{"id":2852,"date":"2021-05-03T11:30:06","date_gmt":"2021-05-03T09:30:06","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2852"},"modified":"2021-05-03T13:57:42","modified_gmt":"2021-05-03T11:57:42","slug":"fue-hace-dos-siglos-una-imperial-muerte-el-culto-a-napoleon-y-un-capitan-vasco-1821-2021","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2021\/05\/03\/fue-hace-dos-siglos-una-imperial-muerte-el-culto-a-napoleon-y-un-capitan-vasco-1821-2021\/","title":{"rendered":"Fue hace dos siglos: una imperial muerte, el culto a Napole\u00f3n y un capit\u00e1n vasco (1821-2021)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2853\" title=\"Napole\u00f3n en la Batalla de Wagram (1809), por Horace Vernet. Palacio de Versalles\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/05\/Napole\u00f3n-en-Wagram-por-Horace-Vernet-300x221.jpg\" alt=\"\" width=\"371\" height=\"274\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/05\/Napole\u00f3n-en-Wagram-por-Horace-Vernet-300x221.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/05\/Napole\u00f3n-en-Wagram-por-Horace-Vernet.jpg 559w\" sizes=\"(max-width: 371px) 100vw, 371px\" \/>Ocurri\u00f3 a las seis menos diez de la tarde, en la isla de Santa Elena, hoy, todav\u00eda, una especie de Gibraltar africano en tanto que es una posesi\u00f3n brit\u00e1nica ante la costa del continente negro.<\/p>\n<p>A esa hora, un 5 de mayo de 1821, mor\u00eda Napole\u00f3n Bonaparte. El modesto teniente de Artiller\u00eda, descendiente de una numerosa familia de la peque\u00f1a nobleza corsa que, sin embargo, y en medio de una revoluci\u00f3n, consigue llegar, nada menos, que a emperador.<\/p>\n<p>Se apagaba la vida, ya muy maltrecha, de un hombre que apenas hab\u00eda cumplido medio siglo de edad, pero que dejaba detr\u00e1s de \u00e9l una fama que se iba a extender, hasta hoy, durante m\u00e1s de doscientos a\u00f1os.<\/p>\n<p>Aunque lo cierto es que aquel 5 de mayo de 1821 pocos sent\u00edan la muerte de Napole\u00f3n. Su madre, a la que tanto quer\u00eda, dicen que hab\u00eda llegado a decir de \u00e9l que era un monstruo. Una opini\u00f3n compartida, con m\u00e1s convicci\u00f3n y certeza, por muchos otros en todo el mundo. Y desde luego tambi\u00e9n en Francia, escarmentada, con miles de muertos, mutilados, hu\u00e9rfanos, viudas, etc&#8230;, de esas guerras llamadas \u201cnapole\u00f3nicas\u201d que hab\u00edan llevado al pa\u00eds casi a la ruina total.<\/p>\n<p>Faltaban en 1821 como unos veinte a\u00f1os m\u00e1s para que cuajase lo que el historiador franc\u00e9s Jean Lucas-Dubreton llam\u00f3 el culto a Napole\u00f3n, que dio t\u00edtulo precisamente a un libro suyo sobre el tema que publicar\u00eda la editorial parisina Albin Michel en 1959.<\/p>\n<p>En efecto, aparte de Marchand, ayuda de c\u00e1mara del emperador -y autor de unas extensas memorias sobre los \u00faltimos a\u00f1os de Napole\u00f3n- y otros fieles a la causa, presentes y ausentes de la isla de Santa Elena en esos momentos, no hab\u00eda, en 1821, mucha gente dispuesta a recordar a Napole\u00f3n en los t\u00e9rminos encomi\u00e1sticos con los que se le ha recordado despu\u00e9s en centenares de miles de estudios hist\u00f3ricos escritos sobre \u00e9l y su \u00e9poca y -ya de manera abiertamente elogiosa- en novelas hist\u00f3ricas y pel\u00edculas sobre esa vida que el propio emperador describi\u00f3, precisamente, como propios de una novela.<\/p>\n<p>Estaban demasiado recientes, en 1821, los recuerdos de las tropas napole\u00f3nicas arrasando Europa, saqueando, robando tesoros art\u00edsticos, violando y matando\u2026, como para que la llamada \u201cepopeya napole\u00f3nica\u201d fuese recordado en los t\u00e9rminos gloriosos (que tambi\u00e9n los hubo) con los que la ha ido recubriendo esa que llaman la \u201cp\u00e1tina del tiempo\u201d.<\/p>\n<p>Una ardua ecuaci\u00f3n hist\u00f3rica que al historiador que ha nacido, vivido y crecido al lado Sur del Bidasoa, le toca resolver.<\/p>\n<p>Ese ha sido mi caso desde que en 2008 comenzasen las conmemoraciones del bicentenario de la fase m\u00e1s aguda de las guerras napole\u00f3nicas. Es decir: esa que llamamos Guerra de Independencia espa\u00f1ola, que para los brit\u00e1nicos es la Guerra Peninsular y para los franceses la Guerra de Espa\u00f1a.<\/p>\n<p>\u00bfC\u00f3mo valorar, desde esa perspectiva, la muerte de Napole\u00f3n que este mi\u00e9rcoles cumplir\u00e1 el redondo bicentenario de dos siglos? Es todo un reto para el historiador, en efecto. Y sobre todo para uno que viene de un pa\u00eds que fue enemigo ac\u00e9rrimo de ese emperador y que, de hecho, se form\u00f3 en la lucha contra \u00e9l mismo, que fue, sencillamente, encarnizada, con tintes de guerra total.<\/p>\n<p>Puede ser muy f\u00e1cil en un caso as\u00ed caer en un juicio de valor m\u00e1s o menos negativo, aunque quede m\u00e1s o menos disimulado de asepsia cient\u00edfica.<\/p>\n<p>La hoja de servicios napole\u00f3nica en Espa\u00f1a, pasando por el Pa\u00eds Vasco peninsular, no es precisamente de color de rosa. La violencia contra la poblaci\u00f3n civil, los enfrentamientos encarnizados y sin respetar banderas y uniformes de quienes se les enfrentaban, estuvieron a la orden del d\u00eda desde Ir\u00fan hasta Algeciras.<\/p>\n<p>Sin embargo, no se puede hacer Historia, como Ciencia, midiendo los acontecimientos en base a la sangre derramada -y considerada como propia por herencia hist\u00f3rica- sino a partir de una visi\u00f3n templada, en la que se valore lo que ocurri\u00f3 de forma razonada, sin visceralidad, como un producto de una \u00e9poca en la que se decant\u00f3 el mundo en el que hoy vivimos. Con sus sombras, pero tambi\u00e9n con sus luces.<\/p>\n<p>Y es que los afanes de ese hombre que muere el 5 de mayo de 1821, al que Francia rinde culto -desde 1840- convirti\u00e9ndolo en uno de los ejes sobre los que gira su Historia nacional, han sido valorados de modo muy diferente.<\/p>\n<p>As\u00ed, por ejemplo, parece haber unanimidad entre los historiadores de toda nacionalidad acerca de que el sistema napole\u00f3nico para Europa pasaba por convertir al continente en una vasta \u00e1rea colonial al servicio de la burgues\u00eda francesa, que hab\u00eda visto en Napole\u00f3n al hombre fuerte que le conven\u00eda en 1804.<\/p>\n<p>Sin embargo, tambi\u00e9n ha calado con fuerza la idea -tanto en Francia como en otros pa\u00edses europeos, Espa\u00f1a incluida- de que Napole\u00f3n, pese a toda la brutalidad b\u00e9lica que le segu\u00eda y constitu\u00eda una parte inherente de su imperio, era, en realidad, una fuerza de progreso, alguien que quer\u00eda modernizar y unir a Europa. Nombres tan prestigiosos en el escenario de la Pol\u00edtica europea en el \u00faltimo medio siglo, como el presidente franc\u00e9s Valery Giscard D\u00b4Estaing, as\u00ed lo han postulado en obras tan curiosas como \u201cLa victoria de la `Grande Arm\u00e9e\u00b4\u201d, una ucron\u00eda en la que Napole\u00f3n se retira a tiempo de Mosc\u00fa en 1812, firma oportunamente la paz con la Espa\u00f1a de Fernando VII y pasa el testigo a su hijo adoptivo Eug\u00e8ne de Beauharnais para que guie a Europa hacia un futuro de paz y prosperidad bajo el ejemplar ejemplo de la Francia postrevolucionaria y postimperial\u2026<\/p>\n<p>Dejando la Historia alternativa aparte y aun considerando que, en efecto, el imperio napole\u00f3nico s\u00f3lo pretend\u00eda imponer por la fuerza bruta una tiran\u00eda colonial a Europa, el historiador debe reconocer tambi\u00e9n que las guerras napole\u00f3nicas fueron \u00e9pica b\u00e9lica de primer orden. Una de esas ocasiones en las que, como en todas las guerras, aparte de lo peor de los seres humanos, aflora el ingenio, el valor, el hero\u00edsmo\u2026 esas cualidades que, puestas en juego en circunstancias dif\u00edciles, dan realce a determinadas personas por haber hecho cosas que consideramos, en general, admirables\u2026<\/p>\n<p>Una de esas personas podr\u00eda ser el hoy casi desconocido Pedro Manuel de Ugartemendia, capit\u00e1n, ingeniero militar y arquitecto -puede que acaso esp\u00eda- y del que ya he hablado en m\u00e1s de una ocasi\u00f3n en otros correos de la Historia.<\/p>\n<p>A \u00e9l le toc\u00f3 vivir en territorio vasco ocupado por las tropas napole\u00f3nicas, parece que contemporiz\u00f3 con el invasor, pero, dado el modo en el que sali\u00f3 librado de esa comprometida situaci\u00f3n, cuando retorna el gobierno patriota a esa zona, da m\u00e1s bien la impresi\u00f3n de que trabaj\u00f3 all\u00ed como agente encubierto al servicio de la que entonces se llamaba \u201cJusta causa de la naci\u00f3n\u201d. En definitiva: un h\u00e9roe que, como tantos otros agentes encubiertos, se habr\u00eda jugado, entre 1808 y 1813, el pelot\u00f3n de fusilamiento.<\/p>\n<p>El hecho de que las restauradas autoridades patriotas le encargasen el cuidado de importantes carreteras guipuzcoanas, habla en favor de esa hip\u00f3tesis. Fuera como fuese el caso es que, en 1813, gracias a \u00e9l, al capit\u00e1n Ugartemendia, el Ej\u00e9rcito aliado, bajo mando de Wellington, consigui\u00f3 tener todo lo preciso para que, desde los transportes brit\u00e1nicos y aliados abarloados en Pasajes, llegasen a las tropas municiones, v\u00edveres, uniformes\u2026 todo lo necesario para que en 1814 Napole\u00f3n se rindiera. Para que, en definitiva, acabase sus d\u00edas como prisionero de estado en la isla de Santa Elena un 5 de mayo de 1821\u2026<\/p>\n<p>Puede que el capit\u00e1n Ugartemendia fuese s\u00f3lo uno m\u00e1s entre muchos otros ingenieros y soldados que consiguieron eso, pero desde luego su aportaci\u00f3n no puede, ni debe, ser pasada por alto. Este mi\u00e9rcoles, a las seis en punto de la tarde, trataremos de que eso no sea as\u00ed, el que estas l\u00edneas escribe y el diputado de Cultura de la actual Diputaci\u00f3n guipuzcoana Harkaitz Millan, por medio de un acto p\u00fablico en la Biblioteca Koldo Mitxelena de San Sebasti\u00e1n, acompa\u00f1ado de una conferencia, emitida en directo y a trav\u00e9s de las ondas de Internet por este canal https:\/\/www.youtube.com\/user\/GipuzkoaKultura\/live, en la que se contar\u00e1 esa faceta casi desconocida de la vida y la muerte de aquel hombre que domin\u00f3 Europa durante 10 a\u00f1os y muri\u00f3 oscuramente en una isla ante la costa de \u00c1frica un 5 de mayo de 1821.<\/p>\n<p>Despu\u00e9s de haber dado forma a millones de vidas que quedaron mediatizadas por sus ambiciones. Como la del capit\u00e1n Ugartemendia. O la del navegante Manuel de Agote, de quien tambi\u00e9n se dar\u00e1n importantes noticias en dicho acto, a cuenta y raz\u00f3n de la Asociaci\u00f3n de Amigos del Museo San Telmo\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Ocurri\u00f3 a las seis menos diez de la tarde, en la isla de Santa Elena, hoy, todav\u00eda, una especie de Gibraltar africano en tanto que es una posesi\u00f3n brit\u00e1nica ante la costa del continente negro. A esa hora, un 5 de mayo de 1821, mor\u00eda Napole\u00f3n Bonaparte. 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