{"id":3204,"date":"2022-02-07T11:30:04","date_gmt":"2022-02-07T09:30:04","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3204"},"modified":"2022-02-07T12:30:36","modified_gmt":"2022-02-07T10:30:36","slug":"el-cardenal-con-botas-algo-de-historia-de-la-familia-richelieu-1576-1585","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2022\/02\/07\/el-cardenal-con-botas-algo-de-historia-de-la-familia-richelieu-1576-1585\/","title":{"rendered":"El cardenal con botas. Algo de Historia de la familia Richelieu (1576-1585)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3205 \" title=\"Detalle de &quot;El cardenal Richelieu en el sitio de La Rochela&quot;, por Henri-Paul Motte (1881)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Fragmento-de-El-cardenal-Richelieu-en-el-sitio-de-la-Rochelle.-Hnri-Paul-Motte-1881-300x221.png\" alt=\"\" width=\"415\" height=\"306\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Fragmento-de-El-cardenal-Richelieu-en-el-sitio-de-la-Rochelle.-Hnri-Paul-Motte-1881-300x221.png 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Fragmento-de-El-cardenal-Richelieu-en-el-sitio-de-la-Rochelle.-Hnri-Paul-Motte-1881-628x462.png 628w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Fragmento-de-El-cardenal-Richelieu-en-el-sitio-de-la-Rochelle.-Hnri-Paul-Motte-1881.png 683w\" sizes=\"(max-width: 415px) 100vw, 415px\" \/>Iniciaba yo esta semana pasada un curso de Historia de Europa en el que el eje va a ser, ante todo, el famoso -pero no por eso mejor conocido- cardenal Richelieu. S\u00ed, el de \u201cLos tres mosqueteros\u201d.<\/p>\n<p>Eso me ha llevado a repasar varios libros que versan, claro est\u00e1, sobre Armand-Jean du Plessis, el futuro cardenal Richelieu que nacer\u00e1 en el a\u00f1o 1585. Entre otros un volumen escrito a varias manos en el que la Editorial Hachette ofrec\u00eda a la culta burgues\u00eda y clase media francesa una biograf\u00eda del personaje desde varios \u00e1ngulos y como parte de una colecci\u00f3n dedicada a \u201cGenios y realidades\u201d. Una peque\u00f1a joya bibliogr\u00e1fica, un documento ya en s\u00ed, pues Hachette daba este libro a su p\u00fablico en el a\u00f1o 1972. Con lo cual nos podemos hacer una idea de qu\u00e9 nivel intelectual ten\u00eda el negocio editorial en aquella Francia en la que se pod\u00eda abordar, con \u00e9xito, la publicaci\u00f3n de una larga colecci\u00f3n de grandes personajes. Una que iba desde escritores como Balzac, hasta pintores como Delacroix, Goya o el a\u00fan vivo, y exiliado en Francia, Picasso pasando por m\u00fasicos como Bach y Beethoven y lo que el editor llamaba \u201cHombres de estado\u201d. Entre los cuales estaba el cardenal Richelieu junto a otros tan dispares como Alejandro Magno y el sinuoso Talleyrand, capaz de sobrevivir a la revoluci\u00f3n francesa, a la Restauraci\u00f3n borb\u00f3nica dos veces y al propio Napole\u00f3n al que sirvi\u00f3 como ministro.<\/p>\n<p>En esa relectura he encontrado en ese libro sobre el cardenal Richelieu algunos datos que daba Maurice Andrieux en el primer cap\u00edtulo de ese volumen en el que colaboran desde este periodista y pol\u00edtico afiliado al inefable Partido Comunista Franc\u00e9s, hasta eminencias acad\u00e9micas como el historiador Roland Mousnier.<\/p>\n<p>Andrieux, remont\u00e1ndose hasta el bisabuelo del futuro cardenal, respond\u00eda a una pregunta que a\u00f1os atr\u00e1s me hizo otro periodista cuando habl\u00e1bamos de una de las grandes operaciones militares del cardenal. Una no muy conocida, pues acab\u00f3 en un estrepitoso fiasco para Francia: es decir el asedio contra la plaza fuerte de la actual ciudad de Hondarribia, que en aquel a\u00f1o, 1638, era a\u00fan conocida como Fuenterrab\u00eda.<\/p>\n<p>La pregunta de aquel otro periodista que, evidentemente, no era Maurice Andrieux, fue que c\u00f3mo era posible que cardenales y arzobispos como el de Burdeos, apareciesen en asedios como los de Fuenterrab\u00eda, vestidos en parte como eclesi\u00e1sticos y en parte como oficiales de la \u00e9poca, con botas de montar, armadura, espada, etc.<\/p>\n<p>La respuesta a esa pregunta est\u00e1 en el contexto social del que hab\u00eda salido Armand-Jean du Plessis. Uno que describe muy bien, y sin ambages, Maurice Andrieux con ese temple con el que los franceses hablan de su propia Historia, para lo bueno y lo malo.<\/p>\n<p>As\u00ed nos dice Andrieux que el primero de los Richelieu que empez\u00f3 a hacerse cierta reputaci\u00f3n m\u00e1s all\u00e1 de los estrechos c\u00edrculos de la peque\u00f1a nobleza, fue Antoine du Plessis. Apodado \u201cEl monje\u201d pese a que esa reputaci\u00f3n que se labra no es precisamente la de un pac\u00edfico fraile.<\/p>\n<p>En efecto, Andrieux nos dice que el bisabuelo del futuro cardenal combate en las cruentas Guerras de Religi\u00f3n francesas (las que van de 1562 a 1598) bajo las banderas de una de las principales casas nobles francesas devota del Catolicismo: los Guisa. En dicho servicio cometer\u00e1 crueldades que s\u00f3lo hemos visto reflejadas en el Cine. Como quemar vivos dentro de una iglesia, en 1561 -antes del comienzo oficial de las hostilidades- a un centenar de protestantes franceses completamente desarmados. Maurice Andrieux dice que ese ser\u00eda, por otra parte, el hecho de armas m\u00e1s alto del bisabuelo del futuro cardenal. En cualquier caso eso le ganar\u00e1, tambi\u00e9n, el cargo de gentilhombre del rey\u2026<\/p>\n<p>Un solvente historiador brit\u00e1nico, Lawrence Stone ya advert\u00eda -hablando de la nobleza inglesa de esas mismas fechas- que deb\u00edamos desligar la imagen del actual caballero ingl\u00e9s, el <em>gentleman<\/em> que tan bien encarn\u00f3 en la pantalla David Niven, de lo que realmente significaba ser un \u201cgentilhombre\u201d en aquella \u00e9poca. Algo que ten\u00eda que ver m\u00e1s que con esos caballeros elegantes e impecables, que no se alteran por nada y que siempre juegan limpio, con lo que hoy asociamos a la imagen de bandidos, forajidos y salteadores de caminos.<\/p>\n<p>As\u00ed Stone daba en su libro varios ejemplos de seren\u00edsimos y nobil\u00edsimos lores ingleses bati\u00e9ndose en medio de las calles de Londres a estocadas y tiros con las bandas armadas de otras familias rivales que estaban all\u00ed para lo mismo que ellos. Es decir: para demostrar qui\u00e9n pisaba m\u00e1s fuerte en aquellas calles\u2026<\/p>\n<p>La nobleza francesa (o la espa\u00f1ola) de ese siglo XVI, menos identificada con la imagen del \u201cgentleman\u201d brit\u00e1nico, no era, sin embargo, muy distinta y el bisabuelo del cardenal Richelieu, Antoine du Plessis, supo hacer honor a esa manera de comportarse.<\/p>\n<p>As\u00ed Andrieux nos dice que cuando muere el 19 de enero de 1576 el memorialista Pierre de L\u00b4 Estoile hac\u00eda de \u00e9l una semblanza siniestra. Dec\u00eda L\u00b4Estoile que el 19 de enero de ese a\u00f1o hab\u00eda sido muerto en Par\u00eds, en la calle de las Lavanderas, el capit\u00e1n Richelieu, hombre de mala fama y renombrado por sus robos, sus rater\u00edas (\u201clarcins\u201d) y blasfemias. Adem\u00e1s lo calificaba de rufi\u00e1n conocido en todos los burdeles y precisaba que lo hab\u00edan matado otros rufianes como \u00e9l cuando se encontraban acompa\u00f1ados de lo que este memorialista (algo filoprotestante, todo hay que decirlo) disimula bajo el apelativo de \u201cgarces\u201d, que era una forma de llamar en argot a las prostitutas y que podr\u00edamos traducir como \u201cperras\u201d o \u201czorras\u201d\u2026<\/p>\n<p>El padre del cardenal, ciertamente, mejorar\u00e1 algo tan poco edificante curr\u00edculum. Aunque desde nuestro civilizado punto de vista no demasiado. As\u00ed es: Maurice Andrieux se\u00f1ala que Fran\u00e7ois du Plessis tendr\u00e1 que pasar una larga temporada exiliado en Polonia, en compa\u00f1\u00eda del futuro Enrique III de Francia que, por aquel entonces, s\u00f3lo era duque de Anjou y rey electo de ese pa\u00eds centroeuropeo tras la muerte sin descendencia del \u00faltimo miembro var\u00f3n de la dinast\u00eda Jagell\u00f3n.<\/p>\n<p>\u00bfEl motivo para tan discreto y, finalmente, remunerador exilio, pues abrir\u00e1 las puertas de la Corte a los Du Plessis? Muy sencillo: Fran\u00e7ois du Plessis, padre del futuro cardenal Richelieu se hab\u00eda comportado como se esperaba que se comportase un gentilhombre de la \u00e9poca: en una emboscada hab\u00eda matado al se\u00f1or de Mausson que era, como dice Andrieux, enemigo jurado de la familia Du Plessis por haber asesinado -sin motivo honorable que se supiera- al hijo primog\u00e9nito de esa familia\u2026<\/p>\n<p>Armand-Jean iba por el mismo camino pues desde ni\u00f1o demostr\u00f3 un gusto -l\u00f3gico si atendemos a estos antecedentes familiares- por la carrera de las armas. Algo que trunc\u00f3 un arrebato m\u00edstico de su hermano mayor, que prefiri\u00f3 ser monje cartujo a acceder al cargo -y cuantioso beneficio- de obispo de Lu\u00e7on, que correspond\u00eda a los Du Plessis. Escala de mano al poder civil y econ\u00f3mico que, por supuesto, la familia no pod\u00eda dejar vacante y que, finalmente, llev\u00f3 al belicoso Armand-Jean a tomar los h\u00e1bitos para ocupar ese puesto al que, en principio, su car\u00e1cter no le destinaba.<\/p>\n<p>Posteriormente, como demuestra su biograf\u00eda, el cardenal dej\u00f3 claro que, aun as\u00ed, no hab\u00eda olvidado sus lecciones militares y las aplic\u00f3 con rigor y eficacia a la salvaci\u00f3n de una Francia que, de otro modo, habr\u00eda podido acabar tan mal como aquella Polonia en la que Fran\u00e7ois du Plessis se hab\u00eda tenido que exiliar -por aquellas cosas del honor defendido a daga y espada- de no haber sido por la mano dura de aquel general truncado y convertido en cardenal y valido de Luis XIII. Alguien, ese cardenal Richelieu, que sabr\u00eda ponerse espada, botas de montar y espuelas cuando la ocasi\u00f3n lo requiri\u00f3. Por el bien de Francia. Como en aquella famosa y p\u00e9rfida frase que Dumas le atribuy\u00f3 a ese cardenal con botas, a Richelieu, en \u201cLos tres mosqueteros\u201d\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Iniciaba yo esta semana pasada un curso de Historia de Europa en el que el eje va a ser, ante todo, el famoso -pero no por eso mejor conocido- cardenal Richelieu. S\u00ed, el de \u201cLos tres mosqueteros\u201d. 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