{"id":3671,"date":"2023-01-30T11:30:03","date_gmt":"2023-01-30T10:30:03","guid":{"rendered":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/?p=3671"},"modified":"2023-01-30T11:30:03","modified_gmt":"2023-01-30T10:30:03","slug":"carlos-iv-caballero-de-malta-o-historia-de-las-guerras-entre-rusia-y-espana-1770-2023","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/blogs.diariovasco.com\/correo-historia\/2023\/01\/30\/carlos-iv-caballero-de-malta-o-historia-de-las-guerras-entre-rusia-y-espana-1770-2023\/","title":{"rendered":"Carlos IV caballero de Malta o Historia de las guerras entre Rusia y Espa\u00f1a (1770-\u00bf2023?)"},"content":{"rendered":"<p><strong>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3<\/strong><\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" class=\"alignleft wp-image-3672 \" title=\"Napole\u00f3n acepta la rendici\u00f3n de Malta en 1798, por Pat Nicolle\" src=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Napole\u00f3n-acepta-la-rendici\u00f3n-de-Malta-por-Pat-Nicolle-229x300.jpg\" alt=\"\" width=\"271\" height=\"355\" srcset=\"https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Napole\u00f3n-acepta-la-rendici\u00f3n-de-Malta-por-Pat-Nicolle-229x300.jpg 229w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Napole\u00f3n-acepta-la-rendici\u00f3n-de-Malta-por-Pat-Nicolle-479x628.jpg 479w, https:\/\/static-blogs.diariovasco.com\/wp-content\/uploads\/sites\/34\/2023\/01\/Napole\u00f3n-acepta-la-rendici\u00f3n-de-Malta-por-Pat-Nicolle.jpg 687w\" sizes=\"(max-width: 271px) 100vw, 271px\" \/>Una vez m\u00e1s, desde hace un a\u00f1o ya, las relaciones entre Espa\u00f1a y Rusia son punto \u00e1lgido informativo. Esta vez por la escalada b\u00e9lica que, se supone, implicar\u00eda el env\u00edo al frente de Ucrania de tanques Leopard espa\u00f1oles.\u00a0 Parece pues un buen momento para recordar algunas curiosas guerras hispano-rusas.<\/p>\n<p>Dice la frase vulgar, manida, que los que no conocen su propia Historia tienden a repetirla. No voy a entrar a juzgar esa banalidad, pero lo que s\u00ed tengo por cierto es que el desconocimiento de la Historia lleva a hablar, pensar y actuar precipitadamente y sin saber, muchas veces, d\u00f3nde nos estamos metiendo y c\u00f3mo vamos a salir del asunto una vez que la cuesti\u00f3n -como suele ser habitual en nuestra belicosa especie- se enfr\u00ede.<\/p>\n<p>A ese respecto creo que hablar hoy de las guerras entre Rusia y Espa\u00f1a, puede ser, como dec\u00eda, bastante interesante y provechoso. Casi un servicio p\u00fablico.<\/p>\n<p>Lo cierto es que si ha habido dos pa\u00edses que han tenido pocas guerras entre ellos, esos han sido Espa\u00f1a y Rusia. Basta comparar esa estad\u00edstica con las sostenidas contra Francia o Gran Breta\u00f1a.<\/p>\n<p>A decir verdad, desde que en 1668 Piotr Potiomkin, el primer embajador ruso en Espa\u00f1a, desembarca en C\u00e1diz, pr\u00e1cticamente Rusia y Espa\u00f1a no han estado nunca en guerra directa. Podr\u00edamos considerar as\u00ed algunos conatos. Como la longeva declaraci\u00f3n de guerra por el incidente en California en 1770, los soldados reclutados por la monarqu\u00eda intrusa de Jos\u00e9 I Bonaparte enviados a combatir a Rusia en 1812 (tras una grata temporada como guarnici\u00f3n en M\u00f3naco, asunto del que ya habl\u00e9 aqu\u00ed hace a\u00f1os) o la Divisi\u00f3n Azul que el r\u00e9gimen franquista mand\u00f3 a luchar contra los rusos sovi\u00e9ticos. Pero m\u00e1s all\u00e1 de incidentes como esos, rara ha sido la vez en que los dos pa\u00edses han estado en guerra abierta. Y cuando lo han estado, ha sido de una manera bastante curiosa.<\/p>\n<p>Ese ser\u00eda el caso de la que el inefable Carlos IV declar\u00f3 al zar de todas las Rusias en el a\u00f1o 1799. Esta guerra es, desde luego, un sabroso plato hist\u00f3rico, que seguramente este lunes 30 de enero de 2023 se puede paladear a\u00fan m\u00e1s. En primer lugar, porque no provoc\u00f3 una sola v\u00edctima a pesar de que dur\u00f3, oficialmente, desde ese a\u00f1o 1799 al de 1801.<\/p>\n<p>En segundo lugar porque esa guerra estuvo rodeada de circunstancias que, en la distancia hist\u00f3rica, aparecen enmarcadas por esa magnificencia que ha ido adquiriendo, con el paso del tiempo, la \u00e9poca de las guerras revolucionarias y napole\u00f3nicas.<\/p>\n<p>Espa\u00f1a, la Espa\u00f1a de Carlos IV, es en 1799 aliada de la Francia revolucionaria precisamente, tras la firma de la Paz de Basilea, tan querida por ambas partes y en especial por la Rep\u00fablica francesa, que no habr\u00eda podido sobrevivir mucho tiempo m\u00e1s de no haber roto por ese extremo la alianza de potencias europeas en su contra. Pero acabada esa maniobra diplom\u00e1tica, tan satisfactoria para ambas partes, vendr\u00e1n los disgustos y complicaciones derivadas de quienes no estaban muy de acuerdo con eso.<\/p>\n<p>Como el zar de todas la Rusias, Pablo I, que recibe la visita de unos indignados caballeros de la Orden de Malta pidiendo su ayuda contra la Francia revolucionaria y todo aquel que sea su aliado. Como Espa\u00f1a\u2026 Los caballeros <em>hospitaliers<\/em> consideraban que su Gran Maestre, Fernando de Hompesch, los hab\u00eda vendido a aquel tal general-ciudadano Bonaparte. Ese que toma la isla de Malta tras unos cuestionables acuerdos que abren las puertas de la formidable plaza de La Valeta&#8230; sin que esto le cueste un solo disparo ni un solo hombre a la expedici\u00f3n del joven Napole\u00f3n camino de Egipto.<\/p>\n<p>Pablo I oir\u00e1 con atenci\u00f3n las furibundas quejas y acceder\u00e1 a convertirse en protector y Gran Maestre de la Orden. Esto, a su vez, soliviantar\u00e1 a la corte espa\u00f1ola que, como saben incluso los aficionados al Cine y la novela negra, ten\u00eda establecida una larga relaci\u00f3n de protecci\u00f3n de esa orden desde los tiempos del emperador Carlos I, que los alojar\u00e1, precisamente, en esa isla de Malta cuando la Orden de Caballeros Hospitalarios de San Juan de Jerusal\u00e9n tenga que retirarse a medida que el Imperio Turco avanza por Oriente Pr\u00f3ximo. Asunto del que derivar\u00e1 esa famosa cuesti\u00f3n del halc\u00f3n malt\u00e9s convertida primero en novela y despu\u00e9s en monumental pel\u00edcula con Humphrey Bogart como protagonista.<\/p>\n<p>Carlos IV, heredero del emperador Carlos, considerar\u00e1 as\u00ed que un zar ruso de religi\u00f3n ortodoxa no pod\u00eda ser maestre de una orden cat\u00f3lica. Primer desencuentro que s\u00f3lo encubr\u00eda intereses estrat\u00e9gicos menos espirituales. Por ejemplo -para los rusos- que Espa\u00f1a apoyase a esa gran amenaza para los reyes (y zares) que era la Rep\u00fablica francesa y que, adem\u00e1s, quisiera disputar as\u00ed una importante base en el Mediterr\u00e1neo como lo era Malta. Detalle que tampoco pas\u00f3 desapercibido para Gran Breta\u00f1a, que finalmente, y hasta 1964, conseguir\u00eda adue\u00f1arse de esa isla que -como todav\u00eda es hoy recordado en uno de sus museos- ser\u00e1 una base fundamental para el control del Mediterr\u00e1neo. Especialmente durante la Segunda Guerra Mundial, en la que la isla ser\u00e1 machacada por la Luftwaffe nazi con el fin de desalojar de all\u00ed a los brit\u00e1nicos.<\/p>\n<p>Carlos IV llegar\u00e1 lejos en el desaf\u00edo. Aparte de haber reafirmado ya sus lazos con la Francia republicana (por el Tratado de San Ildefonso de 1796), declarar\u00e1 que el \u00fanico que puede actuar como Gran Maestre de la Orden de Malta (al menos en los dominios espa\u00f1oles) es un cat\u00f3lico.<\/p>\n<p>Pablo I tampoco se amilanar\u00e1 y as\u00ed, en 15 de julio de 1799, declarar\u00e1 la guerra a Espa\u00f1a. Envite que Carlos IV aceptar\u00e1 el 9 de septiembre. El texto de la declaraci\u00f3n de guerra, impreso por la Imprenta de Espinosa en Segovia, no deja lugar a dudas. Nuestro rey, tras el largo y habitual encabezamiento con su abundante lista de t\u00edtulos -que inclu\u00eda el de conde de Barcelona, se\u00f1or de Vizcaya y rey de Jerusal\u00e9n- dice que siempre ha tratado de mantener, con escrupulosa religiosidad, su alianza con la Rep\u00fablica francesa sustentada en -as\u00f3mbrense- la \u201c<em>analog\u00eda evidente de sus m\u00fatuos intereses pol\u00edticos<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Cosa que, sin embargo, sigue diciendo Su Majestad Cat\u00f3lica, hab\u00eda excitado los celos de otras potencias. Rusia en este caso, a la que Carlos IV ve bajo la f\u00e9rula de \u201c<em>la Inglaterra<\/em>\u201d, verdadera art\u00edfice del problema. Algo que no pod\u00eda, sin embargo, ocultar el \u201c<em>quim\u00e9rico y aparente<\/em>\u201d fin de esas dos potencias que s\u00f3lo encubre el de querer dictar condiciones \u201c<em>\u00e1 las naciones, que no se prestan \u00e1 sus miras ambiciosas<\/em>\u201d. Eso sin contar con que el zar se ha arrogado t\u00edtulos que \u201c<em>de ningun modo pueden corresponderle<\/em>\u201d.<\/p>\n<p>Nuestro rey, adem\u00e1s, no ten\u00eda problema en dar a conocer los motivos del zar para declararle la guerra a \u00e9l, que, a decir verdad, tampoco ten\u00edan desperdicio. As\u00ed Pablo I hab\u00eda dicho que Espa\u00f1a era una potencia sumisa y temerosa de Francia y que, por eso, se hab\u00eda negado a seguir el camino del honor y la gloria que Rusia le se\u00f1alaba para apartarla de tan perjudicial compa\u00f1\u00eda, de ese gobierno \u201c<em>an\u00e1rquico \u00e9 ileg\u00edtimo<\/em>\u201d que reinaba en Francia\u2026 Evidentemente insultos inaceptables que llevaban a Carlos IV a responder con las mismas armas que Pablo I. Es decir, mandando embargar los bienes rusos en Espa\u00f1a y dando \u00f3rdenes de tratar hostilmente a los s\u00fabditos rusos all\u00ed donde se encontrasen con fuerzas espa\u00f1olas\u2026<\/p>\n<p>La victoria de Bonaparte en Marengo en 1800, y la costumbre de la corte rusa de despachar a los zares por medio del asesinato cortesano, calm\u00f3, sin embargo, mucho los \u00e1nimos rusos que -con el nuevo zar ya entronizado- firmar\u00e1n la paz en Par\u00eds en 4 de octubre de 1801. Documento que se formalizar\u00e1 en versi\u00f3n biling\u00fce (espa\u00f1ol-franc\u00e9s) y ser\u00e1 impreso debidamente en la Imprenta Real en 1802.<\/p>\n<p>A partir de ah\u00ed todo fue tan bien entre Espa\u00f1a y Rusia que, apenas seis a\u00f1os despu\u00e9s, eran aliadas en la guerra contra Napole\u00f3n y se hab\u00eda establecido una imperecedera amistad entre el pr\u00edncipe heredero espa\u00f1ol -el futuro Fernando VII- y el joven y nuevo zar Alejandro I. Ambos ufanos testigos de la ruina del otrora ciudadano-general Bonaparte por cuya causa hab\u00eda estallado esa extra\u00f1a guerra hispano-rusa que no registr\u00f3 una sola baja entre ambos enemigos y hoy -y m\u00e1s cuando se firme una nueva paz general con Rusia- har\u00edamos bien en tener en cuenta y recordar.<\/p>\n<!-- AddThis Advanced Settings generic via filter on the_content --><!-- AddThis Share Buttons generic via filter on the_content -->","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Carlos Rilova Jeric\u00f3 Una vez m\u00e1s, desde hace un a\u00f1o ya, las relaciones entre Espa\u00f1a y Rusia son punto \u00e1lgido informativo. Esta vez por la escalada b\u00e9lica que, se supone, implicar\u00eda el env\u00edo al frente de Ucrania de tanques Leopard espa\u00f1oles.\u00a0 Parece pues un buen momento para recordar algunas curiosas guerras hispano-rusas. 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