{"id":2571,"date":"2020-09-14T11:30:00","date_gmt":"2020-09-14T09:30:00","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2571"},"modified":"2020-09-14T11:30:00","modified_gmt":"2020-09-14T09:30:00","slug":"el-precio-de-la-mentira-o-auge-y-caida-de-un-diplomatico-britanico-george-w-buchanan-1854-1924","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2020\/09\/14\/el-precio-de-la-mentira-o-auge-y-caida-de-un-diplomatico-britanico-george-w-buchanan-1854-1924\/","title":{"rendered":"El precio de la mentira o auge y ca\u00edda de un diplom\u00e1tico brit\u00e1nico: George W. Buchanan (1854-1924)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 <\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2572 size-medium\" title=\"Meriel Buchanan (1886-1959), hija del embajador G. W. Buchanan\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/09\/Retrato-de-Meriel-Buchanan-1886-1959-hija-del-embajador-G.-W.-Buchanan-184x300.jpg\" alt=\"\" width=\"184\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/09\/Retrato-de-Meriel-Buchanan-1886-1959-hija-del-embajador-G.-W.-Buchanan-184x300.jpg 184w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2020\/09\/Retrato-de-Meriel-Buchanan-1886-1959-hija-del-embajador-G.-W.-Buchanan.jpg 331w\" sizes=\"(max-width: 184px) 100vw, 184px\" \/>Como ya saben qui\u00e9nes leen habitualmente el correo de la Historia encontrar un tema para \u00e9l, cada semana (desde el a\u00f1o 2012) a veces puede resultar dif\u00edcil, pero otras puede ser extraordinariamente sencillo.<\/p>\n<p>Es el caso de esta semana. Como estoy ultimando ahora mismo una larga investigaci\u00f3n sobre el colapso ideol\u00f3gico del Liberalismo vasco entre 1820 y 1920, me he sumergido en las fr\u00edas aguas hist\u00f3ricas de la revoluci\u00f3n rusa. Una de cuyas consecuencias ser\u00e1, precisamente, ese colapso ideol\u00f3gico del Liberalismo. No s\u00f3lo en el Pa\u00eds Vasco, sino en toda Espa\u00f1a, en toda Europa\u2026<\/p>\n<p>Es as\u00ed como he dado con un personaje verdaderamente interesante, del que creo merece la pena escribir algo este lunes. El encuentro ha tenido lugar mientras le\u00eda, con extraordinaria atenci\u00f3n, un libro, \u201cNicol\u00e1s II\u201d, salido de manos de un verdadero maestro de historiadores: el franc\u00e9s Marc Ferro. Gran especialista en la \u00e9poca de la Primera y Segunda Guerra Mundial, en el uso de Medios de Comunicaci\u00f3n en esas fechas y autor de magn\u00edficos libros como \u201cLa Gran Guerra 1914-1918\u201d, \u201cEl libro negro del colonialismo\u201d o esa biograf\u00eda de Nicol\u00e1s II, que es donde he topado con George William Buchanan.<\/p>\n<p>\u00bfQui\u00e9n era ese caballero con un apellido que parece tan poco propio de la \u00e9lite brit\u00e1nica que hasta es el mismo que tuvo un presidente de Estados Unidos?<\/p>\n<p>Pues, a decir verdad, por lo que he ido averiguando sobre \u00e9l para escribir este art\u00edculo, se trata de un verdadero prototipo de esa alta clase brit\u00e1nica de la Inglaterra victoriana y eduardiana. De hecho, leyendo sobre \u00e9l es dif\u00edcil no pensar en el David Niven de la pel\u00edcula \u201c55 d\u00edas en Pek\u00edn\u201d, porque la vida de George W. Buchanan hubiera sido un guion perfecto para que Niven lo interpretase con la misma flema con la que interpreta al espurio embajador brit\u00e1nico de esa otra pel\u00edcula.<\/p>\n<p>En efecto, George William Buchanan sigui\u00f3 el curso habitual en su clase social. Es decir, nacido en el seno de una familia bien relacionada, ver\u00e1 la primera luz en 1854 en Copenhague, donde era embajador su padre -Andrew Buchanan- descendiente de la nobleza escocesa y que como tal servir\u00eda al naciente Imperio Brit\u00e1nico en numerosos destinos diplom\u00e1ticos. Entre ellos Madrid en el a\u00f1o 1858. Se le concedi\u00f3 adem\u00e1s rango de caballero y baronet\u2026 Con tales antecedentes su hijo no tuvo dificultad en tener una esmerada educaci\u00f3n y alcanzar igual predicamento en el servicio diplom\u00e1tico brit\u00e1nico.<\/p>\n<p>Entrar\u00eda en \u00e9l en 1876 y servir\u00eda en el Jap\u00f3n de la Era Meiji, que se modernizaba y occidentalizaba, despu\u00e9s del controvertido a\u00f1o 1877. Ese en el que se da la rebeli\u00f3n de Satsuma -hoy inmortalizada por la pel\u00edcula \u201cEl \u00faltimo samur\u00e1i\u201d- cuando los restos del Jap\u00f3n feudal son barridos por orden imperial con el moderno armamento y t\u00e1ctica copiado y comprado a los pa\u00edses occidentales.<\/p>\n<p>Casi parece que esos comienzos en la carrera diplom\u00e1tica, determinasen el momento cumbre de G. W. Buchanan. Es decir, el de ser embajador en Rusia entre 1910 y 1917. De hecho, el \u00faltimo embajador brit\u00e1nico en el Imperio ruso, pues \u00e9ste desaparecer\u00eda justo mientras Buchanan desempe\u00f1aba su cargo.<\/p>\n<p>Lo que sabemos de tan delicada misi\u00f3n, que \u00e9l mismo cuenta en su libro \u201cMy Mission to Russia and other Diplomatic Memories\u201d, publicado en 1923, un a\u00f1o antes de su muerte, indica que trat\u00f3 de reconducir a Nicol\u00e1s II hacia un marco pol\u00edtico reformista, m\u00e1s razonable que la anquilosada autocracia zarista. Es evidente que no lo consigui\u00f3 y as\u00ed, en febrero de 1917 -no en octubre- como nos cuenta Ferro, George William Buchanan se ver\u00eda metido en un grave problema.<\/p>\n<p>As\u00ed es, Buchanan no podr\u00e1 hacer nada por salvar la vida del zar Nicol\u00e1s II, al que, por un noble empe\u00f1o de Kerensky (el hombre fuerte del gobierno revolucionario anterior al bolchevique), se quiso sacar de Rusia para evitar que la revoluci\u00f3n se manchase las manos con su sangre. Como la francesa lo hab\u00eda hecho con la de Luis XVI. O la inglesa con la de Carlos I.<\/p>\n<p>Fue as\u00ed como George William Buchanan se vio atrapado en una situaci\u00f3n que es una verdadera lecci\u00f3n sobre c\u00f3mo un poder omn\u00edmodo se acaba volviendo contra aquellos que lo sirven humilde, lealmente. Casi abyectamente.<\/p>\n<p>En efecto, el gobierno de Lloyd George, por supuesto, estaba encantado con la idea de sacar a Nicol\u00e1s II y su familia de una Rusia revolucionaria donde probablemente les esperaba una ejecuci\u00f3n que, de seguro, conmover\u00eda el Mundo\u2026<\/p>\n<p>El problema es que Gran Breta\u00f1a, en esos momentos, estaba en guerra y era una sociedad -mal que bien- abierta y democr\u00e1tica, en la que hab\u00eda distintos grupos pol\u00edticos de opini\u00f3n. Por ejemplo la Izquierda brit\u00e1nica no ve\u00eda con muy buenos ojos que llegase a refugiarse en Gran Breta\u00f1a el que llamaban \u201cNicol\u00e1s el sanguinario\u201d -por su represi\u00f3n del movimiento popular y obrero en Rusia- y menos acompa\u00f1ado de su esposa alemana, Alejandra\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed las cosas, el gobierno de Lloyd George pleg\u00f3 velas pol\u00edticas y encontr\u00f3 en el pobre George William Buchanan la v\u00edctima propiciatoria perfecta.<\/p>\n<p>Por esa raz\u00f3n se le orden\u00f3 que no dijera nada de aquel acuerdo entre bambalinas con Kerensky o\u2026 se le despedir\u00eda de manera fulminante. Y, adem\u00e1s, se quedar\u00eda sin su pensi\u00f3n de diplom\u00e1tico brit\u00e1nico jubilado.<\/p>\n<p>La amenaza de dejarlo en la calle y con lo puesto fue tan eficaz que, de hecho, el propio George William Buchanan nada dijo del asunto.<\/p>\n<p>Ser\u00eda su hija, como nos dice Ferro, la ensayista y escritora Meriel Buchanan, la que, a\u00f1os despu\u00e9s, revelar\u00eda el trato que se hab\u00eda dado a su padre.<\/p>\n<p>Ciertamente la vida de George William Buchanan es toda una lecci\u00f3n hist\u00f3rica. Muy recomendable, ayer, hoy, ma\u00f1ana\u2026 Sobre todo para esa especie humana tan com\u00fan que, en momentos de crisis agudas, como lo pod\u00eda ser la propia revoluci\u00f3n rusa, est\u00e1 dispuesta a plegarse a casi cualquier exigencia con tal de mantener un plato de lentejas calientes en su mesa, una pensi\u00f3n, un puesto de trabajo m\u00e1s o menos envidiable o que ellos creen que lo es\u2026<\/p>\n<p>Al final, como se ve por la experiencia del propio George William Buchanan, ese tipo de acuerdos suelen salir mal. Para la parte m\u00e1s d\u00e9bil por lo general. Para la que s\u00f3lo \u201ccumpl\u00eda \u00f3rdenes\u201d. Para la que esperaba as\u00ed grandes nombramientos, grandes avances en alg\u00fan escalaf\u00f3n funcionarial o empresarial y, al final, viene a descubrir que, cuando las cosas se ponen feas, cuando los soviets toman el Palacio de Invierno, la caja del Gobierno, o de la empresa, o de la Fundaci\u00f3n \u201cX &amp; Y\u201d\u2026, estaba vac\u00eda y no hab\u00eda recompensa alguna. O era poco m\u00e1s que f\u00e9tido barro, como el ficticio oro de los duendes.<\/p>\n<p>En la mayor\u00eda de casos as\u00ed, s\u00f3lo queda, a los que \u201ccumpl\u00edan \u00f3rdenes\u201d, salvar los muebles (si se puede salvar alguno, como le ocurri\u00f3 a G. W. Buchanan) y a veces s\u00f3lo la vida (o ni siquiera eso) y cerrar la boca mientras tienen que bajar la cabeza y contener l\u00e1grimas de verg\u00fcenza y despecho por haber sido el tonto \u00fatil, el esbirro, el sicario\u2026 de un poder omn\u00edmodo que, en el fondo, se re\u00eda de esas fr\u00e1giles marionetas que tan despiadadamente hab\u00eda manipulado.<\/p>\n<p>Eso si es que no estaba pensando en sacrificarlas, desde el principio, una vez que hubieran dejado de ser \u00fatiles\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Como ya saben qui\u00e9nes leen habitualmente el correo de la Historia encontrar un tema para \u00e9l, cada semana (desde el a\u00f1o 2012) a veces puede resultar dif\u00edcil, pero otras puede ser extraordinariamente sencillo. Es el caso de esta semana. 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