{"id":2547,"date":"2020-08-24T11:30:03","date_gmt":"2020-08-24T09:30:03","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2547"},"modified":"2020-08-24T11:30:03","modified_gmt":"2020-08-24T09:30:03","slug":"hippies-del-siglo-xvii-los-ranters-y-la-revolucion-inglesa-de-1642","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2020\/08\/24\/hippies-del-siglo-xvii-los-ranters-y-la-revolucion-inglesa-de-1642\/","title":{"rendered":"\u00bfHippies del siglo XVII? Los ranters y la revoluci\u00f3n inglesa de 1642"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2552\" title=\"Ilustraci\u00f3n para un panfleto ingl\u00e9s anti-ranter (1651)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Panfleto-contra-los-ranters-publicado-en-1651-300x208.jpg\" alt=\"\" width=\"355\" height=\"246\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Panfleto-contra-los-ranters-publicado-en-1651-300x208.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Panfleto-contra-los-ranters-publicado-en-1651-628x434.jpg 628w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/08\/Panfleto-contra-los-ranters-publicado-en-1651.jpg 720w\" sizes=\"(max-width: 355px) 100vw, 355px\" \/>No es \u00e9sta, desde luego, la primera vez que hablo de los ranters en esta p\u00e1gina. Ya a comienzos del a\u00f1o 2016 lo hice en dos ocasiones al menos.<\/p>\n<p>Pero no me explay\u00e9 mucho sobre un tema como ese que, quiz\u00e1s, merece m\u00e1s atenci\u00f3n. Y es que los ranters son un grupo humano verdaderamente curioso en la Historia europea e incluso, si apuramos mucho, en la Historia de la Humanidad.<\/p>\n<p>Para empezar es muy poco lo que sabe de ellos el p\u00fablico en general, el que no suele leer libros de Historia, que, en el caso de Espa\u00f1a, suele ser una mayor\u00eda. Quiz\u00e1s los televidentes vascos sepan algo m\u00e1s del tema al haber visto una miniserie bastante bizarra -en el sentido franc\u00e9s, que no espa\u00f1ol, de la palabra- que la cadena en castellano de la EITB ha emitido en alguna ocasi\u00f3n. El t\u00edtulo original de dicha miniserie puede ser traducido a castellano como &#8220;La puta del Diablo&#8221;. Narra las aventuras de una ficticia mujer dedicada a tales menesteres y de personajes hist\u00f3ricos como el leveller (o, si se prefiere la traducci\u00f3n espa\u00f1ola, nivelador) Edward Sexby.<\/p>\n<p>En la miniserie salen, en efecto, bastantes miembros de las numerosas sectas protestantes en las que se ha fragmentado la sociedad inglesa tras el cisma con Roma y, m\u00e1s a\u00fan, cuando estalla el conflicto entre el nuevo jefe de la Iglesia en Inglaterra -el rey- y el Parlamento ingl\u00e9s que se niega\u00a0 a aceptar sus planes de instaurar una monarqu\u00eda fuerte -absolutista es el termino t\u00e9cnico exacto- al estilo franc\u00e9s y espa\u00f1ol.<\/p>\n<p>Ah\u00ed es donde aparecen grupos -o sectas si se quiere ver as\u00ed- como los levellers o niveladores o los ranters. Termino que, como ya dije en anteriores correos de la Historia, podr\u00eda traducirse como &#8220;delirantes&#8221; o &#8220;deliradores&#8221;.<\/p>\n<p>De ellos, y de algunos m\u00e1s, habl\u00f3 un gran historiador brit\u00e1nico, Christopher Hill, en un libro que ya he citado, tambi\u00e9n, en anteriores correos de la Historia: &#8220;<em>El mundo trastornado. El ideario popular extremista en la Revoluci\u00f3n inglesa del siglo XVII<\/em>&#8220;, que se centraba, precisamente, en ese aspecto de la guerra civil -y revoluci\u00f3n- inglesa detonada en el a\u00f1o 1642 por el enfrentamiento entre el rey de Inglaterra y su Parlamento.<\/p>\n<p>Se ha dicho, y con raz\u00f3n, que &#8220;<em>El Mundo trastornado<\/em>&#8220;, como muchos libros de Historia, est\u00e1 muy influenciado por la \u00e9poca en la que se escribi\u00f3. Para ser concretos en los a\u00f1os setenta del siglo pasado, pues la primera edici\u00f3n de este libro -por la popular Penguin Books- data de 1972.<\/p>\n<p>Esos a\u00f1os fueron los de la eclosi\u00f3n de numerosos movimientos sociales en Europa y en el resto del Mundo, bastante inusitados hasta el momento para la bien ordenada sociedad occidental propia de la posguerra de la Segunda Guerra Mundial. As\u00ed lo que era extravagante y minoritario en los a\u00f1os 40 y 50 (caso de los estramb\u00f3ticos poetas &#8220;beat&#8221; como Jack Kerouac), empez\u00f3 a adquirir carta de naturaleza, de man\u00eda colectiva, entre finales de los sesenta y principios de los setenta. Entonces, para estar a la moda, ya no era de recibo, para los m\u00e1s j\u00f3venes sobre todo, presentar ante los ojos del Mundo una imagen que los norteamericanos llamaban, y llaman, en argot, &#8220;square&#8221;. Es decir, una presencia atildada (para ellos) con impecables trajes o chaquetas y pantalones &#8220;de vestir&#8221;, cl\u00e1sicas corbatas o lazos, impecables zapatos bien lustrados y (para ellas) recatados vestidos y faldas siempre por debajo de la rodilla, zapatos igualmente bien lustrados y cl\u00e1sicos y, hasta mediada la d\u00e9cada de los sesenta, complicados peinados -tipo el &#8220;Victory Roll&#8221;- o cardados conseguidos con litros de laca y rematados, en algunos casos, con graciosos lazos que aumentaban a\u00fan m\u00e1s esa imagen encantadora, recatada&#8230; a lo &#8220;Peggy Sue&#8221;.<\/p>\n<p>Todo eso, como dec\u00eda, saltar\u00e1 por los aires desde mediados de los a\u00f1os sesenta, cuando la opulencia econ\u00f3mica generada por el Pacto de Posguerra empiece a dar sus resultados y, una vez cubiertas las necesidades b\u00e1sicas con largueza (algo casi in\u00e9dito en Europa, por no hablar del resto del Mundo), la gente empiece a exigir un modo de vida menos encorsetado.<\/p>\n<p>Las consecuencias se har\u00e1n patentes en una serie de cambios sociales, y est\u00e9ticos, que ir\u00e1n desde el ejecutivo que incorpora a su aspecto personal -o &#8220;look&#8221;, como empieza a decirse entonces- corbatas de corte y colores extravagantes y patillas y peinados algo m\u00e1s hirsutos que los esculpidos a navaja propios de los a\u00f1os 50, hasta (sobre todo entre los m\u00e1s j\u00f3venes) un estilo de vida que rompe no s\u00f3lo con la est\u00e9tica que podr\u00edamos llamar tradicional, sino tambi\u00e9n con el propio estilo de vida habitual hasta entonces.<\/p>\n<p>As\u00ed aparecen los llamados &#8220;hippies&#8221;. Muchachos sobre todo de clase media que, inspirados por la Literatura producida desde el fin de la Segunda Guerra Mundial -por Allen Ginsberg o Jack Kerouac entre otros- se lanzan al camino, a la aventura de vivir vidas no convencionales. Una opci\u00f3n vital que muestran descaradamente, formando comunas en las que la propiedad y la educaci\u00f3n de los ni\u00f1os es precisamente eso: com\u00fan, donde no hay una familia jerarquizada en torno a un <em>pater familias<\/em>\u00a0sino una organizaci\u00f3n m\u00e1s horizontal y libertaria y, en general y a menudo, el Amor es libre. Es decir, donde no hay parejas que se posean mutuamente y con exclusividad, como era lo habitual en el matrimonio burgu\u00e9s del que proven\u00edan la mayor\u00eda de los integrantes de esas llamadas comunas.<\/p>\n<p>Ese es el ambiente hist\u00f3rico en el que nace &#8220;<em>El mundo trastornado<\/em>&#8220;. Uno al que es dif\u00edcil sustraerse. Y menos a\u00fan para los reflejos bien entrenados de un historiador de tan gran talla intelectual como Christopher Hill.<\/p>\n<p>En efecto, quiz\u00e1s en 1950 -o 1960 incluso- &#8220;<em>El\u00a0 mundo trastornado<\/em>&#8220;, de haber sido escrito, hubiese sido visto con recelo o con extra\u00f1eza, pues \u00bfqui\u00e9n quer\u00eda saber, en la correcta Inglaterra de esas fechas, de ancestros tan salvajes como aquellos &#8220;ranters&#8221;? La clase de gente a la que jam\u00e1s se hubiera invitado a tomar el t\u00e9. O siquiera unas cuantas cervezas en el pub de la esquina. Personajes imposibles de situar, en el imaginario hist\u00f3rico predominante en la \u00e9poca, entre grandes figuras como el majestuoso Carlos I Estuardo retratado por Van Dyck. O incluso su n\u00e9mesis y verdugo, el algo m\u00e1s zafio Oliver Cromwell que tanto se esforz\u00f3 en dejar de parecer lo que era -un caballero campesino de torvas ideas puritanas- en cuadros como aquel en el que le retratar\u00e1 Robert Walker en 1649.<\/p>\n<p>Pel\u00edculas hist\u00f3ricas con las que Gran Breta\u00f1a trat\u00f3 de ense\u00f1ar m\u00fasculo frente a la supremac\u00eda hollywoodiense, mostraban claramente esa actitud. Es el caso del\u00a0 &#8220;Cromwell&#8221; de Ken Hughes, pel\u00edcula de la que ya se ha hablado, tambi\u00e9n, en otras ocasiones en el correo de la Historia.<\/p>\n<p>En esa cinta, fechada en 1970 -apenas dos a\u00f1os despu\u00e9s del famoso Mayo del 68&#8230;- se hace una verdadera hagiograf\u00eda de Oliver Cromwell, present\u00e1ndolo en unos t\u00e9rminos hist\u00f3ricos bastante alejados de los que un historiador o historiadora m\u00ednimamente objetivos podr\u00edan utilizar para describir a aquel rico granjero puritano, convertido en dictador tras la guerra civil inglesa.<\/p>\n<p>En esa producci\u00f3n tan claramente militante -y a la contra del esp\u00edritu de 1968- sectas o grupos pol\u00edticos extremistas como los levellers, los ranters o los seekers (trad\u00fazcase como &#8220;buscadores&#8221; que, al igual que Di\u00f3genes, buscaban por el Mundo hombres honestos) son borrados de escena, limit\u00e1ndose su presencia a un vago episodio en el que el Cromwell solventemente interpretado por Richard Harris, con harto dolor de coraz\u00f3n, debe diezmar a quienes se oponen a la disciplina de hierro que el viejo Oliver siempre impuso en sus filas.<\/p>\n<p>Todo eso lo bastante confuso como para que no se perciba el verdadero ambiente que hay en la Inglaterra de esa \u00e9poca y que Christopher Hill s\u00ed reflejar\u00e1 en esa magn\u00edfica obra de Historia que es &#8220;<em>El mundo trastornado<\/em>&#8220;.<\/p>\n<p>En efecto, como el profesor Hill contaba en la p\u00e1ginas de ese libro fascinante, los ranters eran algo m\u00e1s que simples soldados descontentos en las filas del Ej\u00e9rcito parlamentario que se opon\u00eda al del rey Carlos I. Su programa pol\u00edtico, si as\u00ed se le puede llamar, pasaba por romper todas las reglas sociales relativas a la propiedad, yendo incluso m\u00e1s all\u00e1 que los levellers, que fijaban la atenci\u00f3n de su Comunismo primitivo (as\u00ed los han definido) en evitar que las tierras comunales fueran cercadas y entregadas a altos dignatarios pr\u00f3ximos a la Corte. (Otro episodio que el &#8220;Cromwell&#8221; de Ken Hughes describe de manera bastante confusa).<\/p>\n<p>Adem\u00e1s de eso la divisa de los ranters era la de gozar de la vida sin restricciones, entregarse a toda clase de diversiones, fumar, beber alcohol y, s\u00ed, tambi\u00e9n disfrutar de las relaciones amorosas sin traba alguna y sin pasar por tr\u00e1mite administrativo alguno. Ya fuera casarse ante un cl\u00e9rigo de la Alta Iglesia anglicana o su extremo opuesto. Es decir, un pastor presbiteriano como los que predicaban a los fan\u00e1ticos soldados de Cromwell, convertidos en metalizadas y perfectas m\u00e1quinas de matar a los que ellos consideraban id\u00f3latras y sospechosos de practicar el Catolicismo (o Papismo) encubierto bajo la apariencia de la Iglesia anglicana.<\/p>\n<p>Aquellos ranters, hedonistas, pacifistas, irreverentes, herederos, en realidad, de una tradici\u00f3n religiosa que enlazaba con los primitivos cristianos o con los cainitas en algunos aspectos, pusieron a la orden del d\u00eda -durante la revoluci\u00f3n inglesa de 1642- unos valores que Christopher Hill evidentemente ve\u00eda a su alrededor. Testigo como fue, en su propia \u00e9poca, de festivales hippies como el de la Isla de Wight, celebrado en el a\u00f1o 1970, y que la prestigiosa revista &#8220;Paris Match&#8221; no dudaba en calificar, en portada, como &#8220;cicl\u00f3n hippie&#8221;.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed, en gran medida (aparte de la acrisolada competencia profesional de Christopher Hill) como los ranters -y otros compa\u00f1eros de viaje suyos como los levellers, los seekers, los diggers o &#8220;cavadores&#8221;- volvieron a la luz sacados de entre las sombras de la Historia. Justo en el momento en el que la sociedad tambi\u00e9n volv\u00eda a buscar respuestas para un momento en el que, como en la Inglaterra de 1642, los j\u00f3venes prefer\u00edan hacer el Amor (con las menores restricciones posibles) y no la Guerra, dejaban de creer en la familia tradicional o de hacer caso a sus p\u00e1rrocos respectivos para acudir a ceremonias espirituales bien distintas. Como el ya citado Festival de la Isla de Wight o su antecesor, el mucho m\u00e1s famoso de Woodstock.<\/p>\n<p>Es as\u00ed, a veces, como se escribe la Historia, quedando ya s\u00f3lo decir aqu\u00ed que, hoy, tambi\u00e9n ser\u00eda una buena idea volver a leer el libro de ese gran historiador brit\u00e1nico que fue Christopher Hill titulado &#8220;<em>El mundo trastornado<\/em>&#8220;. Tanto por saber m\u00e1s de los ranters, como por otras muy buenas razones que se descubren, por s\u00ed solas, entre las p\u00e1ginas de ese gran libro de Historia&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 No es \u00e9sta, desde luego, la primera vez que hablo de los ranters en esta p\u00e1gina. Ya a comienzos del a\u00f1o 2016 lo hice en dos ocasiones al menos. 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