{"id":2812,"date":"2021-03-29T11:30:04","date_gmt":"2021-03-29T09:30:04","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2812"},"modified":"2021-03-29T11:30:04","modified_gmt":"2021-03-29T09:30:04","slug":"la-historia-y-bertrand-tavernier-la-hija-de-dartagnan","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2021\/03\/29\/la-historia-y-bertrand-tavernier-la-hija-de-dartagnan\/","title":{"rendered":"La Historia y Bertrand Tavernier: \u201cLa Hija de D\u00b4Artagnan\u201d"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2813 \" title=\"Car\u00e1tula de la pel\u00edcula de Bertrand Tavernier &quot;La hija de D\u00b4Artagnan&quot; (1994)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/03\/Car\u00e1tula-d-ela-pel\u00edcula-La-hija-de-D\u00b4Artagnan-220x300.jpg\" alt=\"\" width=\"249\" height=\"340\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/03\/Car\u00e1tula-d-ela-pel\u00edcula-La-hija-de-D\u00b4Artagnan-220x300.jpg 220w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/03\/Car\u00e1tula-d-ela-pel\u00edcula-La-hija-de-D\u00b4Artagnan-460x628.jpg 460w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/03\/Car\u00e1tula-d-ela-pel\u00edcula-La-hija-de-D\u00b4Artagnan.jpg 749w\" sizes=\"(max-width: 249px) 100vw, 249px\" \/>El Tiempo pasa implacable y se va llevando vidas. La mayor\u00eda an\u00f3nimas. Otras, las menos, mundialmente conocidas. Esta semana ha sido la del director y actor franc\u00e9s Bertrand Tavernier. Algo que no deber\u00eda dejar indiferente a un historiador.<\/p>\n<p>Principalmente porque Bertrand Tavernier amaba la Historia. Es m\u00e1s: le fascinaba. Y lo supo plasmar en algunas de sus pel\u00edculas.<\/p>\n<p>Yo recuerdo dos especialmente: \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d y \u201cCapit\u00e1n Conan\u201d, de la que ya habl\u00e9 hace muchos a\u00f1os, cuando esta secci\u00f3n comenz\u00f3 su andadura all\u00e1 por el lejano a\u00f1o 2012, en los tiempos en los que la guerra civil siria tambi\u00e9n comenzaba su destructivo caminar que, en una d\u00e9cada, no se ha detenido.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, dejar\u00e9 aparte al \u201cCapit\u00e1n Conan\u201d y hablar\u00e9 hoy en este nuevo correo de la Historia s\u00f3lo de \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d, que bien lo merece y, sobre todo, si se trata de rendir homenaje a Bertrand Tavernier.<\/p>\n<p>\u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d es una pel\u00edcula sobre todo divertida pero fascinante, en la que Tavernier demostraba su completo dominio, al detalle, de su oficio de director de Cine.<\/p>\n<p>En ella sac\u00f3 lo mejor de muchas cosas. Por ejemplo, de sus lecturas de esa trilog\u00eda de los mosqueteros de Dumas de la que hablaba yo casualmente la semana pasada. Tambi\u00e9n sac\u00f3 lo mejor de Sophie Marceau como actriz.<\/p>\n<p>As\u00ed es, Marceau, que interpreta a la hija de D\u00b4Artagnan, brilla durante toda la pel\u00edcula y en un papel que, en otras manos, hubiera sido cursi, farragoso, hasta zafio, pero que, bajo la direcci\u00f3n de Tavernier, da lugar a una interpretaci\u00f3n memorable.<\/p>\n<p>La trama de \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d sabe combinar, de hecho, lo mejor del Cine europeo -con la reflexi\u00f3n profunda sobre las cuestiones de la vida que preocupan a los seres humanos a trav\u00e9s de distintas \u00e9pocas- con lo mejor del Cine norteamericano. Es decir, la acci\u00f3n.<\/p>\n<p>En efecto, en \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d Tavernier nos habla del amor de una hija por su padre, no otro que el D\u00b4Artagnan de Dumas, y de c\u00f3mo es correspondido por ese padre que es ya un hombre mayor, uno de esos h\u00e9roes cansados de los que hablaba el acad\u00e9mico Arturo P\u00e9rez-Reverte en uno de sus art\u00edculos justamente famoso.<\/p>\n<p>Sobre ese leitmotiv discurre una pel\u00edcula en la que vemos desplegarse en la pantalla, y con todo lujo de detalles, la Francia de mediados del siglo XVII. Esa \u00e9poca que los propios franceses conocen como el \u201cGrand Si\u00e8cle\u201d y que, para ellos, para su identidad colectiva, es tan importante como la revoluci\u00f3n de 1789 o Napole\u00f3n.<\/p>\n<p>Y esa reconstrucci\u00f3n de \u00e9poca est\u00e1 hecha con un cuidado, un rigor y una riqueza de vestuarios, de escenarios\u2026 que pone a Tavernier, en efecto, a la altura de muchas producciones de Hollywood con mucho m\u00e1s presupuesto.<\/p>\n<p>Nada de eso, sin embargo, le quita a \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d algo de su car\u00e1cter de pel\u00edcula \u201cde aventuras\u201d, de acci\u00f3n. No falta en ella, en efecto, nada que esperemos encontrar en una pel\u00edcula de acci\u00f3n al estilo de Hollywood, pero Tavernier sabe manejar toda esa acci\u00f3n de una manera sutil, en la que homenajea a todos los elementos cl\u00e1sicos del follet\u00edn franc\u00e9s del siglo XIX del que deriv\u00f3 m\u00e1s tarde gran parte de ese Cine.<\/p>\n<p>As\u00ed, en \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d tenemos virulentos espadachines que viven y mueren por la espada, que atesoran estocadas secretas y que preparan maquiav\u00e9licos planes capaces de hacer palidecer -de envidia al menos- al cardenal Richelieu o a su heredero, el tambi\u00e9n cardenal Mazarino.<\/p>\n<p>Estos personajes y sus antagonistas -cuatro mosqueteros que han seguido el destino que Dumas les marc\u00f3 en su famosa trilog\u00eda- por supuesto no dejan de tener encuentros constantes en los que todos y cada uno de ellos demuestran sus destrezas con esa forma tan refinada de asesinato que es un duelo a espada entre la cuarta y quinta d\u00e9cada del siglo XVII, fecha en la que transcurre esa pel\u00edcula de Tavernier.<\/p>\n<p>En ese marco turbulento, la hija de D\u00b4Artagnan debe moverse para desmantelar una elaborada conspiraci\u00f3n. Algo para lo que pedir\u00e1 la ayuda de su padre, convertido ya en un veterano mosquetero de cana cabeza.<\/p>\n<p>Con ese fin actuar\u00e1 la hija del famoso h\u00e9roe dumasiano como una refinada se\u00f1orita de la buena sociedad francesa de la \u00e9poca -su padre as\u00ed lo ha procurado, envi\u00e1ndola a estudiar en un convento- pero tambi\u00e9n como lo hubiera hecho el audaz hijo que el mosquetero no llega a tener en la ficci\u00f3n de Dumas (a diferencia del verdadero D\u00b4Artagnan, Charles de Batz Castelmore, que tendr\u00e1 de Anne de Champlecey un hijo: Louis) dando buenas muestras de lo que aprendi\u00f3 respecto al manejo de la espada de su padre y sus inseparables compa\u00f1eros de armas.<\/p>\n<p>Bertrand Tavernier, con esos elementos, compuso en \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d un teatral fresco de la Francia de Luis XIII y Luis XIV que es, sencillamente, memorable y una muy buena manera de acercarse a esa \u00e9poca.<\/p>\n<p>Porque aunque Tavernier bromeaba con sus espectadores en \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d, constantemente, bajo esa apariencia de suave parodia, les planteaba tambi\u00e9n muchas preguntas sobre la \u00e9poca y sobre aquellos personajes: \u00bferan reales? \u00bfSe comportaban as\u00ed? \u00bfQu\u00e9 parte hay de real en toda esa trama, basada en los hechos hist\u00f3ricos, y qu\u00e9 parte es s\u00f3lo juego del director? Son preguntas razonables porque, como digo, \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d tiene eso que suele llamarse \u201cmucha verdad\u201d.<\/p>\n<p>En la pel\u00edcula ropas, armas, escenarios, costumbres, expresiones, tel\u00f3n de fondo hist\u00f3rico\u2026 tienen, en efecto, mucha verdad. Est\u00e1n muy lejos de la guardarrop\u00eda estridente con la que se revisten otras pel\u00edculas de mucho m\u00e1s presupuesto.<\/p>\n<p>Y la autenticidad de todo esto es tal, que ni siquiera los gui\u00f1os y bromas de Tavernier le quitan nada de esa verdad, de ese aspecto de sugestiva puerta de entrada al \u201cGran Siglo\u201d franc\u00e9s. Al fascinante mundo del Barroco europeo que supieron retratar artistas como Vel\u00e1zquez, los Le Nain, Rembrandt, Frans Hals\u2026 y a los que tambi\u00e9n rinde homenaje Tavernier en \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d.<\/p>\n<p>No importa, pues, que en esa pel\u00edcula el malvado que no puede faltar en un buen follet\u00edn dumasiano (sea escrito o filmado), diga cosas tales como \u201c\u00a1Redi\u00f3s!\u201d para luego a\u00f1adir a sus interlocutores que le perdonen el exabrupto, pues \u00e9l, en realidad, detesta blasfemar. O que ese mismo malvado, el duque de Crassac, muera en escena y en los cr\u00e9ditos finales se levante de las parihuelas en las que lo sacan del escenario y salude con una sonrisa de oreja a oreja al p\u00fablico al otro lado de la pantalla. O la exhibici\u00f3n de esgrima, casi reducida a un ballet, que hacen tambi\u00e9n al final de la pel\u00edcula Sophie Marceau y los otros protagonistas de \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d.<\/p>\n<p>Tavernier, como dec\u00eda, era un gran artesano del Cine, un buen director de Cine franc\u00e9s y con \u00e9l elementos tan dispares y tan dif\u00edciles de manejar, cayeron en buenas manos. Lo bastante buenas como para crear esa peque\u00f1a obra maestra que es \u201cLa hija de D\u00b4Artagnan\u201d.<\/p>\n<p>Verla, de nuevo, es, desde luego, el mejor homenaje que se puede hacer a este grande del Cine que nos ha dejado hace pocos d\u00edas y que nos leg\u00f3 as\u00ed, para siempre, algo verdaderamente valioso: el inter\u00e9s por la Historia, por estudiarla, por recrearla, por conocerla y contarla\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 El Tiempo pasa implacable y se va llevando vidas. La mayor\u00eda an\u00f3nimas. Otras, las menos, mundialmente conocidas. Esta semana ha sido la del director y actor franc\u00e9s Bertrand Tavernier. Algo que no deber\u00eda dejar indiferente a un historiador. Principalmente porque Bertrand Tavernier amaba la Historia. Es m\u00e1s: le fascinaba. 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