{"id":2863,"date":"2021-05-10T11:30:02","date_gmt":"2021-05-10T09:30:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=2863"},"modified":"2021-05-10T11:30:02","modified_gmt":"2021-05-10T09:30:02","slug":"mujeres-en-primera-linea-de-la-historia-hambre-motines-y-carne-de-canon-1693-1800","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2021\/05\/10\/mujeres-en-primera-linea-de-la-historia-hambre-motines-y-carne-de-canon-1693-1800\/","title":{"rendered":"Mujeres en primera l\u00ednea de la Historia. Hambre, motines y carne de ca\u00f1\u00f3n (1693-1800)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-2864\" title=\"Mujeres enfrent\u00e1ndose a autoridades en un mot\u00edn (c. 1800)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/05\/Mujeres-amotinadas-por-las-subsistencias.jpg\" alt=\"\" width=\"386\" height=\"217\" \/>El tema para este nuevo correo de la Historia me lo sugiri\u00f3 un cartel pol\u00edtico, en euskera, que le\u00ed en San Sebasti\u00e1n esta semana pasada. En \u00e9l se dec\u00eda que de esta crisis -imagino que la provocada por los acontecimientos de 2020- se deber\u00eda salir con las mujeres en primera l\u00ednea de la Historia.<\/p>\n<p>Esa soflama pol\u00edtica me trajo a la memoria un magn\u00edfico art\u00edculo de uno de los mejores historiadores brit\u00e1nicos del \u00faltimo tercio del siglo XX: Edward Palmer Thompson, que desde la d\u00e9cada de los sesenta de esa centuria hizo numerosas -y s\u00f3lidas- aportaciones para reconstruir la vida del bajo pueblo ingl\u00e9s durante los siglos XVI, XVII, XVIII\u2026<\/p>\n<p>No es la primera vez que he hablado de \u00e9l en esta secci\u00f3n. Seguramente no ser\u00e1 la \u00faltima porque los dos principales libros que re\u00fanen esas aportaciones -\u201cCostumbres en com\u00fan\u201d y \u201cTradici\u00f3n, revuelta y consciencia de clase\u201d- son muy sustanciosos y est\u00e1n llenos de datos muy apropiados para comentar en cierta ocasiones. Como la que puede sugerir un cartel pol\u00edtico visto en una pared de San Sebasti\u00e1n en estos d\u00edas oscuros de principios del siglo XXI.<\/p>\n<p>No pude evitar acordarme, como dec\u00eda, al leer ese cartel, que alud\u00eda a que las mujeres deb\u00edan estar en primera l\u00ednea en la salida de esta crisis, de un art\u00edculo publicado precisamente en \u201cTradici\u00f3n, revuelta y consciencia de clase\u201d. Para ser m\u00e1s exactos el que Thompson titulaba \u201cLa econom\u00eda moral de la multitud\u201d.<\/p>\n<p>En \u00e9l, en las p\u00e1ginas 109 y 110 de la edici\u00f3n espa\u00f1ola de esa obra -hecha por \u00a0editorial Cr\u00edtica- daba cuenta Thompson de c\u00f3mo las mujeres se encontraban, a menudo, en primera l\u00ednea de la Historia en otras crisis. Concretamente en las llamadas \u201cde subsistencia\u201d. Es decir, en las que estallaban cuando se pretend\u00eda subir los precios del grano y la harina, con los que se elaboraba el alimento b\u00e1sico de las multitudes de la Europa moderna.<\/p>\n<p>Thompson dice claramente que en momentos as\u00ed, las iniciadoras de los motines con los que se trataba de poner las cosas en el sitio que esas multitudes deseaban, eran, con frecuencia, las mujeres.<\/p>\n<p>Da Thompson numerosos e interesantes ejemplos del caso. As\u00ed en 1693 los documentos dicen que muchas mujeres acudieron al mercado de Northampton con \u201ccuchillos escondidos en sus corpi\u00f1os para forzar la venta del grano seg\u00fan su propia evaluaci\u00f3n\u201d.<\/p>\n<p>En 1737 en la poblaci\u00f3n de Poole, en Dorset, las mujeres aseguraron que si se sacaba grano de all\u00ed -con lo cual se encarecer\u00eda el pan- ellas podr\u00edan levantar en mot\u00edn \u201cun Gran N\u00famero de Hombres\u201d para destruir tanto los barcos como los cargamentos que se pensaba sacar en ellos.<\/p>\n<p>M\u00e1s llamativo es otro caso en Stockton, cerca de Durham, donde, en 1740, la que da la se\u00f1al para alzarse contra los especuladores en grano y harina es una \u201cSe\u00f1ora con un palo y una corneta\u201d\u2026<\/p>\n<p>Un protagonismo femenino que sigue con los a\u00f1os y que los magistrados encargados de enfrentarse a \u00e9l, ven como un problema grave que no dudan, en algunos casos, en describir enf\u00e1ticamente. As\u00ed en Haverfordwest, una localidad del distrito de Pembroke, el juez de paz local recibir\u00e1 en 1795 una p\u00e9sima impresi\u00f3n de esas mujeres en primera l\u00ednea de la Historia a las que describe como unas \u201cperfectas furias\u201d que incitaban a los mineros a la lucha y hasta se atrevieron a golpear las espaldas del propio juez de paz, que no olvidaba en su informe esa dolorosa afrenta\u2026<\/p>\n<p>La raz\u00f3n para ese protagonismo femenino en asuntos as\u00ed, parece ser que quedaba explicada por el poeta rom\u00e1ntico Robert Southey de manera razonable aunque, quiz\u00e1s, no aceptable para sociedades algo histerizadas con estos temas. Southey dec\u00eda, en el a\u00f1o 1807, que esa predisposici\u00f3n femenina al mot\u00edn se pod\u00eda comprender \u201cen parte\u201d porque las mujeres \u201cabusan del privilegio de su sexo\u201d. Una cort\u00e9s y deferente salvaguarda que, seg\u00fan Southey, las hac\u00eda tambi\u00e9n sobresalir \u201cen violencia y ferocidad\u201d en esos casos.<\/p>\n<p>Ciertamente parece que para los soldados enviados a reprimir este tipo de motines -si no quedaba m\u00e1s remedio- disparar contra mujeres antes que contra hombres parec\u00eda ser algo tab\u00fa.<\/p>\n<p>Sin embargo, el mismo Thompson aclara un par de cosas al respecto. La primera que los soldados de la \u00e9poca no parec\u00edan ser precisamente los que cantaban la tierna \u201cThe Girl I Left Behind Me\u201d -la famosa canci\u00f3n militar que, aun sin saberlo, habr\u00e1n o\u00eddo m\u00e1s de una vez en pel\u00edculas como \u201cLas cuatro plumas\u201d- y cuando recib\u00edan la orden de disparar no sol\u00edan pensar dos veces cu\u00e1l ser\u00eda el objetivo de sus balas. De hecho, esa tropa de l\u00ednea, \u00fanico remedio para motines anterior a la creaci\u00f3n de fuerzas antidisturbios, pod\u00eda ser temible, como indica Thompson, hasta para los magistrados que la convocaban cuando se ve\u00edan cogidos entre la espada de los motines y la pared de restablecer el orden derramando sangre antes de llegar a un acuerdo.<\/p>\n<p>Raro parece haber sido entre esos militares brit\u00e1nicos el caso de los oficiales de regimientos al servicio de Espa\u00f1a como el Hibernia, coet\u00e1neos a los acontecimientos que describe Thompson, que s\u00f3lo con mucha repugnancia acceden a reprimir la famosa machinada de 1766 -otro mot\u00edn muy similar a los aludidos por Thompson- a ruego de la alta nobleza guipuzcoana. Como nos se\u00f1alaba otro gran historiador de este tipo de temas -el donostiarra Alfonso de Otazu y Llana- en algunos de sus trabajos sobre ellos que est\u00e1n a la par de los de E. P. Thompson.<\/p>\n<p>De hecho, el planteamiento de primero disparar y luego preguntar de los casacas rojas en casos como los que describe Thompson, ha sido traspuesto a la pantalla en series como la m\u00e1s reciente versi\u00f3n de \u201cPoldark\u201d, ambientada hacia 1795, que muestra en uno de sus episodios c\u00f3mo se reprim\u00eda, en efecto, uno de los motines de subsistencia que tiene lugar en esas fechas. En pocas palabras: disparando sin contemplaciones ni cortes\u00edas por cuestiones de sexo.<\/p>\n<p>Por otra parte, Thompson nos recuerda tambi\u00e9n que la actitud de las mujeres en estos casos estaba mediatizada por los distintos or\u00edgenes sociales. As\u00ed, si hab\u00eda mujeres que estaban dispuestas a estar en primera l\u00ednea y encajar un balazo de un\u00a0 exasperado soldado para que sus hijos pudieran comer pan barato y de calidad -de acuerdo a lo que exig\u00eda esa \u201ceconom\u00eda moral\u201d de la que ellas eran abanderadas- tambi\u00e9n hubo otras que se dedicaban al comercio de grano. \u00c9stas, transidas de nuevas ideas econ\u00f3micas -mirando por el beneficio propio que, seg\u00fan Adam Smith, traer\u00eda la todav\u00eda hoy esperada prosperidad general- especulaban con \u00e9l. Marchando detr\u00e1s de las l\u00edneas de soldados que, finalmente, imponen ese criterio. Es el caso, por ejemplo, que menciona Thompson en la p\u00e1gina 131 de la edici\u00f3n espa\u00f1ola de su trabajo. Precisamente en Cornualles, en 1795 -donde transcurre la acci\u00f3n descrita en \u201cPoldark\u201d a la que me acabo de referir- unos mineros de esta\u00f1o se enfrentar\u00e1n contra una vecina acaparadora de trigo a la que se dirigen con un \u201c\u00a1Mujer avariciosa!\u201d y a la que amenazaban con marchar contra \u201ctu \u00cddolo o tu Dios o tu Mois\u00e9s\u201d -es decir: el lucro especulativo- para destruirlo junto con la casa de esta mujer de negocios\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed de compleja, rica y variada ha sido, pues, la presencia de mujeres en la primera l\u00ednea de la Historia. Fueron desde sacrificada carne de ca\u00f1\u00f3n para conseguir una mejor vida para ellas y los suyos, hasta las que susurraban la orden de \u201c\u00a1Fuego!\u201d tras un muro de soldados entrenados para disparar a esa voz de mando\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 El tema para este nuevo correo de la Historia me lo sugiri\u00f3 un cartel pol\u00edtico, en euskera, que le\u00ed en San Sebasti\u00e1n esta semana pasada. 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