{"id":3241,"date":"2022-02-28T11:30:02","date_gmt":"2022-02-28T09:30:02","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3241"},"modified":"2022-02-28T12:31:30","modified_gmt":"2022-02-28T10:31:30","slug":"algo-de-historia-sobre-los-carnavales-1852-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2022\/02\/28\/algo-de-historia-sobre-los-carnavales-1852-2022\/","title":{"rendered":"Algo de Historia sobre los Carnavales (1852-2022)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3242 size-medium\" title=\"Portada de una revista de Modas recomendando disfraces de Carnaval para se\u00f1oras y se\u00f1oritas (1889)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Revista-de-modas-recomendado-disfraces-para-se\u00f1oras-y-se\u00f1oritas-1889-268x300.jpg\" alt=\"\" width=\"268\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Revista-de-modas-recomendado-disfraces-para-se\u00f1oras-y-se\u00f1oritas-1889-268x300.jpg 268w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Revista-de-modas-recomendado-disfraces-para-se\u00f1oras-y-se\u00f1oritas-1889-768x858.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Revista-de-modas-recomendado-disfraces-para-se\u00f1oras-y-se\u00f1oritas-1889-562x628.jpg 562w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/02\/Revista-de-modas-recomendado-disfraces-para-se\u00f1oras-y-se\u00f1oritas-1889.jpg 1180w\" sizes=\"(max-width: 268px) 100vw, 268px\" \/>Supongo que tal vez parezca raro que esta semana, como la anterior, no haya elegido como tema de un nuevo correo de la Historia lo que est\u00e1 pasando ahora mismo en Ucrania.<\/p>\n<p>Lo cierto es que materia sobre esa cuesti\u00f3n no falta ahora que, finalmente, Rusia se ha decidido a invadir Ucrania y no quedarse en un simple amago, en un \u201cbluff\u201d. Ciertamente desde ese momento los Medios de Comunicaci\u00f3n, en especial la Televisi\u00f3n, no dejan, en algunos conspicuos casos, de regalar perlas cultivadas emanadas de esas bocas audaces de los que ya algunos empiezan a llamar expertos en \u201cTodolog\u00eda\u201d. Porque lo mismo opinan de F\u00fatbol que de Geoestrategia y de lo que sea menester seg\u00fan el tema m\u00e1s candente y actual.<\/p>\n<p>Una de esas perlas intelectuales, seg\u00fan pude o\u00edr, es que la Rusia de Putin es imperialista y tienen en su punto de mira imperial a la, hoy por hoy, temblorosa Uni\u00f3n Europea que, justo es reconocerlo, se est\u00e1 cubriendo con este asunto de oprobio y rid\u00edculo. Y qui\u00e9n sabe si de algo peor y m\u00e1s c\u00ednico y oscuro\u2026<\/p>\n<p>Curiosa novedad \u00e9sta porque, desde la perspectiva de la Historia, si algo se percibe es que las ambiciones imperiales rusas siempre han mirado m\u00e1s a Oriente que a Occidente, hacia sus vastas extensiones vac\u00edas m\u00e1s all\u00e1 de Mosc\u00fa. De la Europa m\u00e1s al Oeste de Mosc\u00fa hace tiempo que Rusia nada parece querer en cuanto a ambiciones territoriales. Sus intervenciones desde los tiempos de Pedro el Grande, en el siglo XVIII, se han limitado a vapulear -si le era posible- a molestos vecinos occidentales y luego retirarse. Suecia, Francia y Alemania conocen bien eso.<\/p>\n<p>En definitiva, la ocupaci\u00f3n permanente de territorios al Oeste de la frontera rusa digamos natural, ha sido m\u00e1s bien rara por parte de ese pa\u00eds. Polonia ser\u00eda una de las excepciones y el caso extremo de esa tendencia, pero la invasi\u00f3n y ocupaci\u00f3n de ese pa\u00eds eslavo -mas, ay, cat\u00f3lico- no fue privativa de Rusia, sino negocio pol\u00edtico compartido con alemanes y austr\u00edacos hasta ya entrado el siglo XX\u2026<\/p>\n<p>Pero, dejemos las elucubraciones precipitadas (y, en general, indocumentadas) de los \u201ctod\u00f3logos\u201d y otros cientos de entusiastas que, con un ordenador a tiro, no dejan de verter sus especulaciones al \u00e9ter. O incluso de publicar fotos y videos que no se corresponden con los hechos. Hay demasiado humo, todav\u00eda, en torno a Ucrania y es preferible esperar a ver en qu\u00e9 va a quedar finalmente todo. Por m\u00e1s que el historiador que esto escribe, en base a constantes hist\u00f3ricas, ya se hace una idea bastante ajustada de c\u00f3mo va a ser el final de esa nueva aventura rusa\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed que hoy prefiero hablar del Carnaval y su Historia, fiesta que, por cierto, no se ha suspendido en nuestras latitudes -y otras m\u00e1s renombradas- a causa del estado de guerra en Europa del Este.<\/p>\n<p>\u00bfQu\u00e9 se puede contar, hoy por hoy, sobre el tema que sea interesante? Desde luego desde que el maestro Le Roy Ladurie abri\u00f3 la veda con \u201cEl carnaval de Romans\u201d (del que ya habl\u00e9 algo en otros correos de la Historia) ese parece terreno f\u00e9rtil para los historiadores.<\/p>\n<p>Aparte del uso como m\u00e9todo de protesta revolucionario -o similar- que nos describ\u00eda Le Roy Ladurie en aquella revuelta Francia del 1580, el Carnaval es algo m\u00e1s que la alegr\u00eda y el desenfreno que se ve en sitios como R\u00edo de Janeiro en las consabidas im\u00e1genes caracter\u00edsticas de estas fechas.<\/p>\n<p>Precisamente ese ya muy estereotipado Carnaval de R\u00edo es el que nos puede facilitar una historia interesante sobre la Historia del Carnaval.<\/p>\n<p>Ese relato empezar\u00eda as\u00ed: dice Peter Burke en \u201cFormas de Historia cultural\u201d -uno de los estudios sobre la cultura popular que tan justa fama le han ganado- que el Carnaval original de R\u00edo era una verdadera abominaci\u00f3n para muchos brasile\u00f1os del siglo XIX.<\/p>\n<p>\u00bfPor qu\u00e9? La respuesta a esa pregunta es muy sencilla si nos sumergimos en la Am\u00e9rica del Sur de mediados del siglo XIX, que es cuando se empieza a fraguar esa materia festiva.<\/p>\n<p>En esas fechas las burgues\u00edas de todos los pa\u00edses de Europa y Am\u00e9rica -de Norte a Sur- miran embelesadas a la Francia del Segundo Imperio napole\u00f3nico. O m\u00e1s bien habr\u00eda que decir a Francia en general, pues como Joan DeJean ya revelaba en ese \u201cLibro del estilo\u201d que he recomendado leer muchas veces, ese pa\u00eds, desde los tiempos de Luis XIV, marcaba la pauta del buen gusto, la educaci\u00f3n y los modales m\u00e1s refinados, el buen tono, la elegancia en el vestir\u2026<\/p>\n<p>En fin, as\u00ed las cosas, todas esas burgues\u00edas, desde Mosc\u00fa a Lisboa, desde Montreal a Buenos Aires, tratan de parecerse, de imitar a todo lo que viene de esa Francia que, desde los tiempos del Rey Sol, ha quedado establecida como \u00e1rbitro de la elegancia para todo aquel que se tenga por persona civilizada y educada.<\/p>\n<p>En el Brasil de aquella segunda mitad del siglo XIX no parece haber habido excepci\u00f3n a esa regla. Y as\u00ed el Carnaval de Rio de Janeiro, seg\u00fan nos dice Peter Burke, ten\u00eda que ser un carnaval educado, contenido, civilizado. Como si fuera un baile de m\u00e1scaras en el Palacio de Saint-Cloud bajo la benevolente y flem\u00e1tica mirada de Napole\u00f3n III y Eugenia de Montijo, que invitaban a una diversi\u00f3n moderada y siempre dentro de unas normas de comportamiento que no ofendieran esas buenas maneras, incluso ocultas tras un disfraz y una m\u00e1scara.<\/p>\n<p>El Carnaval popular, el de las \u201cEscolas de Samba\u201d, el desenfreno callejero incontrolado\u2026 ese, ese no era aceptable para aquella burgues\u00eda franc\u00f3fona y franc\u00f3fila. Y, una vez m\u00e1s seg\u00fan Peter Burke, esa clase social hizo todo lo posible por arrumbarlo y arrinconarlo como otra fiesta popular que, sin embargo, no pod\u00eda aspirar al car\u00e1cter de carnaval brasile\u00f1o oficial.<\/p>\n<p>Lo que hoy vemos, habr\u00eda que considerarlo -pese a que Peter Burke no incide tanto en esa cuesti\u00f3n- como una especie de h\u00edbrido entre aquel carnaval <em>brasileiro<\/em> elegante, restringido tanto en sus expresiones como en la escala social, y el carnaval popular, irrestricto.<\/p>\n<p>Es lo que vienen a decirnos esas ordenadas formaciones de sambistas que, s\u00ed, es cierto, tienen un marcado car\u00e1cter de cultura generada entre lo m\u00e1s bajo de la pir\u00e1mide social colonial y postcolonial pero que, a decir verdad, son sumamente uniformes y desfilan y bailan con un orden que para s\u00ed quisieran muchos regimientos.<\/p>\n<p>Bien, pues sondeando en los misterios de esa Historia de la cultura popular que tan bien ha manejado y desarrollado el profesor Burke, eso es lo que podr\u00edamos descubrir hoy, Lunes de Carnaval, sobre esa fiesta de invierno a la que, de momento no ha podido detener ni siquiera una guerra\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Supongo que tal vez parezca raro que esta semana, como la anterior, no haya elegido como tema de un nuevo correo de la Historia lo que est\u00e1 pasando ahora mismo en Ucrania. 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