lord Wellington a restaurar a Luis XVIII en el trono. Favor recompensado manteni\u00e9ndolo en el puesto de ministro de Polic\u00eda\u2026 Favor que, sin embargo, dura bien poco, pues la monarqu\u00eda que \u00e9l mismo restaura lo exilia como regicida asesino de Luis XVI y como partidario de Bonaparte durante los Cien D\u00edas. Fouch\u00e9, en efecto, morir\u00e1 en 1820, precisamente, en tierras del Imperio austriaco, en Trieste, mientras -se dice- uno de los hermanos de Napole\u00f3n -Jer\u00f3nimo- quemaba, bajo sus \u00f3rdenes, todos sus papeles comprometedores. Unos que Fouch\u00e9, obviamente, quiso negar a la Historia.<\/p>\n<p>El antiguo terrorista, polizonte a las \u00f3rdenes de Bonaparte primero y luego a las de Luis XVIII, morir\u00e1 en el olvido y el exilio, como un juguete roto. Desde ese punto de vista el relato hist\u00f3rico ser\u00eda perfecto, pero sin duda a Zweig, en 1942, le debi\u00f3 parecer que, de un modo u otro, amorales como Fouch\u00e9 lograban siempre huir sin recibir un verdadero castigo por el crimen de hacer a otros lo que no hubieran querido sufrir ellos. De ese modo, Zweig, confrontado en su propia \u00e9poca a gente tan tenebrosa como Fouch\u00e9, sinti\u00f3 tal v\u00e9rtigo que decidi\u00f3 beber veneno para escapar de un mundo al que le intu\u00eda un futuro de pesadilla.<\/p>\n<p>As\u00ed de complejo es el relato que puede tejer, en definitiva, la Historia cuando sus lectores, o incluso quienes la escriben, como Zweig, empiezan a preguntarse sobre el Bien y el Mal contenido en los hechos narrados.<\/p>\n<p>As\u00ed de ingrata puede ser la labor de los historiadores una vez m\u00e1s, que, sin poder hacer juicios de valor, ponen ante los ojos de quienes los leen unos hechos que lo mismo les pueden llevar a creer que viven en el mejor de los mundos posibles, como a suicidarse o lanzarse armados sobre Berl\u00edn para detener y juzgar a Adolf Hitler por cosas que ni Cristo, ni Buda, ni el dios Balder hubieran tolerado\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Aprovechar\u00e9 hoy este nuevo correo de la Historia, como en otras ocasiones, para hablar de trabajos m\u00edos o de otros colegas historiadores. 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