{"id":3329,"date":"2022-05-23T11:30:09","date_gmt":"2022-05-23T09:30:09","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3329"},"modified":"2023-03-03T12:11:20","modified_gmt":"2023-03-03T11:11:20","slug":"historia-cine-y-crisis-las-tres-versiones-de-king-kong-1933-2005","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2022\/05\/23\/historia-cine-y-crisis-las-tres-versiones-de-king-kong-1933-2005\/","title":{"rendered":"Historia, Cine y crisis. Las tres versiones de \u201cKing Kong\u201d (1933-2005)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3330 \" title=\"King Kong acorralado por la aviaci\u00f3n. Escenas finales de la pel\u00edcula &quot;King Kong&quot; de la RKO (1933)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/05\/King-Kong-acorralado-por-la-aviaci\u00f3n-1933-300x236.jpg\" alt=\"\" width=\"342\" height=\"269\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/05\/King-Kong-acorralado-por-la-aviaci\u00f3n-1933-300x236.jpg 300w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/05\/King-Kong-acorralado-por-la-aviaci\u00f3n-1933-768x605.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/05\/King-Kong-acorralado-por-la-aviaci\u00f3n-1933-628x495.jpg 628w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/05\/King-Kong-acorralado-por-la-aviaci\u00f3n-1933.jpg 980w\" sizes=\"(max-width: 342px) 100vw, 342px\" \/>Tal vez el tema de un mono gigantesco que amenaza a la pl\u00e1cida civilizaci\u00f3n occidental no sea, hoy mismo, este lunes 23 de mayo de 2022, el m\u00e1s oportuno dada la inopinada irrupci\u00f3n, esta semana pasada, de la en\u00e9sima alarma sanitaria relacionada \u00e9sta, precisamente, con los simios. De hecho la llegada de ese asunto a la palestra medi\u00e1tica casi me hizo posponer este nuevo correo de la Historia que -no tengo inconveniente en jurarlo- ya ten\u00eda en estudio d\u00edas antes de que se hubiera dicho nada sobre esa \u201cviruela del Mono\u201d que ha dado lugar a toda clase de contorsiones informativas, e institucionales, sobre su origen, alcance, estilos de vida afectados\u2026 incurriendo en desconcertantes contradicciones (de un d\u00eda para otro) en las que, por supuesto, no voy\u00a0 a entrar, dejando tal labor a los historiadores futuros que, sin duda, tendr\u00e1n largas horas de entretenimiento con esta cuesti\u00f3n.<\/p>\n<p>Para colmo de inconvenientes, temo que no falte tambi\u00e9n alguna mente acartonada que diga que una secci\u00f3n como \u00e9sta, dedicada a la Historia, no deber\u00eda hablar de pel\u00edculas banales como \u201cKing Kong\u201d. A tales mentes acartonadas -generalmente con complejo de dios menor-, en cualquier caso es mejor no hacerles caso, pues rara vez saben de qu\u00e9 hablan m\u00e1s all\u00e1 de sus propias carencias. Porque, aunque esas mentes acartonadas lo ignoren, el Cine, hasta el m\u00e1s banal, es un documento hist\u00f3rico de gran inter\u00e9s. Como ya lo han demostrado historiadores de la talla de Marc Ferro.<\/p>\n<p>Vistas las cosas desde esa perspectiva, las tres grandes producciones con el simio gigante Kong como protagonista, ser\u00edan algo m\u00e1s que una intranscendente pel\u00edcula de terror y aventuras. Y es que como se\u00f1alan algunos estudios sobre el Cine, como los del citado profesor Ferro, ese medio documenta muchas veces m\u00e1s que la \u00e9poca que escoge como fondo argumental, la propia \u00e9poca en la que se rod\u00f3 la pel\u00edcula.<\/p>\n<p>En el caso de las tres producciones que eligieron como tema, desde los a\u00f1os 30 del siglo pasado, el mito del mono gigantesco, eso parece una certera observaci\u00f3n si consideramos los giros de guion que cada una de ellas -rodadas en a\u00f1os tan distintos como 1933, 1976 y 2005- dan a ese relato.<\/p>\n<p>Comencemos por la primera. Fue una producci\u00f3n de la RKO para estrenar en el a\u00f1o 1933, justo en el valle de la Gran Depresi\u00f3n iniciada en 1929 y que, en ese 1933, iba a conocer su peor momento, cuando Adolf Hitler y su agresivo movimiento pol\u00edtico obtienen una resonante victoria electoral en una Alemania arruinada, empobrecida y, en el fondo, tan desesperada como para considerar que aquellos matones de camisa parda -y con ideas flamantes sobre la superioridad de la raza alemana- eran la mejor opci\u00f3n de las que ofrec\u00eda el espectro pol\u00edtico.<\/p>\n<p>Y es que eran a\u00f1os de hambre, de desesperaci\u00f3n absoluta. No en los m\u00e1rgenes del sistema (como ha venido ocurriendo desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta hoy) sino en el coraz\u00f3n del mismo.<\/p>\n<p>Eso lo refleja bien esta primera versi\u00f3n cinematogr\u00e1fica sobre el ya m\u00edtico King Kong. El empresario que organiza el viaje a la misteriosa isla en la que vive ese fen\u00f3meno de la Naturaleza, necesita buscar a una actriz dispuesta a afrontar ese periplo. Incierto pero que, de materializarse, producir\u00e1 tangibles y sustanciosos beneficios a no despreciar en un Nueva York en el que, como se ve en las escenas iniciales de la pel\u00edcula, hay largas colas del hambre en refugios habilitados en el mismo centro de ese coraz\u00f3n financiero. Lugares donde, a cambio de sopa por la noche y caf\u00e9 y pan por la ma\u00f1ana, personas desesperadas -en la pel\u00edcula son exclusivamente mujeres- acuden a sobrevivir un d\u00eda m\u00e1s. La ansiada actriz finalmente aparece no en esa cola, sino en un marco a\u00fan m\u00e1s desesperado: el de la pobreza vergonzante que prefiere robar una manzana -s\u00edmbolo con el tiempo de los arrollados por la Gran Depresi\u00f3n- antes que arrastrarse hasta esas colas del hambre donde la pr\u00f3spera clase media de la inmediata posguerra de 1918, trata de entender c\u00f3mo se ha llegado a eso.<\/p>\n<p>M\u00e1s all\u00e1 de estos detalles, sin embargo, no parece que la RKO permitiera m\u00e1s alusiones a una situaci\u00f3n que nada ten\u00eda de ficci\u00f3n cinematogr\u00e1fica, sino de realidad que ve\u00edan a diario (o incluso sufr\u00edan) muchos de los que iban a convertirse en el p\u00fablico de esa pel\u00edcula que, era de imaginar, ya tendr\u00edan bastante de todo eso a la puerta de su propia casa (si a\u00fan la ten\u00edan) como para encima pagar el precio de un lujo como una entrada al Cine y tener que soportar, durante m\u00e1s de una hora, que se les exhibiese el problema de nuevo y en pantalla grande.<\/p>\n<p>La versi\u00f3n de 1976 de \u201cKing Kong\u201d es a\u00fan m\u00e1s evidente a ese respecto. Se rod\u00f3 y estren\u00f3 en el momento en el que el Pacto de Posguerra es dinamitado tras tres d\u00e9cadas de crecimiento econ\u00f3mico pr\u00e1cticamente constante que trataron de evitar el Nazismo y otras miserias producto de la Gran Depresi\u00f3n. Esas que hab\u00edan dejado un mundo en ruinas en 1945.<\/p>\n<p>As\u00ed es, en esta nueva versi\u00f3n de King Kong estamos en plena crisis del petr\u00f3leo, detonada en 1973, y eso queda bien patente en la trama de la pel\u00edcula. En ella todo evoca a lo que vemos en la de la RKO de 1933, pero ahora no se trata de rodar pel\u00edculas de aventuras o documentales sobre vida salvaje como en esa primera versi\u00f3n. As\u00ed, en esta ocasi\u00f3n, el viaje lo organiza una compa\u00f1\u00eda petrolera desesperada por encontrar nuevos yacimientos de ese bien que, en 1973, se dijo empezaba a escasear e iba a poner las cosas dif\u00edciles para mucha gente. Un caballo desbocado sobre el que, curiosamente, seguimos cabalgando casi cuatro d\u00e9cadas despu\u00e9s sin explicarnos a\u00fan, muchos de nosotros, c\u00f3mo es que el animal no ha reventado ya o no hemos alcanzado todav\u00eda el horizonte apocal\u00edptico anunciado en 1973.<\/p>\n<p>Esta versi\u00f3n de los setenta tambi\u00e9n contiene una curiosa advertencia -m\u00e1s o menos subliminal- sobre las tensiones pol\u00edticas que, seg\u00fan ciertas teor\u00edas, fueron las que detonaron la crisis y con ella la voladura del Pacto de Posguerra de 1945: ese muro de seguridad colectiva que llegaba desde las mansiones de los Rockefeller hasta los chalets adosados y los pisos de protecci\u00f3n oficial. En efecto, en esta \u201cKing Kong\u201d de 1976 vemos bien escenificada la radicalizaci\u00f3n de los medios intelectuales, universitarios -representados por el personaje de Jeff Bridges- y su enfrentamiento con un mundo empresarial asustado por esas exigencias pol\u00edticas de m\u00e1s igualdad y prosperidad por parte de una sociedad materialmente ah\u00edta y, por tanto, con demasiado tiempo libre para dedicarlo a tener ideas que algunos ver\u00edan como subversivas.<\/p>\n<p>Llegamos as\u00ed a la \u00faltima versi\u00f3n del mito del simio gigante. Se rod\u00f3 y estren\u00f3 en el a\u00f1o 2005 y es una versi\u00f3n modernizada de la primera pel\u00edcula, a la que hace gui\u00f1os constantes hasta en el parecido f\u00edsico -extraordinario a veces- entre las dos protagonistas femeninas: Fay Wray y Naomi Watts. Sin embargo, significativamente, la pel\u00edcula de 2005 se regodea en mostrar el Nueva York de la Gran Depresi\u00f3n con todo lujo de detalles, como ya coment\u00e9 en un muy anterior correo de la Historia. Lo hace con impactantes escenas en las que vemos no s\u00f3lo colas del hambre como en la versi\u00f3n de 1933, sino desahucios violentos de gente que no puede pagar el alquiler y otras escenas de hambre y desesperaci\u00f3n ambientadas sarc\u00e1sticamente con uno de los grandes \u00e9xitos musicales del momento: el \u201cI\u00b4m sitting on top of the world\u201d (\u201cSentado en la cima del mundo\u201d) de Al Jolson, famoso por ser protagonista de \u201cEl cantante de Jazz\u201d, la primera pel\u00edcula sonora.<\/p>\n<p>As\u00ed pues, en esta versi\u00f3n de 2005 del King Kong de 1933, parece que la sociedad occidental algo empobrecida por la crisis de 1973, a\u00fan es, sin embargo, lo bastante pr\u00f3spera como para pensar, con calma y distancia, sobre los horrores de la Gran Depresi\u00f3n y convertirlos en tel\u00f3n de fondo sin mayores consecuencias para una taquilla que podr\u00eda haberse visto abandonada por miles de sufridos clientes, que no querr\u00edan ver m\u00e1s miseria en la gran pantalla y adem\u00e1s pagando por ello.<\/p>\n<p>Llama aqu\u00ed tambi\u00e9n la atenci\u00f3n la diferencia entre el modo en el que las dos versiones de King Kong, la de 1933 y la de 2005, muestran, de manera opuesta, la vida de las poblaciones no occidentales, no blancas&#8230;<\/p>\n<p>En la de 1933 los \u201csalvajes\u201d de la isla de Kong viven una vida primitiva pero no m\u00edsera. Algo muy similar a lo que ocurr\u00eda en la versi\u00f3n de 1976. En la de 2005 curiosamente -\u00bftal vez significativamente?- lo que vemos, en cambio, es una especie de campo de refugiados, gente en la \u00faltima miseria (acaso can\u00edbales), viviendo en una situaci\u00f3n al borde del colapso de civilizaci\u00f3n\u2026<\/p>\n<p>Pues esto es lo que dan de s\u00ed estas tres versiones de lo que, en una apreciaci\u00f3n superficial, s\u00f3lo ser\u00eda una pel\u00edcula de aventuras con monstruo al fondo, pero que consideradas con algo m\u00e1s de atenci\u00f3n (como parte de esa Historia del Cine cultivada por el profesor Ferro y otros), nos dicen mucho sobre las distintas \u00e9pocas en las que fueron rodadas.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Tal vez el tema de un mono gigantesco que amenaza a la pl\u00e1cida civilizaci\u00f3n occidental no sea, hoy mismo, este lunes 23 de mayo de 2022, el m\u00e1s oportuno dada la inopinada irrupci\u00f3n, esta semana pasada, de la en\u00e9sima alarma sanitaria relacionada \u00e9sta, precisamente, con los simios. 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