{"id":336,"date":"2013-02-11T12:31:05","date_gmt":"2013-02-11T10:31:05","guid":{"rendered":"http:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=336"},"modified":"2013-02-11T12:31:05","modified_gmt":"2013-02-11T10:31:05","slug":"sesion-doble-o-que-podemos-aprender-de-historia-viendo-lincoln-y-django-desencadenado-y-ii-2","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2013\/02\/11\/sesion-doble-o-que-podemos-aprender-de-historia-viendo-lincoln-y-django-desencadenado-y-ii-2\/","title":{"rendered":"Sesi\u00f3n doble o \u00bfqu\u00e9 podemos aprender de Historia viendo \u201cLincoln\u201d y \u201cDjango desencadenado\u201d?  (y II)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p>Estoy seguro de no ser el primero -aunque tampoco el \u00faltimo- que va a cantar las alabanzas de la, de momento, \u00faltima pel\u00edcula de Quentin Tarantino la magn\u00edfica \u201cDjango desencadenado\u201d.<\/p>\n<p>Por ejemplo ya hace un par de semanas un periodista tan veterano como Carlos Herrera desbordaba su entusiasmo hacia ella en su columna semanal del dominical que se entrega con la edici\u00f3n en papel de este mismo \u201cDiario Vasco\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/02\/Wild-Bill-pistola-en-ristre.-Ilustraci\u00f3n-de-Jean-Marcellin-para-el-Wild-Bill-Hickok-de-George-Fronval-edotado-por-Fernand-Nathan-en-1973.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-332\" title=\"Wild Bill Hickok en un concurso de punter\u00eda. Ilustraci\u00f3n de Jean Marcellin para el \"Wild Bill Hickok\" de Georges Fronval editado por Fernand Nathan en 1973. Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/02\/Wild-Bill-pistola-en-ristre.-Ilustraci\u00f3n-de-Jean-Marcellin-para-el-Wild-Bill-Hickok-de-George-Fronval-edotado-por-Fernand-Nathan-en-1973-300x182.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"182\" \/><\/a><\/p>\n<p>Dec\u00eda Herrera, con un juego de palabras sutil, que \u201cDjango desencadenado\u201d le hab\u00eda confirmado que de Quentin Tarantino se pod\u00eda esperar lo mejor, como \u00e9l siempre lo hab\u00eda esperado. Lo cual, a\u00f1adir\u00e9, era mucho esperar despu\u00e9s de haber visto, por ejemplo, \u201cMalditos bastardos\u201d, la anterior producci\u00f3n de Tarantino en la que se malgastaba, entre otros, el talento de actores y actrices como Brad Pitt o la sin par Diane Kruger y donde se destrozaba la Historia de la Segunda Guerra Mundial en un espect\u00e1culo de esos que los franceses llaman \u201cGrand Guignol\u201d y que por aqu\u00ed todav\u00eda solemos calificar con una palabra un tanto anticuada como \u201castracanada\u201c.<\/p>\n<p>Yo me tuve que arriesgar con ese mal recuerdo cuando decid\u00ed ir al cine a machacar algo m\u00e1s de esos cinco euros que hoy tanto cuesta ganar para ver \u201cDjango desencadenado\u201d. En efecto, fui all\u00ed con miedo a salir de la sala un tanto defraudado con otra salida de carril de Tarantino como la de \u201cMalditos bastardos\u201d que, pese a lo que se dijo, ni era homenaje al estupendo cine b\u00e9lico sobre la Segunda Guerra Mundial facturado entre los a\u00f1os sesenta y setenta del siglo XX -\u201cLa batalla de Inglaterra\u201d, \u201cUn puente lejano\u201d, \u201cLa gran evasi\u00f3n\u201d, \u201cHa llegado el \u00e1guila\u201d, \u201cEl puente de Remagen\u201d&#8230;-, ni nada. Salvo un apote\u00f3sico alegato antisemita -inutilizado por los propios excesos del gui\u00f3n- y un gui\u00f1o malvado a otros cineastas \u201cyankees\u201d, especialmente al Steven Spielberg que hab\u00eda firmado \u201cSalvar al soldado Ryan\u201d&#8230;<\/p>\n<p>Sin embargo me llev\u00e9 una agradable sorpresa ya casi desde el comienzo de \u201cDjango desencadenado\u201d. Confieso que empec\u00e9 a respirar aliviado al ver c\u00f3mo Tarantino homenajeaba, desde el principio de su pel\u00edcula, m\u00e1s que correctamente al Spaghetti Western -quiz\u00e1s el mejor Western, como sabr\u00e1n quienes aprecien producciones como \u201cEl bueno, el feo y el malo\u201d o \u201cHasta que lleg\u00f3 su hora\u201d- no s\u00f3lo en\u00a0 el nombre de su protagonista, Django, sino tambi\u00e9n en unos t\u00edtulos de cr\u00e9dito, una m\u00fasica y unos paisajes que hacen imposible no rendirse a la sensaci\u00f3n de estar en el cine muchos a\u00f1os atr\u00e1s, cuando el gran Sergio Leone llenaba las salas de medio mundo con aquel hoy m\u00edtico silbido que arropaba a los ojos inquietos de Clint Eastwood, Lee Van Cleef y Eli Walach cuando llegaba el momento supremo de ver qui\u00e9n desenfundaba el rev\u00f3lver con m\u00e1s rapidez.<\/p>\n<p>A esa primera sensaci\u00f3n pronto se sumaron otras que confirmaban, como dec\u00eda Carlos Herrera, que \u201cDjango desencadenado\u201d es una obra perfecta, redonda. Y lo es porque en ella hay algo fundamental, algo que le faltaba a \u201cMalditos bastardos\u201d. Es decir: verdad.<\/p>\n<p>As\u00ed es, \u201cDjango desencadenado\u201d es una ficci\u00f3n, por supuesto, pero sabe ce\u00f1irse a esa verdad fundamental de la que s\u00f3lo se alimentan las grandes obras de Arte. La verdad fundamental de lo que los anglosajones llaman los \u201cfacts of life\u201d -eso que traducir\u00edamos como \u201ccosas de la vida\u201d: el amor, la muerte, la amistad, la venganza que quiere ser Justicia, etc\u00e9tera&#8230;- y, lo que aqu\u00ed m\u00e1s nos puede interesar, la de los hechos hist\u00f3ricos en los cuales se ha basado la acci\u00f3n de la pel\u00edcula, que quedan claramente explicitados desde el comienzo de \u00e9sta, cuando se nos indica que lo que vamos a ver\u00a0 transcurre en 1858, un par de a\u00f1os antes de que estalle la Guerra de Secesi\u00f3n de la que hablaba, a trav\u00e9s del \u201cLincoln\u201d de Steven Spielberg, la semana pasada.<\/p>\n<p>A partir de ese momento Tarantino nos da todo un recital de la Historia de ese periodo tan significativo para nuestra cultura. Especialmente para los pa\u00edses con guerras similares a la de Secesi\u00f3n norteamericana, como la tercera carlista de 1873-1876.<\/p>\n<p>\u201cDjango desencadenado\u201d es, de hecho, una lecci\u00f3n de Historia compleja, profunda, detallada hasta la extenuaci\u00f3n.<\/p>\n<p>En efecto, Tarantino sabe poner su tan peculiar manera de entender el cine, y las exigencias de un g\u00e9nero ya can\u00f3nico, como el Spaghetti Western, al servicio de esa veracidad que ha hecho de su pel\u00edcula eso tan dif\u00edcil de conseguir como lo es una\u00a0 gran pel\u00edcula.<\/p>\n<p>La lista de detalles en lo que esto se revela es abrumadora y, l\u00f3gicamente, s\u00f3lo podr\u00e9 mencionar unos cuantos. Los que me han parecido m\u00e1s importantes, m\u00e1s relevantes para los que quieran saber que lo que han visto o van a ver cuando vayan a ver \u201cDjango desencadenado\u201d los ha ilustrado, o los va a ilustrar, sobre ese per\u00edodo hist\u00f3rico de la Am\u00e9rica de la guerra civil entre el Norte y el Sur de Estados Unidos.<\/p>\n<p>El primero de esos detalles gira en torno al comercio de esclavos en esa \u00e9poca y lugar, bien representado por la cuerda de carne humana africana que los dos traficantes con los que se topa el doctor King Schultz -magistralmente interpretado por Cristoph Waltz- conducen a uno de los numerosos mercados de esclavos habituales tambi\u00e9n en esa \u00e9poca y lugar.<\/p>\n<p>Lo primero que sorprende es que ambos tipos atrabiliarios llevan l\u00e1mparas de petr\u00f3leo para iluminarse el camino de noche, que es cuando transcurren esas escenas iniciales de \u201cDjango desencadenado\u201d. Ah\u00ed Tarantino rompe radicalmente con uno de los t\u00f3picos propios del cine Western en el que -como John Wayne y John Ford nos acostumbraron- se puede cabalgar de noche sin necesidad de luz alguna. Una inverosimilitud sobre la Historia de la vida cotidiana de aquella \u00e9poca que s\u00f3lo el Hollywood de los a\u00f1os dorados se pudo permitir y que Tarantino, con la gozosa desfachatez que le caracteriza, ha desmentido de un plumazo.<\/p>\n<p>La siguiente grata sorpresa para el alumno de Historia que acude a ver \u201cDjango desencadenado\u201d con la secreta aspiraci\u00f3n de aprender algo sobre aquellos hechos, se da tambi\u00e9n en esa escena, cuando los traficantes de esclavos se muestran ante el doctor Schultz como lo que son, como lo que eran muchos de esos hombres -minuciosamente descritos en documentos hist\u00f3ricos producidos por los que vivieron en esas fechas, caso de las memorias del antiguo esclavo Frederick Douglass-, es decir: un par de paletos ignorantes a los que el pulido y culto ingl\u00e9s del doctor Schultz les resulta casi ininteligible, reclam\u00e1ndole constantemente, y con cara de pocos amigos,\u00a0 que les hable, como dicen ellos, \u201cen cristiano\u201d&#8230;<\/p>\n<p>El modo en el que se resuelve esa situaci\u00f3n, echando mano de las armas, empleadas con una violencia verdaderamente expeditiva, es igualmente otra peque\u00f1a lecci\u00f3n de Historia que nos ofrece Tarantino en \u201cDjango desencadenado\u201d.<\/p>\n<p>En efecto, la reacci\u00f3n del doctor Schultz en el final de esas primeras escenas es totalmente l\u00f3gica desde el punto de vista de una sociedad como aquella. Una en la que la ley se portaba colgando de la cartuchera prendida del cintur\u00f3n por escasez de representantes autorizados de la Justicia que hac\u00eda necesario, casi imprescindible, ese lenguaje armado que vemos en pantalla y se ata\u00f1e a la vieja norma observada en Europa desde la Edad Media por lo menos, tal y como la describe Robert Muchembled en su obra sobre la cultura popular y la cultura de \u00e9lites en esa \u00e9poca.<\/p>\n<p>A saber: que cualquiera que traspasase el \u00e1rea de seguridad de un individuo -es decir, la que sobrepasaba el alcance de un brazo armado con una espada o una daga- era recibido, autom\u00e1ticamente, con una respuesta hostil por parte del agredido por ese gesto que s\u00f3lo era aceptable en amigos y familiares.<\/p>\n<p>Esa sutil manera de reconstruir la \u00e9poca y el lugar contin\u00faa en las siguientes escenas de \u201cDjango desencadenado\u201d. Por ejemplo en la plantaci\u00f3n de ese Big Daddy magn\u00edficamente interpretado por un h\u00e1bilmente recuperado Don Johnson, donde el doctor Schultz va a buscar, en calidad de cazarrecompensas, a los hermanos Brittle que Django debe identificar.<\/p>\n<p>Todo en esas escenas vuelve a ser una lecci\u00f3n de Historia sobre qu\u00e9 era realmente el \u201cViejo Sur\u201d de Estados Unidos anterior a la Guerra de Secesi\u00f3n. Un lugar donde la podredumbre moral llegaba a extremos inconcebibles que fueron piadosamente olvidados por obras colosales del cine como, por ejemplo, \u201cLo que el viento se llev\u00f3\u201d. Una sociedad en la que, como recordaban los antiesclavistas \u201cyankees\u201d, el esclavo se degradaba tanto como el amo o los capataces blancos que trabajaban para ese amo, muchas veces indistinguibles de simples criminales como los que exterminan Django y King Schultz en la plantaci\u00f3n de Spencer \u201cBig Daddy\u201d Benett.<\/p>\n<p>Algo de lo que da buena prueba el chispeante di\u00e1logo protagonizado por Big Daddy, cuando s\u00f3lo empieza a mostrarse como el perfecto caballero sure\u00f1o que figura ser en el momento en el que el doctor Schultz dice que est\u00e1 all\u00ed para comprarle por una generosa suma uno de sus esclavos, al ordenar entonces a una de sus esclavas que trate a Django -que pasa por sirviente libre de Schultz- no como un blanco de alto rango, sino como a un blanco de rango inferior conocido de ambos. Concretamente un artesano pobre, casi un tonto del pueblo, por lo que se nos da a entender, pero blanco al fin y al cabo, resumi\u00e9ndonos as\u00ed la compleja sociolog\u00eda de aquel \u201cViejo Sur\u201d que dio mucho que hablar a escritores como Faulkner o a historiadores especialistas en el tema como Herbert Aptheker y otros.<\/p>\n<p>Es una escena verdaderamente compleja, m\u00e1s de lo que parece, pues en ella, para el ojo atento, tambi\u00e9n se revelan sutilmente otros aspectos de aquella sociedad que, insisto, poco tienen que ver con el \u201cViejo Sur\u201d mitificado por un Hollywood quiz\u00e1s m\u00e1s espectacular pero, desde luego, m\u00e1s gazmo\u00f1o y menos sincero que el de Tarantino. Me refiero al hecho de que pese a las barreras de clase y color, y del exacerbado odio racial, la mayor\u00eda de los habitantes de esa parte de Estados Unidos eran parientes entre s\u00ed v\u00eda las relaciones de los due\u00f1os de plantaci\u00f3n con sus esclavas. Una circunstancia jocosamente descrita por el ya citado Faulkner a trav\u00e9s de personajes como el insufrible, divertido y revirado Ned McCaslin de la inolvidable \u201cLos rateros\u201d, que no es otra cosa que un sirviente negro de esa familia de antiguos propietarios de esclavos, los McCaslin, de la que se considera, en el Sur de 1905, miembro de pleno derecho y hasta privilegiado.<\/p>\n<p>Tarantino escenifica h\u00e1bilmente en \u201cDjango desencadenado\u201d esa compleja, a veces asfixiante, sociolog\u00eda esclavista y postesclavista a trav\u00e9s de ese di\u00e1logo casi c\u00f3mico entre Big Daddy y la joven esclava que \u00e9ste pone a disposici\u00f3n de Django mientras \u00e9l habla de negocios con el doctor Schultz. Por su color de piel y la familiaridad con la que la trata entendemos que, tal vez, es hija bastarda suya, como muchos otros de los cuarterones de la finca. Algo simplemente habitual en el verdadero \u201cViejo Sur\u201d, y que Tarantino parece haber querido subrayar tambi\u00e9n por medio del apodo del personaje -\u201cBig Daddy\u201d-, literalmente \u201cgran papa\u00edto\u201d, y, en sentido figurado,&#8230; otra cosa que ya se figurar\u00e1n&#8230;<\/p>\n<p>Ese sofocante mundo se refleja a\u00fan m\u00e1s plenamente en la segunda mitad de \u201cDjango desencadenado\u201d en la cual Leonardo Di Caprio y Samuel L. Jackson nos dan todo un recital interpretativo a dos voces, representando, respectivamente, al due\u00f1o de la plantaci\u00f3n \u201cCandieland\u201d -literalmente \u201cla tierra de Candie\u201d, pero tambi\u00e9n, en un sangrante juego de palabras, \u201cla tierra de las golosinas\u201d- y al protot\u00edpico \u201cnegro de la\u00a0 casa\u201d tan bien descrito en las obras del l\u00edder radical negro Malcolm X.<\/p>\n<p>Tarantino nos describe el verdadero Sur de 1858 en todos sus aspectos gracias a ellos y a otros personajes de \u201cCandieland\u201d como la se\u00f1orita Lara Lee, hermana del due\u00f1o de la plantaci\u00f3n, la mulata amante del mismo, pero sin embargo esclava, o la familia de \u201cbasura blanca\u201c (blancos pobres del Sur s\u00f3lo un poco por encima de los negros) que act\u00faan como expeditivos capataces de la plantaci\u00f3n rev\u00f3lver y l\u00e1tigo en\u00a0 ristre.<\/p>\n<p>Un verdadero \u201cViejo Sur\u201d en el que resulta abominable, temible, un negro montando a caballo y portando armas, ya sea esos primeros rev\u00f3lveres de cartucho de lat\u00f3n que, seg\u00fan parece, exhiben todos los personajes de la pel\u00edcula, o los de carga manual y percusi\u00f3n, mucho m\u00e1s habituales en la \u00e9poca. Uno en el que las \u201cbellezas sure\u00f1as\u201d act\u00faan como resignadas alcahuetas de grandes sementales blancos como Calvin Candie o el ya descrito Big Daddy en el tr\u00e1mite de fecundar esclavas, y en el que negros institucionalizados, como el inolvidable Stephen interpretado por Samuel L. Jackson, se revelan como una pieza fundamental del sistema esclavista que los pone por encima de sus cong\u00e9neres a cambio de algunas sobras de la bodega, el guardarropa y la mesa del amo junto a la que se les permite comer y beber, aunque sea en pie.<\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><a href=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/02\/Am\u00e9rcia-entre-la-cvilizaci\u00f3n-europpea-y-el-salvajismo.-Ilustraci\u00f3n-de-Jean-Marcellin-para-elWild-Bill-Hickok-de-George-Fronval-editado-por-Fernand-Nathan-en-1973.jpg\"><img loading=\"lazy\" class=\"aligncenter  wp-image-334\" title=\"La Am\u00e9rica inmediatamente anterior a la Guerra de Secesi\u00f3n. Ilustraci\u00f3n de Jean Marcellin para el \"Wild Bill Hickok\"  de Georges Fronval editado por Fernand Nathan en 1973. Ejemplar de La colecci\u00f3n Reding\" src=\"\/correo-historia\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2013\/02\/Am\u00e9rcia-entre-la-cvilizaci\u00f3n-europpea-y-el-salvajismo.-Ilustraci\u00f3n-de-Jean-Marcellin-para-elWild-Bill-Hickok-de-George-Fronval-editado-por-Fernand-Nathan-en-1973-300x175.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"175\" \/><\/a><\/p>\n<p>De hecho, los detalles sobre esa \u00e9poca y lugar de nuestra Historia com\u00fan llegan en ese punto hasta extremos verdaderamente sutiles. Como ocurre, por ejemplo, con el nombre de la protagonista femenina, Brunhilda, que es transcrito en los realistas y escalofriantes documentos de venta que vemos en pantalla como \u201cBroomhilda\u201d. Casi con toda seguridad un nuevo gui\u00f1o de Tarantino a la \u00e9poca. En este caso al hecho de que los esclavos se casaban s\u00f3lo \u201csaltando la escoba\u201d (\u201cbroom\u201d en ingl\u00e9s) en esas plantaciones donde el ser humano era reducido a esos despojos que Django y el doctor Schultz s\u00f3lo pueden regenerar por medio de la violencia expeditiva, a punta de rev\u00f3lver, tan querida por ese g\u00e9nero del Spaghetti Western que Tarantino ha sabido homenajear en \u201cDjango desencadenado\u201d sin dejar de darnos una gran lecci\u00f3n de Historia.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Estoy seguro de no ser el primero -aunque tampoco el \u00faltimo- que va a cantar las alabanzas de la, de momento, \u00faltima pel\u00edcula de Quentin Tarantino la magn\u00edfica \u201cDjango desencadenado\u201d. 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