{"id":3491,"date":"2022-09-19T11:30:07","date_gmt":"2022-09-19T09:30:07","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3491"},"modified":"2023-08-08T18:49:13","modified_gmt":"2023-08-08T16:49:13","slug":"larga-vida-al-rey-de-redonda-javier-marias-james-fenimore-cooper-y-las-cosas-de-la-historia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2022\/09\/19\/larga-vida-al-rey-de-redonda-javier-marias-james-fenimore-cooper-y-las-cosas-de-la-historia\/","title":{"rendered":"Larga vida al rey de Redonda. Javier Mar\u00edas, James Fenimore Cooper y las cosas de la Historia"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3493 size-medium\" title=\"James Fenimore Cooper, por John Wesley Jarvis (New York State Historical Association)\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/09\/James-Fenimore-Cooper-por-John-Wesley-Jarvis-New-York-State-Historical-Association-252x300.jpg\" alt=\"\" width=\"252\" height=\"300\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/09\/James-Fenimore-Cooper-por-John-Wesley-Jarvis-New-York-State-Historical-Association-252x300.jpg 252w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2022\/09\/James-Fenimore-Cooper-por-John-Wesley-Jarvis-New-York-State-Historical-Association.jpg 515w\" sizes=\"(max-width: 252px) 100vw, 252px\" \/>Realmente est\u00e1 resultando asombrosa la cantidad de fallecimientos que se van produciendo en este verano. Un aumento sin duda significativo y que, leo por ah\u00ed, las autoridades\u00a0denominadas competentes no acaban de explicar.<\/p>\n<p>Lo cierto es que fruto de una pauta identificable (y aceptablemente explicable) o de una concatenaci\u00f3n de casualidades debidas a una edad de fallecimiento ya razonable, es la primera vez desde hace diez a\u00f1os en la que el correo de la Historia se ve ante el envite de tener que hablar del deceso de personajes que han dejado cierta huella en la Historia -de un modo u otro- en tres lunes consecutivos.<\/p>\n<p>Cualquiera dir\u00eda, as\u00ed las cosas, que hay un enemigo en acci\u00f3n, seg\u00fan la frase de Goldfinger, archienemigo de James Bond, que opinaba que, a partir de la segunda coincidencia, ya no se puede hablar de casualidades sino de una pauta.<\/p>\n<p>Sea como sea, lo cierto es que tras el fallecimiento del \u00faltimo presidente sovi\u00e9tico, Mija\u00edl Gorbachov, y de la reina Isabel II del Reino Unido, lleg\u00f3 la noticia de la muerte de uno de los m\u00e1s importantes escritores espa\u00f1oles del siglo XX: Javier Mar\u00edas\u2026<\/p>\n<p>Ciertamente yo conoc\u00eda m\u00e1s su labor de articulista en \u201cEl Pa\u00eds Semanal\u201d (a la que deriv\u00f3 desde el \u201cXLSemanal\u201d por ciertos desencuentros editoriales) y su labor como editor. De otro modo es posible que hubiese dejado pasar la efem\u00e9ride de su fallecimiento por no ser precisamente un escritor de novela hist\u00f3rica.<\/p>\n<p>Pero el caso es que en esas dos facetas, la de articulista semanal y la de editor, Javier Mar\u00edas hizo, y dijo, cosas muy llamativas para los historiadores.<\/p>\n<p>Mar\u00edas levantaba oleadas de incondicional admiraci\u00f3n y asimismo oleadas de antipat\u00eda tambi\u00e9n incondicional. Como novelista y sobre todo como columnista. Sonada fue una pol\u00e9mica del a\u00f1o 2002 que surgi\u00f3 a ra\u00edz de un art\u00edculo suyo titulado \u201c\u00bfEs usted el Santo Fantasma?\u201d. Algo que estaba escrito con el habitual esmero y buen hacer del admirado novelista que manejaba con habilidad lo coloquial y lo culto. El problema vino cuando algunos avezados lectores sacaron los colores a Javier Mar\u00edas porque hab\u00eda malinterpretado un juego de palabras, viendo s\u00f3lo de pasada un video de la pel\u00edcula \u201cEl patriota\u201d.<\/p>\n<p>El peque\u00f1o embrollo se fund\u00f3 en una escena de esa pel\u00edcula en la que un grupo de insurgentes norteamericanos, capturados por los brit\u00e1nicos durante la Guerra de Independencia, esperan su pr\u00f3xima ejecuci\u00f3n. En ese momento uno de ellos pide confesi\u00f3n a su p\u00e1rroco -tambi\u00e9n capturado- que lo va a bendecir seg\u00fan la f\u00f3rmula habitual de \u201cEn el nombre del Padre, del Hijo y del Esp\u00edritu Santo\u201d (Holy Ghost en ingl\u00e9s). Sin embargo cuando el cl\u00e9rigo est\u00e1 a punto de decir las \u00faltimas palabras de esa f\u00f3rmula, ser\u00e1 el feligr\u00e9s el que diga \u201cy el Santo Fantasma\u201d. Mar\u00edas tom\u00f3 eso por una mala traducci\u00f3n de las palabras destinadas a identificar al Esp\u00edritu Santo en ingl\u00e9s y dio rienda suelta a su ira de perfecto angloparlante y angl\u00f3filo, antiguo profesor de Oxford adem\u00e1s\u2026 sin entender que no era una traducci\u00f3n literal sino una ir\u00f3nica alusi\u00f3n al apodo del jefe de ese grupo de insurgentes, conocido por los brit\u00e1nicos como \u201cel Fantasma\u201d por su capacidad para atacar y despu\u00e9s desaparecer.<\/p>\n<p>Muchos lectores explicaron a Mar\u00edas esto, sin embargo todo termin\u00f3 en un terrible desencuentro. Pero esa era la idiosincrasia de Javier Mar\u00edas. Muy reveladora, por otra parte, de la clase intelectual espa\u00f1ola de la segunda Restauraci\u00f3n, la de 1978.<\/p>\n<p>Veamos eso en detalle. La semana pasada, a causa de la muerte de Isabel II, hablaba yo de los ayes y lamentos que se oyeron acerca de que Espa\u00f1a estaba intelectualmente vendida a los anglosajones a partir de esa fecha y que eso hab\u00eda terminado en una colonizaci\u00f3n del pa\u00eds de manera informal pero muy persistente. Efectivamente muchas de las mejores mentes espa\u00f1olas, de los pensadores, artistas, intelectuales, escritores como Javier Mar\u00edas, parecen haber padecido una desmesurada anglofilia. Hipersensible, como se ve por el equ\u00edvoco del \u201cSanto Fantasma\u201d.<\/p>\n<p>No es extra\u00f1o. Y esto tiene una explicaci\u00f3n muy razonable pero de la que, acaso, estas v\u00edctimas exquisitas quiz\u00e1s nunca fueron -ni son- conscientes. Gran Breta\u00f1a, y el mundo anglosaj\u00f3n en general, tiene una insuperable tradici\u00f3n de, dig\u00e1moslo as\u00ed, comercializaci\u00f3n de su propia Historia. No es esta la primera vez que lo digo ni, creo, ser\u00e1 la \u00faltima.<\/p>\n<p>En efecto, sin salir del terreno de la Literatura con la que se aliment\u00f3 Javier Mar\u00edas, podemos descubrir cosas verdaderamente llamativas. Reparemos en una novela hist\u00f3rica poco conocida pero, adem\u00e1s, muy propia para estas fechas de verano que languidece. Se trata de \u201cEl piloto\u201d, firmada por el c\u00e9lebre autor de \u201cEl \u00faltimo mohicano\u201d, James Fenimore Cooper. Ser\u00eda su quinta novela. En ella J. F. Cooper recordaba sus a\u00f1os como oficial en la Marina de Guerra estadounidense, con la que hizo la Guerra de 1812 contra los brit\u00e1nicos. Escrita en 1824, tiene pasajes fascinantes en los que vemos la complicada realidad de manejar un barco de vela, y de guerra, hacia 1780, entrando y saliendo de la hostil costa brit\u00e1nica bajo bandera del rebelde Congreso continental norteamericano. As\u00ed, por las p\u00e1ginas de \u201cEl piloto\u201d corren marinos estadounidenses aparejando velamen para coger la \u00faltima brisa y salir de una ensenada inglesa sin que una tormenta en ciernes deje las velas colgadas y el tim\u00f3n inutilizado por falta de viento hasta que llega la tempestad, guardacostas brit\u00e1nicos a la caza de los rebeldes a Su Majestad y abordajes de un realismo dif\u00edcil de superar\u2026<\/p>\n<p>En suma, \u201cEl piloto\u201d es un relato naval fascinante que demuestra, una vez m\u00e1s, que los anglosajones eran ya maestros, en 1824, en vender esa parte de su Historia tanto en Europa como en Am\u00e9rica.<\/p>\n<p>El resultado en la Espa\u00f1a de 1978 -transida de una desidia parece que incluso incentivada, inducida a ser un simple consumidor de ese relato- ten\u00eda que ser, como dec\u00eda, que su intelectualidad m\u00e1s preclara tuviese una fuerte inclinaci\u00f3n -y obediencia- hacia ese canon bien establecido.<\/p>\n<p>La aventura como editor de Javier Mar\u00edas, a la que dar\u00eda el nombre de su disputado reino, el de la Isla de Redonda, fue otra buena muestra de eso. De los 41 t\u00edtulos que public\u00f3 hasta su muerte, la mayor parte eran de autores anglosajones herederos de tradiciones como la de James Fenimore Cooper. Tan s\u00f3lo habr\u00eda una excepci\u00f3n: \u201cVida de este capit\u00e1n\u201d, una autobiograf\u00eda de Alonso de Contreras, oficial espa\u00f1ol del siglo XVII, curtido en la Guerra de los 80 a\u00f1os contra la rebelde Holanda\u2026<\/p>\n<p>S\u00ed, \u00e9sta, en gran parte, es la herencia intelectual que dej\u00f3 tras de s\u00ed Javier Mar\u00edas. Admirable, encomiable sin duda a veces -pero no siempre- y prisionera de una \u00e9poca de la Historia de Espa\u00f1a que, en unos a\u00f1os, tal vez no se recuerde como una de las m\u00e1s brillantes. Por m\u00e1s que en ella brillar\u00e1n plumas como la del desaparecido escritor, articulista y editor rey de Redonda Javier Mar\u00edas.<\/p>\n<p>Cosa l\u00f3gica despu\u00e9s de todo si comparamos los Estados Unidos de James Fenimore Cooper con la Espa\u00f1a del a\u00f1o 1824, incapaz de generar nada ni siquiera parecido a esa obra menor que el autor de \u201cEl \u00faltimo mohicano\u201d titul\u00f3 \u201cEl piloto\u201d.<\/p>\n<p>La mirada inc\u00f3moda del historiador suele traer aparejados juicios y previsiones como \u00e9stas que uno, al fin y al cabo, por muy angloparlante, angl\u00f3filo y anglista que sea, no puede (ni acaso debe) dejar pasar de largo. De nada servir\u00eda, a nadie, el callar esto in\u00fatilmente. Y menos en un pa\u00eds cuya Historia ten\u00eda que ser recordada, y ensalzada, por extra\u00f1os. Como James Fenimore Cooper, que empezaba las primeras p\u00e1ginas de \u201cEl piloto\u201d destacando el papel esencial del reino de Espa\u00f1a en la derrota brit\u00e1nica de 1783. Todo ello en el a\u00f1o 1824. Hace, por tanto, mucho tiempo. Un tiempo perdido, malgastado (al parecer una vez m\u00e1s) por ese pa\u00eds, por ese reino en el que vivi\u00f3 el rey de Redonda Xavier I hasta septiembre de 2022. Justamente celebrado novelista, disputado articulista y, al fin, editor de las memorias de fusileros brit\u00e1nicos en la Guerra de Independencia que, sin embargo, dej\u00f3 de lado una ingente cantidad de relatos de sus iguales espa\u00f1oles que hicieron otro tanto -o m\u00e1s- que Benjamin Harris, fusilero del regimiento 95.<\/p>\n<p>Soldados y oficiales de los voluntarios guipuzcoanos, de los H\u00fasares de Cantabria y de muchas otras unidades que, en efecto, sin embargo, quedaron abandonados en el campo de batalla de la Historia por quienes podr\u00edan haberlos llevado a los ojos del mismo p\u00fablico espa\u00f1ol que devor\u00f3 las haza\u00f1as del fusilero Harris gracias a la editorial Reino de Redonda\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Realmente est\u00e1 resultando asombrosa la cantidad de fallecimientos que se van produciendo en este verano. 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