{"id":306,"date":"2013-01-14T11:30:14","date_gmt":"2013-01-14T09:30:14","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=306"},"modified":"2024-10-26T11:10:11","modified_gmt":"2024-10-26T09:10:11","slug":"historia-y-ficcion-sobre-piratas-corsarios-honestos-hombres-de-negocios-y-otros-halcones-del-mar","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2013\/01\/14\/historia-y-ficcion-sobre-piratas-corsarios-honestos-hombres-de-negocios-y-otros-halcones-del-mar\/","title":{"rendered":"Historia y ficci\u00f3n sobre piratas, corsarios, honestos hombres de negocios y otros halcones del Mar"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Ilustraci\u00f3n-de-Maitrejean-para-Surcouf-le-corsaire-novela-de-Karl-May-Mame-et-fils-Tours-1929-abordaje.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-307 size-medium\" title=\"Escena de abordaje. Ilustraci\u00f3n de Maitrejean para la edici\u00f3n francesa de la novela de Karl May sobre el corsario Surcouf. Mame et fils (1929)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Ilustraci\u00f3n-de-Maitrejean-para-Surcouf-le-corsaire-novela-de-Karl-May-Mame-et-fils-Tiurs-1929-abordaje-192x300.jpg\" alt=\"\" width=\"192\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Ilustraci\u00f3n-de-Maitrejean-para-Surcouf-le-corsaire-novela-de-Karl-May-Mame-et-fils-Tiurs-1929-abordaje-192x300.jpg 192w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Ilustraci\u00f3n-de-Maitrejean-para-Surcouf-le-corsaire-novela-de-Karl-May-Mame-et-fils-Tiurs-1929-abordaje-768x1200.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Ilustraci\u00f3n-de-Maitrejean-para-Surcouf-le-corsaire-novela-de-Karl-May-Mame-et-fils-Tiurs-1929-abordaje-655x1024.jpg 655w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Ilustraci\u00f3n-de-Maitrejean-para-Surcouf-le-corsaire-novela-de-Karl-May-Mame-et-fils-Tiurs-1929-abordaje.jpg 1240w\" sizes=\"(max-width: 192px) 100vw, 192px\" \/><\/a>Julian Barnes llenaba algunas de las primeras p\u00e1ginas de su novela \u201cInglaterra, Inglaterra\u201d con un di\u00e1logo entre la protagonista del relato -que, en definitiva, representa a esa Inglaterra que se invoca en el t\u00edtulo- y una compa\u00f1era suya de la Universidad, estudiante espa\u00f1ola de intercambio. La protagonista de \u201cInglaterra, Inglaterra\u201d, insiste ante su compa\u00f1era espa\u00f1ola en que <em>sir <\/em>Francis Drake era \u201cun corsario\u201d. Su compa\u00f1era espa\u00f1ola, bastante amoscada, le replicaba que no, que Drake era \u201cun pirata\u201d. A\u00f1os despu\u00e9s la hero\u00edna de Barnes reflexionaba sobre el episodio y se daba cuenta de que ambas ten\u00edan raz\u00f3n, que la interpretaci\u00f3n de la Historia\u00a0 depend\u00eda del punto de vista desde el que fuera escrutada y as\u00ed <em>sir <\/em>Francis era tanto un pirata -para los espa\u00f1oles-, como un heroico y caballeroso corsario al servicio de la gran Isabel I para los ingleses&#8230;<\/p>\n<p>En principio la actitud del Julian Barnes resulta ser verdaderamente deportiva, pero, por ese exceso de noble relativismo, es muy poco \u00fatil para los que pretenden aprender Historia.<\/p>\n<p>En efecto, <em>sir <\/em>Francis Drake nunca podr\u00e1 ser un pirata para un espa\u00f1ol por la sencilla raz\u00f3n de que actu\u00f3 -de manera casi invariable- bajo una patente de corso extendida por una naci\u00f3n soberana -Inglaterra- que le autorizaba legalmente a hacer la guerra a los enemigos de esa naci\u00f3n por medio de esos abordajes e incursiones que, por lo dem\u00e1s, en nada se distingu\u00edan de los que pod\u00eda llevar a cabo un pirata. Otra cosa distinta ya es c\u00f3mo encajan las v\u00edctimas -o herederos de las v\u00edctimas- el resultado de esas operaciones b\u00e9licas en principio tan leg\u00edtimas y gloriosas como las de cualquier otro caballero al servicio de la reina de Inglaterra.<\/p>\n<p>Otro tanto se puede decir sobre los espa\u00f1oles que en la misma \u00e9poca en la que actuaba <em>sir<\/em> Francis Drake hac\u00edan lo mismo que \u00e9l pero contra barcos ingleses: por m\u00e1s que su actividad se pareciera extraordinariamente a la de simples piratas -m\u00e1s a\u00fan a ojos de los ingleses que sufrieron las consecuencias-, desde el punto de vista de la Historia nunca se les podr\u00e1 llamar, con propiedad, \u201cpiratas\u201d.<\/p>\n<p>Sin embargo, apuntado este matiz -tan importante como suelen serlo todos los matices- hay que decir que, en efecto, las fronteras entre el corsario y el pirata siempre resultaron, a lo largo de la Historia, un tanto difusas. Algo que no deber\u00eda extra\u00f1arnos teniendo en cuenta la etimolog\u00eda, el origen remoto de la palabra \u201cpirata\u201d, que deriva, seg\u00fan dicen, del t\u00e9rmino griego \u201cpeirates\u201d, que traducido significa algo tan prestigioso hoy d\u00eda como \u201cemprendedor\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, si damos un repaso a fondo a algunos casos que tuvieron como escenario mares tan poco cinematogr\u00e1ficos como el Cant\u00e1brico durante los siglos dorados de la Pirater\u00eda -entre, m\u00e1s o menos, 1500 y 1700-, descubriremos pronto que, en ocasiones, los peores piratas no son precisamente tipos fam\u00e9licos y patibularios como los que plasm\u00f3 en su d\u00eda Howard Pyle -quiz\u00e1s quien m\u00e1s hizo en su d\u00eda por crear la imagen que hoy todos tenemos de los \u201cpiratas\u201d gracias, precisamente, a su \u201cLibro de los piratas\u201d- sino pr\u00f3speros hombres -y tambi\u00e9n algunas mujeres- de negocios, con tiendas y despachos p\u00fablicamente abiertos en las mejores zonas de nobles y leales poblaciones, que, sin embargo, tienen un poco distra\u00eddos los escr\u00fapulos, tendiendo a arrinconarlos cuando se trata de ganar alguna cantidad de dinero -la que sea- por medio de extorsiones que tratan de amparar tras la legalidad vigente. La misma que les hab\u00eda autorizado a actuar como capitanes corsarios o armadores de barcos fletados con esas intenciones.<\/p>\n<p>Vamos a echarles un vistazo para comprobar que lo de ser un verdadero pirata no es cuesti\u00f3n de tener\u00a0 o no una patente de corso de determinada potencia -Espa\u00f1a, Francia, Inglaterra&#8230;-\u00a0 sino de lo que uno era capaz de hacer para obtener beneficios de ese monopolio estatal, perfectamente legal por otra parte.<\/p>\n<p>Uno de los casos m\u00e1s llamativos que yo recuerdo, y sobre el que escrib\u00ed en su d\u00eda un art\u00edculo para la revista \u201cBidebarrieta\u201d publicado en el a\u00f1o 2002, se dio en San Sebasti\u00e1n en el a\u00f1o 1658, durante la guerra abierta contra la Commonwealth brit\u00e1nica dirigida con mano de hierro por <a href=\"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2012\/12\/24\/la-historia-del-hombre-que-prohibio-la-navidad-oliver-cromwell-teniente-general-de-los-ejercitos-del-parlamento-ingles-lord-protector-dictador-1654-1658-2\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Oliver Cromwell, el hombre que prohibi\u00f3 incluso celebrar la Navidad<\/a>, como recordar\u00e1n los que leyeron este correo de la Historia el 24 de diciembre de 2012.<\/p>\n<p>En esas fechas cay\u00f3 en manos de una fragata corsaria armada en San Sebasti\u00e1n un mercante holand\u00e9s, el <em>Esperanza<\/em>. Como la republica holandesa estaba en paz con Espa\u00f1a desde la Paz de Westfalia de 1648, el \u00fanico modo de obtener ganancia de un nav\u00edo as\u00ed era tratar de hacer ver que la carga que llevaba a bordo era, en realidad, inglesa.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>Fue por esa raz\u00f3n por la que varios hombres del <em>Esperanza<\/em> fueron llevados a una casa de San Sebasti\u00e1n donde fueron maltratados, amenazados a punta de espada para que firmasen un documento en el que reconoc\u00edan que, en efecto, el <em>Esperanza<\/em> hab\u00eda sido cargado en Londres y, por lo tanto, el barco y su flete pertenec\u00edan a los honestos comerciantes donostiarras que, en compa\u00f1\u00eda de otros de la ciudad de Hondarribia y de Ostende y Dunkerke, estiraban as\u00ed de peligrosamente la patente de corso bajo la que hab\u00edan formado esa especie de multinacional del abordaje de mercantes con la que hab\u00edan capturado a aquel mercante holand\u00e9s del modo m\u00e1s sencillo que se pueda imaginar.<\/p>\n<p>Es decir, haciendo que sus empleados asaltasen al <em>Esperanza<\/em> en una actitud sobradamente amenazante, tal y como la describ\u00eda Abraham Hoxe, vecino de Amsterdam y uno de los marineros del <em>Esperanza<\/em>: con la tripulaci\u00f3n apuntando con mosquetes listos para disparar y con las portas de los ca\u00f1ones levantadas para asestar una bocas de Artiller\u00eda m\u00e1s que considerable tambi\u00e9n dispuestas a disparar para barrer las cubiertas del mercante holand\u00e9s caso de que Hoxe y sus compa\u00f1eros se atrevieran a presentar resistencia&#8230;<\/p>\n<p>El abuso de los t\u00e9rminos legales de la patente de corso que ten\u00edan aquellos honestos hombres de negocios -de San Sebasti\u00e1n, de Hondarribia, de Ostende&#8230;- fue tal que incluso el c\u00f3nsul holand\u00e9s destacado en la zona cant\u00e1brica, Pieter Van Oscot, se quej\u00f3 en\u00e9rgicamente, dej\u00e1ndonos as\u00ed este testimonio de la delgada l\u00ednea de tinta, a veces verdaderamente invisible, que separaba a un hombre de negocios con tienda o despacho abiertos a la luz p\u00fablica, de un simple filibustero que primero disparaba y luego preguntaba en tanto se esclarec\u00edan los molestos y enojosos detalles legales del asunto. Un terreno ese, el del empantanamiento judicial, en el que personajes as\u00ed siempre han parecido moverse como pez en el agua, o como pirata sobre ella&#8230;<\/p>\n<p>Si seguimos indagando en los casos que han quedado archivados aqu\u00ed y all\u00e1 por causas similares, pronto descubriremos que esa actitud no era privativa de una determinada poblaci\u00f3n o de una determinada naci\u00f3n. En la s\u00e9ptima d\u00e9cada del siglo XVII podemos encontrar el caso de un capit\u00e1n holand\u00e9s -tanto como los hombres del <em>Esperanza<\/em>-, Adrian Adriansen, que se dedicaba, en torno al a\u00f1o 1673 y en la r\u00eda del Nervi\u00f3n, a aplicar laxamente su patente de corsario autorizada y validada por el rey Carlos II de Espa\u00f1a y de las Indias, atacando a toda clase de barcos siempre y cuando estuviesen desprevenidos, creyendo que navegaban en aguas amigas o, por lo menos, neutrales. Un objetivo para el que, dejando de lado su fragata, la <em>Fuente dorada<\/em>, se hab\u00eda hecho incluso con un barco de peque\u00f1o tama\u00f1o con el cual poder emboscarse cerca de la barra de Portugalete. El lugar en el que esos barcos bajaban la guarda, vi\u00e9ndose ya al amparo de los ca\u00f1ones costeros que protegen la entrada a la r\u00eda del Nervi\u00f3n.<\/p>\n<p>Unos veinte a\u00f1os despu\u00e9s, en 1696 podemos encontrar quejas estremecedoras\u00a0 por parte de Jean de Villeneuve, maestre de la pinaza <em>Nuestra Se\u00f1ora de la Piedad<\/em>, con base en Bayona, que aseguraba haber sido asaltado por corsarios con base en Hondarribia que lo hab\u00edan sometido a un duro trato en tanto se aclaraba si era buena o mala presa su barco y su carga&#8230;<\/p>\n<p>Lo que contaba era desde luego digno de esas pel\u00edculas \u201cde piratas\u201d protagonizadas por Errol Flynn o Burt Lancaster: se les hab\u00eda encerrado en oscuros calabozos, se les hab\u00eda torturado y algunos hab\u00edan salido de ellos con horribles secuelas. Como el propio De Villeneuve, aquejado de lo que \u00e9l llamaba un \u201cv\u00f3mito continuo\u201d&#8230;<\/p>\n<p>Algo que, desde luego, ya se pod\u00edan haber imaginado \u00e9l y sus tripulantes por el modo en el que la embarcaci\u00f3n hondarribiarra los hab\u00eda abordado, ech\u00e1ndole hombres en cubierta que empezaron a registrar y saquear las bodegas de la pinaza bayonesa en busca de esa palabra que todos aprendimos -casi con seguridad- viendo pel\u00edculas como \u201cEl capit\u00e1n Blood\u201d o \u201cEl temible burl\u00f3n\u201d: bot\u00edn&#8230;<\/p>\n<p>A eso, desde el punto de vista de la documentaci\u00f3n, puede reducirse todo este asunto de \u201c\u00bfpiratas o corsarios?\u201d. No es cuesti\u00f3n de naciones, no es cuesti\u00f3n de tener el barco anclado en una rada del Caribe, en la isla de la Tortuga, en Londres o en San Sebasti\u00e1n, en Hondarribia, en Pasajes o en los muelles de Olabeaga en Bilbao. No depende tampoco de si uno fue v\u00edctima de aquellos rudos atropellos o heredero moral de quienes los sufrieron en su d\u00eda.<\/p>\n<p>Nada tiene que ver tampoco con ser o no un fuera de la ley. Como hemos visto, esos asaltos pod\u00edan ser perpetrados tanto por desaprensivos como el capit\u00e1n Adriansen, que roba incluso a sus propios armadores y se hace as\u00ed digno del pincel de Howard Pyle, como por honestos hombres de negocios con tienda y despacho abiertos de cara al p\u00fablico en honestas, nobles y leales poblaciones a a\u00f1os-luz de un quilombo de piratas como la ya mencionada Isla de Tortuga.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Armador-corsario-vasco-c.-1690..jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-312\" title=\"Armador corsario vasco, (c. 1690). Reconstrucci\u00f3n del autor en base a fuentes diversas\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Armador-corsario-vasco-c.-1690.-218x300.jpg\" alt=\"\" width=\"218\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Armador-corsario-vasco-c.-1690.-218x300.jpg 218w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Armador-corsario-vasco-c.-1690.-768x1055.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Armador-corsario-vasco-c.-1690.-746x1024.jpg 746w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/01\/Armador-corsario-vasco-c.-1690..jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 218px) 100vw, 218px\" \/><\/a><\/p>\n<p>La diferencia entre corsario y pirata podr\u00eda reducirse, simplemente, a que unos eran los que se manten\u00edan estrictamente dentro de la ley y otros los que se burlaban de ella y de quienes la respetaban -las tripulaciones y armadores de los barcos asaltados y abordados- en mayor o menor medida. Eso, y nada m\u00e1s, es lo \u00fanico que hac\u00eda falta para ser un verdadero pirata. Hace tres siglos o bien hoy d\u00eda. Lo dem\u00e1s son fantas\u00edas bienintencionadas sobre uno de los oficios m\u00e1s viejos del Mundo.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Julian Barnes llenaba algunas de las primeras p\u00e1ginas de su novela \u201cInglaterra, Inglaterra\u201d con un di\u00e1logo entre la protagonista del relato -que, en definitiva, representa a esa Inglaterra que se invoca en el t\u00edtulo- y una compa\u00f1era suya de la Universidad, estudiante espa\u00f1ola de intercambio. La protagonista de \u201cInglaterra, Inglaterra\u201d, insiste [&hellip;]<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on get_the_excerpt --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on get_the_excerpt --><\/p>\n","protected":false},"author":56,"featured_media":0,"comment_status":"open","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":[],"categories":[2],"tags":[20,395,409,460,591,782,911,1275,1281,1466,1736,1750,1832,1852,2028],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/306"}],"collection":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/users\/56"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=306"}],"version-history":[{"count":2,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/306\/revisions"}],"predecessor-version":[{"id":4579,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/306\/revisions\/4579"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=306"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=306"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=306"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}