{"id":3251,"date":"2022-03-14T11:30:10","date_gmt":"2022-03-14T09:30:10","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3251"},"modified":"2022-03-14T12:30:43","modified_gmt":"2022-03-14T10:30:43","slug":"historia-comparada-a-sir-john-h-elliott-in-memoriam-1930-2022","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2022\/03\/14\/historia-comparada-a-sir-john-h-elliott-in-memoriam-1930-2022\/","title":{"rendered":"Historia comparada. A sir John H. Elliott, in memoriam (1930-2022)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3252 size-medium\" title=\"Portada de una edici\u00f3n espa\u00f1ola de &quot;Richelieu y Olivares&quot; de John H. Elliott\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/03\/Portada-de-Richelieu-y-Olivares-205x300.jpg\" alt=\"\" width=\"205\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/03\/Portada-de-Richelieu-y-Olivares-205x300.jpg 205w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/03\/Portada-de-Richelieu-y-Olivares-768x1126.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/03\/Portada-de-Richelieu-y-Olivares-428x628.jpg 428w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/03\/Portada-de-Richelieu-y-Olivares.jpg 1200w\" sizes=\"(max-width: 205px) 100vw, 205px\" \/>Esta semana pasada nos ha dejado <em>sir<\/em> John H. Elliott, en este mismo a\u00f1o que, con \u00e9l, ya se ha cobrado la vida de dos grandes historiadores anglosajones que hicieron de la Espa\u00f1a barroca uno de sus principales temas como investigadores y profesores. Primero fue Jonathan Brown, apenas hace algo m\u00e1s de un mes. Este pasado jueves ha sido <em>sir <\/em>John.<\/p>\n<p>Tuve ocasi\u00f3n de conocerlo en uno de sus numerosos viajes a esta pen\u00ednsula, a cuya Historia en los siglos XVI y XVII \u00e9l dedic\u00f3 su vida. Fue un raro honor y parece que el maestro de muchos de nosotros no encontr\u00f3 del todo in\u00fatil lo que le cont\u00e9 a \u00e9l y a sus acompa\u00f1antes sobre la l\u00e1pida que hoy conmemora que cierto navegante llamado Elcano muri\u00f3 lejos, muy lejos, de aquella parroquia getariarra que hab\u00eda visto nacer -cuando la Edad Media agonizaba- a aquel navegante que dio la vuelta al Mundo por primera vez.<\/p>\n<p>De hecho <em>sir <\/em>John fue en esa ocasi\u00f3n tan amable, y paciente, como para dedicar uno de sus libros a una colega propietaria de dicho volumen que, aprovechando la ocasi\u00f3n, me pidi\u00f3 ese favor.<\/p>\n<p>As\u00ed que cuando me enter\u00e9 de la muerte del profesor Elliott esta semana pasada, ya a una muy avanzada edad, la noticia fue sentida como algo casi personal, familiar. Inevitable pues, tanto como en el caso de Jonathan Brown, dedicarle este correo de la Historia <em>in memoriam<\/em>.<\/p>\n<p>Intentar\u00e9, pues, recordar en unas pocas p\u00e1ginas -al estilo de las oraciones f\u00fanebres que se pronunciaban en aquella \u00e9poca barroca que \u00e9l tanto estudi\u00f3- qu\u00e9 es lo que <em>sir<\/em> John H. Elliott nos dej\u00f3 como legado en su paso por el Mundo.<\/p>\n<p>Creo que lo m\u00e1s importante de ese legado de <em>sir<\/em> John no fue tanto la cantidad de material que removi\u00f3 para reconstruir la Espa\u00f1a de Felipe II, Felipe III o Felipe IV (sobre todo esta \u00faltima), sino la perspectiva sobre esos asuntos que, me parece, es la herencia que nos ha querido dejar a los que -de un modo u otro- somos sus disc\u00edpulos siquiera por haber estudiado con sus numerosos trabajos sobre esa \u00e9poca fundamental, como dec\u00eda \u00e9l, para entender la Europa y el Mundo actuales.<\/p>\n<p>Esa perspectiva es la que \u00e9l defin\u00eda como Historia comparada en su pr\u00f3logo a una de sus obras capitales: \u201c<em>Richelieu y Olivares<\/em>\u201d. Como su t\u00edtulo indica, ese trabajo, publicado originalmente en el a\u00f1o 1984, trataba de observar, a la manera de Plutarco, dos vidas que m\u00e1s que antag\u00f3nicas eran paralelas. Es decir, la de los dos validos, el cardenal franc\u00e9s y el conde-duque espa\u00f1ol, que, entre las d\u00e9cadas de 1620 y 1630 sobre todo, tratar\u00e1n de apoderarse del terreno pol\u00edtico y militar europeo y con \u00e9l del resto del Mundo.<\/p>\n<p>El primero para evitar que su pa\u00eds fuera masacrado por la poderosa coalici\u00f3n de los Austrias que gobiernan casi todo el continente desde Viena hasta Lisboa y el segundo para impedir que esa misma Francia sobreviviera, se fortaleciese y reemplazase a su amo y se\u00f1or Felipe IV -conocido no en vano como el \u201cRey Planeta\u201d- en esa posici\u00f3n de predominio pol\u00edtico y militar.<\/p>\n<p>En ese punto <em>sir<\/em> John era claro: la Historia comparada de ambos primeros ministros, de ambos pa\u00edses representados por ellos, era esencial. La raz\u00f3n era sencilla y reveladora de hasta qu\u00e9 punto dominaba el profesor Elliott el oficio de historiador. Sencillamente se deb\u00eda comparar a ambas figuras porque no eran tan distintas ni tan antag\u00f3nicas. Porque el cardenal Richelieu no era el ejemplo de \u00e9xito total en el que lo hab\u00eda ido convirtiendo su fama p\u00f3stuma, ni el conde-duque de Olivares era la imagen viva del fracaso y decadencia que se le atribuye, precisamente, por oposici\u00f3n a la figura de Richelieu con la que se midi\u00f3 hasta la muerte del cardenal.<\/p>\n<p>Advert\u00eda <em>sir <\/em>John en ese mismo pr\u00f3logo que era posible que los ejercicios de Historia comparada como el que \u00e9l propon\u00eda, y ejecutaba, sobre Richelieu y Olivares tal vez fueran menos fruct\u00edferos de lo que se supon\u00eda. Una prudente observaci\u00f3n que el propio <em>sir <\/em>John refutaba antes de empezar con esa labor se\u00f1alando las palabras de uno de sus grandes predecesores, G. M. Trevelyan, que indicaba que la comparaci\u00f3n de las vidas de pol\u00edticos rivales -y la observaci\u00f3n conjunta de sus distintos puntos de vista- era la v\u00eda m\u00e1s r\u00e1pida para comprender, en su conjunto tambi\u00e9n, una determinada \u00e9poca.<\/p>\n<p>Algo absolutamente cierto, como se comprueba en cuanto se pone en pr\u00e1ctica\u2026<\/p>\n<p>As\u00ed pues, si algo deber\u00edamos recordar especialmente hoy -en este d\u00eda de obituario por <em>sir<\/em> John H. Elliott- de todo su vasto, y perdurable, legado como historiador, creo que deber\u00eda ser esta gran lecci\u00f3n sobre la necesidad de la Historia comparada al estilo de su \u201c<em>Richelieu y Olivares<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Como ejemplo deber\u00eda bastar, aparte de esa peque\u00f1a obra maestra, alguno de los estudios publicados por <em>sir<\/em> John en el a\u00f1o 2009 bajo el t\u00edtulo \u201c<em>Espa\u00f1a, Europa y el mundo de Ultramar (1500-1800)<\/em>\u201d, libro en el que el profesor Elliott ofrec\u00eda algunos ejemplos notables de esa necesaria Historia comparada.<\/p>\n<p>Caso, por ejemplo, del trabajo que titulaba \u201cAprendiendo del enemigo: Inglaterra y Espa\u00f1a en la edad moderna\u201d, donde <em>sir <\/em>John mostraba al p\u00fablico que hab\u00eda tenido la buena idea de acercarse a esas hojas, un pasaje a un pasado nada manido ni estereotipado, lejos de las visiones t\u00f3picas de incomunicaci\u00f3n y desprecio entre Espa\u00f1a e Inglaterra que han hecho fortuna en el imaginario popular. Muchas veces a manos de equivocadas novelas y peores pel\u00edculas basadas en una aproximaci\u00f3n muy pedestre y banal a esa \u00e9poca infinitamente m\u00e1s rica en matices. Como lo demuestra la larga trayectoria de <em>sir <\/em>John H. Elliott y ese trabajo en concreto, que no fue sino uno de muchos m\u00e1s.<\/p>\n<p>En ese art\u00edculo descubr\u00edamos, por ejemplo, a un pr\u00edncipe Carlos Estuardo (el futuro Carlos I), visitando durante nada menos que seis meses la corte de Felipe IV a cara descubierta. Todo ello mientras se negociaba su posible matrimonio con una princesa espa\u00f1ola que estrechase los lazos entre ambas monarqu\u00edas frente a la Francia de Luis XIII que, en ese a\u00f1o 1623, empezaba a levantar la cabeza como un boxeador ca\u00eddo en la lona que, sin embargo, recuperaba fuerzas y no se daba por vencido ni por perdido el combate.<\/p>\n<p>Es \u00e9ste un solo ejemplo que nos recuerda, o deber\u00eda recordar, que <em>sir<\/em> John H. Elliott ya no est\u00e1 en este mundo, pero nos ha dejado un legado que deber\u00edamos atender, fij\u00e1ndonos en esas lecciones de c\u00f3mo escribir Historia que nos hablan desde esas p\u00e1ginas magistrales que fue componiendo a lo largo de esa larga, y provechosa, vida que empez\u00f3 en 1930 y se apag\u00f3 en este 2022 en el que tan necesarias siguen siendo las ecu\u00e1nimes y sabias palabras de este historiador brit\u00e1nico.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Esta semana pasada nos ha dejado sir John H. Elliott, en este mismo a\u00f1o que, con \u00e9l, ya se ha cobrado la vida de dos grandes historiadores anglosajones que hicieron de la Espa\u00f1a barroca uno de sus principales temas como investigadores y profesores. 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