{"id":3191,"date":"2022-01-24T11:30:04","date_gmt":"2022-01-24T09:30:04","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3191"},"modified":"2025-04-11T16:37:00","modified_gmt":"2025-04-11T14:37:00","slug":"homenaje-a-jonathan-brown-el-mundo-del-barroco-y-los-clubmen-1642-1646","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2022\/01\/24\/homenaje-a-jonathan-brown-el-mundo-del-barroco-y-los-clubmen-1642-1646\/","title":{"rendered":"Homenaje a Jonathan Brown. El mundo del Barroco y los Clubmen (1642-1646)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3192\" title=\"Soldados del Ej\u00e9rcito parlamentario saqueando una casa (c. 1644). Obra de Angus McBride\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/01\/Copia-Ok.-Soldados-del-Ej\u00e9rcito-parlamentario-saqueando.-Por-Angus-McBride-copia-244x300.jpg\" alt=\"\" width=\"320\" height=\"393\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/01\/Copia-Ok.-Soldados-del-Ej\u00e9rcito-parlamentario-saqueando.-Por-Angus-McBride-copia-244x300.jpg 244w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/01\/Copia-Ok.-Soldados-del-Ej\u00e9rcito-parlamentario-saqueando.-Por-Angus-McBride-copia-511x628.jpg 511w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/01\/Copia-Ok.-Soldados-del-Ej\u00e9rcito-parlamentario-saqueando.-Por-Angus-McBride-copia.jpg 605w\" sizes=\"(max-width: 320px) 100vw, 320px\" \/>Est\u00e1 semana pasada nos dejaba Jonathan Brown, un -como ya habr\u00e1n le\u00eddo en los numerosos obituarios que le han dedicado- notable hispanista norteamericano que dedic\u00f3 la mayor parte de su larga vida de 82 a\u00f1os a la investigaci\u00f3n de la pintura barroca espa\u00f1ola. Especialmente el per\u00edodo en el que Diego Vel\u00e1zquez desarrolla su impresionante carrera.<\/p>\n<p>Como yo estudi\u00e9 el plan antiguo de la carrera de Historia, que inclu\u00eda tres a\u00f1os de Historia del Arte, le\u00ed alguno de los libros del profesor Brown. Recuerdo especialmente \u201c<em>Im\u00e1genes e ideas en la pintura espa\u00f1ola del siglo XVII<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>As\u00ed que la noticia de su muerte no me pas\u00f3 por alto. Y, como suele ocurrir, me llev\u00f3 a pensar lo que a m\u00ed me hab\u00eda aportado leer a ese historiador y lo que aprend\u00ed gracias a \u00e9l.<\/p>\n<p>Lo cierto es que las obras de Brown, escritas con un estilo erudito pero muy ameno, con un gran poder de comunicaci\u00f3n, me abrieron, algo m\u00e1s, la puerta al mundo del Barroco no s\u00f3lo espa\u00f1ol -en esa \u00e9poca potencia dominante a nivel mundial- sino al de toda Europa. Representado por esa Pintura impulsada por la poderosa casa de Austria, que lo mismo encargaba cuadros a Rubens o Vel\u00e1zquez, que decid\u00eda el env\u00edo de escuadras enteras a distantes puntos de ese planeta que se convirti\u00f3 en el sobrenombre honor\u00edfico de Felipe IV.<\/p>\n<p>En definitiva, Jonathan Brown mantuvo vivo, y aviv\u00f3 de hecho, mi inter\u00e9s sobre una \u00e9poca que he tenido la inmensa suerte de poder estudiar, investigar y divulgar. Como ocurre desde hace a\u00f1os en esta p\u00e1gina y otras publicaciones.<\/p>\n<p>Jonathan Brown, en efecto, supo devolvernos la imagen de un mundo complejo -y por eso mismo fascinante- del que descendemos, pero que estaba lleno de cuestiones que hoy nos parecen producidas por una sociedad transida de simbolismo oculto y creencias que se pasean entre lo que para nosotros es Magia y para ellos, todav\u00eda, era Ciencia. Como, por ejemplo, creer que las nueces pod\u00edan curar el dolor de cabeza porque su fruto era an\u00e1logo al cerebro humano o que una herida volv\u00eda a sangrar ante el arma que la hab\u00eda causado\u2026<\/p>\n<p>El mundo del Barroco que Jonathan Brown estudi\u00f3 con tanta dedicaci\u00f3n, es, en efecto, complejo y fascinante por esas y otras muchas razones.<\/p>\n<p>Se trata de una Humanidad muy rica en reacciones que hoy nos parecen sorprendentes -plasmadas muchas veces en im\u00e1genes como las que el profesor Jonathan Brown estudi\u00f3- pero, quiz\u00e1s por eso mismo, tan interesantes de observar y considerar.<\/p>\n<p>As\u00ed ocurre en la Nueva Inglaterra de la que era nativo Jonathan Brown, por ejemplo. En pleno siglo XVII, en una fecha en la que la tolerancia religiosa era una quimera y la Caza de Brujas estaba en su punto m\u00e1s \u00e1lgido -salvo en una Espa\u00f1a que ya ha dejado de creer en tales cosas- apareci\u00f3 all\u00ed todo un visionario, Roger Williams, que fundar\u00e1 en 1636 la ciudad de Providence en lo que entonces es la provincia de Rhode Island. Una ciudad-refugio donde eran admitidos todos los credos religiosos. Desde el Catolicismo hasta el Puritanismo, pasando incluso por el Islam y, por supuesto, por los \u201cpaganos\u201d. Es decir, los nativos americanos due\u00f1os de aquellas tierras hasta que llegaron los europeos. Todos ellos equiparados en igualdad de derechos civiles\u2026<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n vivieron en esa \u00e9poca, tan sorprendente, aquellos de quienes quer\u00eda hablar hoy para rendir homenaje al profesor Jonathan Brown. Los llamados Clubmen, que demuestran que, en efecto, el mundo del Barroco europeo al que \u00e9l dedic\u00f3 su vida, era un mundo complejo, fascinante, al que merece la pena dedicar toda una vida de estudio, investigaci\u00f3n, divulgaci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Hoy d\u00eda el nombre de Clubmen puede llevar a error. A identificar la palabra con ese mundo exclusivo y con gran solera de los elitistas clubs ingleses que huelen a venerables bibliotecas, a co\u00f1ac caro y a cuero de sof\u00e1 Chester curado durante generaciones por el humo de cigarros no menos caros. De hecho, una marca de coches de alta gama como la fabricante del famoso Mini Morris, ha dado ese nombre, \u201cClubman\u201d, a uno de sus modelos.<\/p>\n<p>Lo cierto es que los Clubmen nada tienen que ver con ese mundo. Ni de la forma m\u00e1s remota. Los Clubmen -como aprend\u00ed mientras era sumergido, en mis a\u00f1os de estudiante, en el siglo XVII a trav\u00e9s de su Arte, su Geograf\u00eda, su Historia\u2026- eran un tercer partido de los que luch\u00f3 durante la primera guerra civil inglesa, desarrollada entre 1642 y 1646.<\/p>\n<p>Apenas son conocidos hoy. Seguramente porque las pel\u00edculas m\u00e1s famosas que se han rodado sobre esos hechos, como el \u201cCromwell\u201d de Ken Hughes o la m\u00e1s reciente \u201cMatar a un rey\u201d, pasan casi de puntillas sobre esos hombres, y mujeres, condenados a los m\u00e1rgenes de la realidad. Incluso en los libros de Historia.<\/p>\n<p>Se trataba de gentes del medio rural ingl\u00e9s. Es decir, granjeros y otros peque\u00f1os productores fundamentalmente del Sur y el Oeste de Inglaterra. Y como Roger Williams -el fundador de Providence, que quer\u00eda la separaci\u00f3n de la iglesia y el estado y que se pagase un precio justo a los \u201cindios\u201d por sus tierras- son una chocante contradicci\u00f3n con lo que era normal en aquella Europa barroca en la que conviv\u00eda el brillante mundo de Vel\u00e1zquez y la guerra, la superstici\u00f3n y la miseria aparejada a todo aquello, que hac\u00eda bromear al astr\u00f3nomo Johannes Kepler -habitante de aquella revuelta Europa- sobre que si las esferas celestes produc\u00edan M\u00fasica como aseguraba Pit\u00e1goras, la Tierra deb\u00eda tocar siempre las notas Fa-Mi. Es decir: Hambre en lat\u00edn. La que padec\u00eda una Centroeuropa devastada por a\u00f1os y a\u00f1os de guerra que Kepler ve\u00eda pasar ante sus ojos y su hambriento est\u00f3mago cuando no buscaba el modelo que explicase la \u00f3rbita de Marte. El planeta llamado as\u00ed, precisamente, por el dios de la Guerra, que, adem\u00e1s, fue plasmado en uno de los m\u00e1s famosos cuadros de Vel\u00e1zquez.<\/p>\n<p>Una guerra que esos Clubmen, campesinos ingleses coet\u00e1neos de Vel\u00e1zquez, de Roger Williams y de Johannes Kepler, aprendieron a odiar con todas sus fuerzas y a la que se opusieron con las precarias armas a su alcance que les dieron nombre: los \u201cclubs\u201d o bastones, sus picas improvisadas con instrumentos de labranza\u2026<\/p>\n<p>Armas que usaron tanto contra los soldados al servicio del rey Carlos I como contra los del Ej\u00e9rcito del Parlamento. Ese que trataba de atajar las veleidades absolutistas de aquel monarca que prefiri\u00f3 la guerra a un acuerdo con la naci\u00f3n all\u00ed representada.<\/p>\n<p>La raz\u00f3n para esa inquina de los Clubmen contra ambos bandos era perfectamente l\u00f3gica: los merodeadores de los dos ej\u00e9rcitos saqueaban, robaban, mataban y violaban mujeres de aquellas granjas con igual afici\u00f3n. Parece que incluso hasta despu\u00e9s de que Oliver Cromwell convirtiera al Ej\u00e9rcito parlamentario en ese nuevo ej\u00e9rcito modelo llamado \u201cde los santos\u201d. Pues el futuro dictador tuvo que enfrentarse a los Clubmen, cada vez m\u00e1s irreductibles, que defend\u00edan -con todo lo que ten\u00edan a mano- sus vidas y propiedades, su integridad f\u00edsica\u2026, de aquellas plagas de langosta encarnadas en ej\u00e9rcitos que viv\u00edan ya s\u00f3lo para combatirse entre s\u00ed y exig\u00edan que todo lo que estaba al alcance de sus armas, fuera puesto al servicio de la causa del rey absoluto o del Parlamento primero y el fanatismo puritano hacia el final de aquel conflicto que convirti\u00f3 a Cromwell en algo peor que un rey absoluto\u2026<\/p>\n<p>Extra\u00f1os son hoy, quiz\u00e1s, para nosotros, aquellos raros pacifistas ingleses del siglo XVII pero, una vez conocidos, creo que demuestran, otra vez, las razones por las que alguien como Jonathan Brown dedic\u00f3 toda una vida al estudio de aquella compleja y a la vez fascinante \u00e9poca\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Est\u00e1 semana pasada nos dejaba Jonathan Brown, un -como ya habr\u00e1n le\u00eddo en los numerosos obituarios que le han dedicado- notable hispanista norteamericano que dedic\u00f3 la mayor parte de su larga vida de 82 a\u00f1os a la investigaci\u00f3n de la pintura barroca espa\u00f1ola. 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