{"id":2712,"date":"2021-01-18T12:30:05","date_gmt":"2021-01-18T10:30:05","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2712"},"modified":"2021-01-18T13:05:53","modified_gmt":"2021-01-18T11:05:53","slug":"del-ballenero-philomena-d-a-la-borrasca-filomena-1853-2021","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2021\/01\/18\/del-ballenero-philomena-d-a-la-borrasca-filomena-1853-2021\/","title":{"rendered":"Del ballenero Philomena D a la borrasca Filomena (1853-2021)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2713\" title=\"\u00d3leo de J. E. Carl Rasmussen titulado &quot;Cazando ballenas&quot; (1875)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/01\/Oleo-de-J.-E.-Carl-Rasmussen-titulado-Cazando-ballenas-1875-300x179.jpg\" alt=\"\" width=\"417\" height=\"249\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/01\/Oleo-de-J.-E.-Carl-Rasmussen-titulado-Cazando-ballenas-1875-300x179.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/01\/Oleo-de-J.-E.-Carl-Rasmussen-titulado-Cazando-ballenas-1875-768x459.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/01\/Oleo-de-J.-E.-Carl-Rasmussen-titulado-Cazando-ballenas-1875-628x375.jpg 628w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/01\/Oleo-de-J.-E.-Carl-Rasmussen-titulado-Cazando-ballenas-1875.jpg 900w\" sizes=\"(max-width: 417px) 100vw, 417px\" \/>Sobre la borrasca Filomena, que ha cubierto de nieve buena parte de Espa\u00f1a, he le\u00eddo muchas cosas. Algunas de ellas deben ser una especie de broma. Por ejemplo que el nombre de Filomena fue elegido porque a los responsables de poner tales nombres les parec\u00eda excesivo llamarla \u201cMortadela\u201d. El chiste, que eso es lo que parece ser, peca incluso de inexactitud, porque, para tener sentido, la tormenta deber\u00eda haberse llamado \u201cFilemona\u201d (femenino de Filem\u00f3n, el jefe del inefable agente de la TIA Mortadelo) y no \u201cFilomena\u201d&#8230;<\/p>\n<p>Seg\u00fan la Prensa seria, como se suele decir, el nombre de Filomena fue elegido, en realidad, por orden alfab\u00e9tico, porque la Agencia responsable de dar nombres a estos fen\u00f3menos, los va nombrando seg\u00fan ese criterio. Y as\u00ed, Filomena, al ser la sexta borrasca del per\u00edodo, deb\u00eda llamarse con un nombre que empezase por \u201cF\u201d, sexta letra del alfabeto.<\/p>\n<p>Sin embargo, queda la duda razonable de por qu\u00e9 fue llamada \u201cFilomena\u201d y no \u201cFelicia\u201d, \u201cFernanda\u201d, \u201cFrancisca\u201d, \u201cFaye\u201d o cualquier otro nombre que sonase menos anticuado y menos ca\u00eddo en desuso.<\/p>\n<p>Eso, pese a haber buscado raz\u00f3n de ello, no lo he podido averiguar. Y me resulta chocante, porque Filomena es un nombre verdaderamente apropiado para tan tormentosa borrasca. Al menos tiene todo el sentido del Mundo y una bonita historia detr\u00e1s para los historiadores que nos movemos en el campo de la Historia cultural.<\/p>\n<p>En efecto, no pude evitar, cuando o\u00ed aquello de \u201cFilomena\u201d, acordarme de un viejo canto de marineros: \u201cThe <em>Philomena D<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Los cantos de marineros o \u201cSea shanties\u201d, como se les conoce en el mundo de habla inglesa, donde son muy conocidos, son una expresi\u00f3n de esa subcultura que es la del mundo de los hombres de mar -marinos, balleneros, corsarios, piratas, pescadores&#8230;- bien descrita, por ejemplo, en libros de Historia como \u201cLa cultura popular en la Europa moderna\u201d del historiador Peter Burke.<\/p>\n<p>Lo cierto es que son todo un documento hist\u00f3rico, pues narran las circunstancias en las que viv\u00edan esos hombres, c\u00f3mo percib\u00edan ellos sus tareas y su posici\u00f3n en la sociedad de aquella \u00e9poca e, incluso, hechos hist\u00f3ricos concretos.<\/p>\n<p>Es el caso de ese \u201csea shanty\u201d titulado \u201cThe <em>Philomena D<\/em>\u201d. En \u00e9l se dan fechas y hechos concretos que, como dec\u00eda, encajan perfectamente con episodios metereol\u00f3gicos tan virulentos como esa borrasca cargada de nieve y hielo que han llamado \u201cFilomena\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed es. La canci\u00f3n titulada \u201cThe <em>Philomena D<\/em>\u201d, nos habla de un ballenero bautizado con ese nombre que, en el a\u00f1o 1853, sali\u00f3 de los astilleros del puerto norteamericano de Nantucket, en Massachusetts, Nueva Inglaterra.<\/p>\n<p>Desde ese momento comienza una singladura accidentada en busca de ballenas, cuya caza y despiece eran una de las principales industrias de esa parte de la costa norteamericana en esos mediados del siglo XIX. Como sabe cualquier lector de \u201cMoby Dick\u201d sin necesidad de recurrir a mayores escritos hist\u00f3ricos.<\/p>\n<p>Nos cuenta el narrador que va cantando la traves\u00eda del <em>Philomena D<\/em>, que ese ballenero navega a toda vela, tal y como le cantan sus marineros, en busca del lugar donde hay abundancia de caza.<\/p>\n<p>Hasta aqu\u00ed llega la parte divertida y animada de este canto de marinos. A partir de ese punto este \u201csea shanty\u201d describe circunstancias m\u00e1s reales y m\u00e1s duras de lo que era la vida de un marinero o un ballenero de mediados del siglo XIX en esos bonitos -vistos desde la distancia- veleros.<\/p>\n<p>As\u00ed, la segunda estrofa dice que el <em>Philomena D <\/em>sale del puerto de New Bedford en medio de la niebla y la lluvia y que las mujeres y novias de los tripulantes los despiden desde los muelles en tan inc\u00f3modas condiciones climatol\u00f3gicas.<\/p>\n<p>Las cosas no mejoran mucho a medida que el <em>Philomena D <\/em>avanza en su periplo. Dice la tercera estrofa que llegaron a la Bah\u00eda de Waitangi (en Nueva Zelanda) donde, al parecer, las ballenas abundan, pero las condiciones de los oficiales y la tripulaci\u00f3n no son las mejores, habi\u00e9ndose emborrachado con ron el patr\u00f3n (\u201cskipper\u201d) y el contramaestre (\u201cbosun\u201d) y asimismo la mitad de los tripulantes.<\/p>\n<p>En la cuarta estrofa la canci\u00f3n habla de circunstancias que recuerdan a\u00fan m\u00e1s a la borrasca Filomena. As\u00ed el narrador dice que el <em>Philomena D <\/em>navega en las fr\u00edas aguas del invierno austral, en busca de toda clase de ballenas, desde las yubartas o jorobadas hasta las comunes<\/p>\n<p>La quinta describe lo que ha hecho la singladura con el <em>Philomena D. <\/em>Dice la canci\u00f3n que ese ballenero era un hermoso barco, pero que dos a\u00f1os -s\u00ed: dos- en el mar a la busca de toda clase de ballenas, hab\u00edan dejado su marca, estando su pintura, antes brillante, sucia y oscurecida&#8230;<\/p>\n<p>La estrofa final saca la conclusi\u00f3n de lo que pod\u00eda haber sido tan trabajoso viaje: el narrador nos dice que volv\u00edan a puerto y que \u00e9l nunca m\u00e1s viajar\u00eda a una costa lejana, prefiriendo quedarse en casa junto a su familia, recordando, eso s\u00ed, sus aventuras a bordo del <em>Philomena D<\/em>\u2026<\/p>\n<p>Evidentemente entre l\u00edneas podemos leer cu\u00e1les ser\u00edan las razones para no querer volver a tan provechosas singladuras. Lo hemos visto muchas veces en pel\u00edculas como \u201cCapitanes intr\u00e9pidos\u201d o en \u201cEl mundo en sus manos\u201d. O en la Literatura que inspir\u00f3 pel\u00edculas del Hollywood cl\u00e1sico como esas.<\/p>\n<p>El <em>Philomena D, <\/em>como muchos otros barcos balleneros, tuvo, en efecto, que desgastar sus bellamente pintadas amuras en viajes arriesgados en medio de mares g\u00e9lidos y embravecidos, como los que golpean el Cabo de Hornos. Es decir: viento, lluvia, gigantescas y fr\u00edas olas jugando con lo que a su lado no era m\u00e1s que una c\u00e1scara de nuez, vientos contrarios o atravesados, el agua corriendo por los imbornales del barco mientras la cubierta oscila sobre un oleaje salvaje y parece que no hay nada m\u00e1s que agua -cayendo del cielo y bajo la quilla- en torno a los hombres que tripulaban nav\u00edos como el <em>Philomena D\u2026<\/em><\/p>\n<p>Si todas esas vicisitudes meterol\u00f3gicas que evocan canciones como \u201cThe <em>Philomena D<\/em>\u201d, no son bastante raz\u00f3n para dar nombre a una feroz borrasca como \u201cFilomena\u201d, este historiador no sabr\u00eda decir cu\u00e1l ser\u00eda entonces otra buena raz\u00f3n para haberle buscado ese nombre a esa compacta masa de nubes que nos ha regalado un sorprendente, y tambi\u00e9n feroz, temporal&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Sobre la borrasca Filomena, que ha cubierto de nieve buena parte de Espa\u00f1a, he le\u00eddo muchas cosas. Algunas de ellas deben ser una especie de broma. Por ejemplo que el nombre de Filomena fue elegido porque a los responsables de poner tales nombres les parec\u00eda excesivo llamarla \u201cMortadela\u201d. El chiste, que [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":56,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[1],"tags":[3495,270,3493,3491,3494,808,3492,1803,1812,3496],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2712"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/56"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=2712"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2712\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":2715,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/2712\/revisions\/2715"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=2712"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=2712"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=2712"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}