{"id":3363,"date":"2022-06-13T11:30:37","date_gmt":"2022-06-13T09:30:37","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3363"},"modified":"2022-06-13T11:30:37","modified_gmt":"2022-06-13T09:30:37","slug":"el-waterloo-de-mister-pyle","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2022\/06\/13\/el-waterloo-de-mister-pyle\/","title":{"rendered":"El Waterloo de Mister Pyle"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3364\" title=\"F\u00e9licit\u00e9 de Durfort, mariscala de Beurnonville, por Merry-Joseph Blondel (1808)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/06\/Madame-de-Durfort-mariscala-e-Beurnonville-por-Merry-Joseph-de-Blondel-1808-202x300.jpg\" alt=\"\" width=\"263\" height=\"391\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/06\/Madame-de-Durfort-mariscala-e-Beurnonville-por-Merry-Joseph-de-Blondel-1808-202x300.jpg 202w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/06\/Madame-de-Durfort-mariscala-e-Beurnonville-por-Merry-Joseph-de-Blondel-1808.jpg 404w\" sizes=\"(max-width: 263px) 100vw, 263px\" \/>Quienes siguen habitualmente el correo de la Historia sabr\u00e1n que llevo ya m\u00e1s de un a\u00f1o leyendo una novela del profesor Alessandro Barbero: \u201cDiario de Mister Pyle\u201d. Con calma, con tiempo, poco a poco, para disfrutar cada una de las p\u00e1ginas de esa novela verdaderamente hist\u00f3rica, escrita por un historiador con una larga y admirable trayectoria.<\/p>\n<p>Esta semana que hoy empieza en firme, tras el domingo, me ha parecido, otra vez, un buen momento para volver a hablar de esa interesante novela y lo que nos cuenta sobre la Europa (y la Norteam\u00e9rica) de las guerras napole\u00f3nicas.<\/p>\n<p>Lo es porque el s\u00e1bado que viene ser\u00e1, otra vez, 18 de junio. La fecha en la que tiene lugar la Batalla de Waterloo. Una de las m\u00e1s grandes -y decisivas- que se ha sostenido sobre este planeta, dominado por una raza, la humana, muy aficionada a la Guerra.<\/p>\n<p>Un tema, ese de la Batalla de Waterloo, (lo dir\u00e9 una vez m\u00e1s) en el que el profesor Barbero est\u00e1 reconocido como uno de los mayores especialistas a nivel mundial. Gracias a un libro titulado \u201c<em>La batalla. Historia de Waterloo<\/em>\u201d en el que describe, y reconstruye, minuciosamente el hecho que tiene lugar en Waterloo el 18 de junio de 1815 que zanja definitivamente las aspiraciones imperiales de Francia en Europa (otra cosa distinta es en el resto del Mundo) y esas guerras, las napole\u00f3nicas, que han dado forma a nuestra sociedad actual.<\/p>\n<p>Ese conocimiento privilegiado de la \u00e9poca es lo que Alessandro Barbero refleja, en definitiva, en su novela \u201cDiario de Mister Pyle\u201d. Y de eso precisamente quiero hablar hoy. No tanto para recordar la Batalla de Waterloo sino la \u00e9poca en la que se fragu\u00f3 aquel acontecimiento.<\/p>\n<p>Algo que, una vez m\u00e1s, Barbero sabe reflejar perfectamente en esa novela, hasta hacerlo casi tangible. Como ya he se\u00f1alado en otros correos de la Historia.<\/p>\n<p>En el caso de la Batalla de Waterloo lo hace desde el principio del \u201cDiario de Mister Pyle\u201d. En las primeras p\u00e1ginas del libro el impenitente Robert Pyle, enviado diplom\u00e1tico a Prusia -antes de que Napole\u00f3n la derrote, invada y convierta en una especie de protectorado hasta el levantamiento de 1813- reflexiona sobre aquellos hechos desde su s\u00e9ptima d\u00e9cada de edad (y ya sabiendo que la gota lo va a matar).<\/p>\n<p>Desgrana as\u00ed, en el a\u00f1o 1848, el ap\u00f3crifo -pero, aun as\u00ed, realista- embajador Pyle, lo que \u00e9l vivi\u00f3 en Prusia, en Europa, cuatro d\u00e9cadas atr\u00e1s, trayendo a la memoria a las personas que conoci\u00f3 en aquellos a\u00f1os, en los que la estrella de Napole\u00f3n se alzaba con un resplandor furioso en el firmamento de la Historia.<\/p>\n<p>Los recuerda en un momento en el que en toda Europa estallan las revoluciones del a\u00f1o 1848, pregunt\u00e1ndose qu\u00e9 habr\u00e1 sido de ellos, y de ellas (sus numerosas amantes), en esos momentos en los que el populacho revolucionario -que Robert Pyle celebra y admira- se alza con la victoria (siquiera de manera transitoria) en las calles de Berl\u00edn y derrota al orgulloso Ej\u00e9rcito prusiano que hab\u00eda sido uno de los vencedores de Waterloo.<\/p>\n<p>Viene as\u00ed a la memoria de Robert Pyle un antiguo teniente prusiano que se cruza en su camino en 1806 y del que no volver\u00e1 a saber nada, suponiendo en ese a\u00f1o 1848 que tal vez es ya coronel y se ha tenido que enfrentar a otros prusianos en las calles de su propio pa\u00eds. A menos que una bala, como divaga Mister Pyle, lo haya matado antes, muchos a\u00f1os antes, en Waterloo.<\/p>\n<p>As\u00ed empieza una magn\u00edfica evocaci\u00f3n de esa \u00e9poca en las primeras p\u00e1ginas de esta novela de Alessandro Barbero, con esas primeras reflexiones que Robert Pyle elucubra en el a\u00f1o 1848.<\/p>\n<p>De ese modo el embajador Pyle desenvuelve ante \u00e9l, con esas primeras palabras, el tapiz de una \u00e9poca que va desde la revoluci\u00f3n americana de la que \u00e9l es hijo, hasta un Napole\u00f3n derrotado en Waterloo que Robert Pyle aprecia en su justa medida y de un modo no totalmente favorable.<\/p>\n<p>Es un mundo en el que del Romanticismo que se evoca en las otras p\u00e1ginas de la novela, como salido de un cuadro de Caspar David Friedrich, se pasa a unos Estados Unidos que acaban de ganar una guerra a M\u00e9xico gracias a un presidente que, pese a ser militante en el mismo partido que Robert Pyle, \u00e9ste considera como una aut\u00e9ntica nulidad pol\u00edtica.<\/p>\n<p>Unos caminos hist\u00f3ricos, los de esa evocaci\u00f3n de Mister Pyle, que van de esas guerras napole\u00f3nicas a una sociedad occidental que maneja ya la electricidad y otros avances, como los ferrocarriles, que el antiguo embajador ante Prusia piensa que acaso ayudar\u00e1n a alargar la vida humana, aunque cree que tal vez sea al contrario\u2026<\/p>\n<p>Es un mundo en el que los antiguos revolucionarios se han vuelto respetables burgueses -al menos en Estados Unidos- que se horrorizan (educada y disimuladamente, eso s\u00ed) cuando Robert Pyle, el viejo Robert Pyle, les habla en t\u00e9rminos elogiosos de las revoluciones europeas del a\u00f1o 1848.<\/p>\n<p>En suma \u201cEl diario de Mister Pyle\u201d, desde esas primeras p\u00e1ginas, y las siguientes, nos descubre un viejo continente, Europa, que, como siempre, aparece lleno de una extra\u00f1a energ\u00eda que lo pone en marcha de nuevo cuando ya parec\u00eda anquilosado y decadente, infundi\u00e9ndole un nuevo vigor.<\/p>\n<p>El mismo que se ve en los personajes que desfilan entre el a\u00f1o 1806 y el de 1848 en las p\u00e1ginas de esa magn\u00edfica novela hist\u00f3rica, descubriendo una Europa reci\u00e9n salida de la revoluci\u00f3n de 1789, donde emergen fil\u00f3sofos de ideas de inquietante futuro, como Fichte, grandes h\u00e9roes militares que en 1806 son s\u00f3lo todav\u00eda peque\u00f1os terratenientes prusianos enrolados en el Ej\u00e9rcito para completar sus exiguas ganancias o encantadoras damiselas de vaporosos vestidos estilo Imperio. Como la que representa el gran amor -a su manera- que vive en aquella Europa Robert Pyle -mujeriego irredento- y le escribe magn\u00edficas cartas habl\u00e1ndole de un tiempo en el que todo es incierto y la cercan\u00eda del monstruo de la Guerra, guiado por la demencial mano de Napole\u00f3n, hace que todo pierda su valor y cada cual busque su propio inter\u00e9s. Olvidando cosas tan importantes como el Amor verdadero que ella jura profesar al despistado Robert Pyle, que, en cambio, no puede dejar de poner sus ojos sobre cada mujer m\u00e1s o menos atractiva que se interpone en su camino. Desde las criadas de las postas y posadas en las que recala en sus viajes, hasta respondonas burguesas y nobles que lo invitan a sus elegantes, e intelectuales, salones.<\/p>\n<p>Todo ello en conjunto forma una magn\u00edfica evocaci\u00f3n de una \u00e9poca -casi tangible, respirable, como dec\u00eda- que este pr\u00f3ximo s\u00e1bado quiz\u00e1s sintamos m\u00e1s cerca. Cuando resuene en los o\u00eddos de nuestra memoria el sonido del Ca\u00f1\u00f3n en los campos de Waterloo, que anuncia el fin de una \u00e9poca de cambio y transici\u00f3n hist\u00f3rica y el inicio de otra que ser\u00e1 la nuestra y que \u00e9l embajador Robert Pyle intuye ya en las primeras p\u00e1ginas de su inefable \u201cDiario\u201d&#8230;<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Quienes siguen habitualmente el correo de la Historia sabr\u00e1n que llevo ya m\u00e1s de un a\u00f1o leyendo una novela del profesor Alessandro Barbero: \u201cDiario de Mister Pyle\u201d. 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