{"id":3628,"date":"2023-01-09T11:30:50","date_gmt":"2023-01-09T10:30:50","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3628"},"modified":"2023-01-09T09:02:07","modified_gmt":"2023-01-09T08:02:07","slug":"algo-de-historia-sobre-el-creador-de-la-microhistoria-george-r-stewart-y-la-carga-de-pickett-1863-1980","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2023\/01\/09\/algo-de-historia-sobre-el-creador-de-la-microhistoria-george-r-stewart-y-la-carga-de-pickett-1863-1980\/","title":{"rendered":"Algo de Historia sobre el creador de la Microhistoria: George R. Stewart y la carga de Pickett (1863-1980)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3629\" title=\"Portada de la edici\u00f3n de 1987 del libro de George R. Stewart sobre la Batalla de Gesttysburg\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Portada-de-Gettysburg-de-G.-R.-Stewart-193x300.jpg\" alt=\"\" width=\"228\" height=\"354\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Portada-de-Gettysburg-de-G.-R.-Stewart-193x300.jpg 193w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Portada-de-Gettysburg-de-G.-R.-Stewart-768x1195.jpg 768w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Portada-de-Gettysburg-de-G.-R.-Stewart-404x628.jpg 404w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Portada-de-Gettysburg-de-G.-R.-Stewart.jpg 1280w\" sizes=\"(max-width: 228px) 100vw, 228px\" \/>Hoy, como indica el t\u00edtulo de este nuevo correo de la Historia, hablaremos aqu\u00ed, otra vez, de Microhistoria. Habitualmente la creaci\u00f3n de ese controvertido t\u00e9rmino se atribuye al profesor Carlo Ginzburg. Sin embargo parece que el primero en utilizar y desarrollar el concepto fue el tambi\u00e9n historiador George R. Stewart. Al menos as\u00ed lo reconoci\u00f3 incluso el mismo Ginzburg en la recopilaci\u00f3n de sus trabajos titulada \u201c<em>El hilo y las huellas. Lo verdadero, lo falso, lo ficticio<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Antes de continuar adelante, sin embargo, convendr\u00eda explicar -otra vez- en qu\u00e9 consiste esto de la Microhistoria. En principio hay que decir que George R. Stewart, a diferencia de lo que s\u00ed ha hecho Carlo Ginzburg, no teoriz\u00f3 apenas nada sobre ella: tan s\u00f3lo se limit\u00f3 a acu\u00f1ar la palabra para poder describir lo que contaba en uno de sus libros. A saber: el que dedic\u00f3 a la carga desesperada del general confederado Pickett en la famosa Batalla de Gettysburg que decidi\u00f3 -en buena medida- el curso de la Guerra de Secesi\u00f3n norteamericana.<\/p>\n<p>Tal vez por esa falta de teorizaci\u00f3n, Stewart no fue objeto de las iras de los historiadores marxistas que cargaron, a su vez, con verdadero furor contra esa nueva forma de hacer Historia que hoy conocemos como \u201cMicrohistoria\u201d. Tal y como lo hizo el profesor Josep Fontana, que despach\u00f3 con mucha contundencia esa cuesti\u00f3n en, por ejemplo, su \u201c<em>La historia despu\u00e9s del fin de la historia<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Para los microhistoriadores, un personaje insignificante entre los grandes nombres de la Historia -o un hecho aislado- puede ser significativo para el fin \u00faltimo de la Historia como ciencia social. Es decir: reconstruir el pasado. Sea ese personaje un molinero con ideas her\u00e9ticas -y muy originales- sobre el Universo, como el Menocchio que Carlo Ginzburg ha inmortalizado en su ensayo \u201c<em>El queso y los gusanos. El cosmos seg\u00fan un molinero veneciano del siglo XVI<\/em>\u201d, o bien una carga desesperada de tropas sudistas durante la Guerra de Secesi\u00f3n que es la que George R. Stewart utiliz\u00f3 para hablar de Microhistoria por primera vez. Para los historiadores marxistas -como era el caso de Fontana- todo eso era farfolla. S\u00f3lo las grandes corrientes econ\u00f3micas, los modelos creados por Marx, permitir\u00edan reconstruir el pasado, centr\u00e1ndose no en personajes m\u00e1s o menos an\u00f3nimos, sino en el protagonista colectivo, la masa humana que ser\u00eda la verdadera partera de la Historia.<\/p>\n<p>Sin entrar en mayor debate sobre la complementariedad de ambas teor\u00edas, yo, en base a las evidencias disponibles, tengo que afirmar, una vez m\u00e1s, que sucesos o personajes aislados pueden ser una muy buena herramienta para reconstruir el pasado. Y enti\u00e9ndase bien que en este caso \u201cmuy buena\u201d no quiere decir \u201c\u00fanica\u201d.<\/p>\n<p>El caso de George R. Stewart y su ensayo sobre la carga de Pickett en Gettysburg es verdaderamente interesante (incluso revelador) a ese respecto. Empecemos por analizar al propio autor. Stewart, seg\u00fan la informaci\u00f3n disponible sobre \u00e9l, naci\u00f3 en 1895, fue top\u00f3grafo, historiador, escritor y profesor de Ingl\u00e9s en la Universidad de Berkeley, una de las tres en las que hab\u00eda estudiado. Sin embargo la parte que m\u00e1s me interesa de la biograf\u00eda de ese hombre, que muri\u00f3 en 1980, es su faceta como autor de la que pasa por ser la primera obra del g\u00e9nero de Ciencia-Ficci\u00f3n postapocal\u00edptica: \u201c<em>La Tierra permanece<\/em>\u201d, que fue publicada en el a\u00f1o 1949.<\/p>\n<p>La impresi\u00f3n final que da esa obra es que es el trabajo de una mente profundamente perturbada, la de alguien que, lejos de ser un graduado por las universidades de Princeton, Columbia y Berkeley, m\u00e1s bien parece un hombre con delirios neur\u00f3ticos, similares a los de algunos contempor\u00e1neos suyos como Adolf Hitler. \u201c<em>La Tierra permanece<\/em>\u201d, en efecto, es una obra basada en ideas propias de la Eugenesia que, antes del fin de la Segunda Guerra Mundial, estaban, por as\u00ed decir, \u201cde moda\u201d, pero que eran bastante dif\u00edciles de sostener en 1949, cuando los campos de exterminio, la pol\u00edtica de pureza racial, la \u201cAktion T4\u201d y los experimentos del doctor Mengele eran horrores eugen\u00e9sicos bien conocidos una vez liquidado el III Reich.<\/p>\n<p>He ah\u00ed lo asombroso de \u201c<em>La Tierra permanece<\/em>\u201d y (de rechazo) de la propia biograf\u00eda de Stewart. En esa novela tan laureada, sin el m\u00e1s m\u00ednimo pudor, este brillante alumno de tres de las m\u00e1s prestigiosas universidades norteamericanas y profesor de una de ellas, sosten\u00eda que, tarde o temprano, la raza humana y su m\u00e1s alta civilizaci\u00f3n -la occidental representada por unos Estados Unidos triunfantes en 1949- ser\u00eda barrida de la faz de la Tierra por causa de una epidemia con la cual la Madre Tierra se librar\u00eda de los molestos seres humanos que, como toda especie animal (las ratas por ejemplo, omnipresentes en el libro), se habr\u00eda multiplicado demasiado, creando as\u00ed las condiciones para esa devastadora plaga. Lo que sigue a esa premisa es una pesadilla alucinatoria en la que el protagonista de la novela, Isherwood Williams (trasunto de Stewart), sobrevive gracias a una inmunidad natural previa y va viendo como los restos de civilizaci\u00f3n humana se hunden en el marasmo y la decadencia entre los escasos supervivientes que, finalmente, retroceden casi a un estado de Salvajismo en un relato desesperanzado. Uno donde no hay escapatoria posible, pues los d\u00e9ficits gen\u00e9ticos, los bajos cocientes intelectuales que predominar\u00edan en la raza humana (maldita para eugenistas como Stewart) lo hundir\u00e1n todo mientras la Tierra se purga de tan molestas criaturas, devueltas a la \u00e9poca del arco y la flecha, aisladas en peque\u00f1os grupos de cazadores-recolectores que contemplan impasibles recurrentes incendios de origen natural devorando universidades, bibliotecas, ciudades enteras\u2026<\/p>\n<p>En definitiva, y visto lo ocurrido entre 1949 y la actualidad, puede decirse que \u201c<em>La Tierra permanece<\/em>\u201d es un cuadro demencial escrito por alguien que, por sus propias obsesiones, retorci\u00f3 lo que sabemos sobre Biolog\u00eda humana seg\u00fan le dio la real gana, para que todo encajase en el desquiciado molde que a \u00e9l le interesaba.<\/p>\n<p>Bien, pues asombrosamente esa misma mente fue capaz, en 1959, de crear el concepto de Microhistoria y escribir un brillante ensayo sobre la carga, de entre otros, el general confederado George Pickett. \u00c9sta tuvo lugar el 3 de julio de 1863, fue ordenada por el mism\u00edsimo Robert E. Lee y trataba, por medio de un asalto frontal contra las l\u00edneas unionistas, de tomar el nudo de comunicaciones esencial para controlar Virginia y, con ese estado, el camino a la indefensa capital de los Estados Unidos: Washington D. C. Por supuesto ni Pickett (que pasar\u00eda a la Historia de la cultura popular norteamericana, en canciones como \u201cPickett\u00b4s lament\u201d, como \u00fanico responsable) ni los otros dos generales confederados al mando de la carga (Trimble y Pettigrew), lograron su objetivo. Y con ello la Confederaci\u00f3n perdi\u00f3 pr\u00e1cticamente todas sus opciones reales de ganar aquella guerra por los Estados Unidos de Norteam\u00e9rica.<\/p>\n<p>Un hecho hist\u00f3rico fundamental, pues, esa carga. Resuelta en cuesti\u00f3n de menos de una hora con la derrota confederada, cambi\u00f3 la Historia de Estados Unidos y con ella la del mundo. Algo que Stewart fue capaz de ver en 1959, teniendo el suficiente criterio cient\u00edfico para destacar el hecho y dedicarle no s\u00f3lo un cap\u00edtulo, o unas l\u00edneas, en un ensayo de Historia general de la Guerra de Secesi\u00f3n, sino escribir toda una Microhistoria del mismo plasmada en un libro titulado \u201c<em>Pickett&#8217;s Charge: A microhistory of the final attack at Gettysburg, July 3, 1863<\/em>\u201d -de cerca de 300 p\u00e1ginas- para esclarecer ese momento clave en el que la Historia tom\u00f3 otro rumbo&#8230;<\/p>\n<p>La suma de esas dos obras de Stewart de las que aqu\u00ed he hablado, lleva a una conclusi\u00f3n chocante. Una que nos dice que en un mismo ser humano puede convivir la mente de un torpe neur\u00f3tico obsesionado con ver a la Humanidad como una plaga a destruir por cierta Madre Naturaleza, casi convertida en persona dotada de poderes semidivinos, y la de un genio intelectual asombroso capaz de escribir una obra sobre la carga de Pickett y sus consecuencias fundamentales para esa misma Humanidad.<\/p>\n<p>Sin duda esa la mejor lecci\u00f3n que dej\u00f3 George R. Stewart. La de que muchos humanos estamos hechos de muy d\u00e9bil materia y cuan afortunados son aquellos de nosotros que tienen una biograf\u00eda brillante y lineal. Una en la que no habr\u00eda altibajos donde se alternar\u00edan -tanto en actos cotidianos como en sesudos libros escritos entre una torpe equivocaci\u00f3n y otra- una estupidez obtusa (como la que rezuma \u201c<em>La Tierra permanece<\/em>\u201d) con destellos de genio rotundo. Como los que hacen falta para escribir un libro de Historia sobre una carga, la del general Pickett, que el 3 de julio de 1863 cambi\u00f3 la Historia mundial en apenas doce horas\u2026<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Hoy, como indica el t\u00edtulo de este nuevo correo de la Historia, hablaremos aqu\u00ed, otra vez, de Microhistoria. Habitualmente la creaci\u00f3n de ese controvertido t\u00e9rmino se atribuye al profesor Carlo Ginzburg. Sin embargo parece que el primero en utilizar y desarrollar el concepto fue el tambi\u00e9n historiador George R. Stewart. 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