{"id":3213,"date":"2022-02-14T11:30:02","date_gmt":"2022-02-14T09:30:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3213"},"modified":"2022-02-14T12:31:38","modified_gmt":"2022-02-14T10:31:38","slug":"juan-sebastian-elcano-y-los-trapisondistas-1222-1522","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2022\/02\/14\/juan-sebastian-elcano-y-los-trapisondistas-1222-1522\/","title":{"rendered":"Juan Sebasti\u00e1n Elcano y los trapisondistas (1222-1522)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3214\" title=\"Ilustraci\u00f3n para una de las ediciones de &quot;El libro de las Maravillas&quot; de Marco Polo (siglo XIV)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Ilustraci\u00f3n-para-de-las-ediciones-del-Libro-de-las-Maravillas-300x187.jpg\" alt=\"\" width=\"449\" height=\"280\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Ilustraci\u00f3n-para-de-las-ediciones-del-Libro-de-las-Maravillas-300x187.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Ilustraci\u00f3n-para-de-las-ediciones-del-Libro-de-las-Maravillas.jpg 321w\" sizes=\"(max-width: 449px) 100vw, 449px\" \/>Preparando una conferencia para el Ateneo guipuzcoano que tendr\u00e1 lugar ma\u00f1ana mismo, a las 19:30, en el sal\u00f3n de actos de la Biblioteca Koldo Mitxelena de San Sebasti\u00e1n, me he le\u00eddo, deliberadamente, la novela hist\u00f3rica titulada \u201cBaudolino\u201d.<\/p>\n<p>Quienes conozcan esta obra de aquel gran fabulador erudito que fue el profesor Umberto Eco, quiz\u00e1s se pregunten qu\u00e9 tiene que ver esa descacharrante novela de ambiente medieval con Juan Sebasti\u00e1n Elcano. Ese serio navegante y descubridor pr\u00e1ctico de la redondez del Mundo (entre otras cosas).<\/p>\n<p>La respuesta, aunque por caminos algo sinuosos, es bastante sencilla. Tanto como la estrecha relaci\u00f3n que existe entre esos descubridores y navegantes renacentistas -como Magallanes o Elcano- y esas personas a las que se aplica el dicterio de \u201ctrapisondistas\u201d, sabiendo muy bien el calibre del insulto que se les hace, pero desconociendo, como no pod\u00eda ser menos, el origen remoto de esa palabra que ahora es ese feo insulto.<\/p>\n<p>Pero si aclaramos ese punto, el origen medieval de la palabra \u201ctrapisondista\u201d, pronto veremos esa clara relaci\u00f3n entre nuestro ilustre marino Elcano y esas gentes (a medio camino entre los sabios y los charlatanes que paseaban por las ferias la Mona de \u00c1frica, como se dice en \u201cBaudolino\u201d) que Umberto Eco describe con su maestr\u00eda habitual en esa novela.<\/p>\n<p>Eco ten\u00eda, en efecto, el talento de convertir cuestiones eruditas en algo asequible para un gran p\u00fablico que se tomaba la molestia al menos de acercarse a sus libros. \u201cBaudolino\u201d no es ninguna excepci\u00f3n. Convierte en materia asimilable para muchos todo lo relacionado con el mundo medieval que s\u00f3lo conocen unos pocos especialistas como el profesor Eco. Como por ejemplo los trapisondistas primigenios. Es decir: en este caso Baudolino y su variopinta c\u00e1fila de amigos y compa\u00f1eros.<\/p>\n<p>Baudolino, es hijo de un deslenguado campesino del Norte de Italia que se lo vende (m\u00e1s o menos) al emperador Federico de Suabia (m\u00e1s conocido como Barbarroja) cuando \u00e9ste, durante sus numerosas luchas con las ciudades italianas, en el a\u00f1o 1155, se percata de la inteligencia natural del muchacho y decide adoptarlo como hijo para que esa astuta cabeza no se malogre en aquella Italia rural rebelde contra la autoridad imperial. Sumida en mezquinas luchas entre ciudades que vienen y van de la alianza imperial a la papal casi s\u00f3lo por fastidiar a la ciudad vecina. Como bien resumen algunas p\u00e1ginas de esa novela titulada \u201cBaudolino\u201d.<\/p>\n<p>Es as\u00ed como el protagonista de la misma acaba en La Sorbona de Par\u00eds, donde se comporta como era habitual en esos centros de educaci\u00f3n en la \u00e9poca y bien claro qued\u00f3 en novelas de la Alta Literatura francesa de las que, por supuesto, el profesor Eco ha bebido. Como \u201cNuestra Se\u00f1ora de Par\u00eds\u201d de Victor Hugo.<\/p>\n<p>Es decir, Baudolino estudia, busca y rebusca en exquisitas bibliotecas y se hace con una cultura. Pero s\u00f3lo cuando no est\u00e1 participando en alguna de las canalladas habituales en la poblaci\u00f3n estudiantil medieval, que se mueve entre las \u00f3rdenes eclesi\u00e1sticas menores y esos cl\u00e9rigos errantes que ten\u00edan m\u00e1s de lo segundo que de lo primero y ser\u00e1n conocidos como \u201cgoliardos\u201d. Unas criaturas bien reflejadas en el c\u00e9lebre Fraile Tuck de las numerosas versiones del mito de Robin Hood o en la que sigue siendo la letra oficial del Himno de la Universidad. Esa que despu\u00e9s de vitorear a la Academia y a los profesores, recomienda aprovechar el tiempo en recreaciones m\u00e1s terrenales porque tras la alegre juventud y la dura vejez lo que nos espera es la tierra\u2026<\/p>\n<p>Todo un programa hedonista que Baudolino y sus compadres, m\u00e1s o menos satelizados en torno a La Sorbona, aplican al pie de la letra y m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Es as\u00ed tambi\u00e9n como estos acabados ejemplos de universitario medieval acaban convertidos en trapisondistas. Con la mejor de las intenciones. Como suele ser habitual en estos casos. As\u00ed Baudolino, buscando ayudar a su padre adoptivo, Federico Barbarroja, para que legitime su imperial poder, empezar\u00e1 a buscar las huellas del m\u00edtico Preste Juan. Un rey y sacerdote cristiano que se supone vive en alg\u00fan vago lugar situado en Oriente. Tierra lejana y, por tanto, llena de riquezas y maravillas. Como el mismo Preste Juan, que se puede convertir en aliado de los cristianos -empezando por el emperador Federico, claro est\u00e1- contra los insidiosos infieles musulmanes.<\/p>\n<p>Es as\u00ed como por la novela de Eco van desfilando toda clase de mitos y leyendas que, en su mayor\u00eda, parecen sacados de un libro ver\u00eddico -o eso dec\u00eda su autor- algo posterior a la \u00e9poca en la que se desarrolla \u201cBaudolino\u201d, que es en la Cuarta Cruzada que acaba en 1204. Ese libro es el famoso \u201cLibro de las Maravillas\u201d escrito hacia 1299 merced a los recuerdos del comerciante y viajero Marco Polo que, ciertamente, logra encontrar a un poderoso monarca al Oriente, aunque \u00e9ste de cristiano tiene m\u00e1s bien poco. Si bien de musulm\u00e1n tampoco tiene mucho.<\/p>\n<p>En ese libro, tambi\u00e9n llamado jocosamente por sus contempor\u00e1neos \u201cEl mill\u00f3n\u201d -por la sospecha de que <em>micer <\/em>Polo exageraba bastante y todo lo contaba por millones- se hablaba de Trebisonda. Una de las muchas ciudades que los Polo cruzan. Lo que cuenta Marco Polo de ella no es ni m\u00e1s ni menos exagerado que otras historias contenidas en su libro. Como la relativa a un aceite que arde y arde sin parar (ese oro negro que tanto apreciamos hoy, sobre todo a la hora de llenar el dep\u00f3sito de nuestros motores de combusti\u00f3n) o la secta de los \u201cassassinis\u201d del Viejo de la Monta\u00f1a. Sicarios que, drogados con \u201chach\u00eds\u201d (de ah\u00ed su nombre), mataban a sueldo de dicho Viejo. Un infundio m\u00e1s o menos cierto del libro de Polo al que en \u201cBaudolino\u201d se le da la vuelta.<\/p>\n<p>En cualquier caso, lo cierto es que el nombre de Trebisonda hace fortuna y acaba aplic\u00e1ndose, transmutada en \u201cTrapisonda\u201d, a gente como Baudolino, dedicada a urdir relatos fant\u00e1sticos sobre lejanas tierras y m\u00edticos imperios que acaso sean ciertos o acaso no&#8230;<\/p>\n<p>Pero eso ser\u00e1 con el tiempo. En el siglo XV, cuando aparecen las primeras referencias en castellano a Trebisonda (como en las \u201cAndan\u00e7as\u201d del sevillano Pedro Tafur a partir de sus viajes entre 1436 y 1439), suena a algo real y visto. La puerta de entrada a un mundo casi desconocido que merece la pena comprobar y dejar asentado en mapas que se convertir\u00e1n en un tesoro estrat\u00e9gico. Pues, de ser cierto lo que dicen los navegantes y cosm\u00f3grafos que los levantan, ya con la Ciencia en la mano y no con la pluma del viajero o comerciante coleccionista de curiosidades y an\u00e9cdotas, dan el dominio sobre el Mar y acceso a las Islas de las Especias, al Oro de Oriente, en rutas libres del enemigo por excelencia, el Turco\u2026<\/p>\n<p>Es as\u00ed como navegantes como Magallanes y Elcano se persuaden y consiguen persuadir de que su viaje al Oriente por Occidente, no es una empresa desesperada inspirada por goliardos trapisondistas como el imaginativo Baudolino de Umberto Eco, sino por viajeros, tal vez algo tendentes a exagerar, pero que, en conjunto, describen sucesos, rutas y riquezas ciertas.<\/p>\n<p>Es as\u00ed, tambi\u00e9n, como Elcano, un hombre a caballo entre la Edad Media y el Renacimiento, acaba por escribir las primeras l\u00edneas de algo real, tangible, estrat\u00e9gicamente vital, sac\u00e1ndolo de entre las brumas inciertas de una Edad Media donde, como el relato de Marco Polo que inspira a Col\u00f3n, se mezclaban todav\u00eda fantas\u00edas como los cinoc\u00e9falos y realidades como las ricas Islas de las Especias\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Preparando una conferencia para el Ateneo guipuzcoano que tendr\u00e1 lugar ma\u00f1ana mismo, a las 19:30, en el sal\u00f3n de actos de la Biblioteca Koldo Mitxelena de San Sebasti\u00e1n, me he le\u00eddo, deliberadamente, la novela hist\u00f3rica titulada \u201cBaudolino\u201d. 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