{"id":3094,"date":"2021-10-25T11:30:09","date_gmt":"2021-10-25T09:30:09","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3094"},"modified":"2021-10-25T11:53:39","modified_gmt":"2021-10-25T09:53:39","slug":"historia-del-conde-potocki-de-china-a-zaragoza-a-d-1806","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2021\/10\/25\/historia-del-conde-potocki-de-china-a-zaragoza-a-d-1806\/","title":{"rendered":"Historia del conde Potocki. De China a Zaragoza (A. D. 1806)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3095 size-medium\" title=\"El conde Potocki hacia 1790 (autor desconocido)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/10\/El-conde-Jan-Potocki-hacia-1790-autor-desconocido-221x300.jpg\" alt=\"\" width=\"221\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/10\/El-conde-Jan-Potocki-hacia-1790-autor-desconocido-221x300.jpg 221w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/10\/El-conde-Jan-Potocki-hacia-1790-autor-desconocido-768x1043.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/10\/El-conde-Jan-Potocki-hacia-1790-autor-desconocido-462x628.jpg 462w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2021\/10\/El-conde-Jan-Potocki-hacia-1790-autor-desconocido.jpg 932w\" sizes=\"(max-width: 221px) 100vw, 221px\" \/>Quienes leen habitualmente el correo de la Historia quiz\u00e1s recuerden, una vez m\u00e1s, que llevo ya casi un a\u00f1o leyendo la novela hist\u00f3rica del profesor Alessandro Barbero titulada \u201cDiario de Mr. Pyle\u201d.<\/p>\n<p>Como ya dije en anteriores correos de la Historia, a trav\u00e9s de ella Barbero demuestra su pericia como historiador novelando la Europa de las guerras napole\u00f3nicas, al filo del a\u00f1o 1806, con verdadera maestr\u00eda. Todo ello contado a trav\u00e9s de los ojos de un ap\u00f3crifo embajador de Estados Unidos -Robert Pyle- ante la atemorizada Corte de Prusia que encara la desagradable perspectiva de ver a Napole\u00f3n y su Ej\u00e9rcito a sus puertas.<\/p>\n<p>En ese diario de Mister Pyle, de cuando en cuando, aparecen peque\u00f1as historias exquisitas, retazos de la Historia con \u201cH\u201d may\u00fascula que traen a colaci\u00f3n a personajes bien conocidos de la \u00e9poca y que Barbero hace que se crucen en el camino de su embajador Robert Pyle.<\/p>\n<p>Uno de ellos, como ya se vio aqu\u00ed, es, por ejemplo, el hoy famoso escritor E.T.A. Hoffmann. El rom\u00e1ntico por excelencia que en la novela de Barbero aparece retratado en sus aspectos menos rom\u00e1nticos pero no por eso menos interesantes. O divertidos habida cuenta del modo en el que el profesor Barbero los plantea.<\/p>\n<p>Otro de esos personajes es el conde Potocki, con el que Robert Pyle se topa tras una visita al pr\u00edncipe Czartoryski (pariente de Potocki) en su famoso palacio de Pulawy.<\/p>\n<p>Una vez m\u00e1s el modo en el que Barbero hace entrar en la trama de su novela a un personaje tan real como Potocki, es inmejorable.<\/p>\n<p>As\u00ed un aburrido Robert Pyle descubre que no todos los nobles de origen polaco -est\u00e9n o no al servicio del invasor ruso- son igualmente vanos y aburridos y sin nada importante que contar. Salvo su grandeza pasada y sus ansias de revancha contra rusos, austriacos, prusianos y los prestamistas jud\u00edos con los que se endeudan hasta las cejas.<\/p>\n<p>No es para menos porque el Potocki real -que Barbero, por supuesto, hace coincidir con el que pone en acci\u00f3n como personaje de su novela- es un hombre con un curr\u00edculum fascinante y que, de hecho, nos interesa, tambi\u00e9n, bastante, a este lado Sur de los Pirineos que \u00e9l conoci\u00f3 en sus numerosos viajes y sobre el que escribi\u00f3 alg\u00fan que otro libro.<\/p>\n<p>Entre ellos una novela g\u00f3tica, pero llena de resabios folkloristas, titulada \u201cManuscrito encontrado en Zaragoza\u201d, donde Espa\u00f1a empieza a verse como ese lugar rom\u00e1ntico lleno de castillos de ensue\u00f1o, peligrosas flamencas con navaja en la liga, sombr\u00edos salteadores de caminos y todo un escaparate de misterios que dejan descolocado a un oficial val\u00f3n, Alfonso Van Worden, al servicio del rey Felipe V en el ilustrado siglo XVIII espa\u00f1ol, que tambi\u00e9n lo fue, pero al que el conde Potocki entierra bajo un aluvi\u00f3n de inveros\u00edmiles maravillas m\u00e1gicas en esa novela.<\/p>\n<p>Barbero, sin embargo, no abunda sobre esta interesante cuesti\u00f3n sino sobre otra que no es menos interesante y parad\u00f3jica.<\/p>\n<p>As\u00ed es. De lo que hablan fundamentalmente Mister Pyle y el conde Potocki, es del viaje que \u00e9ste hace por orden del zar Alejandro I entre finales del a\u00f1o 1805 y principios de ese 1806 en el que el embajador norteamericano se encuentra con \u00e9l.<\/p>\n<p>El encargado de esa misi\u00f3n diplom\u00e1tica es el conde Golovkin y tal y como explica descarnadamente el propio Jan Potocki convertido en personaje de novela -pero no por eso menos real-, su objetivo final era culminar los afanes de abrir el durmiente imperio chino a los intereses comerciales rusos. Unos intereses que podr\u00edamos definir como imperialistas. Como los de todas las potencias europeas u occidentales que pretend\u00edan o ya hab\u00edan conseguido algo similar en China.<\/p>\n<p>Barbero tambi\u00e9n hace decir a sus protagonistas que la misi\u00f3n del conde Golovkin en la que se embarca el tambi\u00e9n conde Potocki por orden de su protector -el zar Alejandro I- ven\u00eda en la estela de la embajada enviada por los brit\u00e1nicos en 1793. La que estuvo a cargo de Lord Macartney y termin\u00f3 en un absoluto fiasco debido a que el dignatario brit\u00e1nico se neg\u00f3 a realizar el <em>kot\u00f3w<\/em>.<\/p>\n<p>Es decir la ceremonia de prosternarse antes el Hijo del Cielo (el emperador chino) para reconocer, en definitiva, que no era m\u00e1s un b\u00e1rbaro rojo, un representante de un estado vasallo de China que ven\u00eda, por fin, a reconocer que el Imperio Celestial era el centro del Mundo.<\/p>\n<p>Ante ese panorama alucinatorio de esa China imperial que avanza hacia su fin, se ver\u00e1 tambi\u00e9n el conde Golovkin y, por la misma raz\u00f3n que Macartney, acabar\u00e1 conduciendo a su misi\u00f3n diplom\u00e1tica al mismo fiasco.<\/p>\n<p>Golovkin, como comenta jocosamente el Potocki convertido en personaje del \u201cDiario de Mr. Pyle\u201d, se niega rendir pleites\u00eda y con ello cierra el paso a su misi\u00f3n, pues los funcionarios chinos no gastan desde ese momento m\u00e1s amabilidades con \u00e9l.<\/p>\n<p>Algo que atiza la muy poco diplom\u00e1tica c\u00f3lera del conde Golovkin, que devuelve de malas maneras todos los regalos que esos funcionarios le hab\u00edan hecho en reciprocidad por las ricas mercanc\u00edas con las que -al igual que la embajada Macartney- los rusos hab\u00edan pretendido impresionar a los chinos.<\/p>\n<p>Suficiente para que los mandarines ordenen a los rusos dar media vuelta hacia Irkutsk y la seguridad de San Petersburgo. Lo cual har\u00e1n aunque seguidos de cerca hasta all\u00ed por un s\u00e9quito chino que tirar\u00e1 ante ellos, como si fueran basura, todos los regalos que les hab\u00edan hecho . Si bien, como comenta con una ir\u00f3nica sonrisa el Potocki convertido en personaje de novela por Alessandro Barbero, \u201climpiados\u201d algunos de esos presentes -en apariencia despreciados- de algunos elementos de adorno muy valiosos. Unos que, al parecer, los corruptos funcionarios chinos no estaban por la labor de dejar pasar de largo al fin y al cabo\u2026<\/p>\n<p>Este disfrutable fragmento del \u201cDiario de Mr. Pyle\u201d se basa, evidentemente, en el libro que el conde Potocki escribir\u00e1 sobre el asunto. Lo cual ofrece tambi\u00e9n a ese p\u00fablico que lee novela hist\u00f3rica en lugar de Historia, una interesante lecci\u00f3n sobre unas casi desconocidas relaciones ruso-chinas que son parte de las m\u00faltiples establecidas por los europeos desde, al menos, la \u00e9poca de Marco Polo all\u00e1 por el pleno siglo XIII.<\/p>\n<p>En ese transcurso, sin embargo, se pierde una parte de nuestra propia Historia: la del agente de la Real Compa\u00f1\u00eda de Filipinas que fue testigo, tambi\u00e9n bastante ir\u00f3nico, de la embajada de Macartney y su fracaso. No otro que el getariarra Manuel de Agote y Bonechea que la describe minuciosamente en sus tambi\u00e9n minuciosos \u201cDiarios\u201d.<\/p>\n<p>De eso nada parec\u00eda saber el curioso conde Potocki que no demostr\u00f3 tener mucho inter\u00e9s por conocer a la Espa\u00f1a ilustrada tan bien representada por Manuel de Agote.<\/p>\n<p>Algo muy propio de un rom\u00e1ntico paradigm\u00e1tico como lo fue el conde Juan Nepomuceno Potocki. Polaco atrapado en la Europa napole\u00f3nica dividido entre sus esperanzas de ver a su patria libre de rusos y prusianos y la c\u00f3moda protecci\u00f3n de ser consejero del zar Alejandro I. Y eso pese a que los dos hijos de Potocki, como muchos otros polacos, luchar\u00e1n al lado de Napole\u00f3n. Por ejemplo ante los muros de esa Zaragoza que su padre hab\u00eda convertido en el punto de partida de su g\u00f3tica y fant\u00e1stica novela ambientada en una Espa\u00f1a m\u00e1s o menos imaginaria de hacia 1715\u2026<\/p>\n<p>Una cumbre literaria de una vida -la del conde Potocki- llena, como espero hayamos visto, de viajes, aventuras y otros accidentes propios de un hombre de aquella \u00e9poca que acabar\u00eda de un modo no menos parad\u00f3jico y rom\u00e1ntico del que, quiz\u00e1s, hablemos otro d\u00eda, cuando vuelva a ser 18 de junio\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Quienes leen habitualmente el correo de la Historia quiz\u00e1s recuerden, una vez m\u00e1s, que llevo ya casi un a\u00f1o leyendo la novela hist\u00f3rica del profesor Alessandro Barbero titulada \u201cDiario de Mr. Pyle\u201d. 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