{"id":2534,"date":"2020-08-10T11:30:02","date_gmt":"2020-08-10T09:30:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2534"},"modified":"2020-08-10T11:30:02","modified_gmt":"2020-08-10T09:30:02","slug":"historia-de-treinta-y-siete-dias-del-verano-de-1914","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2020\/08\/10\/historia-de-treinta-y-siete-dias-del-verano-de-1914\/","title":{"rendered":"Historia de treinta y siete d\u00edas del verano de 1914"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2535\" title=\"Car\u00e1tula original de la serie &quot;37 d\u00edas&quot;\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Car\u00e1tula-original-de-la-serie-37-d\u00edas-212x300.jpg\" alt=\"\" width=\"256\" height=\"362\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Car\u00e1tula-original-de-la-serie-37-d\u00edas-212x300.jpg 212w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Car\u00e1tula-original-de-la-serie-37-d\u00edas-444x628.jpg 444w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Car\u00e1tula-original-de-la-serie-37-d\u00edas.jpg 702w\" sizes=\"(max-width: 256px) 100vw, 256px\" \/>En 1914, hace ahora 106 a\u00f1os exactamente, desde el martes 4 de agosto pasado, el Mundo cambi\u00f3 de un modo que apenas podemos concebir. Incluso a pesar de que nos detengamos a leer alguno de los muchos libros que se han escrito sobre aquellos d\u00edas. Que son muchos y de los que, desde 2013 en adelante, se ha escrito bastante en este correo de la Historia. Caso, por ejemplo, de \u201cLos ca\u00f1ones de agosto\u201d de Barbara W. Tuchman.<\/p>\n<p>Fue quiz\u00e1s \u00e9sta la primera historiadora en poner el acento sobre un hecho que ha quedado desdibujado en el recuerdo resumido de lo que fue la \u201cGran Guerra\u201d. La que luego se conocer\u00e1 como \u201cPrimera Guerra Mundial\u201d.<\/p>\n<p>Es decir, que la muerte del heredero del trono del Imperio Austroh\u00fangaro, Francisco Fernando, en 28 de junio de 1914, no condujo de inmediato al estallido de esa \u201cGran Guerra\u201d.<\/p>\n<p>Para eso tuvieron que pasar varias semanas, m\u00e1s de un mes de hecho. En el que ocurrieron muchas cosas. Un lapso en el que, por as\u00ed decir, se contuvo la respiraci\u00f3n en las principales canciller\u00edas europeas. Temiendo por un lado que estallase la guerra y, por otro, casi deseando que eso ocurriera.<\/p>\n<p>No ser\u00e1 \u00e9ste el primer lugar en el que yo haga esa observaci\u00f3n. De hecho, esa impresi\u00f3n ya la hab\u00eda sacado a\u00f1os ha, cuando escrib\u00ed y publiqu\u00e9 mi tesis doctoral sobre el que fuera embajador espa\u00f1ol en Londres entre 1900 y 1905.<\/p>\n<p>En la correspondencia de aquel gran magnate vasco, Ferm\u00edn Lasala y Collado, se pod\u00eda catar, en efecto, ese ambiente que catorce a\u00f1os despu\u00e9s se pondr\u00eda al rojo vivo en aquel largo mes de julio de 1914.<\/p>\n<p>Lasala y Collado sab\u00eda de lo que hablaba, pues era un hombre bien instruido, con dos titulaciones universitarias -una de ellas equivalente a la actual de Historia- y una amplia experiencia a nivel internacional. Como diplom\u00e1tico, pol\u00edtico y hombre de negocios que hablaba varios idiomas.<\/p>\n<p>Sus cartas de comienzos del siglo XX, cuando \u00e9l ya estaba instalado en uno de los principales centros de poder mundial, como lo era el Londres victoriano y eduardiano, detectaban -en hechos como la famosa rebeli\u00f3n de los b\u00f3xers- ese malestar general entre las potencias europeas que, tarde o temprano, podr\u00eda desembocar en una conflagraci\u00f3n a escala global. Una que los m\u00e1s prudentes y avisados (como era el caso de nuestro embajador en Londres) intu\u00edan no ser\u00eda precisamente un paseo militar, sino algo de unas proporciones terribles, inusitadas, aterradoras\u2026<\/p>\n<p>De hecho, eran muchos los esfuerzos que las mentes pol\u00edticas m\u00e1s prudentes hab\u00edan puesto en juego, antes de agosto de 1914, para evitar lo que ocurri\u00f3 a partir de entonces.<\/p>\n<p>Los incidentes de 1898, como el de Fachoda entre brit\u00e1nicos y franceses por el reparto colonial de \u00c1frica, la Guerra Hispano-Estadounidense de ese a\u00f1o (la misma que lleva a Lasala y Collado a Londres) o la Guerra Ruso-Japonesa de 1904-1905, avisaban ya a las mentes m\u00e1s avezadas de que los fabricantes de armas y otros pod\u00edan querer esa \u201cGran Guerra\u201d por diversas -y a veces obvias- razones, pero que cuando \u00e9sta concluyese -e independientemente de qui\u00e9n la ganase- habr\u00eda m\u00e1s que lamentar que celebrar.<\/p>\n<p>A m\u00e1s de cien a\u00f1os vista, eso est\u00e1 bien claro. Y hoy es pues un buen momento para recordar las circunstancias reales que rodearon aquel momento hist\u00f3rico, aquel largo mes de julio de 1914, en el que colapsa la civilizaci\u00f3n europea decimon\u00f3nica. Llena de esperanza en el futuro, en la Ciencia como liberadora del ser humano y en que la civilizaci\u00f3n blanca y cristiana har\u00eda del Mundo un jard\u00edn.<\/p>\n<p>Porque eso es exactamente lo que ocurri\u00f3. Un colapso de civilizaci\u00f3n. Porque finalmente quienes deseaban la guerra, ganaron la partida en ese mes largo, en esos 30 d\u00edas y una semana en los que se movilizaron tropas, se amag\u00f3 con invadir pa\u00edses neutrales, se puso en alerta a la flota brit\u00e1nica y muchos hombres j\u00f3venes esperaron -a que les llegase la orden de movilizaci\u00f3n de sus respectivos gobiernos- entre el miedo de ver truncadas sus vidas y la alucinaci\u00f3n de volver del frente a sus casas -enteros y sanos- como verdaderos h\u00e9roes. Algo que miles de ellos jam\u00e1s conseguir\u00edan.<\/p>\n<p>Podemos recordar, ahora en este mes de agosto de 2020, ese momento de nuestra Historia por medio de libros como el ya citado de Barbara W. Tuchman o de otros que no habr\u00eda sitio para rese\u00f1ar aqu\u00ed. Cl\u00e1sicos como \u201cLa Gran Guerra 1914-1918\u201d del maestro de historiadores franc\u00e9s Marc Ferro, por ejemplo.<\/p>\n<p>Aunque tambi\u00e9n recomiendo, vivamente, gastar tres horas de ocio en ver la miniserie \u201c37 d\u00edas\u201d que la BBC brit\u00e1nica -con su buen hacer habitual- realiz\u00f3 en el a\u00f1o 2014 para conmemorar precisamente aquellos hechos.<\/p>\n<p>La serie ya est\u00e1 editada en DVD y, por tanto, es perfectamente asequible y visible. Es recomendable verla antes o despu\u00e9s de leer algunos de esos libros que llev\u00f3 citados y tampoco son muy dif\u00edciles de encontrar. M\u00e1s que nada para compensar los momentos en los que la ficci\u00f3n -o hechos que casi parecen ficticios- cobran demasiado protagonismo en esa serie por lo dem\u00e1s tan recomendable.<\/p>\n<p>En \u201c37 d\u00edas\u201d, con un ritmo dram\u00e1tico casi hipn\u00f3tico, se reviven las discusiones entre las canciller\u00edas, monarcas, embajadores y ministros rusos, austr\u00edacos, belgas, franceses\u2026 y, por supuesto, -y con un protagonismo esencial- alemanes y brit\u00e1nicos.<\/p>\n<p>As\u00ed desfilan por la pantalla el zar Nicol\u00e1s II, su primo el k\u00e1iser Guillermo II o el viejo emperador austriaco Francisco Jos\u00e9, mostrando c\u00f3mo su anticuada visi\u00f3n del Mundo y la Guerra -especialmente visible en el k\u00e1iser, al que se describe como alguien que no ha superado la fase de jugar con soldaditos de plomo- se abalanzan a lo que creen va a ser una espl\u00e9ndida guerra como \u201clas de antes\u201d. En lugar del matadero industrial que ya avizoran pol\u00edticos de estilo m\u00e1s moderno. Como Winston Churchill que tiene un protagonismo notorio en \u201c37 d\u00edas\u201d. Donde es reflejado como un belicista realista y furibundo que no ve otra salida que la de aplastar a Alemania. Cueste lo que cueste.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n podr\u00e1n ver en esta miniserie al embajador alem\u00e1n en Londres que juega con una alambicada diplomacia. Tejida en torno a Edward Grey -el ministro de Exteriores brit\u00e1nico en 1914- y el canciller alem\u00e1n Theobald von Bethmann-Hollweg, para evitar algo que ya nada tiene que ver con esos tiempos pasados desde el 28 de junio de 1914 y sobre los que va a desatarse un verdadero cataclismo hist\u00f3rico.<\/p>\n<p>Por todas esas razones y muchas otras que les dejo descubrir en esas tres horas de ocio veraniego, la serie \u201c37 d\u00edas\u201d, en conjunto, es una inmersi\u00f3n sugerente y eficaz para quienes quieran empezar a comprender qu\u00e9 es lo que ocurri\u00f3 a hombres y mujeres -como las simples oficinistas que salen en la serie o la fascinante Margot Asquith, esposa del <em>premier <\/em>brit\u00e1nico- hace ahora 106 a\u00f1os. Cuando los ca\u00f1ones de agosto, finalmente, empezaron a sonar y desmenuzar -de manera lenta pero segura- a la orgullosa Europa de la \u201cBelle \u00c9poque\u201d. Esa que desaparecer\u00eda en aquel sumidero de la Historia que fue el frente occidental de la \u201cGran Guerra\u201d hasta 1918.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 En 1914, hace ahora 106 a\u00f1os exactamente, desde el martes 4 de agosto pasado, el Mundo cambi\u00f3 de un modo que apenas podemos concebir. Incluso a pesar de que nos detengamos a leer alguno de los muchos libros que se han escrito sobre aquellos d\u00edas. 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